lunes, 31 de diciembre de 2012

Año viejo

Siento mi ausencia. He estado muy ocupado comprando compulsivamente, envolviendo y abriendo regalos, comiendo, emborrachándome y en definitiva cumpliendo con todos los típicos festejos navideños. La verdad es que las navidades no están resultando tan terribles como esperaba. Me suele pasar, a veces tiendo a ponerme en lo peor. Será por eso de querer estar preparado por lo que pueda pasar...

La locura empezó la noche del día 22 cuando, en plan coña, todo el grupo de amigos decidimos celebrar por todo lo alto que nos habían tocado unos cien euros por barba con unos décimos de la lotería de navidad que habíamos comprado, hacía justo una semana, en el bar donde celebrábamos mi cumpleaños.

La broma acabó a eso de las siete de la mañana con Lunar, yo y otros cuatro alcohólicos comiendo churros en mi casa… Y en Nochebuena más... Después de las cenas familiares, decidimos salir de fiesta y de etiqueta. Y, claro, supongo que todos sabíamos desde un principio que más de uno o una acabaría con la corbata en la cabeza o vomitando sobre sus preciosos zapatos de 7 cm de tacón. Y así fue... Creo que Lunar tardará en olvidar esa noche… En fin, ahí lo dejo…

Pero no tuvimos suficiente, así que la noche de Navidad repetimos. Más alcohol, más risas, más bailes y más resaca… Hacía mucho tiempo que no salía tan seguido de fiesta. De hecho, creo que he salido más desde lo que llevamos de navidades que durante todo el resto del año junto... Y, dejando a parte las resacas, he de decir que me ha sentado genial. Ese sentirse como un adolescente, ese mandarlo todo a tomar por culo por unos días… No se me ocurre mejor manera de acabar el año...Y más un año como este…

A diferencia del 2011 (por poner un ejemplo), este año 2012 será un año que jamás podré olvidar. Ha sido un año intenso, con personalidad. Un año de esos que te coge de los hombros, te zarandea, te descoloca, te empuja, te tira por tierra, te recoge e incluso uno de esos capaz de sorprenderte (entre hostia y hostia) con el mejor de los abrazos o el más bello de los besos.

El 2012 me ha visto cambiar de hogar, dejar de vivir sólo, irme a vivir en pareja, cambiar de trabajo, despedirme de un ser querido, recibir con los brazos abiertos a mi ahijada, me ha visto vivir una gran crisis personal, me ha visto evolucionar, quitarme caparazones, máscaras... y sobretodo, y aunque parezca lo menos importante, me ha enseñado a aprender a dejarme aconsejar, a dejarme ver más allá de mis propios ojos, de mis propias convicciones.

Supongo que sería bonito decir que todo esto me ha servido para convertirme en una mejor persona, pero no es cierto. Aunque ha sido muy gratificante darme cuenta, sobretodo en estos últimos días, de que sigo siendo en esencia el mismo de siempre. Sentir que, a pesar de todo, no me he ido demasiado lejos. Que no he perdido el norte. Que ese que veo cada mañana en el espejo sigo siendo yo, ni mejor ni peor: yo. Y con eso ya me basta.

Feliz año 2013 a todos… porque, señoras y señores, el 2012 ya es historia.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Ice christmas

Ha bastado un paseíto por un centro comercial a golpe de villancico para notar que las navidades me van a sentar bastante mal. Tan mal como me ha sentado ponerme a recordar antiguas navidades que a día de hoy se me antojan irrepetibles, tal vez por la ingenuidad de las edades en las que las viví o, quizá, simplemente las tenga idealizadas, quién sabe.

Es curioso como con el paso del tiempo la morriña y la nostalgia hacen mella en nosotros cada vez con más facilidad. Será por eso de que uno va acumulando demasiados ‘adioses’ inesperados. Indeseados. Y supongo que en estas fechas, con tanta reunión familiar, es fácil ponerte a echar cuentas. Fijarte en las sillas vacías. Esos huecos imposibles de rellenar. Podrán sumarse nuevos, pero serán eso: nuevos. Los antiguos huecos vacíos yacerán siempre desiertos...

