martes, 28 de febrero de 2012

Adiós, dulce hogar

Una casa es mucho más que las paredes y muros que la forman. Es lo que contuvo y lo que nunca tuvo. Lo que abundó y de lo que careció. Es los recuerdos de sus moradores. Sus deseos. Sus miedos. Y lo que siempre añoraron. Es las risas y los llantos. Es el ansia, el hastío y cada instante que se meció sobre su techo y lentamente se esfumó cual cortina de humo. Es la locura de los mil pensamientos en las noches que el sueño no quiso abrazarnos y la queja de los vecinos al repicar de los tabiques en las noches de pasión. Es quien vino y el que nunca la visitó. Es el pasado oculto en decenas de presentes olvidados en algún rincón. El futuro amontonado en estanterías llenas de libros que nadie leyó. Y el presente dibujado en espejos que reflejaron un cuerpo, una vida, un hogar… al que pronto diré adiós.

domingo, 26 de febrero de 2012

Solteros de oro

Ha llegado un punto en el que me molesta sobremanera que me digan que he cambiado como algo malo. Y lo que más me molesta es que lo hagan personas que a mi entender se han quedado estancadas, involucionables o que tienen un comportamiento, digamos, anacrónico en lo que a su edad se refiere…

Perdonad que ya no sea aquel mocoso que se colaba el fin de semana en el gimnasio del colegio en busca de balones gratis.
Perdonad que no me comporte como aquel niño que se peleaba semana sí semana no a las cinco a la salida del colegio.
Perdonad por no ser aquel chaval de 15 años que le robó el casco a un guardia urbano despistado.
Perdonad por no continuar siendo ese adolescente que nunca pagó un billete de tren.
Perdonad que ya no salga de fiesta cada jueves, cada viernes, cada sábado, cada domingo.
Perdonad que cuando me dé por salir ya no crea oportuno consumir ni cocaína ni mdma y que me conforme sólo con unos cubatas o unas cervezas.
Perdonad que quiera volver a casa antes de las 12 del mediodía siguiente, que no quiera pasarme dos días sin dormir y que no necesite atiborrarme de
trankimazin o diazepam para poder hacerlo.
Perdonad por dejar de ser ese mamarracho que conducía a 180 por la AP-7 con sus capacidades totalmente mermadas por el alcohol y otras sustancias.
Perdonad si ahora procuro pensar un poco antes de actuar.
Perdonad por empezar a tener en cuenta las consecuencias.
Perdonad por preocuparme de las personas que me quieren y procurar que no sufran por mi culpa o por mis actos.
Perdonad si he aprendido que el fin no justifica siempre los medios.
Perdonad por elegir ser un rebelde sólo si existe una causa.
Perdonad por aburriros hablando de pisos de alquiler o trabajo pudiendo pasar el rato explicando con pelos y señales con quién, cómo y cuantas veces he follado o follaría.
Perdonad que me ría cuando os veo buscar una cita hasta debajo de las piedras o mendigar por un polvo con una desconocida mientras os oigo mentiros a vosotros mismos afirmando que estáis muy bien solos.
Perdonad si soy feliz en pareja y no me creo la leyenda del soltero de oro.
Perdonad si he decidido compartirlo casi todo con ella.

Y perdonadme sobretodo porque, aunque no queráis daros cuenta, vosotros también habéis cambiado… En la discoteca ya no sois el alma de la fiesta, ahora os arrastráis por la pista como zombies. Ya no ligáis, ahora directamente acosáis como babosos. Y me refiero a vosotros. A los que entre semana os amontonáis como borregos en gimnasios para cultivar vuestros bíceps y vuestro maltrecho ego frente a amplios espejos. A los que, inexplicablemente y sin venir a cuento, de repente os entusiasman la música y las clases de salsa.

Así que perdonad, pero creo que todos hemos cambiado. Y vosotros, a mi parecer, os habéis vuelto ridículos…

viernes, 24 de febrero de 2012

Sueño

Dejarse invadir por la valentía y tirar para adelante con todo aterra. Suena contradictorio pero, creedme, es totalmente cierto.

