martes, 24 de septiembre de 2013

BLOG CERRADO. GRACIAS DE CORAZÓN A TODOS LOS QUE DEJARON SU HUELLA POR AQUÍ.

Morir

Colgar hoy el teléfono no ha sido fácil. Los finales nunca lo son. Quiero que leas esto, tal vez te sientas mejor, o tal vez lo haga yo, no lo sé. No llores, aunque yo tampoco puedo evitarlo. Es hora de que lo aceptemos. De nada sirvió ampararnos en nuestra desbordante atracción, como tampoco sirvió de nada aferrarnos a estos maravillosos años juntos. Sé que un día dejaremos de echarnos de menos y empezaremos a recordarnos sin más. Y el recuerdo ha de ser bueno. Nos lo merecemos. Creo que aún estamos a tiempo de hacer que lo sea, así que no sigamos estropeándolo. Aceptemos la derrota, no fueron las circunstancias, ni las desafortunadas casualidades, simplemente fuiste tú y fui yo. Fuimos nosotros.

Tú ya lo sabes, siempre es preferible morir que matar.



Y nunca podría perdonarme a mí mismo el hacerte daño.

Seremos felices, no lo dudes ni un segundo.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Puede ser

Es como si se hubiera parado el tiempo. No avanza. No avanzo. Lo extraño es que no me importa.

¿Y si desaparezco? ¿O desapareces? ¿Qué pasaría?

Sé lo que debería hacer. Me sé la parte lógica de memoria. Pero aquí estoy, tratando de dibujar en mi techo con el espeso humo que brota de mi garganta, pensando en un pasado que hace nada era el presente. Fantaseando con un hipotético futuro. Y en si tus pies fríos estarán echando de menos ahora mismo a los míos.

Y me pregunto si aquella debería haber sido nuestra última noche, o si aún está por venir. O si igual no existe ni existirá.

¿No era eso el amor? ¿No pensar en un sin nosotros? Pero qué más dará, ¿no?

Tal vez no sea amor, pero nos resucitará por dentro. Odio estar muerto.

Y quién sabe, puede ser. Puede ser que tu sonrisa le gane ese pulso al dolor.

 

lunes, 2 de septiembre de 2013

Pedazos

Hablabas fuerte. Te reías fuerte. Sonabas tan alto que era imposible escuchar otra cosa. Siempre conmigo. Siempre presente. Escandalosa. Lo llenabas todo.

Hasta que te fuiste. Sólo dejaste silencio. El silencio. Y la espera. Y de tanto esperar empecé a ver grietas. Pedazos.

No sé cómo, pero lo has hecho. Has conseguido que nada, nada de nada, nada de lo que vayas a decir, nada de lo que vayas a hacer, nada, me parecerá cierto.

No como antes.

Ya sólo falta cicatrizar.

lunes, 26 de agosto de 2013

Fuiste

Me derrumbé lo suficientemente lejos como para que tu conciencia no sufriera. Así que no vengas ahora a jugar con la mía.

Llegas tarde, o tal vez demasiado pronto. No lo sé.

Pero calla. Que ya casi lo había llegado a comprender.

jueves, 1 de agosto de 2013

Arriba, arriba

A veces corren las horas, las semanas, los meses, años incluso, y no sucede nada. Otras veces, en cambio, sucede que en cuestión de segundos cambian millones de cosas. Y es difícil, los cambios drásticos son siempre difíciles de asumir. Si fuera fácil el mundo sería perfecto. Nosotros seríamos perfectos. Y aunque en algunas ocasiones lo sintamos, o alguien nos lo haga sentir, ninguno de nosotros lo somos...

Resulta que un día llega una persona y te dice que eres el mejor y tú te lo crees. Te sientes grande. Y es entonces cuando te vuelves más débil. Qué ironía, ¿eh? Así que construyes sobre quién te hace sentir tan único, pero cometes un error: olvidas guardar un salvoconducto. Por si todo falla, por si el castillo del príncipe y de la princesa se viene abajo. Y lo hace (siempre lo hace).

Y se cae. Te caes. Intentas resistirte, aferrarte, pero fuera del castillo la princesa deja de verte como a un héroe. Y se marcha. Y duele. Y no lo aceptas. Y caes más abajo. A ras de suelo. Te arrastras. Pero llega el día en que empiezas a levantarte (siempre llega).

Y levantarte te hace sentirte más sabio, aunque seguramente sea mentira. Pero aprendes que desde tan abajo se pueden apreciar muchas cosas que no veías cuando estabas arriba. Desde allí descubres que estás rodeado de cimas, cada cual más apetecible. Y quieres volver a subir. Y la sensación de poder elegir te hace sentir de nuevo importante. Porque sientes que tú vuelves a ser el protagonista.

Y te gusta.

martes, 23 de julio de 2013

Otro día

Son casi las doce. Acabo de estar media hora en el balcón. Bebiendo, fumando, procurando no pensar. Tratando de escuchar el silencio, dispuesto a disfrutar de la brisa que recorre a estar horas las calles de mi ciudad. Debería llover, así tal vez la humedad se llevaría este horrible olor a verano. Enciendo otro cigarro, pongo la tele, la apago. Nada me distrae. No encuentro la canción que necesito escuchar. No sé hacía donde voy. Apenas recuerdo de donde vengo, ni qué hacía, ni quién era yo antes de echarte (nos) de menos.

Mañana será otro día. Otro exactamente igual a este.

viernes, 19 de julio de 2013

Historia

Dicen que a veces hay que perderse para encontrar lo que buscas. Pero lo que nunca dicen es qué hay que hacer cuando encuentras todo lo que buscabas y de pronto lo pierdes. Supongo que a eso se le llama perderse del todo. Empiezas a dejarte guiar por el todo y llegas a un lugar al que nunca hubieras pensado llegar. A la nada. Allí tocas fondo y todo lo que había sido tu vida hasta entonces se convierte en un recuerdo y más tarde en historia.

