viernes, 31 de agosto de 2012

Miedo

Nunca había sentido miedo del verdadero, así que no sabía que era ni que se sentía. Lo cierto es que antes había tenido miedo muchas otras veces, muchísimas, pero nunca del verdadero. Supongo que estos miedos no hacían honor a su nombre.

Ahora ya sé lo que es. El miedo verdadero es cuando no sabes muy bien a qué le temes. El miedo verdadero es eterno mientras lo sientes. Nunca termina. Se te acelera el corazón. Sientes sus latidos en cada músculo de tu cuerpo, en cada articulación. Se te sale por la boca. Y tiemblas. Sudas. Lloras. No gritas, porque no puedes. Y respiras tan fuerte y tan desacompasado que no aciertas a coger aire. Te ahogas. Miras pero no ves. Oyes pero no escuchas. Da igual donde estés, te falta espacio. Las paredes te aprisionan. El techo está a punto de caerse. La vida se vuelve angustiosa.

Esto es miedo del verdadero. Ojalá no lo hubiera conocido nunca, pero lo he hecho. Hay quien lo llama crisis de ansiedad. Pero yo odio esta expresión. Me parece una forma elegante que tiene la gente de decir que ha sentido un miedo tan fuerte y tan intenso que le ha vencido. Un miedo del de verdad. Miedo a nada. A todo. ¿No es acaso lo mismo?

jueves, 23 de agosto de 2012

Sorpresa

Lunar volvió ayer tarde de sus vacaciones. Cuando llegué del trabajo me la encontré en casa. Fue una sorpresa, puesto que se suponía que volvía este sábado. ¡Y qué sorpresa!

Primero casi me da algo porque pensaba que alguien se me había colado en casa. Luego, al ver que era ella, joder, que alegría. Tan así por sorpresa. Tan guapa como siempre. Tan morena. Tan hiperactiva. Tan expresiva con las manos. Tan sonriente. Tan contenta. Tan besucona. Tan ella.

Me encanta cuando la veo en pleno esplendor. Me encanta oír su típica carcajada mientras me explica casi a gritos la anécdota número mil. Me encanta que se desnude mientras me escucha. Me encanta verla recolocar las cosas a su manera casi sin darse cuenta: esa figurita un centímetro más a la derecha, aquella silla un poquito más pegada a la pared… Y me encanta que vuelva a estar conmigo en casa.

La verdad es que se le nota que las vacaciones le han sentado bien, se le ve en la cara y en los ojos. Aunque dice que se ha engordado estos días, pero parece que no le disgusta del todo la idea, ya que cree que le han crecido las tetas. Yo, a decir verdad, la veo más o menos como cuando se fue; pero, vamos, en cualquier caso está genial.

Y ahora me sabe un poco mal que haya vuelto antes de tiempo de sus vacaciones, porque sé que en gran medida lo ha hecho para que yo no estuviera más tiempo solo. Y sé que manda huevos que venga ahora con este cuento, con lo pesado que me he puesto con el tema de que ella se fuera sin mí de vacaciones. Pero que le voy a hacer, yo soy así, y a veces ni yo mismo me entiendo. Así que qué puedo pedirles al resto… Pues supongo que nada...

Lo único que se me ha ocurrido para intentar compensar sus días perdidos de vacaciones es intentar cambiar ciertos detalles. Sé que la tengo un poco preocupada, más que de costumbre. Le he prometido que voy a cuidarme y a dejar que me cuiden (como dice ella), de hecho ya he empezado por tratar de ponerle remedio a mi insomnio. Algo es algo.

A ver si así consigo encontrarme, en general, un poco mejor y dejo de encerrarme tanto en mí mismo y en mis neuras y logro volver a pensar también en el resto, empezando por ella. Siento que últimamente no he estado lo suficiente por ella, menos de lo que debiera y de lo que en realidad quiero.