He decidido arriesgarme en casi todos los sentidos y ser firme en mis determinaciones. Sigo convencido de ello. Pero sé que se puede ver a leguas el miedo que tengo a equivocarme. Porque a ratos pienso que quizá haya puesto mis ilusiones, mis ganas, mi convencimiento, mi empeño en los lugares equivocados. No lo sé. La verdad es que ahora mismo no consigo ver nada con claridad. En realidad no consigo ver nada...

Además sé que caminar a ciegas no suele ser lo más acertado. De nada me sirve abrir de par en par los ojos. Todo sigue estando oscuro. Puede que negro… Pero ya no hay vuelta atrás. No hay escapatoria. Las cartas están sobre la mesa. Los dados en el aire. La ruleta, girando...

Hoy he tenido un sueño raro. De los que te confunden. De esos que luego sólo aciertas a recordar a grandes rasgos, pero aún y así te descolocan. De esos que te dejan un sabor amargo en la boca toda la mañana.

martes, 21 de febrero de 2012

Factores

Hay factores que suman.
Otros que restan.
E, incluso, algunos otros que equilibran la balanza.
Pero hay detalles que te hacen ver un determinado factor que lo multiplica todo exponencialmente.

Y hablo de las ganas. Las ganas de irme, de cambiar de trabajo.

Así que le decisión ya está tomada. Me cansé de intentar darle la vuelta a la tortilla, de tratar de hacer de la cárcel un palacete. Me doy por vencido. Me voy. Huyo. Ellos ganan. Y, aunque parezca paradójico, yo también gano. Nadie pierde…

Bueno, vale, si soy fiel a la realidad, he de decir que yo sí que pierdo algo: una cierta estabilidad. Cambio un contrato indefinido por uno de seis meses y con un mes de periodo de prueba, eso sí, con expectativas de renovación...

Lo sé. Es arriesgado y más en los tiempos que corren. Lo asumo. Sé que podría arrepentirme en el futuro y mucho. Son muchos los que se han encargado de recordármelo estos últimos días... Pero quiero intentarlo. Quiero tratar de sentirme a gusto en mi día a día.

Ya está decidido. Ya está hecho. El próximo 12 de marzo cambio de trabajo. Ahora solo espero no haberme equivocado.

Anda, deseadme suerte…

domingo, 19 de febrero de 2012

El dilema

Cuando nacemos, lo primero que deberían explicarnos es que en la vida tendremos que decidir. Porque vivir es tomar decisiones una vez tras otra. Aunque a menudo la propia vida es quien decide por ti. O al menos te lo pone aparentemente muy fácil… A veces te da sólo dos opciones: quedarte durmiendo tranquilamente en tu cama o levantarte e irte a saltar por un acantilado.

Fácil decidir, ¿verdad?

Y es que a qué imbécil le podría interesar tirarse por un acantilado pudiendo quedarse en casa durmiendo toda la mañana. Seguro. Bajo techo. Sin correr riesgos absurdos.

Lamentablemente, me conozco, y sé que a menudo suelo comportarme como un absoluto imbécil…

Así que ahí estoy, en ese intervalo que transcurre desde que suena el despertador hasta que decides qué hacer. Con un sueño tremendo, pero pensando que puede que más tarde me arrepienta de haber perdido el tiempo en la cama. Mirando al futuro cara a cara. Tratando de decidir de una vez por todas si corro el riesgo de equivocarme, si me expongo a darme de morros contra el suelo y, en definitiva, si me comporto como un completo imbécil y me lanzo al vacío… O si, de lo contrario, me doy media vuelta, me acurruco y sigo durmiendo plácidamente hasta la hora de comer.

viernes, 17 de febrero de 2012

Caprichos de la vida

A menudo la vida se me antoja como una niña malcriada: demasiado caprichosa.

A veces se acumulan las malas noticias, otras veces en cambio lo hacen las buenas. Si te ponen una multa de aparcamiento, no tarda en llegar otra por exceso de velocidad. Si te encuentras diez euros en un bolsillo olvidado de tu chaqueta, esa misma noche te enteras de que te ha tocado el reintegro en la primitiva. O como esas veces que se te estropea algún electrodoméstico y no tarda en averiarse cualquier otro. O esos días en los que no encuentras nada de atasco para ir a trabajar y encima aparcas a la primera justo en la puerta de tu trabajo.

