lunes, 14 de mayo de 2012

El pacto

Hace ya unos meses que mi hermana se mudó a vivir con su novio (el Pirata) a lo que en su día fue la casa de mis abuelos. El piso estaba vacío desde que hace unos años murió mi abuelo, poco más de un año después de que también muriera mi abuela. Y, como decía, hace ya unos meses que mi hermana vive allí con su pareja. Por lo que supongo que debería decir que ayer estuve en casa de mi hermana (y no en casa de mis abuelos), aunque aún me cueste acostumbrarme al nuevo término.

El caso es que, cuando salía de su casa y me dirigía a donde había aparcado el coche, me dio por mirar fijamente el parque que queda justo al lado del edificio. Aquel en el que había pasado tantas horas cuando yo era un niño. Sobre todo en compañía de mi primo, que tristemente tampoco está ya entre nosotros. Y es que, durante los veranos de mi infancia, coincidiendo con las largas vacaciones escolares y como nuestros padres trabajaban, se podría decir que mi primo, mi hermana y yo prácticamente nos mudábamos a vivir a casa de mis abuelos. Mi primo y yo éramos de la misma edad, así que nos pasábamos el día juntos jugando e ideando trastadas.

Casi por inercia, detuve mi marcha hacia el coche y me acerqué al parque. Había cambiado considerablemente, ya no era un parque de tierra y habían desaparecido por completo su media docena de columpios. Ahora sólo había asfalto y unos sombríos bancos.

Me senté en uno de esos bancos y me quedé observando con la vista perdida. Resulta curioso, pero mis ojos sólo eran capaces de ver el antiguo parque, con su tierra, con sus columpios… y con todos sus recuerdos.

Admito que estuve a punto de derrumbarme y explotar a llorar frente a ese espejismo del parque que tantas veces me había visto jugar. En lugar de eso, sonreí. Se podría decir que casi reí a carcajadas recordando mil y una travesuras junto a mi primo. Y me pareció estar recordando todo aquello con él a mi lado, casi podía oír como él añadía su punto de vista a cada recuerdo, a cada detalle. En cierto modo sentí como si nos estuviéramos despidiendo... Y la verdad es que fue una buena despedida.

En especial recordé aquel mediodía de verano en que un vecino nos pilló haciendo una pintada en el muro y se lo dijo a nuestros abuelos. Mi abuelo se enfadó tanto que aquella tarde sólo bajamos al parque para limpiar la pintada y luego pasamos el resto de la tarde encerrados en habitaciones separadas como castigo. Por la noche, mi abuela nos propuso un pacto durante la cena: si nos portábamos bien durante el resto del verano, no le diría a nuestros padres lo que habíamos hecho, si éramos buenos ellos guardarían el secreto. Y así fue. Y así sigue siendo. Salvo que, ahora, solo quedo yo como guardián de este secreto. El resto: mis abuelos y mi primo, se han ido. Ya no están…

Sé que a estas alturas bien podría compartir esta anécdota con cualquiera, incluso con mis padres. Ya nadie me echaría la bronca ni me castigaría por aquella chiquillada. Pero supongo que queda mucho más elegante seguir guardando el secreto... Al fin y al cabo, un pacto es un pacto.

12 comentarios:

  1. Me has enternecido.
    Yo también seguiría guardando el secreto.
    Besos.

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  2. Pues sí, supongo que es muy bonito que guardes el secreto hasta el final. Biquiños!

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  3. Exacto: un pacto es un pacto ;)

    Me ha gustado mucho tu recuerdo (me has llevado a los míos y yo también he sonreído)

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  4. así es como tiene que ser, pensando en lo bueno, y no dejarte caer.
    biquiños,

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  5. El pacto se hizo y se debe conservar, tu eres el guardián de el!

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  6. Buena manera de despedirse de el. Aunque no dejaras de pensar en el por mucho tiempo, del modo que lo haces ahora. Es bueno "comunicarse" yo escribí en una situación parecida una carta y me fue muy bien.
    Tu conversación seguro que te servirá.

    Un beso y animo guardián del secreto.

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  7. Emotivo recuerdo sin duda, pero un pacto sellado no debe ser vulnerado ni por el paso del tiempo, ¡ese maldito tiempo!.
    Saludoss!

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  8. Jo, que escrito tan bonito. Yo tambien pasaba los veranos con mis abuelos que ya no estan. Te entiendo tan y tan bien, esas ganas de guardar para ti las vivencias compartidas con los que hemos perdido. Me he emocionado tanto, da gusto leerte, suenas tan cercano.

    Ana.

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  9. Me ha gustado mucho Jauroles, me ha recordado mis vacaciones en casa de mi abuela.

    besos

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  10. Bueno, aqui estoy con las lagrimas aflorando....Me he sentido identificada, no sé si lo he contado alguna vez aquí, pero actualmente vivo con mi marido muy cerca de donde juagaba de pequeña, paso muchas veces por los bancos donde jugábamos y no puedo evitar recordarlo por muchas veces que pase...

    De hecho,mantengo las amistades de esa época, y por el cumpleaños de una de ellas grabamos un video musical en esa zona...

    Un besote!

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