viernes, 27 de abril de 2012

A galope

Hoy, mientras corría, me ha dado por pensar en cómo sería mi vida si no hubiera tomado según qué decisiones. Cambios de trabajo, el dar por finalizadas algunas relaciones, haberme aferrado a otras, cuando decidí no irme de Erasmus, irme a vivir sólo, hacerlo ahora en pareja…

Total, que con la lucidez y la frescura típicas de ir empapado de sudor y con el corazón a 160 pulsaciones por minuto, he llegado a la conclusión de que no cambiaría absolutamente nada. Porque todas y cada una de esas decisiones me han llevado hasta este presente... Y resulta que soy feliz. Sí, tan sencillo como eso, mientras corría me he dado cuenta de que soy feliz.

Es curioso, pero me ha parecido que la felicidad se asemeja mucho a la práctica de correr. Conseguir tirar hacia adelante sin preocuparte demasiado por lo que vas dejando atrás o lo que te encontrarás más adelante, sin pararte a pensar en lo mal que has doblado aquella esquina o en lo imbécil que has sido por no haber elegido ir por la calle de más abajo, sin impacientarte por llegar al próximo cruce, sin malgastar fuerzas augurando que pronto caerá sobre ti un tremendo chaparrón...

Simplemente avanzar a la velocidad que tú mismo has elegido, con la justa precaución de mirar a un lado y a otro para no tropezar, para que no te atropellen,... para que nada ni nadie pueda perturbar tu perfecto, bello y feliz galope.

lunes, 23 de abril de 2012

El podio al completo

Ya confesé en mi anterior entrada que La Compi es mi compañera de trabajo favorita. Pues hoy completaré mi podio...

Por un lado tenemos a
Deportivo. He de confesar que los primeros días me tenía un tanto preocupado, puesto que sólo me hablaba de fútbol. Y, como encima resulta que el pobre es del Real Madrid, pues llegué a dudar por completo de sus facultades mentales. Pero a medida que han ido pasando las semanas ya hemos empezado a mantener otro tipo de conversaciones que me han hecho descartar lesiones cerebrales. Aunque eso sí, puedo afirmar que en ocasiones sufre episodios de enajenación mental transitoria, como se puede explicar sino que el pasado viernes dijera sin pestañear que Cristiano Ronaldo es mejor que Messi

Bueno, vale, puede que tras el último clásico no sea el mejor momento para empequeñecer la figura del portugués pero, por favor, no seamos oportunistas… ¡Messi es el número uno hombreporelamordediosya! En fin, que sé que mañana tendré que aguantar su subidón de madridismo, pero que le voy a hacer…

Fuera de bromas, quiero aclarar que me encanta mantener con él esa típica batalla dialéctica Barça-Madrid, y que le he cogido el gustillo a tratar constantemente de picarle y no sólo en temas futbolísticos, y que cada vez disfruto más cuchicheando con él y con La Compi a la hora de comer. Además gracias a él se me ha despertado de nuevo el gusanillo de salir a correr y, como si fuera poco, también me ha descubierto el universo endomondo.

Y para completar el podio, tenemos a
Virus. En este corto espacio de tiempo ya le he visto pasar por unas cinco enfermedades. Tiene merito y, mucho más aún, teniendo en cuenta que no ha faltado a trabajar ni un solo día. Siempre está resfriado, aunque él cada día lo llama de un modo diferente: alergia, gripe, faringitis, bronquitis… Yo en cambio no encuentro la diferencia: le veo con sus pañuelos, sus mocos, sus estornudos, su tos…

La verdad es que la cosa también tiene sus ventajas, creo que el resto de personal de la oficina hace años que no compra kleenex, basta con pedírselos a él que sabes que siempre tiene de sobras. Además él sería incapaz de negarse a dártelos, porque él es amable, atento y risueño. A la par que tímido y hasta huidizo a según qué conversaciones. Pero tras ese disfraz de Peter Parker venido a menos, se esconde un tipo gracioso y agudo que algunos no saben apreciar.

