lunes, 31 de diciembre de 2012

Año viejo

Siento mi ausencia. He estado muy ocupado comprando compulsivamente, envolviendo y abriendo regalos, comiendo, emborrachándome y en definitiva cumpliendo con todos los típicos festejos navideños. La verdad es que las navidades no están resultando tan terribles como esperaba. Me suele pasar, a veces tiendo a ponerme en lo peor. Será por eso de querer estar preparado por lo que pueda pasar...

La locura empezó la noche del día 22 cuando, en plan coña, todo el grupo de amigos decidimos celebrar por todo lo alto que nos habían tocado unos cien euros por barba con unos décimos de la lotería de navidad que habíamos comprado, hacía justo una semana, en el bar donde celebrábamos mi cumpleaños.

La broma acabó a eso de las siete de la mañana con Lunar, yo y otros cuatro alcohólicos comiendo churros en mi casa… Y en Nochebuena más... Después de las cenas familiares, decidimos salir de fiesta y de etiqueta. Y, claro, supongo que todos sabíamos desde un principio que más de uno o una acabaría con la corbata en la cabeza o vomitando sobre sus preciosos zapatos de 7 cm de tacón. Y así fue... Creo que Lunar tardará en olvidar esa noche… En fin, ahí lo dejo…

Pero no tuvimos suficiente, así que la noche de Navidad repetimos. Más alcohol, más risas, más bailes y más resaca… Hacía mucho tiempo que no salía tan seguido de fiesta. De hecho, creo que he salido más desde lo que llevamos de navidades que durante todo el resto del año junto... Y, dejando a parte las resacas, he de decir que me ha sentado genial. Ese sentirse como un adolescente, ese mandarlo todo a tomar por culo por unos días… No se me ocurre mejor manera de acabar el año...Y más un año como este…

A diferencia del 2011 (por poner un ejemplo), este año 2012 será un año que jamás podré olvidar. Ha sido un año intenso, con personalidad. Un año de esos que te coge de los hombros, te zarandea, te descoloca, te empuja, te tira por tierra, te recoge e incluso uno de esos capaz de sorprenderte (entre hostia y hostia) con el mejor de los abrazos o el más bello de los besos.

El 2012 me ha visto cambiar de hogar, dejar de vivir sólo, irme a vivir en pareja, cambiar de trabajo, despedirme de un ser querido, recibir con los brazos abiertos a mi ahijada, me ha visto vivir una gran crisis personal, me ha visto evolucionar, quitarme caparazones, máscaras... y sobretodo, y aunque parezca lo menos importante, me ha enseñado a aprender a dejarme aconsejar, a dejarme ver más allá de mis propios ojos, de mis propias convicciones.

Supongo que sería bonito decir que todo esto me ha servido para convertirme en una mejor persona, pero no es cierto. Aunque ha sido muy gratificante darme cuenta, sobretodo en estos últimos días, de que sigo siendo en esencia el mismo de siempre. Sentir que, a pesar de todo, no me he ido demasiado lejos. Que no he perdido el norte. Que ese que veo cada mañana en el espejo sigo siendo yo, ni mejor ni peor: yo. Y con eso ya me basta.

Feliz año 2013 a todos… porque, señoras y señores, el 2012 ya es historia.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Ice christmas

Ha bastado un paseíto por un centro comercial a golpe de villancico para notar que las navidades me van a sentar bastante mal. Tan mal como me ha sentado ponerme a recordar antiguas navidades que a día de hoy se me antojan irrepetibles, tal vez por la ingenuidad de las edades en las que las viví o, quizá, simplemente las tenga idealizadas, quién sabe.

Es curioso como con el paso del tiempo la morriña y la nostalgia hacen mella en nosotros cada vez con más facilidad. Será por eso de que uno va acumulando demasiados ‘adioses’ inesperados. Indeseados. Y supongo que en estas fechas, con tanta reunión familiar, es fácil ponerte a echar cuentas. Fijarte en las sillas vacías. Esos huecos imposibles de rellenar. Podrán sumarse nuevos, pero serán eso: nuevos. Los antiguos huecos vacíos yacerán siempre desiertos...