Nuestra historia. De la que hoy (aúnsiguen hablando todas las canciones.

miércoles, 10 de julio de 2013

En mis sueños...

No quiero dormir. Ni soñar. Mis sueños me resultan demasiado crueles. Sobretodo cuando sueño que todo podría haber sido diferente. Y cuando digo diferente me refiero a mejor. Más feliz. Más sonriente. Más sincero.

En mis sueños todos los niños son rubios con los ojos azules, los jarabes saben a chocolate y de los grifos sale zumo de naranja recién exprimido. Y en mis sueños el amor nunca se acaba... Pero la vida real no está en mis sueños. Ni en los de nadie, supongo.

El despertador me arrastra cada mañana a una vida en la que me miro al espejo y no hay nadie detrás de mí lavándose los dientes. Una vida en la que el café está demasiado amargo y los tenedores oxidados por el puto lavavajillas.

Y me pregunto si realmente todo podría haber sido distinto. Como en mis sueños...

Pero ya es tarde, ningún banco aceptaría mis buenas intenciones como aval. Ningún tribunal me levantaría ya la condena. Ya sólo cabe sobrellevar las 500 noches.

Porque, repito, ya es tarde. Ya se esfumaron todos los oasis del pasado. Ahora se extiende ante mí un enorme desierto bajo un abrasador sol de justicia.

Ya solo quedan lágrimas, sudor, arena y escorpiones.

martes, 2 de julio de 2013

Tormenta

Cuando se avecina una tormenta debes decidirte entre huir a ponerte a cubierto o continuar tu paso asumiendo que llegarás mojado a donde quiera que vayas. De tu decisión dependerá que te desvíes de tu rumbo, que llegues tarde, que te pierdas, que te arrepientas, que te empapes, que caigas enfermo…

Y debería ser fácil. Decidir debería ser fácil. Un simple acto reflejo. Y no me parece que lo esté siendo. O tal vez ya hayamos elegido y no nos atrevamos a revelar nuestras cartas. A decirlo en voz alta. Y me da miedo que te hayas cansado de aguantar chaparrones. Ni siquiera sé si yo mismo soportaré remojarme de nuevo.

Y a ratos siento como si ya no te importara. Parece todo tan distinto. Hace bien poco no eras quien pareces ahora y supongo que yo no me parezco a quien solía ser. A veces tengo la sensación de que el otro lado de la cama está cada vez más lejos. Y entonces me pregunto si tú también estarás despierta, procurando no moverte, escuchando los relámpagos. Mientras, como yo, contienes la respiración tratando de no hacer ningún ruido.

Pero no me giro a comprobarlo. Porque ha nacido en mi un extraño miedo. Un miedo a encontrarme con tu espalda. Un miedo a lo que omites. A todo lo que no me dices. A que de pronto los truenos te den sueño y te encuentre plácidamente dormida. Ajena a todo.

Y encima a mí, en lugar de intentar hacer un último esfuerzo y tratar de enfrentarme a ese miedo, me da por mandarte mil estúpidos mensajes subliminales.

Porque me cuesta, todo esto me sobrepasa. Y sabes que pocas veces me faltan las palabras, pero...

¿Què vols que et digui que no sàpigues ja?

viernes, 21 de junio de 2013

De cero

Siempre he tenido la manía de escribir mil cosas. Cosas que me pasan por la cabeza, cosas que hago, que siento...

Nunca tuve un diario como tal hasta hace bien poco, pero desde bien pequeño empecé a anotar todas estas cosas en hojas sueltas, en las agendas del curso correspondiente donde se suponía que debía apuntar las tareas de la escuela, en libretas, e incluso en algún archivo de word… y luego llegó el blog.

Creo que lo que realmente me gusta de todo esto es sorprenderme un día al leer lo que escribí en el pasado, al ver quién era y las cosas que hacía. Al ver que pensaba, que me preocupaba, que me hacía feliz, que sentía...

Seguramente no sea importante recordar que un antiguo ex compañero de trabajo me hizo sonreír una mañana que diluviaba, o que una noche no vencí al insomnio (una derrota más), o que una vez me pasé un domingo entero en casa con una enorme resaca.

Y seguramente no sea importante recordar lo que sentía un día de junio de hace ya tres años. Tal vez sea un detalle sin importancia, una tontería...

O quizás no lo sea. De hecho, quizá sí sea importante.

No sé quien dijo que hay días en los que todas las canciones hablan de uno mismo, pero es cierto.

miércoles, 12 de junio de 2013

Ahora... o nunca

Ahora, mientras duermes, me da por imaginar un último beso. Tan cálido como triste. Cálido como un te voy a echar de menos. Triste como un hasta siempre. Extraño. Incomprensible. Como la misteriosa energía que parece empeñarse en separarnos aún y queriéndonos tanto.

Un beso fuerte, hermoso (como tú). Un beso inolvidable (como lo nuestro). Un beso que recordaríamos siempre. Único. Irrepetible. Luz de luna llena que ilumina una fría noche. Brillantes rayos de sol que se cuelan entre nubarrones…

Ahora que visualizo todo esto. Ahora que trato de retener en mi cabeza cada uno de tus gestos por si algún día me ahogo en tu ausencia. Ahora que retumban en mi cabeza mis suicidios verbales. Ahora que el miedo a perderte pasea incesante en mis retinas. Ahora que mi mirada se pierde en el infinito.

