lunes, 25 de junio de 2012

Demasiado

Siento como si todo el mundo esperara demasiado de mí. Ideas, organización, energía, chispa. Todo. Y me agota, ha llegado un punto en el que me agota.

Este
San Juan ha dejado mucho que desear. Según dicen, en gran parte por culpa de mi desgana...

Habiendo acabado ya el partido de cuartos de España ni siquiera habíamos decidido aún a qué playa ir a celebrar la verbena. Y una vez en la playa, no hubo hoguera, ni petardos, ni demasiada bebida, ni la suficiente comida, ni la diversión y las ganas de otros años. Así que poco antes de las 4 de la mañana ya desfilábamos todos para nuestras respectivas casas.

Una pena, pues es una fiesta que me enamora; pero no puedo sostenerla yo sólo sobre mis hombros. Ya no puedo. Al menos este año no.

Y así sucede con todo. Y siempre. En celebraciones, en reuniones, y en cualquier faceta de mi día a día. Con mis amigos, con mi familia, con mi chica, incluso conmigo mismo. Todos esperamos demasiado de mí.

Al fin y al cabo la culpa seguramente sea mía, habré dejado el listón demasiado alto. Tanto, que ya no alcanzo ni a bajarlo.

viernes, 22 de junio de 2012

Insomnio

Cada día me cuesta más dormir. Ha llegado un punto en el que le temo al momento de meterme en la cama. Supongo que es lo que tiene el enfrentarse y perder tantas veces contra el insomnio, que acabas por cogerle miedo. Y por cansarte.

Te cansas de escuchar siempre el mismo silencio. De observar el mismo techo. De tener los mismos pensamientos. Las mismas conversaciones con uno mismo. Las mismas ganas de dejar la mente en blanco. Los mismos métodos para tratar de conciliar el sueño. El mismo cuidado para no despertar a tu compañera de sábanas. La misma absurda pregunta de si mirar el reloj justo a las 2:34 tendrá algún significado. O si lo tendrá el hacerlo a las 3:45. Y así cada noche.

Y lo peor es que acabas acostumbrándote a ello. Aprendes a vivir con un media de cuatro o cinco horas diarias de sueño y encima no dormidas precisamente del tirón. Te familiarizas con las ojeras, con el cansancio y con el agotamiento. Incluso te habitúas a ese pánico a meterse en la cama, al temido momento de irse a dormir.

Dicen que darse de morros una vez tras otra contra el mismo muro primero duele, pero más tarde acaba simplemente por molestar. Es cierto. Al fin y al cabo uno acaba por acostumbrarse a casi todo.

(Buenas noches y felices desvelos.)

miércoles, 20 de junio de 2012

Me la follaría

Recuerdo muy pocas cosas del que fue mi primer trabajo: que tenía 17 años cuando empecé, que en él cumplí los 18, que duré 6 meses, que era a media jornada para así poder combinarlo con mis estudios y que odiaba reponer en la sección de menaje del hogar. Y también recuerdo a Carlos y a Néstor...

Ellos eran algo mayores que yo, rondaban los 20 años, y llevaban trabajando en el supermercado unos dos años, la verdad es que no lo recuerdo del todo bien... Lo que sí recuerdo es que se pasaban la jornada laboral diciéndose ‘a esa’ el uno al otro.

No entendí nada hasta el día que decidieron explicarme su juego, el cual se basaba en informar al otro de que a la fémina a la que se referían 'se la follarían'. La verdad es que si ellas hubieran cedido a sus deseos se habrían follado a una media de 12 o 15 mujeres a diario cada uno; pero claro, nunca se dio el caso.

Durante aquellos seis meses de trabajo salí de fiesta unas tres veces con varios compañeros y compañeras de trabajo entre los que se encontraban Carlos y Néstor. Es curioso, pero aún y con las ganas que parecían tener de follar, en la discoteca nunca les vi acercarse a ninguna chica. De hecho, también en la discoteca se pasaban la noche diciéndose el uno al otro que se follarían a esta y a aquella; pero lo dicho, jamás les vi acercarse a ninguna de ellas.