Son rachas, la vida casi siempre avanza a rachas. Y pasa con lo malo, con lo bueno y con cualquier detalle o matiz ya sea relevante o insignificante de nuestras vidas. Pasas medio año sin ver a un vecino y de pronto le ves dos mañanas seguidas, te compras un libro y ese fin de semana te regalan otro, comes tortilla al mediodía y tu madre te tiene preparada otra si decides ir a casa de tus padres a cenar…

Podría seguir poniendo ejemplos, pero abreviaré e iré a donde pretendo llegar: con los cambios pasa exactamente lo mismo, cuando llega uno, es difícil que llegue sólo. Y, para muestra, mi situación actual: planeando la inminente mudanza para irme a vivir con mi chica, he sido seleccionado en el proceso de selección de un interesante puesto de trabajo. Por lo que podría darse el caso de que cambiase de piso y de trabajo así todo de golpe.

Lo del piso ya está claro: la mudanza más absurda de la historia se llevará a cabo en breve. Pero el tema del trabajo aún no lo tengo del todo decidido. Tengo que meditarlo, sopesar muchos pros y demasiados contras… Empieza de nuevo la toma de decisiones o quizás nunca acabó…

Las decisiones,… siempre presentes, una vez tras otra y otra y otra y otra…

jueves, 16 de febrero de 2012

Step by step

Día tras día, las ansiedades aumentan.
Hoy podría ser una día clave…

¡Madre del amor hermoso!

‘¿Y si te dan el trabajo qué harás, lo cogerás?’
Como alguien vuelva a preguntarme esto, me doy media vuelta y me voy sin mediar palabra… ¡Ala!

Vayamos paso a paso… ¡Coño!
¡Paso a paso!

Step by step, que cantaría Whitney Houston...

Por cierto, hay que ver lo que son las cosas: lo poco que me ha gustado a mí siempre esta canción (y todo el repertorio de Whitney Houston en general) y lo bien que me ha sentado escucharla esta mañana en la radio camino del trabajo.

Hay veces que necesitamos levantar la vista únicamente hacía el siguiente escalón. Veces en las que mirar toda la escalera se nos hace demasiado grande.

lunes, 13 de febrero de 2012

¿Más cambios?

Seguro que alguna vez os ha pasado. Buscas algo por todas partes. En el salón, en la habitación, en la cocina. En cada armario, en cada cajón, en cada rincón. Pero no hay manera. Das mil vueltas. Miras una y otra vez en los mismos sitios. Incluso crees verlo a lo lejos en varias ocasiones para luego darte cuenta de que no era eso. Así que sigues buscando. Das otras mil vueltas y acabas primero por desesperarte y más tarde hasta por cansarte. Llegando a un punto en el que asumes que probablemente no lo encontrarás nunca. Por lo que finalmente dejas de buscar. Lo das por perdido, por imposible. En cierto modo te rindes.

Y te olvidas. Pero sucede que al día siguiente estás buscando con el mismo ahínco cualquier otra cosa. Y, de repente, encuentras lo que buscabas el día anterior. Ahí está. Frente a tus ojos. Pero ya no sabes si lo necesitas tanto, si sigue entrando en tus prioridades. Ahora estás buscando otra cosa y ya no contabas con ello. Así que no sabes muy bien qué hacer... ¿Lo coges? ¿Lo tiras? ¿Lo guardas aun a riesgo de volverlo a perder?

Pues así es como me siento ahora. Intento durante meses cambiar de trabajo y, cuando lo doy por imposible e inicio la búsqueda de piso para irme a vivir con Lunar, aparece frente a mis ojos lo que podría ser una gran oportunidad laboral. Y la verdad es que ahora no sé si es el momento oportuno para sumarle otro cambio a mi vida.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Última hora

Parece que la cosa va cogiendo forma. Tras visitar un piso con unas hermosas vistas a un muro de ladrillo, otro con los pasillos más largos y estrechos de la provincia de Barcelona, otro con la cocina de los Alcántara y sin olvidarnos de la caótica visita a un quinto sin ascensor y sin luz en la escalera; hoy por fin hemos visto un pisito que tiene buena pinta.

Un tercer piso con ascensor, con una distribución perfecta, casi sin pasillo, balcón amplio y aire acondicionado en el salón. Una habitación doble con baño privado y dos habitaciones simples. Cocina espaciosa y bien iluminada con galería, un segundo baño independiente y con garaje incluido.