Cuando se suelta, es capaz de derrochar un humor mordaz e ingenioso que estoy llegando a admirar, lo malo es que a menudo le cuesta hacerse escuchar. Es raro, porque la verdad es que sé muy poco de él, pero no sé muy bien por qué noto cierta conexión entre nosotros.

La Compi tiene una curiosa teoría a cerca de él, dice que aún es virgen. ¿Por qué? Pues ni ella misma lo sabe. Y es que cada vez estoy más convencido de que su misión en la vida no es otra que la de lanzar conclusiones sin fundamentos al aire, como quien silba mientras escucha la radio. Así de peligrosamente adorable es ella...

Así que este es mi podio de compañeros favoritos al completo, al menos por el momento…. Y tras él estarían
El Patillas, La Chica de los Tuppers Anoréxicos, El Mentapoleo, El Musculitos, Las Amiguitas, El Pajillero, Carlos Baute y unos cuantos más. Pero, en fin, todo esto ya sería muy largo de contar…

miércoles, 18 de abril de 2012

La Compi

Ya hace más de un mes que cambié de trabajo, y la verdad es que no esperaba ni mucho menos sentirme tan adaptado ya a estas alturas. Los principales culpables: mis compañeros... Aunque destacaría por encima de todos ellos a La Compi, a la que llamaré así por su costumbre de llamarnos 'compis' al resto de compañeros.

Precisamente la semana pasada ella me decía que le hicieron un favor al contratarme, que desde entonces se le hacía la jornada laboral más entretenida. Yo, por mi parte, le confesé que era mi compañera favorita, que me sentía como si la conociera hacía muchísimo más tiempo... Y es que se parece tanto a mí, que a veces la escucho y pienso que soy yo mismo el que habla. Como esas veces que vas a decir algo y un segundo antes alguien lo dice por ti.

Lo más curioso de todo es que la primera vez que hablé con ella no me imaginé ni de lejos que podríamos llegar a llevarnos tan bien en un futuro tan próximo… De hecho, tras nuestro primer encuentro, hasta me quedé un tanto preocupado por la primera impresión que se habría llevado de mí. Puede que algunos recordéis la anécdota, puesto que hable de ella en esta entrada… ¡Sí, es ella! La chica a la que le solté el rollo en mi primer día de trabajo... ¡¿No es una maravillosa coincidencia?!

Entre sus múltiples cualidades cabría destacar que es tremendamente extrovertida, habladora, inquieta y entusiasta. Luce sonrisa de Amelie unos días y mueca de mujer fatal los otros. Y su mayor defecto es que en ocasiones es algo chillona y malhablada; pero se le perdona, porque es capaz de hacer mil cosas a la vez mientras habla por teléfono y encima te responde cuando la interrumpes, aunque sólo sea para insultarte…

Me encanta cuando comparte conmigo sus vivencias junto a su novio de toda la vida (como dice ella), se le cae la baba cuando me enseña sus fotos en el móvil, y me gusta dejarme llevar por su voz mientras me relata mil y una historias de amor junto a él, y ver como disfruta contando hasta el más mínimo detalle, y como me roza las manos o me agarra del brazo en cada momento culminante de la historia, en cada pensamiento íntimo, en cada idea, en cada ilusión…

Y me gusta aún más, si cabe, que también sepa escuchar cuando yo explayo con todo lujo de detalles, y cada vez con más confianza, mi vida privada con ella.

Pero siendo justo he de decir que, aparte de
La Compi, hay otros compañeros que han hecho posible mi rápida adaptación, otros a los que día tras día voy descubriendo y conociendo más a fondo, otros de los que seguramente escriba cualquier otro día…

lunes, 16 de abril de 2012

Entrada de domingo noche

Otra vez no tengo ganas de dormir. Me apetece escribir, tal vez hablar, que se yo...