Pero sería muy injusto decir que mi mal humor navideño es culpa de los que se fueron o ya no están, o empapar de ese mal rollo a los que sí conciben estas fechas como algo bonito e ilusionante. Tampoco sería justo menospreciar los regalos, los manjares o los hermosos adornos navideños que decoran las calles, los edificios y hasta mi propio hogar. Y sería tremendamente injusto infravalorar el esfuerzo y el entusiasmo que muchos de mi alrededor ponen en los festejos típicos de estas fechas…

Por lo que, aunque mi psicólogo no lo comparta, yo creo que hay sentimientos que son cosa de uno mismo. Y como tales, no merece la pena compartirlos si ello conlleva el más mínimo riesgo de empañar los ánimos de quienes nos importan.

Así que he decidido soportar yo solo sobre mis hombros toda la añoranza a los que desafortunadamente ya no están entre nosotros. La añoranza a los que no están ahí todo lo que uno quisiera. A los que se fueron porque quisieron. La añoranza a todo aquello que sólo fue por un tiempo aunque para mi sea para siempre. La añoranza a antiguos hogares. Y, en definitiva, la añoranza a todos aquellos 'yos' que algún día fui…

Además, tratando de seguir un consejo, estoy intentando hacer una lista de cosas que sí me gustan de la navidad… Y para empezar se me ha ocurrido una. Una tontería, pero por algo se empieza… Hablo de la canción de la lotería…

Y es que aunque tampoco sea devoto de la lotería de navidad, con sus infinitamente menos premios que frustraciones, he de reconocer que adoro la canción que eligieron para el spot de este año. Canción que forma parte de la banda sonora de una película que también me encanta ‘Eduardo Manostijeras’, del genial Tim Burton.

Y creo que me gusta porque, como Eduard, yo también sé lo que es sentirse solo, incomprendido, un bicho raro en ciertos aspectos… Incompleto…



Feliz navidad a todos.

lunes, 17 de diciembre de 2012

¡Sorpresa!

El fin de semana no ha podido ir mejor. Lunar, con la colaboración de varios amigos, me había preparado una cena sorpresa de cumpleaños el sábado por la noche.

Imaginaros mi cara de sorpresa cuando llegué al restaurante de turno, al que pensaba que iba a cenar tranquilamente con Lunar, y me encontré a los 14 degenerados que se hacen llamar mis mejores amigos...

Si es que en el fondo no me los merezco, sobretodo porque no os imagináis lo que me habían hecho sufrir estos últimos días haciéndome pensar que a nadie le importaba lo más mínimo que este año hubiera decidido no celebrarlo. Pero se les puede perdonar, ¿no? ¡Si en el fondo son una ricura!

La verdad es que toda la cena y la farra posterior conformaron una de las mejores celebraciones de mi cumpleaños que recuerdo de los últimos años. ¿Qué tenía de especial? Sin duda la compañía, las risas, las conversaciones, la comprensión, los bailoteos y claro la sorpresa en sí por ser totalmente inesperada por mí parte.

Así que, ¿cómo podía yo agradecerles todo esto…? Pues emborrachándome a pesar de la medicación (que un día es un día), riéndome, dejándome llevar, disfrutándolo, disfrutándoles, y como no dándoles las gracias una y mil veces... Era lo único que podía hacer después de regalarme un cumpleaños inolvidable. Es genial sentirse bien y hacérselo saber a los autores de este estado, ¿no creéis?

Por eso mismo, por supuesto, hice mención especial a la hora de dar las gracias a mi Lunar. Mi chica. Mi nena. Mi amor. La persona que siempre sabe qué, cómo y cuándo necesito algo. Y lo curioso es que lo sabe incluso mejor que yo, puesto que ahora me doy cuenta que algo así era justo lo que necesitaba; aunque llevara semanas negándome a realizar los típicos festejos de cumpleaños.

Eso sí, no quiero saber nada del puto gintonic en una larga temporada, ¡menuda resaca! Y los cuatro o cinco cigarros que me fumé son como cinco puñaladas en mis pulmones,... ¡después de más de año y medio sin fumar!