Curiosamente, en mi trabajo actual hay un compañero, al que en anteriores entradas bauticé como El Pajillero, que se comporta del mismo modo... Por sus comentarios se diría que está dispuesto a follarse a toda la plantilla femenina de la empresa; pero en contraposición, rara vez le veo acercarse a ellas, se podría decir que prácticamente ni les dirige la palabra.

Me resulta extraño. Me pregunto a que se deberá esta actitud, supongo que será cosa de la vergüenza, pero lo que no entiendo es que a las espaldas tengan la lengua tan larga... Y también me pregunto qué habrá sido de Carlos y de Néstor, dejando a un lado el juego de ‘me la follaría’ les recuerdo como a unos buenos tipos, incluso con cierto cariño. Me caían bien.

domingo, 17 de junio de 2012

Parecidos irrazonables

Festivo se presenta de improvisto en casa cuando Lunar y yo veíamos el cuarto o quinto capítulo consecutivo de 'Cómo conocí a vuestra madre'

Yo: Anda, siéntate y aprende de las tácticas de ligue de Barney, que buena falta te hace…
Festivo: ¿En este capítulo ya han cortado Robin y Barney?
Lunar: ¡¿Qué dices?! ¿Se lían? ¡A eso aún no hemos llegado!
Yo: Ya estás haciendo lo que no te gusta que te hagan... No nos destripes la serie.
Festivo: Jajaja, lo siento… ¿Os habéis dado cuenta? ¡Vosotros sois Marshall y Lili! ¡Y yo soy Barney!
Lunar: Calla, calla… Tú no eres tan divertido, como mucho serías Ted...

(Risas)

Yo: Sí, tú eres como Ted, pero ni de coña Lunar y yo somos Marshall y Lili, yo no me parezco en nada a Marshall
Festivo: No no, si en realidad tu serías Lili y Lunar Marshall

(Más y más risas)

miércoles, 13 de junio de 2012

Evadirse

Me cuesta, pero a veces consigo dejar de pensar. Y me refiero al significado más profundo de la palabra. Pensar y pensar y pensar... Siempre estoy pensando. Hay quien dice que mi personalidad es algo obsesiva. Y tienen razón. Pero, como decía, hay veces que consigo evadirme de casi todo. Son momentos escasos, breves e incluso aislados; pero me encantan y además los disfruto. Cuando me bebo una cerveza con un buen amigo. Cuando escucho una buena canción a todo volumen sin prestarle demasiada atención a la letra. Cuando alguien me hace reír a carcajadas. Cuando salgo a correr. Cuando hago palomitas. Cuando nadie espera respuestas ni formula preguntas, empezando por mí mismo. O cuando te entra la risa tonta, apagas la tele y me dices ‘nene, hoy no tengo sueño’.

lunes, 11 de junio de 2012

A contrapié

Sábados sin alcohol.
Domingos sin resaca.
Lunes sin sueño.
850 euros gastados en una
thermomix.
Tres presupuestos para comprar dos mountain bikes.
Más de mil puntos Carrefour.
Un nombre escogido para un perro que todavía no sé si quiero tener.
Mis amigos Activa y Sensato serán padres en apenas seis meses.
Y ahora soy yo quien acompaña a mis padres al médico y no al revés.

De pronto se ha vuelto todo tan y tan raro…

Y encima aún llueve, llueve sobre mojado.

viernes, 8 de junio de 2012

Egoísmo

A lo largo de mi vida me han acusado en repetidas ocasiones de ser un tanto egoísta. Y la mayoría de veces tenían razón. Nunca me he escondido, no sé cuantas veces habré dicho que considero que en la vida a veces es necesario ser egoísta, eso sí, sin abusar ni pasar por encima de nadie. Pensar en uno mismo, quererse e incluso anteponer nuestros deseos a los de los demás no me parecen actos perversos ni mucho menos.