Lunar merece mucho más. Mucho más de lo que yo le estoy dando.

domingo, 19 de agosto de 2012

Mi domingo

Hoy me he despertado pasadas las 10 de la mañana. No sabría decir exactamente a qué hora me dormí ayer noche, sólo recuerdo que sobre las 2:45 miré la hora en mi móvil por última vez... He de decir que llevo dos noches tomando Dormidina, y la verdad es que parece que algo lo estoy notando. En fin, que puede que haya conseguido dormir cerca de siete horas, todo un récord. Además, el sueño ha sido profundo y reparador. No recuerdo haber soñado y eso me gusta.

Después de despertarme me he quedado un buen rato en la cama. Estaba relajado y no me apetecía levantarme, cosa rara en mí, puesto que normalmente no estoy nada cómodo dando vueltas en la cama. He estado escuchando Nacho Vegas en el móvil. La verdad es que no se me ocurre una música más depresiva que la suya, pero el caso es que la melodía lenta y su voz entrecortada a mí me relajan. Me ha hecho gracia recordar que Lunar le llama 'el de las canciones cortavenas'.

Ya eran
casi las 12 cuando me he levantado de la cama, y sin desayunar ni nada me he puesto a limpiar y ordenar un poco el piso, con la esperanza de que esto me ayudara a poner también en orden mis pensamientos. Pero lo único que he conseguido es plantarme a las 13:30 en ayunas, muerto de hambre y sin ganas de cocinar. Así que he llamado a mi madre y me he autoinvitado a comer en casa de mis padres.

Y
antes de las 14:30 ya estaba allí. Puede parecer absurdo, pero hoy he llegado a la conclusión de que casa de mis padres es uno de los lugares más seguros del mundo. Todo está siempre igual, nada cambia, nada parece afectarle. Creo que tiene tanto amor dentro, que se debe haber vuelto indestructible. Fuera puede haber terremotos, huracanes o la peor de las crisis; pero allí dentro huele a gazpacho en verano y a sopa recién hecha en invierno, suena fútbol los domingos por la tarde y noticias a las 15 y a las 21 en punto, y a veces, justo cuando más lo necesitas, te regalan los mejores consejos y los más exquisitos flanes de chocolate. Siempre caseros, por supuesto. Es mi escondite, mi refugio, ese lugar que sabes que siempre estará ahí esperándote pase lo que pase.

Pero si algo tienen los escondites es que no te puedes quedar allí para siempre. La vida es mucho más complicada que eso. Por lo que
pasadas las 19 he vuelto a casa. Tenía que poner una lavadora, prepararme la cena y el
tupper para mañana. Pero antes me he puesto a escribir algo en un diario que me regaló Lunar el día que se fue de vacaciones.

Ella, aunque desconoce la existencia de mi blog, sabe que me gusta escribir. Antes le escribía muy a menudo, y no sólo en cumpleaños o fechas así. Me gustaba dedicarle cosas de tanto en tanto y a ella le encantaba que lo hiciera. Hace tiempo que no lo hago y no es por nada en particular, simplemente no me sale. Al regalarme el diario me dijo que había pensado que me vendría bien escribir lo que me pasaba por la cabeza, que me ayudaría a exteriorizarlo. Tenía razón; aunque supongo que si supiera que escribo un blog se habría ahorrado el regalo.

Aunque, aún y teniendo aquí en mi blog un espacio donde escribir y desahogarme, la verdad es que le estoy dando un enorme uso al diario, más de lo que esperaba. He escrito en él decenas de fragmentos inconexos que conforman un fiel reflejo de la irrealidad en la que me muevo últimamente. Y es curioso, porque a diferencia de lo que hago aquí en el blog, no me ha dado por escribir sobre mis pensamientos o sobre mí. He escrito unos cuantos relatos, cuentos cortos, pequeñas fábulas, frases sueltas... Recuerdo que hace años escribía cosas de este tipo, pero había perdido el hábito y la verdad es que me está gustando volver a hacerlo.