Quería contaros lo que había dado de sí el fin de semana, pero no encuentro la manera de describirlo. No acierto con las palabras, ni en cómo ordenarlas. Escribo un párrafo y me parece demasiado soso, aburrido, no le hace justicia a este fin de semana que ha sido, digamos, entretenido. Incluso he escrito toda una entrada, pero me ha parecido demasiado larga, insípida, infumable. Así que la he borrado... ¿No os tiran para atrás esas entradas tan largas, interminables? A mi sí.

Lo dicho, no sé muy bien cómo explicaros todo lo que ha ocurrido desde ese regocijo que me acompañaba el pasado viernes por la tarde hasta llegar a este típico sentimiento de fastidio que suele invadirnos llegado el domingo noche, pero aún así me apetece intentarlo…

Me he emborrachado. Mi amigo Festivo vuelve a estar soltero. Mi amiga Activa se ha empeñado en demostrar que sabe cocinar. Lunar ha llegado a la conclusión de que deberíamos comprar una thermomix. Se nos olvidó comprar cereales. Alguien me ha dicho que gesticulo mucho con las manos. Ha llovido. Me han engañado para ir a ver Battleship (menudo bodrio). Mi hermana me ha llamado para decirme que odia a José Coronado. Lunar hace casi dos horas que se ha ido a dormir…

En fin, este sería el resumen, aunque seguramente no uno muy bueno. Sin embargo, he de confesaros que a mí me ha gustado escribirlo... ¿Os reís? Lo entiendo, tal vez no haya sido una gran entrada, incluso el título ha dejado mucho que desear; pero, lo siento, tampoco he sabido encontrar un buen final.

jueves, 12 de abril de 2012

Duermes

Te encuentro como cada noche. Dormida, boca abajo, arropada hasta las orejas, despeinada, respirando suave y lentamente…

Me meto en la cama y me tumbo a tu lado. Me acerco un poquito más con el sigilo de un felino que no quiere espantar a su presa. Me giro hacia ti. Escondo mi nariz en tu pelo. Hueles dulce, a sueño eterno de bella durmiente. Te mueves dejándome ver tu espalda. Paseo mis ojos por ella, de arriba abajo. Me aprieto contra ti, sin llegar a tocarte. Te das la vuelta como para buscarme, me tocas, casi me acaricias, pero sigues dormida…

Te observo. Tu rostro de no haber roto nunca un plato; tu silueta traviesa, revoltosa. Mi cuerpo se dilata. Despacio, poco a poco. Ahora mismo te arrancaría el pijama de cuajo. Exploraría tu oreja y tu cuello con mi lengua, te emparedaría contra tu espalda, recorrería tus pezones con mis labios. Lamería cada poro de tu piel. Besaría tu ombligo. Saborearía la humedad de tus escalofríos, de tu sexo...

Y desearía ver como las yemas de tus dedos me despeinan. Como te abres para mí. Para ti. E invadirte. Llenarte. Estar dentro de ti. Sentirte. Sentirnos. Tú. Yo. El calor. Fundirnos. Deshacernos. Entregarnos al embrujo de ese instante casi mágico. Elevarnos hasta lo insólito. Y ver cómo gritas, cómo arañas, cómo suplicas, cómo me miras, cómo cierras los ojos, cómo tiemblas y cómo finalmente me sonríes extasiada.

Y después las caricias, escuchar cómo nuestros corazones vuelven paulatinamente al normal de su palpitar…

Pero duermes… Te deseo, pero tú… sigues durmiendo.

martes, 10 de abril de 2012

No me mientas que no te creo

No me fío. No te creo. No me trago nada de lo que me dices. Porque ya sé que puedes morirte de dolor y aparentar total normalidad. Sentirte incómoda, así de golpe, y no decir nada. Sufrir y sonreír. Padecer en silencio. Soportar mil pensamientos y no compartirlos. Llorar por dentro y permanecer, ante mis ojos, impasible. Querer gritar, chillar, patalear… y no hacer nada para demostrarlo.