Ahora que pienso con claridad. Ahora que creo comprender que si no puedes localizar el problema, es que el problema eres tú. Ahora que el orgullo hizo demasiada mella en nuestras vidas. Ahora que quiero con todas mis fuerzas que volvamos a ser tú y yo (y no tú o yo). Ahora que…

Lo confieso… Créeme... No lo dudes ni un solo momento...

jueves, 6 de junio de 2013

Frio

Supongo que todos habréis escuchado estos últimos días que este será un verano más frío de lo habitual. Os reiréis, pero yo ya hacía semanas que sentía que mi verano será especialmente frío…

Y me da miedo. Porque si el verano finalmente resulta no ser cálido, eso significará que el otoño me lo pasaré tiritando. Y no sé si de frío o de miedo, aún no lo tengo del todo claro. Y después de esto, no cabe otra alternativa que la de un invierno duro, largo y cruel, de esos que te hielan por dentro, incluido el corazón. Sobre todo el corazón...

Precisamente hoy, mientras hacía cola en la máquina del café del trabajo, escuchaba como tres encorbatados hablaban del tema meteorológico de moda. ‘Que no habrá verano dicen… No sufráis, que cuando menos nos lo esperemos nos estarán bombardeando en las noticias con olas de calor… Así que no sufráis por esto. No sufráis...’, les repetía al resto una y otra vez...

Pero yo estoy sufriendo y, lo reconozco, aterrorizado.

Habrá quien no me entienda, pero yo sé lo que me escribo.

domingo, 2 de junio de 2013

Peligroso

¿Sabes cuantas veces nos hemos puesto de acuerdo estas últimas semanas?

Ninguna.

Quizá deberíamos empezar por ponernos de acuerdo en que no estamos de acuerdo en nada. Tal vez sería un comienzo para dejar de discutir... Peligroso comienzo, eso sí. Muy peligroso.

Porque ya sé como acaba.

jueves, 30 de mayo de 2013

Prisas

A veces, sin saber porqué, siento que tengo prisa. Prisa para llegar a donde, os preguntaréis... Pues no lo sé. Únicamente siento que debo llegar lo más rápido posible y, por supuesto, antes que nadie. El primero. Pero sigo sin conocer el destino. Aún y así sigo corriendo porque no puedo permitirme llegar tarde... O eso creo, puesto que esto también es una incógnita. Y, claro, con las prisas y ante tanto desconcierto es fácil cometer errores, meterse en líos y perderse en malentendidos. El problema es que cuando uno tiene prisa no tiene tiempo para pensar demasiado. Y es que si ni el dónde ni el por qué son importantes… ¿Acaso podría serlo el cómo? Porque, creedme, lo único que importa es el cuándo: ahora, ya, inmediatamente.

Que hay prisa.

lunes, 27 de mayo de 2013

Locura

Hace bastante tiempo me contaron un chiste. Venía a decir algo así como que la diferencia entre un psicótico y un neurótico consistía en que el psicótico creía que dos más dos eran cinco, mientras que el neurótico sabía que dos más dos eran cuatro, pero le daba una rabia enorme que el resultado no fuera cinco.

Recuerdo que me reí al escuchar el chiste, supongo que en gran parte porque me lo contaron con mucha más gracia de lo que lo he hecho yo con vosotros… Pero también recuerdo que cuando se me pasó la risa, automáticamente pensé que, puestos a elegir, preferiría ser un neurótico, ya que al menos éste no ha perdido el contacto con la realidad.

Y mira por donde hoy me han vuelto a contar el chiste. Esta vez no me he reído. No sé si porque me lo han contando sin gracia alguna o porque ya lo conocía o sencillamente porque he perdido o ha cambiado mi sentido del humor. Sólo sé que me he vuelto a poner en la tesitura de tener que elegir entre una de estas dos enfermedades.

Y he llegado a la conclusión de que hoy más bien me decantaría por ser un psicótico. He pensado que éste, a diferencia del neurótico, no tiene contradicciones en su cabeza. Éste cree en su verdad absoluta. En cierto modo es feliz con ella... Sí, vive en un mundo irreal, ilógico,… Pero a veces, sólo a veces, creo que me gustaría ser feliz en mi propia locura. Tragarme mis propias mentiras. Creer sin lugar a dudas que dos más dos sumarán siempre lo que a mí más me convenga.

Locura. Bendita locura.

viernes, 24 de mayo de 2013

El menú del día

Hoy he quedado para comer con mi hermana. Hacía tiempo que no nos reuníamos nosotros dos solos sin nuestras respectivas parejas o sin nuestros padres de por medio. Demasiado tiempo.

Adoro a mi hermana. Me encanta como me hace sentir, me transmite serenidad. Cuando estamos a solas a veces me parece que volvemos a ser aquel par de críos que no tenían nada más interesante que hacer que pelearse y buscarse las cosquillas simplemente para pasar el rato. Y de repente me encuentro llamándola lerda y ella me responde con su ya típico 'niñato'. Y nos reímos. Y entonces es como si no hubiese nada más importante en esta vida que ganar esa batalla fratricida tan entrañable.

Y a veces resulta que nos da por ponernos nostálgicos. Y de pronto es como si oyéramos narrar en voz en off todas nuestras hazañas, que como todos sabemos son muchas y variadas… Y entonces es cuando yo me siento como un héroe épico y mitológico que nunca dio su brazo a torcer y que triunfó en cientos de campos de batalla. Y ella es una princesa, y no una cualquiera, sino la que defenestró a la madrastra, puso verde al príncipe azul, esquivó todas las manzanas envenenadas y usa unas converse en vez de zapatitos de cristal, que por otro lado deben ser mucho más cómodas, donde va a parar...

Me encanta su capacidad para demostrarme que entiende lo que siento. Admiro su habilidad para hacerme ver las cosas desde un punto de vista que jamás habría imaginado. Me gusta que me recuerde que quien actúa con el corazón en la mano tiene todo el derecho del mundo a equivocarse. Y aplaudo su teoría de que el halago de un admirador bien vale el silbido de cuatro envidiosos.