En fin, como ya he dicho, un día es un día.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Un año más

A veces, contra todo pronóstico, te sorprende la llegada de tu propio cumpleaños. Que si una gripe, que si un nacimiento, que si un bajón de los míos, que si una pequeña discusión,… y resulta que sin darte cuenta llega el día en que cumples treinta y un años.

Quizá simplemente sea que con los años dejas de darle tanta importancia a ciertas fechas, por desgana o tal vez sea por todo lo contrarío: por interés, por propio interés,... por no querer ser consciente de cómo los años te pasan literalmente por encima.

Con el discurrir de los años, el día de mi cumpleaños ha ido dejando de ser un día tan brillante y tan mágico como lo era antaño, para convertirse cada vez más en un día un poco más gris y nostálgico año tras año. Supongo que como consecuencia de esto, últimamente el día de mi cumpleaños suele ser un día en que me empeño en no respetar las leyes de la física… Subo, bajo, salto, me desplomo… (Oscilar de extremo a extremo siempre se me ha dado bastante bien...) Y ya veis, me ha dado por escribir en pleno descenso.

Este año no habrá cena multitudinaria el fin de semana con amigos para celebrarlo, no me he molestado en organizar nada; ya no tengo edad para este tipo de fiestas. No habrá borrachera, ni juerga, ni resaca; mi cuerpo y mis ánimos no están para sustos. Lo celebraré el sábado con una comida en familia y luego por la noche iré a cenar fuera con Lunar para celebrarlo de forma más íntima. Los dos solos. Sin líos. Sin sobresaltos.

Afronto los treinta y uno sin listas de propósitos, sin demasiados planes, sin proyectos a corto plazo… Los tenía, pero los fui perdiendo poco a poco por el camino... Y ya no sé qué pensar. Ni qué esperar… Ni tan siquiera sé qué pedir cuando sople las velas; me han chivado que el sábado después de comer habrá pastel.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Mi peluquera

Hace más de dos años que voy siempre a la misma peluquería, una de esas en las que cuando reservas hora puedes elegir quien prefieres que te corte el pelo. Después de unas primeras pruebas fallidas, se podría decir que hace más de un año que encontré a mi peluquera perfecta. Así que hoy, como sucede aproximadamente cada mes, he ido a visitar a mi peluquera particular: Paula.

Paula tiene 29 años, le gusta el flamenco y dice que cada vez que cambia de humor, cambia de color o de corte de pelo. Tiene un carlino que siempre está en celo, un hermano que toca la guitarra y un novio al que (y cito textualmente sus propias palabras...) le gusta emborracharse casi tanto como follar.

Hace tanto que compartimos esa media horita casi mensual, que ya no hablamos del tiempo, ni de la crisis, ni de lo bonito que tengo el pelo... Por ejemplo, recuerdo que hará unos tres meses me dijo que estaba harta, que no aguantaba más a su novio, que le iba a dejar. Y me lo decía con una sonrisa ancha, de oreja a oreja, como con ganas de iniciar una nueva andadura sin un chico del que decía por aquel entonces que le estaba arruinando los mejores años de su vida.

En cambio hoy, va y me dice que se casa. En julio del 2014, me ha dicho. Y lo único raro no ha sido el drástico cambio de planes, ni la lejanía de la fecha,.. sino también su pose seria, diría incluso que hasta triste... Hoy también decía que tenía frío, que le dolía la cabeza y que estaba un tanto indispuesta. Tal vez esa negatividad que me ha transmitido solamente se deba a su estado de salud y no a los planes de boda... No sé, ojalá sea sólo eso.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Momento perfecto

Soy imbécil. Casi las tres de la mañana y yo aún despierto... Hacía meses que no trasnochaba tanto. Pero aquí estoy, con las luces apagadas, frente al portátil y pensando en mi amigo Sensato.

Creo que nunca le había visto llorar así antes. Las lágrimas casi siempre son sinónimo de malos momentos. Normalmente ver llorar a alguien me pone tremendamente triste. Menos hoy.

