jueves, 28 de febrero de 2013

El espejo

Se pasaba las noches en vela pensando que el universo confabulaba contra él. Dejaba correr los días ante sus ojos como si la historia no fuera con él, como si la vida estuviera en otra parte...

Siendo sinceros, él mismo admite que no hubiera sido una mala idea darle un tortazo. Con la mano abierta, a ser posible.

Pero ya pasó. Ahora ya desaparecieron los fantasmas del pasado. Ahora mira hacia adelante. Hacía arriba si me apuras. Ahora ya sólo hay el regusto amargo de haber perdido el tiempo en tonterías. Ahora ya sólo queda un maravilloso mar en calma adornado por los restos a la deriva de un naufragio…

Ahora ya sólo cabe reconocer que fue un imbécil. Y el miedo a seguir siéndolo…

Creo que lo único bueno que queda es el placer de poder decirle que lo superó. Coger y mirarme al espejo y decirle que estoy(estamos) orgulloso.

O quizá debería aprovechar la ocasión para escupirle a la cara y preguntarle(nos): ¿Cómo pudiste estar tan ciego?

viernes, 22 de febrero de 2013

Museo de cera

A veces la vida es como un museo de cera. Llena de personajes que te resultan familiares pero que no sabes muy bien ni quienes son. Repleta de rostros sin expresión, de historias y momentos escenificados unos tras otros sin sentido alguno, sin fondo, si sentimiento…

Pero de repente encuentras una representación que te llega, que te traspasa. Tanto, que parece tener el poder de transportarte a ese lugar y ese momento en el que intentaron ser ubicados. Y entonces te parece todo tan maravilloso que sientes que el precio que pagaste por la entrada mereció la pena y que todo, absolutamente todo lo que antes te había parecido tan absurdo, sirvió para algo.

Para llegar a eso. A esto. A este maravilloso 'ahora'.

Buenos días.

martes, 19 de febrero de 2013

La relatividad del tiempo

Dicen que cuando eres feliz el tiempo pasa volando. Es muy habitual percibir la felicidad como algo fugaz y la adversidad como algo eterno. Lo dulce se deshace en la boca y al instante se desvanece dejándonos ansiosos de saborear más y más. Lo amargo, en cambio, se pega como un tatuaje en la lengua, se incrusta y cuesta horrores deshacerse de ese mal sabor de boca.

Y resulta que hoy he sentido como si el tiempo se me estuviera escapando de las manos, como cuando estás en el agua de la playa y coges un poquito de mar con tus manos y enseguida se te escapa de entre los dedos… El mar, algo tan bello y tan difícil de atrapar… ¿os suena?

En fin, que noto como si el tiempo me estuviera pasando por encima. Arrollando. Lo noto pasar como una gran bocanada de aire, con ese olor a fresco, a limpio, pero que lamentablemente arrasa con todas las fragancias y no te permite disfrutarlas. El olor a café recién hecho, a césped mojado, una flor, un perfume, a sexo…

Y me han dado ganas de cerrar todas las puertas y ventanas para que el tiempo no se me escape. Atraparlo. Encerrarme con él y sentarme a mirar fijamente cualquier reloj que es como el tiempo pasa más despacio. Como cuando observaba el reloj de la pared del aula de biología en 3º de BUP... Aquel también fue un buen año y, como tal, pasó volando… Menos aquellas infumables clases de biología...

Y manda huevos que tenga que acordarme ahora precisamente de este detalle de aquel curso, pudiendo recordar por ejemplo las campanas que me convirtieron en un experto del futbolín, los partidillos en las horas libres, los flirteos entre clase y clase, o los turgentes pechos de la rubia que casi nunca llevaba sujetador… De la cual por cierto no recuerdo ahora mismo el nombre...

Pero si me acuerdo del nombre de la horrenda profesora de biología: Marga

Seré imbécil.

sábado, 9 de febrero de 2013

Oportunismo

Hoy he dedicado gran parte de la noche a recopilar escritos míos que habían quedado en el olvido deambulando por el disco duro de mi portátil. Divagaciones, pensamientos, reflexiones… y en definitiva textos incompletos que escribí durante el último año con la intención de publicarlos en el blog pero que por una cosa o por otra acabaron por no ver la luz.

