martes, 31 de julio de 2012

Nosotros

Mis ideas. Mis proyectos. Mis sueños. Mis problemas. Mis neuras. Mis miedos. Mis subidas y bajadas. Mis equivocaciones. Mi inconsciencia. Mi egoísmo. Mi mundo.

Yo, siempre yo. Y nunca tú.

Tu paciencia. Tu aguante. Tu tolerancia. Tu comprensión. Tu confianza. Tus consejos. Tu apoyo. Tu aliento. Tu bondad. Tu ternura. Tu amor.

Y yo a lo mío. Y tú, a la espera. Esperando por mí.

Háblame. Cuéntame. Dime cualquier cosa. Explícame lo que quieras. Susúrrame al oído. Grita. Hablemos de todo, menos de mí.

Prometo callarme. Escucharte. Además quiero hacerlo. Quiero aprender de ti. Aprender que no somos tú y yo, sino nosotros.

Lo siento. Mea culpa.

miércoles, 25 de julio de 2012

La belleza

Me preocupan un poco esos días en los que sólo le veo la parte negativa a las cosas. Son días grises, tristes, largos, cansinos, torpes. Días con un asqueroso sabor amargo.

No parece muy difícil comprender y asumir, por ejemplo, que no tendrás vacaciones en agosto si el motivo es que por esas fechas no llevarás ni seis meses en tu nuevo trabajo. Además sería de lógica estar contento si el hecho de trabajar en agosto implica que te renovarán el contrato otros seis meses más.

Pero, en esos días, por mucho que te repitas a ti mismo que la parte positiva está ahí y que indiscutiblemente debería eclipsar a todo lo malo, resulta que te sientes frustrado. Tu yo interno se resiste a conformarse. Unos dirán que es una actitud infantil, de niño malcriado. Otros que se trata de un inconformismo desmedido. Pesimismo. Victimismo. Yo prefiero no ir por la vida de Sigmund Freud y dejar a un lado el psicoanálisis…

En cualquier caso llega un día que por
'a' o por 'b' deja de ser uno de esos días grises y tristes. Amanece un día de los normales, en los que no hay destructivos pesimismos ni tampoco desmedidas euforias. Un día neutro. De esos en los que realmente piensas con claridad. Incluso en los que aciertas a escuchar a quien debes con la merecida atención...

Escuchar por ejemplo a tu padre. Que te dice que trates de mirar por un instante tu vida desde fuera, como si fuera la de cualquier desconocido. Sin condicionantes. Sin obcecaciones. De forma totalmente ecuánime e imparcial.

Y lo haces. Y entonces por fin logras apreciar el lado bueno. De repente la parte negativa te parece insignificante. Y te das cuenta de que le estabas buscando defectos a una modelo. Era de lógica que la hermosura debía ser lo que abundara. Y es que a veces la búsqueda de la belleza absoluta puede resultar insana. Y con la vida perfecta pasa lo mismo. A veces olvidamos que la vida es bella por sí misma.

Y una vez planteada la similitud de la vida con la belleza, he decidido que yo no quiero ser el hombre más guapo del mundo. Primero, porque cuando crees que estás a punto de lograrlo, va y te sale un grano en la frente.Y vaya faena, con el trabajo que cuesta no fijarse en estas cosas cuando te miras en el espejo...

De repente sólo ves ese grano. Exactamente igual que nos pasa a veces con esas imperfecciones de nuestra vida.

domingo, 22 de julio de 2012

Pasiones

Cuando hago deporte mi cabeza funciona más despacio. Me lo tomo tan en serio y tiendo a poner mi cuerpo tan al límite que supongo que a mi cabeza le cuesta asimilar cualquier otro pensamiento que no esté relacionado con el esfuerzo físico en cuestión.

Dicen mis padres que cuando era un niño el pediatra les aconsejó que me apuntaran a alguna disciplina deportiva, que me ayudaría a canalizar mi ligero problema de hiperactividad. Jugué a futbol, a tenis, un año de baloncesto, hice natación, mis pinitos con el waterpolo, practiqué algún tiempo karate hasta cinturón amarillo-naranja y recuerdo que un verano me dio por apuntarme a boxeo.

Muchos deportes, pero el que practiqué más regularmente fue el fútbol. Incluso me eligieron para hacer una prueba para el Barça cuando era cadete, pero luego en las pruebas no conseguí impresionar a nadie. Jugué en diversos equipos de mi ciudad casi hasta los 19, hasta que comprendí que ya nunca llegaría a ganarme la vida de esta manera. A día de hoy aún organizamos de tanto en tanto alguna pachanguita de fútbol sala entre amigos, pero los deportes que practico en la actualidad con más frecuencia son el fitness y el running, lo que en cristiano sería ir al gimnasio y salir a correr…

En definitiva, se podría decir que me apasiona el deporte en general. Y este fin de semana ha sido un placer compartir esta pasión con
Lunar. Hoy por fin hemos estrenado nuestras nuevas bicis. Hemos hecho una pequeña ruta de buena mañana y luego nos hemos metido una buena comilona de carne a la brasa para recuperarnos del esfuerzo...