Hoy he visto llorar a mi amigo Sensato mientras sujetaba en sus brazos a su hija recién nacida. Por lo contrario, Activa (su mujer), aunque visiblemente cansada, lucía una sonrisa radiante. Y yo, junto a ellos, he vivido uno de los momentos más tiernos de mi vida.

Y por qué no decirlo, también he sentido algo de envidia. Envidia de la sana. Me pasa siempre que veo tan feliz a alguien. Supongo que debe ser algo normal, o no lo sé, tal vez sea sólo cosa mía que seré un maldito envidioso...

¿Pero a quién le importa eso? El caso es que tengo cada vez más claro que quiero vivir un momento como ese. Un momento perfecto. Y hasta sé con quién quiero compartirlo… Eso ya es un gran paso, ¿no?

Momento perfecto, sé que estás ahí… Más cerca. Más lejos… Pero ahí. Te intuyo. Te espero.

(No hay nada mejor para caer rendido entre sábanas que fantasear con tu propio futuro.)

domingo, 2 de diciembre de 2012

El pasado

Por historias que no vienen al caso, estos últimos días he estado releyendo algunas viejas entradas de este mi blog. Y resulta que me he acabado poniendo tontorrón. Aclararé que tontorrón en mi idioma significa nostálgico.

Sí, me ha invadido cierta nostalgia o morriña. Me pasa siempre que me da por recordar. Y me pasa al recordar tanto episodios buenos como malos de mi vida, y me pasa hasta al acordarme de personas de mi pasado que ni tan siquiera fueron muy transcendentes en mi vida, o al recordar un olor, una sensación… No puedo evitarlo, todo lo relacionado con el pasado me pone un poco triste.

Es curioso como vuela el tiempo, ¿no creéis? A veces incluso cuesta creer que realmente estuvimos allí y vivimos aquel momento, o si no es nuestra memoria quien nos engaña, si de hecho no fue algún desconocido quien vivió todo aquello por nosotros.

Sin ir más lejos, me he dado cuenta que me cuesta reconocerme en aquel chico de 28 años que un jueves 7 de enero decidió abrir un blog. En realidad aún no hace ni tres años, puede parecer poco tiempo, pero han sido años muy intensos.

Por aquel entonces estaba soltero, creo que aún estaba enamorado de mi ex, vivía solo, tenía otro trabajo, salía cada fin de semana, me emborrachaba casi cada vez que salía, tenía muchos más amigos que ahora (muchos desaparecieron en cuanto dejé de salir tan a menudo) y tenía unas prioridades bastante diferentes a las que tengo hoy día.

Recuerdo que cuando era un niño a veces me daba por intentar pasar la noche en vela (aunque nunca lo conseguía) por miedo a que cuando despertara todo fuera distinto, que mis padres y mi hermana ya no estuvieran allí, o que amaneciera en un lugar desconocido, o simplemente por miedo a que cuando despertara el mundo se hubiera olvidado de mí. Creo que en aquellos años ya estaba levantando los cimientos de mi insomnio.

Pues supongo que cuando me pongo a recordar se cumple ese miedo original mio, me doy cuenta que en algún momento debí quedarme dormido y de pronto al despertar todo a cambiado. Y eso me hace pensar que lo que soy en el presente, lo que siento, lo que tengo, a quién tengo, quién creo ser hoy día... podría esfumarse en cualquier momento sin apenas darme cuenta... Y me da miedo. Y ese miedo se manifiesta en ese sentimiento nostálgico y de tristeza...

Además tengo la sensación de que con los años he ido ganando en confusión. Creo, por ejemplo, que con 20 años lo tenía todo bastante más claro, creo que sabía mejor lo que quería para mi vida e incluso se podría decir que tenía una mayor autoconfianza. Vale que tal vez mis objetivos y responsabilidades eran sensiblemente menos amplios, pero no sé si esto vale como escusa…

En fin, sé que ahora tocaría darle una conclusión o una moraleja a todo este planteamiento; pero no la tengo… Que queréis, mi cabeza está llena de pensamientos inútiles y ridículos sin coherencia alguna... Y este es uno de ellos.

jueves, 29 de noviembre de 2012

En el Súper

A eso de las seis de la tarde recibí instrucciones claras vía Whatsapp de lo que debía hacer al salir del trabajo...