Y me gusta compartir con ella de postre un crep de chocolate mientras me cuenta alegremente como ha amenazado de muerte a una compañera de trabajo, preguntarle el por qué y que me responda: 'pues si te digo la verdad ya ni me acuerdo'... Supongo que en algo teníamos que parecernos; a ambos nos pierde la boca. Maldita boca...

Y estaría feo acabar esta entrada sin destacar su espíritu claramente altruista. Gracias a ella hoy no me he tenido que pagar la comida, lo cual siempre es una molestia... Eso sí, dice que la próxima pago yo y que ella elige restaurante... Así que más vale que vaya ahorrando.

domingo, 19 de mayo de 2013

Charcos

Recuerdo mi infancia como una etapa tremendamente feliz de mi vida, aunque por alguna razón que desconozco siempre acababa metiéndome en líos.

Mi madre se hartó de asistir por mi culpa a incómodas reuniones escolares con mis tutores y tutoras, incluso tuvo que soportar las reprimendas de algún que otro padre porque yo había tenido algún altercado con su hijo o su hija.

La verdad es que no recuerdo ningún caso con demasiada profundidad, pero sí recuerdo que mi madre se enfadaba enormemente conmigo y que me decía que no sabía que iba a hacer conmigo. Y recuerdo que también se enfadaba mucho conmigo cuando yo llegaba a casa totalmente embarrado cada vez que llovía.

Y me embarraba porque los días de lluvia siempre me daba por meterme y saltar en los charcos que se formaban en el camino del colegio a casa, era algo que me encantaba y cercano a la obsesión. Charco que veía, charco en el que me metía a dar saltos.

Y lo pienso y creo que con los años no he sido capaz de abandonar esa afición: charco que veo, charco en el que me meto… La única diferencia es que los charcos en los que me meto ahora no me dejan manchas de barro, sino dolores de cabeza…

lunes, 13 de mayo de 2013

El malo

Siempre he pensado que no es pecado pensar en uno mismo. Que con eso no se hace daño a nadie. Sigo creyendo que casi nunca merece la pena sacrificarse. Que quedar bien con los demás significa quedar mal con uno mismo. Que aquello que dicen que se supone que debemos hacer no son más que eso: Supuestos. Que si te los cuestionas puedes llevarte sorpresas. Y que las sorpresas casi siempre son positivas, y que si no lo son pueden servirte para que abras los ojos. Y eso también es bueno. Duro pero bueno.

A veces pienso que se me está yendo la vida en tonterías. Que ya basta de confiar en la buenaventura, en la providencia, en creer que al final todo se arreglará, que el amor siempre podrá con todo, que cualquier sufrimiento merecerá la pena, que cualquier día de estos se acabará compensando todo lo malo.

Hoy no me aclaro, ni si quiera sé cómo me estoy comportando. Si llevaré la razón. Si tengo justificación. Si se me está yendo de las manos. Si debería seguir hacía adelante caiga quien caiga o si por lo contrario debería echar la vista atrás y socorrer a los heridos.

Me pregunto si estaré siendo justo. Si no me acabaré arrepintiendo.

El mundo está lleno de personas malvadas, ruines, despreciables y sin corazón. Yo siempre he tenido miedo de ser una de ellas.

martes, 7 de mayo de 2013

Lonely

Ni tan siquiera sé para qué me he asomado aquí a estas horas. Y encima así, sin avisar.

No me mires así, ya sé que me había despedido para siempre. Sé que esto no es serio. Pero es que te extraño, joder.

¡Ups! Lo siento, soy un malhablado, ya lo sabes...

Siento que tengas que volver a aguantar mis desvaríos, mi discursos, mis complicaciones escondidas bajo letras.

Creo que siempre supe que necesitaría reencontrame contigo en mis momentos bajos, cuando sintiera que nadie podría comprenderme. Y aquí estoy ahora... Lo sé, soy un interesado.

Y siento haberte despertado de esta manera en mitad de la noche y quizás en el momento más inoportuno. Pero sólo quería decirte que el mundo (mi mundo) se me cae encima, que me siento sólo, incomprendido, vacío. Y de paso también decirte que he vuelto… En cierto modo tal vez nunca me fui.

Dicen qué rectificar es de sabios,… aunque también lo es de indecisos… En algo de eso andaré yo.

Y tú, ¿me echabas de menos?

domingo, 24 de marzo de 2013

Mi final

Me temo que ha llegado el momento de acabar con esto. La pasión ha muerto. Sé que pensáis lo mismo, que os aburro, que esto ya no es lo de antes.

Lo pasé muy bien, aprendí, me sirvió para mucho. Pero como veis, hablo en pasado. Cada vez me cuesta más encontrar alicientes para seguir con ello. No recuerdo la última vez que escribí por placer y no para no dejar el blog huérfano demasiados días seguidos. Ahora miro la hora veinte veces cuando navego por la blogsfera. Me sabe mal pensarlo, pero de repente siempre me parece demasiado tiempo el invertido, a veces lo veo hasta como un tiempo un tanto desperdiciado.

Siempre he creído que todas las cosas deben tener su final, del mismo modo que tuvieron su principio. Creo que siempre he sabido cuando era el momento justo de irse y cuando lo que queda por decir es ya palabrería. Y creo que ahora toca decir adiós.

El blog empezó como un lugar en el que desahogarme, pero pronto pasó a convertirse en un lugar alegre y me atrevería a decir que hasta divertido en el que explicaba mi vida con cierta ironía y sátira. Pero las cosas se torcieron. El blog se volvió un lugar frio, sombrío y triste. Un fiel reflejo de en lo que se convirtió mi vida debido a problemas de salud que poco a poco he ido superando.