La verdad es que a Lunar le falta coger algo de fondo (he tenido que ir esperándola de tanto en tanto);pero bueno, ya iremos rodando poco a poco. En general el resultado de la experiencia ha sido genial. Es increíble lo que he llegado a desconectar y a relajar mi mente. Y además, como decía, me ha encantado poder compartir algo tan mío con ella, en este caso el deporte.

Necesitaba poder hacer algo así junto a ella. Nada de cenas, ni copas, ni compras, ni tele, ni el ocio típico de casi siempre. Creo que hemos dado en el clavo.

viernes, 20 de julio de 2012

No pasa nada

Hace días que la cabeza me funciona muy deprisa. Tengo tantos impulsos en el cerebro que a mi cuerpo no le da tiempo ni de asimilar qué sensación debe sentir. He estado abatido, triste, enfadado, receloso, frágil, satisfecho y a ratos hasta extrañamente sonriente.

Muchas sensaciones. Poca coherencia. Demasiados pensamientos. Algunas anécdotas. Y varios acontecimientos. Lo más importante, tal vez, es que he dejado de esconder emociones que no me atrevía a expresar con palabras. He sido capaz de compartir con los míos miedos que hasta ahora pretendía que adivinaran a través de gestos o miradas. He abandonado la absurda idea de intentar maquillar para la galería aquellas cosas que me angustian

Porque me he dado cuenta que la vida no es eso. La vida es caer y levantarse. Y volverse a caer y volverse a levantar. Y así una y otra vez. Y si resulta que llega un momento en el que eres incapaz de levantarte por ti mismo, pues pides ayuda y punto. Y no pasa nada. Porque la vida es abrazar y que te abracen, ofrecer tu hombro y pedirlos prestados. Alegrarte y joderte. Reír y llorar. Sin contenerse. Porque no pasa nada.

miércoles, 18 de julio de 2012

Felicidad

Cualquier día de estos encontraré de nuevo la felicidad. Sólo la he extraviado. Quizá la encuentre en el cajón de los calcetines mientras rebusco en el fondo, quizá me tope con ella buscando sobras en la nevera o quizá aparezca cualquier mañana bajo mi almohada.

O quién sabe, tal vez ya no la recuperaré nunca, tal vez perdí mi oportunidad. Quizá la tiré sin darme cuenta a la basura o me la robaron mientras estaba tranquilamente en la ducha. Puede que mañana los telediarios anuncien: ‘Le felicidad de Jauroles se extinguió definitivamente ayer a las tres y cincuenta y siete de la madrugada’.

O quizá no. Quizá la felicidad nunca se fue y ha seguido estando siempre ahí, ante mis ojos, junto al mando del tdt; pero de repente, por esto, o por aquello, he dejado de reconocerla o de saber apreciarla.

Un día somos capaces de ser inmensamente felices con un bombón. Luego queremos la caja entera de bombones. Supongo que yo no me conformo con eso y lo que quiero es la fábrica de chocolate.

domingo, 15 de julio de 2012

Ininteligible

A veces me pregunto si realmente habrá alguien que me entienda. Se me antoja imposible (por mucho que algunos lo afirmen) puesto que últimamente ni yo mismo me entiendo. Supongo que debe ser cosa de mi subconsciente. Mi maldito subconsciente. Que en algún momento debió enredarse, enredándome por consiguiente a mí mismo, claro. Y he acabado por confundirme. De repente hay pensamientos que se suceden de forma absurda e inconexa. Conversaciones que se desarrollan en un idioma que no conozco. Y recuerdos que parecen pesar de pronto toneladas. Y sé que así no llegaré muy lejos. No puedo huir de tantas cosas a la vez.

jueves, 12 de julio de 2012

Salir corriendo

El martes salí tarde del trabajo, cerca de las ocho. Fue una jornada más larga de lo esperado. Cuando llegué a casa, Lunar no estaba. Entonces recordé que había quedado con su madre para ir a descambiar unos pantalones que se había comprado el sábado, lo cual quería decir que me tocaba cocinar.

Me sentía cansado, agotado, sin hambre y sin ningunas ganas de meterme en la cocina. Por lo que decidí meterme primero en la ducha a ver si me espabilaba. Mientras tanto dejé mi móvil cargando en la habitación. Cuando salí de la ducha tenía 26 whatsapps de 11 contactos diferentes y dos llamadas perdidas. Las llamadas eran de Lunar y uno de los whatsapps también era de ella. 'Estoy llegando, compro pan?', decía. No le respondí. Y el resto de whatsapps ni los leí.

Me agobié. Y no fue por tener que cocinar, ni por las llamadas, ni por los mensajes. No sé, era como si de repente el piso se me hubiese quedado pequeño y me estuviese ahogando, incluso me puse medio taquicárdico, nervioso, y aún no me explico muy bien el porqué. Aún y habiéndome acabado de duchar, me puse ropa de deporte y me fui a correr sin pararme a avisar a Lunar. Necesitaba salir de casa y no me apetecía dar explicaciones.