De hecho, me parece mucho más criticable cuando alguien renuncia a sus deseos o acepta imposiciones amparándose bajo preciosos actos solidarios que parecen no tener otro objetivo que el de satisfacer los deseos ajenos, cuando en realidad lo que tratan es de huir de un enfrentamiento... Creo que la cobardía se intenta esconder bajo actos aparentemente altruistas constantemente. Lo siento, es mi opinión, aunque sé que mucha gente no estará de acuerdo con esto.

Estas ideas son conceptos que siempre he tenido muy claros. Y sigo pensando exactamente lo mismo pese a que en estos últimos tiempos he meditado mucho sobre el egoísmo... Y es que aún y con mi fama de egoísta, creía que siempre había sabido dejar de pensar primero en mí cuando la ocasión realmente lo reclamaba, pero me temo que se me había pasado por alto lo más importante. No me había dado cuenta de que estaba siendo egoísta con la cosa más esencial y necesaria de este mundo: la vida.

¿Qué sentido tiene ser egoísta una vez muerto? Siempre he sido consciente de lo importantes que eran para mí mi corazón, mi hígado, mis pulmones, mis riñones, mis ojos… Pero nunca me había parado a pensar en lo importante que podrían serlos para otra persona si yo repentinamente muriera. Darle la vida a otra persona, regalársela sin la posibilidad de recibir nada a cambio, eso es realmente altruismo.

Y yo he decidido serlo, porque creo que hasta el día de hoy estaba siendo tremendamente egoísta en algo imperdonable. Por inconsciencia, por indiferencia, por prejuicios, por miedo… ¡qué más dará! Pero se acabó, he decidido hacerme donante de órganos y hace unos días doné sangre por primera vez en mi vida y pretendo hacerlo asiduamente a partir de ahora.

Quiero dejar de ser partícipe de muchas muertes fácilmente evitables, participe de dejar en la cuneta a personas que necesitan urgentemente una transfusión o un órgano para poder seguir viviendo, para poder seguir sonriendo, para poder seguir haciendo sonreír a sus seres queridos…

En realidad sé que sería fácil pensar que quizá sólo quiera sentirme mejor conmigo mismo, creerme mejor persona... A mí ha sido el primero al que se le ha pasado por la cabeza que tal vez este podría ser el verdadero motivo subyacente de la decisión que he tomado. De hecho puede que tan sólo se trate de un nuevo acto egoísta por mi parte… Pero si es así, bienvenido sea, al fin y al cabo todos salimos ganando.

(Por si a alguien le interesa, dejo este enlace: www.eresperfectoparaotros.com)

miércoles, 6 de junio de 2012

Sin humos

Hoy hace un año que dejé de fumar. Para ser exactos, hoy hace una año que Lunar y yo dejamos de fumar, puede que alguno lo recordéis. Las primeras semanas fueron difíciles y mucha gente dudó que lo consiguiera, de nuevo… Y supongo que no les faltaba razón teniendo en cuenta que tras dejar de fumar en año nuevo de 2009, recaí poco más de un año y cuatro meses después.

Así que supongo que aunque hoy cumpla un año sin humos, aún no estoy fuera de peligro de recaída. Para ser sinceros, he de decir que aún a día de hoy a veces me invaden las ganas de dar una caladita... En cambio Lunar dice que ya no le llama la atención el tabaco, que por nada del mundo volvería a fumar. Que suerte tiene la jodida...

La verdad es que a mí siempre me ha gustado fumar, desde bien pequeño ya me atraía enormemente la idea. Dice mi madre que con 6 o 7 años, siempre que mi padre se encendía un cigarrillo me quedaba embobado mirando como fumaba, como el humo le envolvía, que ya a esa edad reclamaba que me dejasen 'chupar el tubito' y que me encantaba jugar a que fumaba usando lápices e incluso robándole algún cigarro de los de verdad a mi padre.