Me quedo con la segunda etapa del blog, aquella en la que recuerdo haberme divertido enormemente escribiendo ciertas entradas y leyendo vuestros comentarios. Y, cómo no, también me quedo con vuestro apoyo y consejos en los momentos más duros. Quiero daros la gracias a todos. Y ya sé que no está bien destacar a unos pocos por encima del resto, pero lo voy a hacer. Les estaré eternamente agradecidos a Montse, a Cecilia y a Josep (tranquilos no desvelaré vuestros nicks), me habéis ayudado muchísimo, con vuestros comentarios, mails, consejos, conversaciones,… seguramente nunca sepáis cuanto...

Me voy con un fabuloso sabor de boca. Me llevo mucho más de lo que esperaba recibir cuando abrí este blog allá por enero de 2010.

En fin, no quisiera alargar más de lo necesario esta despedida. Han sido casi 350 entradas, unos 3000 comentarios, más de 3 años actualizando. Sólo son números, pero todo lo que me ha aportado esta maravillosa experiencia no se puede contabilizar con cifras.

Pero se acabó, ha llegado la hora de que este pianista con cara de mono deje de tocar sus notas en este viejo piano. El tiroteo no ha cesado, seguramente no lo hará nunca, pero creo que ha llegado el momento de que dejéis de ser testigos de todo ello, de cada vivencia, de cada pensamiento, de cada bala...

Me pregunto si alguna vez se volverán nuestros destinos a cruzar, en internet o en nuestras vidas reales. Quizá si se diese el caso ni tan siquiera llegáramos a ser conscientes de ello… La idea resulta curiosa de por sí, ¿verdad? Así que puede que esto sólo sea un hasta luego, pero ya será en otro sitio, en otro lugar, en otro tiempo… 

Tal vez en un futuro sea distinto, pero de momento este es mi final... Mi despedida.

Y aunque ya no venga a cuento, no me gustaría despedirme sin deciros que me llamo Jose. Encantado de haberos conocido. Fue un auténtico placer. Sed felices.

domingo, 17 de marzo de 2013

¿Amigos?

Odio sentirme engañado. Me resulta decepcionante...

Es muy fácil soltar cuatro palabras bonitas y llenarse la boca con la palabra 'amigo'. Suelo desconfiar de los que usan esta palabra con suma facilidad. Pero a veces, sin quererlo, me dejo engañar.

Quizá el problema sea mío, por tener un concepto muy claro de la amistad. Por saber lo que es tener amigos de verdad. Amigos en mayúsculas. Y no de esos que te dicen lo que quieres oír, que sólo te enseñan la parte de ellos que quieren que veas, y que te envuelven y confunden intentando dibujar una relación idílica entre vosotros que en ciertos casos puede llegarte a parecer una amistad verdadera.

Pero es todo mentira. Falso. Prefabricado. Forzado. Absurdo. Si te lo paras a pensar resulta hasta triste...

Incluso he llegado a creer que hay personas que son especialistas en toda esta parafernalia. Son personas que carecen de amigos de verdad y de autoestima. Me pregunto si ellos mismos se creerán su propia mentira. Me pregunto si serán felices con ella.

Pero llega un día en que desenmascaras a ese amigo ficticio. Primero te sientes mal, luego lo asumes. Y no pasa nada más. Tú te vas por tu lado y él supongo que a buscar un nuevo objetivo al que embelesar con su disfraz de amigo perfecto.

Y no pasa nada más porque te das cuenta de que no había nada real entre vosotros. Cero sentimientos. Te percatas de que ni tan siquiera sabes quién es realmente esa persona. No conoces su verdadero yo.

Dicho esto supongo que sólo quedar decirte adiós. Encantado de haberte conocido. Fue un placer. Sobre todo para ti. Y lo sabes…

domingo, 10 de marzo de 2013

This is the life

¿Sinceramente? No se me ocurre nada interesante que poder contaros. La rutina es lo que tiene, que te vuelve un aburrido. Será por aquello de que la rutina es a resumidas cuentas pura monotonía. Y la monotonía raras veces resulta entretenida de contar...

La verdad es que siempre he odiado la monotonía, pero supongo que es inevitable acabar rindiéndose a ella. La vida en gran medida es eso: monotonía, rutina. Estoy seguro de que todos nosotros (casi todos al menos) somos capaces de predecir a grandes rasgos lo que haremos mañana, pasado, al otro y al otro…

¿A qué dedico yo mis días? Duermo, trabajo, como, leo, escribo, hago algo de ejercicio, salgo en moto, en bici, a pasear, al cine, a emborracharme, veo anuncios, aprieto el tubo de la pasta de dientes por la parte de abajo, y cierro el bote de gel y el de champú después de ducharme.

Y sé que algunos estaréis pensado que ya está el cansino este en uno de esos días en los que lo ve todo de un tono negro y dramático de esos que tiran para atrás. Porque es normal que con todo esto que estoy escribiendo os esté dando una imagen de que estoy serio, melancólico o triste. Pero no, nada más lejos de la realidad. A decir verdad me siento muy bien, me siento muy cómodo con mi monotonía, con mi particular rutina.

En realidad a día de hoy siento que tengo todo lo que necesito para ser feliz. Todo. Sólo que a veces echo en falta ese extraño placer de poder preguntarme de una forma real algo así como: ¿Dónde dormiré esta noche? 




¿Alguien me entiende? Seguro que sí.

Buenas noches y feliz rutina a todos.

jueves, 28 de febrero de 2013

El espejo

Se pasaba las noches en vela pensando que el universo confabulaba contra él. Dejaba correr los días ante sus ojos como si la historia no fuera con él, como si la vida estuviera en otra parte...