Estuve corriendo casi hora y media. Y al llegar a casa, cerca de las once, acabé discutiendo con Lunar. Decía que se había asustado al ver que no estaba en casa. Decía que está preocupada. Decía que me he vuelto inestable. Decía que últimamente estoy irritable. Decía que necesito dormir más horas. Decía que debería ir al médico. Decía y decía...

Decía demasiadas cosas. Y yo no tenía ganas de escuchar a nadie. E igual sigo.

lunes, 9 de julio de 2012

Celosos y sumisas

Casi desde el principio, mi relación con La Compi ha sido más cercana a la amistad que a la relación típica entre dos compañeros de trabajo. Se ha convertido para mí en algo así como una confesora, en un gran apoyo. Ha llegado un punto que le cuento cosas que no le cuento a casi nadie.

La verdad es que resulta gratificante poder contar con una persona con la que explayarte sin tapujos, una persona de confianza pero que en realidad se encuentra fuera de tu círculo íntimo de amistades y familiares, con toda la libertad y desinhibición que ello otorga. Supongo que debe ser una sensación similar a hablar con un psicólogo o, por ejemplo, escribir en un blog que sólo visitan desconocidos, sabes que nada de lo que digas llegará a oídos de tu entorno más cercano, que nada de lo que digas tendrá, digamos, efectos secundarios...

Sé que todo esto puede sonar un poco raro, pero últimamente me encuentro en un momento de mi vida y con un estado anímico en el que esta vía de escape me sienta fenomenal. Ella me está ayudando enormemente con mis neuras mentales y cada vez me da mejores consejos. Además ella dice lo mismo de mí. Y ya no sólo hablamos en la oficina, hace un tiempo que también estamos en contacto en nuestros momentos de ocio vía whatsapp.

Y aquí es donde quería llegar, este sábado le escribí como de costumbre, nada especial, una chorrada. La sorpresa fue cuando ella me respondió que ya hablaríamos el lunes, que había tenido movida con su novio, que le había dicho que no le gustaba que hablara conmigo.

Yo, por mis conversaciones con La Compi, ya sabía que su novio era bastante celoso, pero me parece un poco fuerte que llegue a prohibirle hablar con alguien. No sé si es algo que se supone que debe hacer todo hombre que se precie, intentar apartar a su fémina de otros machos. La verdad es que estoy sopesando la idea de obligar a Lunar a dar de baja su tarifa de datos para que no pueda tener la tentación de comunicarse con otros especímenes con pene…

Y, por qué no decirlo, no me esperaba que La Compi fuera tan fácilmente manipulable hasta el punto de dejar de hablar con alguien porque se lo ordenen. Sinceramente, no la tenía por una mujer sumisa.

miércoles, 4 de julio de 2012

Cosas que hago cuando debería estar durmiendo

Leer a Carlos Ruiz Zafón.
Ver capítulos de Dexter.
Escuchar una vez tras otra 'Boig per tú'.
Tararear a Sabina.
Elegir un título para el libro que nunca me atreveré a escribir.
Masturbarme. (Gracias Celia... ;P)
Comer pipas tijuana.
Devorar sobras de pizza.
Cortarme la uñas de los pies.
Comprar calzoncillos en ebay.
Descargarme aplicaciones chorras en mi smartphone.
Hablar vía whatsapp con mi amigo Festivo, otro noctámbulo.
Contar uno a uno los coches que pasan abajo, en la calle.
Perseguir a mis fantasmas.
Recordar lo que fue, lo que no fue, lo que se fue y a quien se fue.
Imaginar lo que pudo haber sido y lo que ya jamás será.
Pensar en cosas que no pueden ser, que no deberían ser y en otras que irremediablemente serán.
Discutir con mi yo del pasado.
Corromper a mi yo futuro.
Cansarme de mí mismo.
Observar la luna llena, transformarme en hombre-mono y actualizar mi blog con cualquier estúpida entrada.

lunes, 2 de julio de 2012

No me acuerdo

Recuerdo nuestro primer 2 de julio, hacía pocos días que la Selección Española había vuelto a ser eliminada en una fase final, esta vez del Mundial de Alemania. Muchas cosas han cambiado desde entonces, tal vez demasiadas. Iker Casillas tiene agujetas de levantar copas, y tú y yo nos hemos convertido en unos completos extraños.

Y recuerdo todos y cada uno de los siguientes 2 de julio que pasamos juntos. De hecho es una fecha que aún no he podido borrar de mi lista de días señalados, mi memoria no acierta a olvidarla.

Recuerdo un polvo, uno salvaje. Recuerdo un beso, uno dulce. Recuerdo el vestido de rayas azules y blancas. Recuerdo varios sms. Recuerdo una discusión, la definitiva. Y recuerdo una promesa, una muy especial. Pero del resto,… de todo lo demás,… ya no me acuerdo...


¿Te lo crees?