jueves, 29 de noviembre de 2012

En el Súper

A eso de las seis de la tarde recibí instrucciones claras vía Whatsapp de lo que debía hacer al salir del trabajo...

Lunar: Nene, cuando salgas pásate a comprar agua.

Así que dicho y hecho, nada más plegar pasé por el Mercadona a comprar agua… Bueno, dos garrafas de Fontvella de ocho litros, seis latas de Redbull, una bolsa de Lays al punto de sal y otra de Ruffles onduladas jamón jamón, un fuet Casa Tarradellas y un paquete de pilas alcalinas Energizer ultra plus...

Y es que la tarea en cuestión parecía fácil, pero me temo que soy una víctima fácil para el neuromarketing

Pero lo peor aún estaba por llegar. Haciendo cola en la caja para pagar, una anciana superdelgada y de aproximadamente metro treinta empezó a hablarme como si me conociera de toda la vida.

Primero me cogió del brazo y luego me dio varios golpecitos en la barriga mientras me recordaba lo cara que está la vida.

En poco más de tres minutos pasé del flipe absoluto a ponerme completamente de los nervios, ya que ésta no paraba de hablar y de hablar y de zarandearme cada vez con más fuerza.

Además, aun habiendo llegado a la cola después de mí, se me coló vilmente a la hora de pagar, eso sí, dándome las gracias por ser tan 'apañao'.

Y claro, a todo esto yo sólo asentía y respondía con monosílabos, no fuera a darle más coba a la anciana y acabara viniéndose a merendar conmigo a casa... No por nada, pero es que mi Lunar es muy celosa...

lunes, 26 de noviembre de 2012

Elecciones y elecciones

Esta noche Lunar y yo hemos vuelto tarde a casa después de cenar en casa de la madre de ésta. Nada más llegar, Lunar se ha ido casi directa a la cama. Yo, en cambio, me he sentado en el sofá a ver un rato la tele. Al final me he cansado tanto de ver el circo en el que han convertido lo que algún día alguien llamó 'la gran fiesta de la democracia', que he acabado por simplemente mirar la tele sin apenas escucharla.

Y me refiero a las elecciones (en este caso las catalanas) y a todas las declaraciones posteriores de nuestros supuestos líderes… Esas en las que ninguno de ellos parece haber perdido... Y es curioso, pues he caído en la cuenta de que tienen razón, al menos en eso no mienten... Ellos siempre ganan, claro que ganan, puesto que los que perdemos siempre somos nosotros, los ciudadanos de a pie...

Finalmente me ha ido venciendo paulatinamente cada vez más la falta de interés, tanto, que he optado por hacer zapping y más tarde he acabado hasta por apagar la tele. Luego, he entrado en el facebook y me he puesto a chafardear unas fotos de paisajes que un viejo compañero de la universidad acababa de publicar. Eran fotos de Bali.

He recordado que me dijeron que éste se había cogido un año sabático para viajar, pero de aquello hará ya más de dos años y ya veis, por lo que se ve le ha cogido el gustillo y aún no ha vuelto. Me pregunto cómo se lo montará económicamente hablando, pero el caso es que mirando sus fotos me ha invadido una envidia difícil de explicar. Me han entrado ganas de mandarlo todo a tomar por culo e irme bien lejos.

Lejos de todo. Bien lejos. Empezar de cero. Una nueva ciudad, un nuevo país, una nueva vida… Aunque sé que sería incapaz, supongo que es por mi afán de querer tener siempre los pies en el suelo. Creo que en este aspecto nunca he sido lo suficientemente valiente. Ya desaproveché en su día la oportunidad de irme de Erasmus. También rechacé hace ya varios años una irrechazable oferta laboral en Abu Dhabi.