Y bueno,
ya son casi las 21:30, este domingo tiene ya las horas contadas, se que estaréis pensando que se le puede sacar mucho más partido al hecho de
'estar de Rodríguez'. Qué sé yo...: fiestazo con amigos, juergas, borrachera… En fin, que casi todos mis amigos estén de vacaciones y por ahí desperdigados en diferentes destinos vacacionales tampoco ayuda… Pero vamos, que tampoco es lo que me apetece ahora mismo...

Y aunque pueda no parecerlo, os lo aseguro, para mí hoy ha sido un muy buen domingo... Y ahora un ratito de fútbol, ¿qué mejor forma de acabar un domingo? ;)

jueves, 16 de agosto de 2012

Lobotomía

Esta noche no he dormido nada, o eso creo...

Una de las cosas que tiene el insomnio es que a veces, cuando llevas varias horas dando vueltas en la cama, ya no sabes si estás dormido o despierto. Llega un punto en el que confundes los pensamientos con los sueños. Supongo que a ratos duermes, pero no del todo. Y creo que lo mismo sucede durante el día: que a ratos no estás del todo despierto.

Cómo ahora…

La cabeza me va a estallar. Me pesan los ojos. No pienso con claridad. Las palabras se me amontonan. Se me mezclan las ideas. Estoy irascible, sensible, ausente, hipnotizado. Y no me apetece hablar ni relacionarme con los pocos compañeros que, como yo, también trabajan en agosto. Me apetece estar sólo. Estoy en el trabajo, tengo mil cosas por hacer y no quiero hacer nada. Absolutamente nada. Sólo dormir. Ni tan siquiera soñar.

Quisiera cerrar los ojos y no ver nada. No escuchar nada ni a nadie. Ni a mi propio pensamiento. Oscuridad. Silencio. Shhhhhh… Una bendita lobotomía.

lunes, 13 de agosto de 2012

Distancia

Llamadas vacías. Mensajes insípidos. Me escuece el alma. Me pica. Me molesta. Y por qué no decirlo, me pesa mi conciencia y me duele mi orgullo. Demasiada tozudez. Me sobran obsesiones. Todas. Me pasa siempre que me siento frustrado. Me pregunto si debería sentirme así. Me pregunto si va a pasárseme.

Y tengo la sensación de que hay días que no volverán a repetirse nunca. Que ya pasaron. Y aunque seguramente esté dramatizando, esta noche, como en la película 'El diario de Noa', me imagino contándote nuestra propia historia de amor, pero tú ni tan siquiera me reconoces. Y todo esto porque me ha entrado un miedo intenso a que me sientas lejos (y no me refiero precisamente a la distancia en kilómetros que estos días nos separa).

Pero hoy por hoy siento que no puedo hacer nada. Cualquier movimiento por mi parte se me antoja contraproducente. Mal interpretable. Cosas de la distancia (esta vez sí la de los kilómetros). Creo que no puedo hacer otra cosa que esperar. Esperar a que vuelvas. De momento no me queda más remedio que cerrar los ojos de par en par y pasar una noche más en vela. A oscuras. Escuchando una vez tras otra la misma estúpida canción, mientras cada acorde enreda poco a poco un enorme y doloroso nudo en mi garganta. Y tú… tan lejos.

viernes, 10 de agosto de 2012

Frases de amor baratas

Lunar hace casi dos horas que se ha ido a la cama. Yo, por mi parte, estoy en estado casi catatónico. Eso sí, sin poder dormir. Me he pasado casi una hora en la terraza, pensando, mirando el cielo. Un cielo que está casi tan negro como mi interior.

Además, sé que
Lunar también está despierta, y sé que lo está pasando mal. Sé que le he hecho sentir como una egoísta, tal y como ella hizo conmigo. La verdad es que tengo que esforzarme para no correr y entrar en la habitación a hablar con ella. Si no fuera porque sé que acabaríamos discutiendo de nuevo os juro que lo haría.

Cuando era un niño creía que cuando conociera al amor de mi vida, de pronto, como por arte de magia, sería feliz por siempre jamás. Con los años he descubierto que esto no es del todo así. El amor a veces duele. Y duele mucho más que el odio. Es terriblemente contradictorio, pero es así.

