domingo, 20 de mayo de 2012

De cena con el destino

Ayer salí a cenar con Lunar y otra pareja de amigos. Dos mesas más a la izquierda estaban cenando un grupo de chicos y chicas de veintipocos años, en total eran unos doce, y tenían organizado un buen escándalo. Las jarras de sangría iban y venía de su mesa, hablaban en voz alta, se reían a carcajadas y no paraban de hacerse fotos continuamente unos a otros.

De tanto en tanto alguno de ellos volvía la cabeza para mirar a su alrededor, no para observar el ambiente del lugar, sino por ver si el resto de comensales les mirábamos. Y lo hacían como con aires de superioridad, como si quisieran ver nuestras caras de asombro o tal vez de envidia al verles como lo pasaban en grande, como si pensaran que sólo ellos podrían ser tan divertidos e interesantes. Qué arrogancia...

La verdad es que no me cayeron nada bien, lo raro es que tampoco me cayeron mal. No sabría cómo explicarlo. En realidad me resultaron muy familiares. Y no fue por los pantalones de colores chillones, ni por el kilo de gomina, ni por sus
iphones y sus blackberrys. Pero me pareció estar viendo la viva estampa de alguna de mis propias cenas de hace ya algunos años con todo mi grupo de amigos, cenas que eran el punto de partida para una noche loca de fiesta.

En cierto modo. se podría decir que yo estuve hace años sentado en esa misma mesa de jóvenes alborotadores. Por lo que ayer noche, mientras cenaba y les escuchaba y observaba de reojo de tanto en tanto (cosa que era imposible no hacer, dado el nivel de alboroto), sentí una peculiar sensación que oscilaba entre la desaprobación y una extraña sonrisilla nostálgica.

El caso es que me dio por pensar que tal vez dentro de unos años será alguno de ellos el que estará sentado en la que ayer era mi mesa, y será él quien observe a lo lejos al grupo de jóvenes exaltados, y puede que en ese momento sienta exactamente lo que sentí yo anoche. Y entonces suspirará mientras piensa en cómo pasa el tiempo, y en cómo a veces no somos conscientes de que quizás compartamos el destino de algunos de los desconocidos que nos rodean…

Quizás el destino de aquel padre que no quería que su hijo de 6 años reprodujera las palabras feas que venían de aquella mesa, o el de esa pareja de cincuentones que tal vez celebraba sus bodas de plata, o el de aquel anciano de la mesa del fondo que venía a cenar solo en busca de un ratito de calma. Anciano que tal vez fuera divorciado, o viudo… O tal vez nuestro destino sea ser la silla vacía, el que ya no está… Quién sabe…

Sí, quién sabe… Quién sabe qué será de todos nosotros.

10 comentarios:

  1. Creo que todos hemos tenido esa misma sensación. Algunos observamos con desaprobación olvdando que en algún momento fuimos así, otros en cambio observamos con cierta envidia, deseando estar en esa mesa viviendo algo parecido, mientras que hay otros que miran con complicidad y recuerdan aquellos momentos con cierta cierta meláncolía, porque les traen a flote sus propios recuerdos, pero también saben que esa solo es una parte pasarlo bien, que ni se es el centro del mundo, ni diversión signica solamente grandes reuniones, ponerse hasta los codos de alcohol para luego subir las fotos al facebook, que saben hay algo más después de esa etapa...Los primeros viven amargados, los segundos viven aferrandose a tiempo mejores y de aguna manera claudicando,infelices sin saber como pasar al siguiente nivel, los últimos, en cambio han conseguido algo que pocos consiguen, madurez y estabilidad, son los que saben que cada cosa tiene su momento y lugar, que lo importante valorar lo que se tiene y aprovecharlo, que han vivido lo que tenían que vivir para no perder e tiempo añorando tiempos mejores...creo que tú eres uno de esos pocos afortunados.

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  2. En esta vida, cada cosa tiene su momento y lo mejor es comprenderlo y aceptarlo así. No creo que haya etapas mejores ni peores, simplemente son distintas y es lógico porque nosotros también somos diferentes, evolucionamos.
    Lo triste son aquellas personas que se niegan a dejar atrás fases vitales que ya no les corresponden. Sea cual sea el motivo que les impulsa a ello, en el fondo siempre subyace el miedo a lo nuevo, al futuro, a vivir. Temer a la vida es uno de los mayores errores que podemos cometer.

    Besos!

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  3. Lo que puede dar de sí una cena con unos vecinos ruidosos, eh?
    Me ha encantado la entrada.
    Besos!

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  4. Estas son las consecuencias de la madurez, que vuelves la vista atrás y te das cuenta que tu también hiciste alguna vez lo mismo, que tú, sentado en tu mesa con tus amigos adolescentes, sin darte cuenta sentiste como los comensales que estaban a tu alrededor te miraban de una forma extraña, como dice Valeria, algunos con añoranza, otros con desaprobación... y cuando pasa el tiempo, te das cuenta de lo que significaban esas miradas. También yo estuve en una mesa llena de jóvenes bebiendo y chillando, también yo quiero volver a estarlo y no me resisto a olvidarme de ello. Pero de vez en cuando... me permito estar en una mesa tranquila, con mi pareja y/o amigos de una forma más tranquila, observando desde el anhelo, aquellas mesas llenas de jóvenes chillando, gritando y bebiendo como si no hubiera un mañana.

    Un abrazo
    destroy114.blogspot.com

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  5. si, quien sabe....a veces me asombro pensando en cómo fui capaz de hacer cosas que ahora critíco :-)

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  6. Si nunca sabemos cual es nuestro destino, es como si la vida fura uno de esos libros que estaban de moda cuando eramos pequeños, en los que tenias la opción de decidir lo que hacia el personaje y dependiendo de lo que decidiéramos cambiaba el final.
    Aunque hay quien cree que el destino esta marcado y tomemos las decisiones que tomemos, el final sera el mismo... creo que nunca lo sabremos.
    Me acabas de dar una idea para una entrada, futura a ver si cuando la leas eres capaz de reconocerla como esa.

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    1. Que curioso, es la primera vez que alguien hace la misma analogia que yo al pensar en el destino, porque a mi también me suele recordar esos libros. Saludos.

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    2. Vaya, recuerdo esos libros, Elige tu propia aventura, rojos, tamaño bolsillo. Que nostalgia :-)

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  7. Lo siento, amiguete. Esos son los primeros síntomas de una enfermedad terminal: La madurez. Es una enfermedad degenerativa que padecemos todos. Y espérate a tener hijos... En ese momento ya no existe vacuna.
    Saludete, crack!

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  8. He estado también en situaciones parecidas, en restaurantes o en el cine o en un pub, y en mí despierta una mezcla rara, de nostalgia por lo que ya ha pasado, de alegría por lo que esos chicos están viviendo y de tranquilidad por el momento en el que me encuentro y que no cambiaría por volver a tener veintipocos,aunque no sea yo una persona tranquila ni me encuentre relajada de forma habitual, pero miro atrás y veo lo que he recorrido y dónde estoy y pienso, "eh, puedo descansar un poco, que la cosa no va mal". Con veintipocos eran tantos los interrogantes y tantas las posibilidades que me daba miedo elegir una y excluir las demás para siempre y de forma definitiva. Ahora sé que se puede cambiar de rumbo y el mundo no se derrumba a mi alrededor.
    Me ha gustado muchísimo la entrada. Un beso enorme :-)

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