Pero sería muy injusto decir que mi mal humor navideño es culpa de los que se fueron o ya no están, o empapar de ese mal rollo a los que sí conciben estas fechas como algo bonito e ilusionante. Tampoco sería justo menospreciar los regalos, los manjares o los hermosos adornos navideños que decoran las calles, los edificios y hasta mi propio hogar. Y sería tremendamente injusto infravalorar el esfuerzo y el entusiasmo que muchos de mi alrededor ponen en los festejos típicos de estas fechas…

Por lo que, aunque mi psicólogo no lo comparta, yo creo que hay sentimientos que son cosa de uno mismo. Y como tales, no merece la pena compartirlos si ello conlleva el más mínimo riesgo de empañar los ánimos de quienes nos importan.

Así que he decidido soportar yo solo sobre mis hombros toda la añoranza a los que desafortunadamente ya no están entre nosotros. La añoranza a los que no están ahí todo lo que uno quisiera. A los que se fueron porque quisieron. La añoranza a todo aquello que sólo fue por un tiempo aunque para mi sea para siempre. La añoranza a antiguos hogares. Y, en definitiva, la añoranza a todos aquellos 'yos' que algún día fui…

Además, tratando de seguir un consejo, estoy intentando hacer una lista de cosas que sí me gustan de la navidad… Y para empezar se me ha ocurrido una. Una tontería, pero por algo se empieza… Hablo de la canción de la lotería…

Y es que aunque tampoco sea devoto de la lotería de navidad, con sus infinitamente menos premios que frustraciones, he de reconocer que adoro la canción que eligieron para el spot de este año. Canción que forma parte de la banda sonora de una película que también me encanta ‘Eduardo Manostijeras’, del genial Tim Burton.

Y creo que me gusta porque, como Eduard, yo también sé lo que es sentirse solo, incomprendido, un bicho raro en ciertos aspectos… Incompleto…



Feliz navidad a todos.

lunes, 17 de diciembre de 2012

¡Sorpresa!

El fin de semana no ha podido ir mejor. Lunar, con la colaboración de varios amigos, me había preparado una cena sorpresa de cumpleaños el sábado por la noche.

Imaginaros mi cara de sorpresa cuando llegué al restaurante de turno, al que pensaba que iba a cenar tranquilamente con Lunar, y me encontré a los 14 degenerados que se hacen llamar mis mejores amigos...

Si es que en el fondo no me los merezco, sobretodo porque no os imagináis lo que me habían hecho sufrir estos últimos días haciéndome pensar que a nadie le importaba lo más mínimo que este año hubiera decidido no celebrarlo. Pero se les puede perdonar, ¿no? ¡Si en el fondo son una ricura!

La verdad es que toda la cena y la farra posterior conformaron una de las mejores celebraciones de mi cumpleaños que recuerdo de los últimos años. ¿Qué tenía de especial? Sin duda la compañía, las risas, las conversaciones, la comprensión, los bailoteos y claro la sorpresa en sí por ser totalmente inesperada por mí parte.

Así que, ¿cómo podía yo agradecerles todo esto…? Pues emborrachándome a pesar de la medicación (que un día es un día), riéndome, dejándome llevar, disfrutándolo, disfrutándoles, y como no dándoles las gracias una y mil veces... Era lo único que podía hacer después de regalarme un cumpleaños inolvidable. Es genial sentirse bien y hacérselo saber a los autores de este estado, ¿no creéis?

Por eso mismo, por supuesto, hice mención especial a la hora de dar las gracias a mi Lunar. Mi chica. Mi nena. Mi amor. La persona que siempre sabe qué, cómo y cuándo necesito algo. Y lo curioso es que lo sabe incluso mejor que yo, puesto que ahora me doy cuenta que algo así era justo lo que necesitaba; aunque llevara semanas negándome a realizar los típicos festejos de cumpleaños.

Eso sí, no quiero saber nada del puto gintonic en una larga temporada, ¡menuda resaca! Y los cuatro o cinco cigarros que me fumé son como cinco puñaladas en mis pulmones,... ¡después de más de año y medio sin fumar!

