domingo, 19 de mayo de 2013

Charcos

Recuerdo mi infancia como una etapa tremendamente feliz de mi vida, aunque por alguna razón que desconozco siempre acababa metiéndome en líos.

Mi madre se hartó de asistir por mi culpa a incómodas reuniones escolares con mis tutores y tutoras, incluso tuvo que soportar las reprimendas de algún que otro padre porque yo había tenido algún altercado con su hijo o su hija.

La verdad es que no recuerdo ningún caso con demasiada profundidad, pero sí recuerdo que mi madre se enfadaba enormemente conmigo y que me decía que no sabía que iba a hacer conmigo. Y recuerdo que también se enfadaba mucho conmigo cuando yo llegaba a casa totalmente embarrado cada vez que llovía.

Y me embarraba porque los días de lluvia siempre me daba por meterme y saltar en los charcos que se formaban en el camino del colegio a casa, era algo que me encantaba y cercano a la obsesión. Charco que veía, charco en el que me metía a dar saltos.

Y lo pienso y creo que con los años no he sido capaz de abandonar esa afición: charco que veo, charco en el que me meto… La única diferencia es que los charcos en los que me meto ahora no me dejan manchas de barro, sino dolores de cabeza…

3 comentarios:

  1. Tranquilo....siempre puedes conseguir unas botas de agua...o una caja de aspirinas.... ;-)

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  2. Si es que las personas no cambiamos en esencia por muchos años que pasen :P

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  3. Monitoooo aquí estoy otra vez, perdona el abandono. Espero todo vaya bien. Me tengo que poner al día.

    un beso

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