Seguramente sea una afirmación que a los que me conocen les resultaría obvia, pero al leerlos me he dado cuenta de que a veces soy un tanto tremendista...

Y resulta que me han entrado unas ganas locas de viajar a ese pasado y encontrarme con ese yo del pasado que escribió todo aquello para intentar hacerle entrar en razón. Decirle que a veces nos engañan nuestras propias ofuscaciones. Hacerle entender que en realidad se encuentra en un gran momento de su vida. Explicarle que todo eso que le atormenta carece de importancia.

Pero luego me he dado cuenta de que por mucho que me dijera no conseguiría hacerme entrar en razón. Al fin y al cabo yo soy así, cuando me empeño en ver infelicidad, alineaciones negativas, apremios desafortunados… pues los veo y punto.

Así que he llegado a la conclusión de que aunque fuera posible viajar al pasado y advertirme de todo esto, lo mejor sería no hacerlo. Sería totalmente improductivo intervenir, pues en tal situación sería incapaz de hacerme caso ni a mí mismo. Me diría algo así como 'tío que fácil es decirlo para ti ahora, ahora que ya todo a pasado para ti, ahora que en tu presente las aguas ya han vuelto a su cauce.' 

Y sería muy raro tener que tacharme a mí mismo de oportunista.

lunes, 4 de febrero de 2013

¿Te acuerdas?

En estos últimos días se me han ocurrido miles de ideas para escribir, pero cuando llega el momento de plasmarlas aquí en mi blog, me quedo sin palabras. No sé, será tal vez porque ahora sé que lo leerás en tiempo real, sin la despreocupación que me daba el pensar que si algún día acabaras por leerlo sería ya con la intranscendencia que sin duda aporta la antigüedad de lo escrito…

Porque sí, me he dado cuenta que ahora me es imposible escribir aquí sin acabar dirigiéndome directamente a ti. No para mí mismo, ni para mis lectores, como lo hacía hasta ahora. Sabía que me influiría, pero tal vez no me imaginaba cuanto. En fin, el regalo está trayendo más cola de lo esperado... Pero no pasa nada, todo cambia, y este blog no iba a ser menos... Y bueno, ya sabes que pienso que los cambios casi siempre son buenos.

Así que, como ahora mismo no me animo a hablar del presente, mejor le doy unas nuevas pinceladas al pasado. A nuestro pasado. Recuerdo, por ejemplo, cuando nos citamos después de nuestra primera noche en la esquina de la casa de tu madre. Donde vivías por aquel entonces.

Aún puedo sentir el beso que nos dimos cuando te subiste en mi coche. Luego nos fuimos al bar de las mesas enanas. Y después vinieron los coqueteos, y más tarde me contaste tu situación familiar, el divorcio de tus padres, el desapego con tu padre, tu idea del amor, lo mal que te había salido con tu anterior novio y tu pasión por las fotos.

Y te pareció tan gracioso que mi ex fuera de la misma ciudad que el tuyo que decidiste que aquella sería nuestra ciudad odiada. Y entonces nos quedamos mirándonos fijamente y fue como si el tiempo se detuviera. Pero acto seguido, y como bien decían en la película Big Fish, el tiempo empezó a correr y a correr sin darnos tiempo ni tan siquiera a pararnos a respirar...

Y nos fuimos de puente a Andorra, y dejaste de llamarme por mi nombre y empezaste a llamarme Nene, y nos fuimos de vacaciones a Cerdenya, y compartimos nuestras primeras navidades, y celebramos nuestro primer aniversario, y cambiamos de costumbres, de hábitos, de vivienda, de pijamas,... y hasta tuvimos alguna que otra crisis…

Pero ya daba igual todo, pues ambos sabíamos que nos habíamos convertido en una pareja indestructible…

¿Me quieres? Ya lo sé. Pues eso. ;P