Siendo sinceros, él mismo admite que no hubiera sido una mala idea darle un tortazo. Con la mano abierta, a ser posible.

Pero ya pasó. Ahora ya desaparecieron los fantasmas del pasado. Ahora mira hacia adelante. Hacía arriba si me apuras. Ahora ya sólo hay el regusto amargo de haber perdido el tiempo en tonterías. Ahora ya sólo queda un maravilloso mar en calma adornado por los restos a la deriva de un naufragio…

Ahora ya sólo cabe reconocer que fue un imbécil. Y el miedo a seguir siéndolo…

Creo que lo único bueno que queda es el placer de poder decirle que lo superó. Coger y mirarme al espejo y decirle que estoy(estamos) orgulloso.

O quizá debería aprovechar la ocasión para escupirle a la cara y preguntarle(nos): ¿Cómo pudiste estar tan ciego?

viernes, 22 de febrero de 2013

Museo de cera

A veces la vida es como un museo de cera. Llena de personajes que te resultan familiares pero que no sabes muy bien ni quienes son. Repleta de rostros sin expresión, de historias y momentos escenificados unos tras otros sin sentido alguno, sin fondo, si sentimiento…

Pero de repente encuentras una representación que te llega, que te traspasa. Tanto, que parece tener el poder de transportarte a ese lugar y ese momento en el que intentaron ser ubicados. Y entonces te parece todo tan maravilloso que sientes que el precio que pagaste por la entrada mereció la pena y que todo, absolutamente todo lo que antes te había parecido tan absurdo, sirvió para algo.

Para llegar a eso. A esto. A este maravilloso 'ahora'.

Buenos días.

martes, 19 de febrero de 2013

La relatividad del tiempo

Dicen que cuando eres feliz el tiempo pasa volando. Es muy habitual percibir la felicidad como algo fugaz y la adversidad como algo eterno. Lo dulce se deshace en la boca y al instante se desvanece dejándonos ansiosos de saborear más y más. Lo amargo, en cambio, se pega como un tatuaje en la lengua, se incrusta y cuesta horrores deshacerse de ese mal sabor de boca.

Y resulta que hoy he sentido como si el tiempo se me estuviera escapando de las manos, como cuando estás en el agua de la playa y coges un poquito de mar con tus manos y enseguida se te escapa de entre los dedos… El mar, algo tan bello y tan difícil de atrapar… ¿os suena?

En fin, que noto como si el tiempo me estuviera pasando por encima. Arrollando. Lo noto pasar como una gran bocanada de aire, con ese olor a fresco, a limpio, pero que lamentablemente arrasa con todas las fragancias y no te permite disfrutarlas. El olor a café recién hecho, a césped mojado, una flor, un perfume, a sexo…

Y me han dado ganas de cerrar todas las puertas y ventanas para que el tiempo no se me escape. Atraparlo. Encerrarme con él y sentarme a mirar fijamente cualquier reloj que es como el tiempo pasa más despacio. Como cuando observaba el reloj de la pared del aula de biología en 3º de BUP... Aquel también fue un buen año y, como tal, pasó volando… Menos aquellas infumables clases de biología...

Y manda huevos que tenga que acordarme ahora precisamente de este detalle de aquel curso, pudiendo recordar por ejemplo las campanas que me convirtieron en un experto del futbolín, los partidillos en las horas libres, los flirteos entre clase y clase, o los turgentes pechos de la rubia que casi nunca llevaba sujetador… De la cual por cierto no recuerdo ahora mismo el nombre...

Pero si me acuerdo del nombre de la horrenda profesora de biología: Marga

Seré imbécil.

sábado, 9 de febrero de 2013

Oportunismo

Hoy he dedicado gran parte de la noche a recopilar escritos míos que habían quedado en el olvido deambulando por el disco duro de mi portátil. Divagaciones, pensamientos, reflexiones… y en definitiva textos incompletos que escribí durante el último año con la intención de publicarlos en el blog pero que por una cosa o por otra acabaron por no ver la luz.

Seguramente sea una afirmación que a los que me conocen les resultaría obvia, pero al leerlos me he dado cuenta de que a veces soy un tanto tremendista...

Y resulta que me han entrado unas ganas locas de viajar a ese pasado y encontrarme con ese yo del pasado que escribió todo aquello para intentar hacerle entrar en razón. Decirle que a veces nos engañan nuestras propias ofuscaciones. Hacerle entender que en realidad se encuentra en un gran momento de su vida. Explicarle que todo eso que le atormenta carece de importancia.

Pero luego me he dado cuenta de que por mucho que me dijera no conseguiría hacerme entrar en razón. Al fin y al cabo yo soy así, cuando me empeño en ver infelicidad, alineaciones negativas, apremios desafortunados… pues los veo y punto.

Así que he llegado a la conclusión de que aunque fuera posible viajar al pasado y advertirme de todo esto, lo mejor sería no hacerlo. Sería totalmente improductivo intervenir, pues en tal situación sería incapaz de hacerme caso ni a mí mismo. Me diría algo así como 'tío que fácil es decirlo para ti ahora, ahora que ya todo a pasado para ti, ahora que en tu presente las aguas ya han vuelto a su cauce.' 

Y sería muy raro tener que tacharme a mí mismo de oportunista.

lunes, 4 de febrero de 2013

¿Te acuerdas?