Tanta era la obsesión, que mi madre afirma que mi padre dejó de fumar porque se empezó a sentir mal pensando que me estaba inculcando la idea de que fumar era bueno. Pero mi padre dice que lo dejó simplemente porque se lo sugirió el médico, no sé cual será la versión verdadera… El caso es que con 14 o 15 años empecé a fumar. Primero a hurtadillas y ya con los 18 recién cumplidos sin esconderme de nadie, por mucho que le pesase a mis padres...

En fin, que os mentiría si os dijera que ya no me atrae la idea de fumar, si os contara que me molesta el humo… No os imagináis la de veces que le he dicho a mis amigos fumadores que no me echen el humo encima porque me molesta, y ellos siempre me dicen: ‘vaya, qué típico, hace nada fumabas como un carretero y ahora de repente te molesta el humo…’ Lo que no saben es que no me molestan, que en realidad me están incitando, que me entran ganas de darles un tortazo con una mano y robarles el cigarro con la otra para darle una inmensa calada.

Echo en falta un cigarro con el café de la mañana, el cigarrito después de comer, el de después de cada polvo, fumar en el balcón bajo la luna, fumar en el coche mientras conduzco escuchando una buena canción… Aaaiinssss, pero no me quiero estresar, fumar es malo para la salud y todo eso, anda que no lo noto a la hora de hacer deporte, y que me decís de la tos matutina, ya ni me acuerdo, y lo poquito que me he resfriado este invierno…

Así que creedme: dejarlo compensa. Sí, creo que en general compensa. Y además estoy orgulloso. Orgulloso de haber logrado este añito sin humos… Por lo que creo que debería conseguir un piti y celebrarlo… ¿Alguien tiene fuego? ;P

lunes, 4 de junio de 2012

Llueve

Acabo de estar un buen rato en el balcón, escuchando el silencio de la noche roto por mil gotas que limpian la ciudad, las aceras y el aire. El aire estaba tan limpio que no olía a nada más que a humedad. Y me han entrado ganas de escribir un libro…

El protagonista sería un tipo aparentemente cuerdo, aunque en el fondo él mismo sabe que está completamente loco. Pero el resto de personajes secundarios ni lo sospechan, a pesar de que él está deseando compartir toda esa locura con alguien, pero cada vez duda más de que exista alguien capaz de comprenderle… Y es así que, sorprendentemente, y capítulo tras capítulo, esta locura sigue pasando inadvertida para todos.

Tal vez en la evidente planitud de la trama radicaría el fracaso de la obra. O en la excentricidad del protagonista. O en la exigencia del lector, quién sabe. El caso es que llueve, y hoy la lluvia me recuerda a este libro imaginario…

Ahora mismo me gustaría bajar a la calle y mojarme. Correr, gritar, empaparme... Pero todos me tomarían por loco. Son ganas de romper con la rutina, de sorprenderme a mí mismo, de negarme a encorsetar mi vida, a hacer en cada momento lo que se supone que debo hacer, lo que se espera de mí, de negarme en rotundo a pasarme la vida en la cama por el simple hecho de tener que madrugar al día siguiente...

Hay a quién la lluvia siempre le afecta del mismo modo, positiva o negativamente. A mí, en cambio, unas veces me relaja, me limpia la mente o me altera, otras me llena de nostalgia, de locura o hace que me invadan las ganas de romper con todo. Y creo que depende totalmente de cómo me encuentre en mis adentros. En cierto modo despierta lo que llevo dentro, como esta canción a la que en cada momento de mi vida le encuentro un significado distinto, dependiendo de cuáles sean mis propias circunstancias…



Es casi la una, mañana trabajo y Lunar me espera en la cama hace más de dos horas, eso sí: dormida… Pero a mí no me parece un buen momento para irme a la cama, ahora mismo es lo último que me apetece.

Me parece mejor momento, por ejemplo, para encender un cigarrillo; si aún fumase… O para tomarme un par de gintonics... O para que dejase de llover, porque aquí… aún sigue lloviendo. Y además, llueve por dentro…