En fin, como ya he dicho, un día es un día.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Un año más

A veces, contra todo pronóstico, te sorprende la llegada de tu propio cumpleaños. Que si una gripe, que si un nacimiento, que si un bajón de los míos, que si una pequeña discusión,… y resulta que sin darte cuenta llega el día en que cumples treinta y un años.

Quizá simplemente sea que con los años dejas de darle tanta importancia a ciertas fechas, por desgana o tal vez sea por todo lo contrarío: por interés, por propio interés,... por no querer ser consciente de cómo los años te pasan literalmente por encima.

Con el discurrir de los años, el día de mi cumpleaños ha ido dejando de ser un día tan brillante y tan mágico como lo era antaño, para convertirse cada vez más en un día un poco más gris y nostálgico año tras año. Supongo que como consecuencia de esto, últimamente el día de mi cumpleaños suele ser un día en que me empeño en no respetar las leyes de la física… Subo, bajo, salto, me desplomo… (Oscilar de extremo a extremo siempre se me ha dado bastante bien...) Y ya veis, me ha dado por escribir en pleno descenso.

Este año no habrá cena multitudinaria el fin de semana con amigos para celebrarlo, no me he molestado en organizar nada; ya no tengo edad para este tipo de fiestas. No habrá borrachera, ni juerga, ni resaca; mi cuerpo y mis ánimos no están para sustos. Lo celebraré el sábado con una comida en familia y luego por la noche iré a cenar fuera con Lunar para celebrarlo de forma más íntima. Los dos solos. Sin líos. Sin sobresaltos.

Afronto los treinta y uno sin listas de propósitos, sin demasiados planes, sin proyectos a corto plazo… Los tenía, pero los fui perdiendo poco a poco por el camino... Y ya no sé qué pensar. Ni qué esperar… Ni tan siquiera sé qué pedir cuando sople las velas; me han chivado que el sábado después de comer habrá pastel.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Mi peluquera

Hace más de dos años que voy siempre a la misma peluquería, una de esas en las que cuando reservas hora puedes elegir quien prefieres que te corte el pelo. Después de unas primeras pruebas fallidas, se podría decir que hace más de un año que encontré a mi peluquera perfecta. Así que hoy, como sucede aproximadamente cada mes, he ido a visitar a mi peluquera particular: Paula.

Paula tiene 29 años, le gusta el flamenco y dice que cada vez que cambia de humor, cambia de color o de corte de pelo. Tiene un carlino que siempre está en celo, un hermano que toca la guitarra y un novio al que (y cito textualmente sus propias palabras...) le gusta emborracharse casi tanto como follar.

Hace tanto que compartimos esa media horita casi mensual, que ya no hablamos del tiempo, ni de la crisis, ni de lo bonito que tengo el pelo... Por ejemplo, recuerdo que hará unos tres meses me dijo que estaba harta, que no aguantaba más a su novio, que le iba a dejar. Y me lo decía con una sonrisa ancha, de oreja a oreja, como con ganas de iniciar una nueva andadura sin un chico del que decía por aquel entonces que le estaba arruinando los mejores años de su vida.

En cambio hoy, va y me dice que se casa. En julio del 2014, me ha dicho. Y lo único raro no ha sido el drástico cambio de planes, ni la lejanía de la fecha,.. sino también su pose seria, diría incluso que hasta triste... Hoy también decía que tenía frío, que le dolía la cabeza y que estaba un tanto indispuesta. Tal vez esa negatividad que me ha transmitido solamente se deba a su estado de salud y no a los planes de boda... No sé, ojalá sea sólo eso.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Momento perfecto

Soy imbécil. Casi las tres de la mañana y yo aún despierto... Hacía meses que no trasnochaba tanto. Pero aquí estoy, con las luces apagadas, frente al portátil y pensando en mi amigo Sensato.

Creo que nunca le había visto llorar así antes. Las lágrimas casi siempre son sinónimo de malos momentos. Normalmente ver llorar a alguien me pone tremendamente triste. Menos hoy.