Aunque tiene dos peros. El primero es que está sin amueblar y el segundo que el precio es algo superior a lo que buscábamos en un principio, eso sí, el propietario no parece del todo reacio a negociar.

Y, como colofón, cabe añadir que el piso se encuentra en el mismo edificio donde yo vivo actualmente, sólo que en otra escalera. Así que podría darse una de las mudanzas más ridículas de la historia… Pero no adelantemos acontecimientos, aún nos quedan otros tantos pisos por visitar.

Os mantendré informados.

Y para terminar, os agradecería que hicierais eco de la injusticia a modo de plagio que está llevando a cabo una tal Gotasmar de una bloguera tan genuina y querida como Fiebre. Hecho que ya han denunciado otros blogueros como Eva, La Perfida Canalla o Rampy. Gracias.

domingo, 5 de febrero de 2012

Sorpresas sexuales

Hoy Lunar me ha pedido sexo anal. Lo cual no es una novedad en cuanto a la modalidad sexual en sí, puesto que hemos practicado sexo anal con relativa asiduidad desde que estamos juntos. Pero sí lo es el hecho de que ella me lo haya pedido.

Al principio de nuestra relación, hace ya más de dos años, practicábamos mucho el sexo, a razón de 7 u 8 veces por semana, y eso teniendo en cuenta que no nos veíamos todos los días de la semana. Fue durante aquellas primeras veces y con la pasión, innovación y el desparpajo que caracterizan todo comienzo que empezamos a practicar el sexo anal de tanto en tanto.

Inevitablemente, conforme han ido pasando los meses y luego los años, la fogosidad se ha ido reduciendo. Ya no follamos tan a menudo como antes, aún así seguimos siendo una pareja muy activa sexualmente hablando si atiendo a comparaciones con otras parejas. Rara vez pasamos más de 4 o 5 días sin hacerlo.

Y el paso del tiempo también se ha dejado notar en la variedad de emplazamientos en los que practicamos sexo. Recuerdo haberlo hecho en la playa, en un edificio en obras, en el lavabo de casa de unos amigos, en casa de su madre, en casi cualquier rincón de la mía, recuerdo algunos preliminares en mi ascensor… En cambio, ahora, digamos que nos hemos vuelto algo más clásicos, con algunas excepciones esporádicas.

Y en cuanto al sexo anal lo mismo, al principio lo practicábamos mucho más frecuentemente. Cabe añadir que hasta el día de hoy siempre que lo habíamos hecho había sido a petición mía, o tal vez sería más idóneo decir, a iniciativa mía. (Ya me entendéis). Y es que sí: me podéis llamar pervertido o lo que queráis, pero el sexo anal me gusta. Y no es que a Lunar le disguste, al contrario, ya que en su día hablamos del tema y según sus propias palabras, ‘también le gusta sólo que, simplemente, disfruta más vaginalmente’.

Así que con el paso del tiempo, y teniendo en cuenta esto último, yo dejé de pedírselo con tanta frecuencia, llegando al punto de que hacía varios meses que no lo practicábamos, desde el verano aproximadamente. Hasta hoy, que ha sido ella quien me lo ha pedido en pleno polvo… ¡Y vaya polvo! Pero este no es el tema…

El tema en cuestión es: ¿a qué se debe esta inesperada petición? Según me dijo posteriormente ella, ‘simplemente porque le apetecía’. Pero, claro, una mente retorcida como la mía debe sacar sus propias conclusiones. Y se me ha ocurrido que puede que ella crea que el hecho de llevar tanto tiempo sin pedírselo sea un clara muestra de que he perdido un poco el deseo sexual hacía ella. O tal vez piense que me estoy volviendo un aburrido en la cama...

No sé, seguramente me este comportando de nuevo como un peliculero, que en el fondo es lo que soy… Pero por si acaso me he propuesto sorprenderla rompiendo nuestra rutina sexual, pero no se me acaba de ocurrir muy bien cómo. Le he echado un ojo a esto, pero creo que lo único que conseguiría sería que se descojonara de lo lindo (lo cual también es muy bueno para mantener viva una pareja), pero no es exactamente lo que busco ahora mismo.

Me temo que para una chica es mucho más fácil sorprendernos y excitarnos a nosotros con este tipo de sorpresas…

Así que ando falto de ideas. ¿Alguien se anima a sugerirme algo?