En estos últimos días se me han ocurrido miles de ideas para escribir, pero cuando llega el momento de plasmarlas aquí en mi blog, me quedo sin palabras. No sé, será tal vez porque ahora sé que lo leerás en tiempo real, sin la despreocupación que me daba el pensar que si algún día acabaras por leerlo sería ya con la intranscendencia que sin duda aporta la antigüedad de lo escrito…

Porque sí, me he dado cuenta que ahora me es imposible escribir aquí sin acabar dirigiéndome directamente a ti. No para mí mismo, ni para mis lectores, como lo hacía hasta ahora. Sabía que me influiría, pero tal vez no me imaginaba cuanto. En fin, el regalo está trayendo más cola de lo esperado... Pero no pasa nada, todo cambia, y este blog no iba a ser menos... Y bueno, ya sabes que pienso que los cambios casi siempre son buenos.

Así que, como ahora mismo no me animo a hablar del presente, mejor le doy unas nuevas pinceladas al pasado. A nuestro pasado. Recuerdo, por ejemplo, cuando nos citamos después de nuestra primera noche en la esquina de la casa de tu madre. Donde vivías por aquel entonces.

Aún puedo sentir el beso que nos dimos cuando te subiste en mi coche. Luego nos fuimos al bar de las mesas enanas. Y después vinieron los coqueteos, y más tarde me contaste tu situación familiar, el divorcio de tus padres, el desapego con tu padre, tu idea del amor, lo mal que te había salido con tu anterior novio y tu pasión por las fotos.

Y te pareció tan gracioso que mi ex fuera de la misma ciudad que el tuyo que decidiste que aquella sería nuestra ciudad odiada. Y entonces nos quedamos mirándonos fijamente y fue como si el tiempo se detuviera. Pero acto seguido, y como bien decían en la película Big Fish, el tiempo empezó a correr y a correr sin darnos tiempo ni tan siquiera a pararnos a respirar...

Y nos fuimos de puente a Andorra, y dejaste de llamarme por mi nombre y empezaste a llamarme Nene, y nos fuimos de vacaciones a Cerdenya, y compartimos nuestras primeras navidades, y celebramos nuestro primer aniversario, y cambiamos de costumbres, de hábitos, de vivienda, de pijamas,... y hasta tuvimos alguna que otra crisis…

Pero ya daba igual todo, pues ambos sabíamos que nos habíamos convertido en una pareja indestructible…

¿Me quieres? Ya lo sé. Pues eso. ;P

domingo, 27 de enero de 2013

Bolas de nieve

Estoy genial. Mi vida es prácticamente la misma que hace tres meses pero no me siento como si fuese así.

Sigo levantándome a las 8:30 para ir a trabajar. Sigue sin gustarme tener que comer en el trabajo con personas a las que no considero amigos míos. Sigo quedando con Festivo y Sensato para hacer deporte un día sí y otro no. Continúo yendo al psicólogo los jueves a las 19:30. Sigo disfrutando de la locura que es compartir casa y vida con Lunar. Y me sigo divirtiendo cada fin de semana con las actividades de casi siempre. Aún así no me siento igual.

No me siento igual desde el día que por fin hablé con mi padre. Hablar de hablar. Hablar de verdad. De detalles que llevaban años amargándome el subconsciente. Y no me siento igual desde que me dijo que se sentía orgulloso de mí.

Ni siquiera tengo la necesidad de explicarlo. Me basta con saber que después de ese día estamos en paz. Él conmigo y yo con él. Porque siempre he sabido que ambos nos sentíamos culpables. Aunque no lo dijéramos. Aunque nadie lo sospechara. Y fue genial acabar con ello, me ha cambiado el humor totalmente. Y a él también se le nota, por mucho que él sea mucho menos expresivo que yo.

En realidad he de reconocer que pensaba que esto nunca iba a suceder. ¿Qué posibilidades había después de tantos años? Me sentía frustrado. Y ahora en cambio me siento como si me hubiera quitado un algo de encima, una presión, una incomodidad… no sé.

Lo que sí sé es que visto a toro pasado probablemente no tenga sentido que algo tan tonto me haya afectado tantísimo y supongo que aún tiene menos sentido seguir analizándolo. En realidad cada vez que me paro a pensarlo le encuentro menos sentido,... y ya tenía bastante poco.

jueves, 24 de enero de 2013

Al descubierto

Quien escribe soy yo. Este es mi secreto. Léelo, aquí está todo. Mis últimos tres años resumidos en un blog. Mi día a día. Nuestra historia. Mi vida. A veces comedia, otras tragedia, incluso a ratos me he puesto en plan romántico. Básicamente un largo vaivén de sensaciones, de momentos, vivencias, anécdotas, de pareceres, ideas, neuras y hasta he aireado algunas intimidades… Lo siento yo soy así, tengo la lengua demasiado larga, pero eso tú ya lo sabes... Ah, y te puse un apodo, seguro que te suena,... ¿lo entiendes ahora?

Seguramente ahora, mientras lees esto, te cueste comprender que es todo esto, que significa para mí este blog. Ya te lo explicaré con más calma... Pero en nuestro tercer aniversario quería hacerte este pequeño regalo. Quería que lo primero que leyeras en nuestro día fueran estas palabras. Quería compartir este rinconcito contigo. Tan mío, pero supongo que a la vez tan tuyo. Pues tras cada párrafo, tras cada palabra, tras cada coma,… casi siempre asomas tú. Nosotros.

Léelo. Tal vez encuentres cosas aquí que te sorprendan, que no te esperes, que te disgusten… Pero no me lo tomes en cuenta, ya sabes que últimamente los veranos me nublan la mente y que siempre tiendo a dramatizar, a exagerar tanto lo bueno como lo malo. Descubre cómo he vivido yo nuestra historia. Qué he sentido. Cómo he cambiado. Cómo hemos cambiado...

Tres años pueden parecer muy pocos, pero tengo la sensación de que hemos madurado mucho. Y lo mejor es que creo que lo hemos hecho juntos, al unísono. Yo ya no soy aquel que hacía ver que todo le resbalaba. Y tú ya no eres aquella alocada que siempre iba maquillada y vestida de gala. Pero te miro y sigo reconociendo a aquella chica que me susurró al oído ‘no podrás resistirte’, provocándome escalofríos.