Como veis, yo de momento no me atrevo a romper con todo, pero cada vez con más frecuencia veo como gente de mi generación sí lo hace. Cansados de un estado que se desquebraja por los cuatros costados, de unos gobernantes que lejos de preocuparse por solucionar los problemas más básicos y urgentes se ocupan en crear cortinas de humo en las que confundirnos y dividirnos, cansados de una sociedad combativa pero incapaz de destruir unas estructuras que ella misma se ha autoimpuesto...

Y así resulta que uno deja el trabajo y se va a conocer mundo y a intentar subsistir alejándose del consumismo, sin móvil, sin televisor... Otro lo vende todo y monta un bar en México. Otro se va de voluntario a África. Otros tantos deciden buscar trabajo en Alemania... Y estos son sólo casos que yo conozco, pero habrá tantos y tantos...

En realidad son múltiples las opciones, las alternativas, las posibles elecciones que tenemos para alejarnos de toda esta mierda y tratar de ser más felices en otra parte, de otra manera…

Supongo que sólo hay que saber echarle huevos…

domingo, 18 de noviembre de 2012

Mi padre y yo

Por muy sinceros o extrovertidos que seamos, siempre hay algo que nos cuesta expresar, reconocer, contar e incluso escribir. Sin ir más lejos, la semana pasada escribí aquí en mi blog acerca de mi psicólogo, supongo que no me atreví a añadir un pensamiento que me ronda la cabeza casi desde que le conocí: que sus hijos tienen suerte de tener un padre como él.

En fin, no quiero ser injusto para con mi padre, sé que él siempre ha tratado de ser, tanto para mi hermana como para mí, el mejor padre que ha sabido o podido, pero supongo que siempre se vio condicionado por las circunstancias de su trabajo y de su propia personalidad.

Mi padre lleva unos cuatro años prejubilado por problemas de espalda, pero durante su vida laboral ejerció de camionero. Y no precisamente un camionero de distancias cortas. Viajaba constantemente a Francia, Italia, Alemania, Europa del este, etc. Y no sabría decir la de veces que habrá cruzado el Eurotúnel. El caso es que pasaba largos periodos de tiempo sin pasar por casa, no era nada raro que estuviera de ruta 15 o 20 días seguidos, y cuando pasaba por casa apenas dormía un par de noches seguidas con nosotros antes de partir de nuevo.

Esto, sumado a su carácter, llamémosle frío, hace que siempre haya sentido la figura de mi padre más distante de lo que siempre haya deseado. Y no me refiero a que no le haya sentido involucrado en su labor como padre, todo lo contrario, las mejores lecciones de la vida me las ha dado él, siempre ha estado y está dispuesto a dar un consejo, su opinión, etc,... simplemente me refiero a que nuestra relación estaría más cercana a la de profesor-alumno que a la de dos amigos.

Supongo que siempre he echado en falta sentir una mayor afinidad con él, sentirle más cercano. Digamos que no ha sido el tipo de padre que juega contigo en el parque, ni el que te enseña a ir en bici o a nadar, de esas cosas se encargó siempre mi padrino que por desgracia murió hace ya bastantes años. Mi padre es más el tipo de padre que te exige buenas notas, que te pide un poco más de esfuerzo en tus actividades extraescolares, que te pide una y otra vez que te superes...

Creo que él siempre ha esperado y sigue esperando aún a día de hoy mucho de mí, y en cierto modo supongo que es de agradecer ya que me ha hecho dar siempre lo máximo y conseguir muchas cosas positivas, pero por otro lado creo que esta actitud siempre me ha creado cierta sensación de frustración por sentir que para él nada era ni es suficiente, como si nunca fuera lo suficientemente bueno bajo su criterio.

En fin, no seré yo quien se ponga a dar clases paternofiliales, ni tan siquiera sé si algún día me sentiré preparado o tendré el valor de ser padre. Además supongo que, como en toda relación, el resultado global de ésta no deja de ser cosa de ambos, seguramente yo también haya cometido mis fallos, quizá no haya sabido transmitirle lo que realmente necesitaba, tal vez yo haya construido un muro entre nosotros que nunca le he permitido traspasar, puede que por cabezonería, por rebeldía o por vete a saber qué...