Y sé que mañana haremos casi como si no hubiera pasado nada. Poco a poco nos hemos vuelto expertos en no hablar de lo que no hablamos. Y ella se irá el sábado de vacaciones a Almería con su madre. Y yo me quedaré aquí, escuchando el eco de los gritos que aún retumban entre estas cuatro paredes. Y el eco poco a poco se perderá y ya sólo quedará el silencio. Un silencio que acabará por comerme.

Porque ya sé que irse de vacaciones resulta mucho mejor plan que quedarse aquí conmigo, pero yo sólo quería que ella entendiera que tal vez yo la necesito a mi lado. Que no estoy del todo bien. Únicamente eso. Ya sólo me quedaría tirar de ‘las horas se hacen eternas sin ti’, ‘ojalá me dieras un pequeño lugar en tu mundo’ y otras frases de amor baratas. Pero no, eso sería chantaje emocional...

Y YO no haría eso.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Trabajar en agosto

Puede que posiblemente, quizás en ciertos detalles, igual a según qué horas, en raros instantes tal vez, se podría llegar a decir que trabajar en agosto no es del todo malo. De hecho podría ser que tuviera sus ventajas. Si me lo parara a pensar con detenimiento seguramente descubriría alguna. Es más, una vez ya así pensándolo creo que podría ser capaz de encontrarle varios aspectos positivos. Pero el caso es que ahora mismo no caigo. Bueno, en realidad he de reconocer que creo que no se los encontraré nunca. Vamos que para ser sinceros tengo que decir que trabajar en agosto me parece una completa basura. O sea que nada, olvidadlo. No he dicho nada.

lunes, 6 de agosto de 2012

Agua

Me estoy ahogando. Estoy atado de pies y manos, me he caído al agua e irremediablemente me estoy sumergiendo. No puedo mantenerme a flote. No sé cómo escapar. He intentado a conciencia romper las cuerdas que me sujetan, pero parecen apretarse aún con más fuerza. Me estoy quedando sin aire. Debo de estar a punto de perder el conocimiento. He probado a gritar, a patalear y hasta a llorar; pero el agua ahoga mis palabras y esconde mis lágrimas. Mi última medida de supervivencia ha sido cerrar los ojos con todas mis fuerzas para tratar de teletransportarme. Pero no ha funcionado y para colmo se me están acabando las ideas. Ya sólo me queda ponerme a tragar agua para acelerar lo inevitable.

Lo sé, lo sé… Sólo es un vaso de agua… Ya sé que me estoy ahogando en un vaso de agua; pero sería un detalle que me ayudarais a salir del agua en lugar de no parar de reprochármelo.

viernes, 3 de agosto de 2012

Carta de ajuste

Soy una carta de ajuste. Mi carácter actual se divide en franjas verticales multicolor. Gris, verde, negro, blanco… Cada color, un estado de ánimo. Y los experimento todos a la vez. Cansancio, ilusión, decepción, esperanza, rabia, indiferencia… No doy a basto.

Son tantas las sensaciones y tan diferentes, que no me aclaro. Es como cuando escuchas hablar en la radio a un grupo de instruidos tertulianos, donde todos defienden su punto de vista y lo argumentan de forma tan hábil, que parecen tener todos y cada uno de ellos la razón.

Y es por eso que mi mundo se ha vuelto raro. Me pitan los oídos. Ha vuelto el insomnio. Y pienso mucho. Demasiado. Eso sí, sin claridad. Llego a conclusiones distintas a cada momento. Algunas un tanto descabelladas.

Hace un rato se me ha ocurrido pensar, por ejemplo, que tal vez esté utilizando el insomnio para suicidarme lentamente. Y lo estoy haciendo de una forma tan sutil, que ni siquiera yo me estoy dando cuenta.

Llegados a este punto, algunos estaréis pensando que me he vuelto loco, y la verdad es que no puedo negar que yo también lo crea. Supongo que la falta de sueño me está desestructurando…

Pero a veces, paradójicamente, para intentar mantenernos cuerdos, hay que asumir que estamos completamente locos.