Y no es que seas complicada, extraña o que le hayas cogido un absurdo gusto al engaño… Es protección. Ni tan siquiera autoprotección… Se trata de un fuerte caparazón que tejiste hace mucho tiempo en torno a ti para protegernos a los demás, a los que te queremos. Para que no suframos contigo. Lo que no tuviste en cuenta es que tal vez nosotros quisiéramos hacerlo...

Pero te entiendo, porque yo también me he vuelto adicto a esta contradicción. Te he copiado esa manía de responder positivamente cuando alguien me pregunta cómo estoy, independientemente de cómo me sienta en realidad. Ese mentir sin más por tal de no preocupar a nadie...

Y creo que, como yo hice contigo, tú también me has pillado. Tampoco te fías. Tampoco me crees. Tampoco te tragas nada de lo que te digo... Tal vez por eso, a veces, te digo despectivamente que me dejes en paz y tú vas y me comes a besos. Besos incondicionales, besos sonoros, ensordecedores… Besos de madre.

lunes, 2 de abril de 2012

Sabios impasibles

Escuchamos y vemos tantas barbaridades que, en cierto grado, hemos aprendido a digerirlas sin más. Es como si la vida nos hiciera poco a poco insensibles a las injusticias, a las desgracias, a las desdichas...

Recuerdo que de niño me impresionaban enormemente según que noticias del telediario. En cambio, ahora, me descubro cada mañana ojeando el periódico empezando por la última hoja, como el que mira la vida a lo lejos, con el desinterés que aporta un poco de sueño y sorbiendo las peores noticias al mismo ritmo que el café que me acompaña.

Puede que la explicación no sea otra cosa más que, con los años, con la
experiencia, perdemos en gran medida la capacidad de sorprendernos...

Por ejemplo, recuerdo que antes me encantaban las películas de terror porque me sobresaltaban, me asustaban, me hacían desprender esa adrenalina que te aporta un buen susto, un ratito de tensión. Ahora soy incapaz de encontrar una película de miedo que no me aburra.

Y también recuerdo cómo, cuándo éramos adolescentes, éramos capaces de pasar una noche entera en un banco rodeados de amigos y riendo por mil tonterías. En cambio hoy en día necesitamos constantemente hacer algo: ir al cine, a cenar, preparar costosos viajes, planificar grandes salidas… O, de lo contrario, inmediatamente nos
aburrimos.

Entonces, teniendo en cuenta todo esto, creo llegar a la conclusión de que los años y la
experiencia, aparte de hacernos inmunes a la sorpresa, también nos convierte en unos aburridos y en unos insensibles. Y me preocupa, porque me he cansado de escuchar a lo largo de mi vida que la base de la sabiduría es la experiencia.

Así que, visto lo visto, he decidido que no quiero alcanzar nunca la
sabiduría. Prefiero seguir siendo un completo idiota...

Me niego a ser un aburrido y sobre todo me niego en rotundo a ser un insensible. Me niego a permanecer impasible ante las malas o las buenas noticias, a los buenos o a los malos actos. No quiero estar preparado para asimilarlo todo sin pestañear gracias a toda la puta sabiduría y calma que me ha aportado la experiencia.

Reivindico mi derecho a volverme loco. A gritar cuando algo me impresiona. A reír como un gilipollas cuando algo me gusta. O a insultar y empujar a un imbécil que le pega una patada a un perro…

Porque sí, toda esta historia viene a santo de esto último. Hoy he visto como un indeseable le pegaba una tremenda patada a un perro que luego ha resultado que era suyo... Delante de una docena de personas... Y nadie ha dicho nada. Pero yo no me he podido contener. Seguramente haya perdido un poco los papeles, pero tampoco me arrepiento.

No es que yo sea lo que se podría considerar un amante de los animales, pero unos mínimos, por favor…

Y me da igual quien piense que he hecho el ridículo. O quien crea que le he dejado en ridículo a él o ella por el hecho de ir conmigo… Acepto vuestra vergüenza ajena. No me importa. Sois libres... Podéis iros a la mierda.