Pero, insisto, no pretendo ser injusto con mi padre, me siento mal sintiendo estas sensaciones hacía él. Me da rabia tener estos pensamientos acerca de una persona que me ha dado tanto. Que ha dado sudor y lágrimas para sacarme adelante desde niño. Alguien que fue, es y será siempre una de las personas más importantes de mi vida. Porque a pesar de todo le quiero con locura y sé que él a mí también (aunque no sepa demostrármelo con actos cariñosos tales como besos, abrazos o palabras bonitas).

Pero el caso es que todo esto está ahí, irremediablemente en mi subconsciente; aunque me cueste horrores reconocerlo. Sé que puede sonar absurdo, pero incluso se me hace difícil escribirlo, casi tanto como se me hizo explicárselo a mi psicólogo, la primera persona a la que le he contado todo esto sin tapujos, sin adornos ni maquillajes que hagan parecer todo esto una simple anécdota a la que no le doy apenas importancia.

Pero se la doy, aunque luche contra ello, se la doy. Y es algo que me hace sentirme mal conmigo mismo.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Mi psicólogo

Hoy pretendía escribir algo relacionado con la huelga general, a la que por cierto yo me adherido; pero es ponerme a pensar en huelga, crisis y demás, y me deprimo. Así que, hablando de depresiones, mejor escribo algo que tenía pendiente desde hace algún tiempo: mi experiencia con el psicólogo.

A día de hoy puedo decir que, después de más de dos meses visitando a mi psicólogo y con unas diez sesiones de terapia, el balance está siendo bastante positivo. Aunque para ser sinceros, he de decir que mi primera impresión fue un tanto decepcionante.

Recuerdo que cuando llegué a la consulta y me encontré a un señor que sobrepasaba de largo los cincuenta, medio calvo y en general con un aspecto que en un principio me recordó bastante a Ferrán Adriá, me sentí un tanto decepcionado. No me veía yo explicándole mis cosas a un tipo que se me antojaba diametralmente opuesto a mí en todos los aspectos. Supuse que jamás podría llegar a entenderme.

La verdad es que, dejando a un lado a mis amigos íntimos, en general siempre me he encontrado más a gusto desahogando mis penas con chicas. No sé, me da la sensación de que una chica siempre está más dispuesta a escuchar, incluso me atrevería a decir que también más predispuesta a ayudar.

La mayoría de chicos me transmiten, y no me preguntéis por qué, sensación de incomodidad cuando les explicas según qué cosas, además un chico casi siempre te suelta la frase ‘si necesitas algo no dudes en pedírmelo’. A mí esta frase siempre me suena a ‘mucha suerte con todo pero a mí déjame tranquilo’… Porque, señores, la ayuda no se pide, se ofrece.

Y es ahí donde radica a mi parecer la gran diferencia, una chica es capaz de dar el paso y proponerse el ayudar a alguien sin que nadie se lo pida. Y eso resulta reconfortante, es como quitarse un peso de encima, pues creo que a todos nos cuesta pedir e incluso a veces admitir que necesitamos ayuda, así que claro, cuando llega alguien y se ofrece, solamente con ese gesto, ya te está ayudando de por sí, dándote su apoyo, haciéndote sentir en cierto modo arropado y comprendido.

En fin, me desvío del tema, el caso es que mi psicólogo, con el tiempo me ha sorprendido gratamente. No sé si será por su personalidad, por vocación o simplemente por interés económico, pero el caso es que noto una implicación total por su parte. Domina perfectamente los tiempos, sabe cuando escuchar, cuando hablar, cuando introducir un ejemplo totalmente aclaratorio, cuando aliviar tensión con una historia divertida, cuando utilizar una fábula con moraleja e incluso sabe cuando necesito que me den caña o bien cuando me viene bien una sesión un tanto relajada.