Hoy he visto llorar a mi amigo Sensato mientras sujetaba en sus brazos a su hija recién nacida. Por lo contrario, Activa (su mujer), aunque visiblemente cansada, lucía una sonrisa radiante. Y yo, junto a ellos, he vivido uno de los momentos más tiernos de mi vida.

Y por qué no decirlo, también he sentido algo de envidia. Envidia de la sana. Me pasa siempre que veo tan feliz a alguien. Supongo que debe ser algo normal, o no lo sé, tal vez sea sólo cosa mía que seré un maldito envidioso...

¿Pero a quién le importa eso? El caso es que tengo cada vez más claro que quiero vivir un momento como ese. Un momento perfecto. Y hasta sé con quién quiero compartirlo… Eso ya es un gran paso, ¿no?

Momento perfecto, sé que estás ahí… Más cerca. Más lejos… Pero ahí. Te intuyo. Te espero.

(No hay nada mejor para caer rendido entre sábanas que fantasear con tu propio futuro.)

domingo, 2 de diciembre de 2012

El pasado

Por historias que no vienen al caso, estos últimos días he estado releyendo algunas viejas entradas de este mi blog. Y resulta que me he acabado poniendo tontorrón. Aclararé que tontorrón en mi idioma significa nostálgico.

Sí, me ha invadido cierta nostalgia o morriña. Me pasa siempre que me da por recordar. Y me pasa al recordar tanto episodios buenos como malos de mi vida, y me pasa hasta al acordarme de personas de mi pasado que ni tan siquiera fueron muy transcendentes en mi vida, o al recordar un olor, una sensación… No puedo evitarlo, todo lo relacionado con el pasado me pone un poco triste.

Es curioso como vuela el tiempo, ¿no creéis? A veces incluso cuesta creer que realmente estuvimos allí y vivimos aquel momento, o si no es nuestra memoria quien nos engaña, si de hecho no fue algún desconocido quien vivió todo aquello por nosotros.

Sin ir más lejos, me he dado cuenta que me cuesta reconocerme en aquel chico de 28 años que un jueves 7 de enero decidió abrir un blog. En realidad aún no hace ni tres años, puede parecer poco tiempo, pero han sido años muy intensos.

Por aquel entonces estaba soltero, creo que aún estaba enamorado de mi ex, vivía solo, tenía otro trabajo, salía cada fin de semana, me emborrachaba casi cada vez que salía, tenía muchos más amigos que ahora (muchos desaparecieron en cuanto dejé de salir tan a menudo) y tenía unas prioridades bastante diferentes a las que tengo hoy día.

Recuerdo que cuando era un niño a veces me daba por intentar pasar la noche en vela (aunque nunca lo conseguía) por miedo a que cuando despertara todo fuera distinto, que mis padres y mi hermana ya no estuvieran allí, o que amaneciera en un lugar desconocido, o simplemente por miedo a que cuando despertara el mundo se hubiera olvidado de mí. Creo que en aquellos años ya estaba levantando los cimientos de mi insomnio.

Pues supongo que cuando me pongo a recordar se cumple ese miedo original mio, me doy cuenta que en algún momento debí quedarme dormido y de pronto al despertar todo a cambiado. Y eso me hace pensar que lo que soy en el presente, lo que siento, lo que tengo, a quién tengo, quién creo ser hoy día... podría esfumarse en cualquier momento sin apenas darme cuenta... Y me da miedo. Y ese miedo se manifiesta en ese sentimiento nostálgico y de tristeza...

Además tengo la sensación de que con los años he ido ganando en confusión. Creo, por ejemplo, que con 20 años lo tenía todo bastante más claro, creo que sabía mejor lo que quería para mi vida e incluso se podría decir que tenía una mayor autoconfianza. Vale que tal vez mis objetivos y responsabilidades eran sensiblemente menos amplios, pero no sé si esto vale como escusa…

En fin, sé que ahora tocaría darle una conclusión o una moraleja a todo este planteamiento; pero no la tengo… Que queréis, mi cabeza está llena de pensamientos inútiles y ridículos sin coherencia alguna... Y este es uno de ellos.