Y, ¿sabes? Me los sigues provocando.

Feliz tercer aniversario, nena. Te amo.

viernes, 18 de enero de 2013

Vuelvo a las andadas

Esto de reencontrarse a uno mismo es un gran invento. De pronto, como por arte de magia, vuelves a recordar quién, cómo y porqué eras quien en realidad eres. Pero como todo hijo de vecino, uno tiene sus fantasmas del pasado, y supongo que resulta inevitable que estos resurjan de sus cenizas… Y nunca mejor dicho...

Y es que entre mis muchos fantasmas del pasado se encuentran el tabaco y la noche… Porque sí, he de reconocer que poco a poco he ido volviendo a ser lo que se considera un fumador. De hecho creo que nunca he dejado de considerarme a mismo como tal.

Y la noche, qué decir de la noche,… siempre ha sido pasada la medianoche cuando mi mente ha estado más lúcida, más cómoda consigo mismo. A estas horas me siento libre para pensar, para elucubrar, para asomarme al balcón con un piti y dejar volar mi mente al infinito y más allá...

Supongo que de tanto en tanto merece la pena volver a las andadas.

Y aunque Estopa nunca haya sido santo de mi devoción, dejadme que ya que les he plagiado el título del post, también les robe este tema. (Aunque al fin y al cabo no tenga demasiado que ver con lo que pretendo expresar con esta entrada).


Un vez más: felices desvelos.

miércoles, 16 de enero de 2013

Y el chocolate espeso

No aguanto los rodeos, las ambigüedades, los ‘no sé’, los ‘tal vez’, los ‘ya veremos’. Me ponen nervioso. Me desestabilizan. No sé qué pensar. Mi pensamiento puede generar tantas conjeturas que puedo llegar a desquiciarme.

Prefiero las cosas claras. Que la gente diga lo que piensa, lo que siente, lo que quiere. Y más en un momento como este, en el que me siento bien, pleno, radiante, brillante. Un momento de esos en los que te sientes el mejor y piensas ‘joder, no me vengas ahora con historias’.

Es por eso que hoy he creído oportuno plantarme en el trabajo y poner orden ante tanta falsedad. Sé que habrá quien se haya sentido desconcertado, sorprendido o hasta asustado. Pero estoy seguro de que también habrá quien lo valore positivamente.

Lo siento, chicos, a esto se le llama personalidad y probablemente la haya tenido un tanto adormecida últimamente, de ahí el desconcierto… Pero es lo que hay, yo soy así, necesito dar un zapatazo en el suelo de tanto en tanto para que se me oiga, para hacerme notar, para que nadie se olvide de que sigo siendo el rey.

jueves, 10 de enero de 2013

Principios

No me gustan los finales. Tal vez por eso odio los diciembres. En cambio, me encantan los principios. Los principios siempre son excitantes. Interesantes. Adictivos. Quieres más y más porque lo nuevo nunca cansa. Engancha. Porque es nuevo. Los finales no. En los finales todo parece viejo. Obsoleto. Anticuado. Cansino… Los finales a veces se resisten. Agobian. Parece que no van a llegar nunca. Y cuando algo acaba, siempre hay algo nuevo esperándonos. Un principio. Y es entonces cuando todo parece posible, cuando las posibilidades parecen infinitas, cuando parece haber tiempo para todo. Cuando te dices: ‘¿Y por qué no?’.

Tal vez por eso me encantan los eneros.

lunes, 7 de enero de 2013

Reloaded

Últimamente no encuentro tiempo para pararme a escribir. Mis propósitos de año nuevo me han empujado a hacer deporte de una forma más asidua de la que lo venía haciendo en los últimos meses. He vuelto a correr, al gimnasio, sigo saliendo en bici, en moto...

Además he decidido apegarme un poco más a mis amistades, que en realidad las tenía un tanto desatendidas. Creo que ya iba siendo hora de volver a ser quien en realidad soy. Un tipo sociable, sonriente, activo, deportista y no esa alma en pena que durante este último medio año o más se ha arrastrado de casa al trabajo y del trabajo a casa, pasando de tanto en tanto a lloriquear y autocompadecerse por su blog...

Ha sido seguramente demasiado tiempo desaprovechado...

Pero hoy no podía dejar de publicar. Justo hoy hace tres años que inicié mi andadura en este mi blog... La verdad es que lo he intentado, pero no acierto a recordar cómo fue aquel jueves 7 de enero de 2010. Ni siquiera sé si fue un día soleado o nublado, o si tuve un buen día en el trabajo, o si hice algo al plegar antes de ir para casa...

Y tampoco tengo ni idea de porque fue justo aquel día cuando decidí escribir mi primera entrada. Y me parece extraño... Me resulta curioso como a veces el pasado puede llegar a ser casi tan enigmático como el propio futuro... Me resulta curioso e incluso llega a preocuparme. Porque supongo que es normal ir olvidando detalles, sensaciones, situaciones; pero lo peor es que si no estás lo suficientemente atento, empiezas a olvidar cosas importantes, cosas que deberían ser vitales.

Puedes llegar a olvidar costumbres, sentimientos, promesas, objetivos, ideales,... y lo que es peor: a personas, incluso a ti mismo… Y no me gusta. Y quiero remediarlo. Así que estoy en ello. Ha llegado el momento de revisitar viejos lugares. Retomar viejos hábitos. Reanudar ciertas amistades. Rememorar antiguas ilusiones. Redescubrir todo mi entorno. Reencontrarme a mí mismo…

En definitiva, reemprender mi camino... El mío.