Lo cierto es que aún a día de hoy me sorprendo. A veces me pregunto si mantendrá con todos sus pacientes el tipo de conversaciones tan cercanas que mantiene conmigo, si con todos alcanzará ese nivel de complicidad, si como conmigo habrá mantenido prácticamente discusiones en plena terapia, o si se habrá reído con otros pacientes a carcajadas casi llegando a llorar de la risa, me pregunto si acaso seré yo un paciente un tanto especial…

En fin supongo que lo lógico sería pensar que no lo soy, que al fin y al cabo es su trabajo, y que este pensamiento no es más que una demostración más de mis tendencias claramente ególatras; pero no puedo evitarlo...

Y ahora sí, después de este momento ‘mirad todos mi ombligo’, me despido por hoy, que aquí el menda lerenda se va a la mani.

martes, 13 de noviembre de 2012

Taras

Conforme vamos creciendo, nuestro cuerpo va desarrollando y adquiriendo taras. Bien por el paso del tiempo o bien por cosa del destino,... a veces incluso por una mezcla de ambas cosas.

El caso es que unos se quedan calvos, otros se vuelven canosos, o canosas, y también están las patas de gallo, la celulitis,... por no hablar de la barriga cervecera o de las tetas caídas... Si hasta hay quien desarrolla una extraña habilidad para realizar certeras previsiones meteorológicas basándose en una estricta observación e interpretación de sus propios dolores óseos y/o musculares.

En fin, supongo que con nuestra mente pasa algo muy parecido. Fobias, tics, manías, obsesiones, depresiones, insomnio, ansiedad, abatimiento... Taras y más taras que hacen de nosotros alguien muy diferente de aquel que fuimos algún día hace ya demasiado tiempo.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Un día perfecto

Se despertó bien temprano. Se desperezó y se levantó. Se tomó un café corto de leche, se comió un donut y una manzana. Se vistió, se puso su mono de dos piezas, sus zapatillas, sus guantes y su casco. Todo nuevo, como su moto. Se subió a ella, arrancó y salió sin un rumbo del todo fijo.

Era domingo. No hacía un sol radiante, no era verano, ni primavera. Pero la temperatura era ideal. Corría una suave brisa, acrecentada a ratos por la velocidad, y un agradable olor a hierba mojada se le colaba de tanto en tanto por las ventilaciones del casco.

Disfrutó de cada árbol, de cada puente, de cada curva, del asfalto. Se sentía bien avanzando a la velocidad que le pedía el cuerpo, a la que le permitía la carretera. No había ningún problema que le diera dolores de cabeza, no había preocupaciones, ni remordimientos, ni recuerdos, ni obligaciones. Nada. Se sentía libre mientras pilotaba hacía ninguna parte.

Y a la llegada su chica le esperaba para comer fuera y aprovechar la larga tarde que el domingo aún les regalaba antes de llegar al odiado lunes... La vuelta a la realidad. Una realidad que ahora le parecía un poco más amable, menos trágica. Sobrellevable...

Aquel fue un día perfecto.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Hoy no quería dejar de felicitarte

Hoy será un día largo.
Hoy será un día amargo.
Hoy me será complicado conciliar el sueño.
Hoy me será difícil no llorar.

Hoy volveré a visualizarnos jugando de niños en el parque de casa de los abuelos.
Hoy soñaré que tus hijos juegan con los míos mientras tú y yo nos tomamos unas cervezas.
Hoy sentiré otra vez ese vacío que nunca podré llenar.

Hoy recordaré cuando juntábamos nuestra paga para poder comprarnos el Playboy.
Hoy recordaré cuando le pinchaste la rueda de la bici al rubio del quinto mientras yo le daba conversación.
Hoy recordaré las cuarenta mil horas jugando con tu Super Nintendo.
Hoy recordaré lo que llegaste a enfadarte cuando la chica de nuestros sueños me eligió a mí.
Hoy recordaré toda la envidia que me dio cuando tus padres te compraron tu primera moto.

Hoy te recordaré gritando en el Camp Nou.
Hoy te recordaré borracho como una cuba en la boda de la prima de Valencia.
Hoy te recordaré feliz.
Hoy te recordaré triste.
Decepcionado.
Ilusionado.
Cabreado.
Enamorado.

Hoy escucharé nuestro mítico 'Informer'.
Hoy observaré el centro de mesa que nos regalasteis tú y tu chica, a Lunar y a mí, para inaugurar nuestro nuevo hogar.
Hoy me acordaré de tu novia.
Hoy maldeciré de nuevo aquella curva.
Hoy retumbarán en mis oídos todos tus proyectos de futuro.
Tu tienda que ya nunca abrirás.
Tus planes de boda.
Todos tus sueños.

Hoy releeré por enésima vez nuestra última conversación de whatsapp que aún no he tenido fuerzas para borrar.
Hoy lamentaré haber dicho tantas veces aquello de ‘ya lo haremos’.
Hoy echaré en falta no poder llamarte, como cada año, y restregarte que durante más de un mes serás un año más viejo que yo.

Hoy me será imposible no volver a echarte de menos.
Hoy no quería empezar el nuevo día sin felicitarte...

Feliz cumpleaños.

martes, 6 de noviembre de 2012

Perfectos

Qué insensible es la gente perfecta. Tienden a pensar que lo que es fácil para ellos es fácil para todo el mundo...

'No le des vueltas a la cabeza, piensa en positivo, quítale importancia a los detalles, no te preocupes por todo lo que te rodea, tomate la vida con filosofía…'

A ver, señores perfectos, es como si yo pensara que lo que es fácil para mí lo es también para el resto de la humanidad. ¿Acaso sois vosotros capaces de generar ciento cincuenta mil hipótesis a una misma incerteza en cuestión de segundos, acaso podéis sentiros tristes sin un motivo aparente, acaso tenéis una capacidad innata para que se os suba la confusión a la cabeza...?

Pues eso, que bajo mi punto de vista vosotros seríais los raros; pero bueno, creo que no os he hablado de otra extraña habilidad mía, creo que la desconocéis: llamémosla tolerancia, comprensión, o consideración… En definitiva, hablo de ese ser capaz de hacer el esfuerzo de tratar de entender las circunstancias o particularidades de las personas que nos rodean... Simplemente aceptarlas y, claro, respetarlas.

Pero olvidadlo, no perdáis ni un segundo en tratar de comprenderlo, seguiré siendo yo el raro. Hace tiempo que dejó de importarme.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Tarde de cine

Esta tarde ha tocado cine. Vi un tráiler de ‘Lo imposible’, me emocioné, enganché a Lunar del brazo y me la llevé a regañadientes al cine más cercano, mientras ésta me hablaba de unas críticas un tanto desesperanzadoras...

Pero yo quería verla y punto. Lo que nunca llegué a pensar es que tanta desgracia no me dejaría ni bajar las palomitas. Vale, las hay peores, de esas que te dejan el estómago del revés con litros y litros de sangre y violencia gratuita, pero la verdad es que con ‘Lo imposible’ no me lo esperaba. Tanta angustia, tanta intensidad, tanta odisea física y emocional... Vamos, que no recuerdo ahora mismo otra película en la que me duraran tanto las palomitas.

Aún y así, a mi parecer, en general estamos ante una película bastante buena. Un apartado técnico espectacular, unas actuaciones brillantes y en definitiva una puesta en escena impecable… Sé que su manera de retratar una catástrofe de tal magnitud en claves de melodrama puede ser cuando menos cuestionable… Pero creo que para disfrutarla no nos debemos olvidar de que estamos viendo una película y no un documental…

Si alguien quiere saber más, ya sabe: ¡al cine!

He dicho.