Lunar: Nene, cuando salgas pásate a comprar agua.

Así que dicho y hecho, nada más plegar pasé por el Mercadona a comprar agua… Bueno, dos garrafas de Fontvella de ocho litros, seis latas de Redbull, una bolsa de Lays al punto de sal y otra de Ruffles onduladas jamón jamón, un fuet Casa Tarradellas y un paquete de pilas alcalinas Energizer ultra plus...

Y es que la tarea en cuestión parecía fácil, pero me temo que soy una víctima fácil para el neuromarketing

Pero lo peor aún estaba por llegar. Haciendo cola en la caja para pagar, una anciana superdelgada y de aproximadamente metro treinta empezó a hablarme como si me conociera de toda la vida.

Primero me cogió del brazo y luego me dio varios golpecitos en la barriga mientras me recordaba lo cara que está la vida.

En poco más de tres minutos pasé del flipe absoluto a ponerme completamente de los nervios, ya que ésta no paraba de hablar y de hablar y de zarandearme cada vez con más fuerza.

Además, aun habiendo llegado a la cola después de mí, se me coló vilmente a la hora de pagar, eso sí, dándome las gracias por ser tan 'apañao'.

Y claro, a todo esto yo sólo asentía y respondía con monosílabos, no fuera a darle más coba a la anciana y acabara viniéndose a merendar conmigo a casa... No por nada, pero es que mi Lunar es muy celosa...

lunes, 26 de noviembre de 2012

Elecciones y elecciones

Esta noche Lunar y yo hemos vuelto tarde a casa después de cenar en casa de la madre de ésta. Nada más llegar, Lunar se ha ido casi directa a la cama. Yo, en cambio, me he sentado en el sofá a ver un rato la tele. Al final me he cansado tanto de ver el circo en el que han convertido lo que algún día alguien llamó 'la gran fiesta de la democracia', que he acabado por simplemente mirar la tele sin apenas escucharla.

Y me refiero a las elecciones (en este caso las catalanas) y a todas las declaraciones posteriores de nuestros supuestos líderes… Esas en las que ninguno de ellos parece haber perdido... Y es curioso, pues he caído en la cuenta de que tienen razón, al menos en eso no mienten... Ellos siempre ganan, claro que ganan, puesto que los que perdemos siempre somos nosotros, los ciudadanos de a pie...

Finalmente me ha ido venciendo paulatinamente cada vez más la falta de interés, tanto, que he optado por hacer zapping y más tarde he acabado hasta por apagar la tele. Luego, he entrado en el facebook y me he puesto a chafardear unas fotos de paisajes que un viejo compañero de la universidad acababa de publicar. Eran fotos de Bali.

He recordado que me dijeron que éste se había cogido un año sabático para viajar, pero de aquello hará ya más de dos años y ya veis, por lo que se ve le ha cogido el gustillo y aún no ha vuelto. Me pregunto cómo se lo montará económicamente hablando, pero el caso es que mirando sus fotos me ha invadido una envidia difícil de explicar. Me han entrado ganas de mandarlo todo a tomar por culo e irme bien lejos.

Lejos de todo. Bien lejos. Empezar de cero. Una nueva ciudad, un nuevo país, una nueva vida… Aunque sé que sería incapaz, supongo que es por mi afán de querer tener siempre los pies en el suelo. Creo que en este aspecto nunca he sido lo suficientemente valiente. Ya desaproveché en su día la oportunidad de irme de Erasmus. También rechacé hace ya varios años una irrechazable oferta laboral en Abu Dhabi.

Como veis, yo de momento no me atrevo a romper con todo, pero cada vez con más frecuencia veo como gente de mi generación sí lo hace. Cansados de un estado que se desquebraja por los cuatros costados, de unos gobernantes que lejos de preocuparse por solucionar los problemas más básicos y urgentes se ocupan en crear cortinas de humo en las que confundirnos y dividirnos, cansados de una sociedad combativa pero incapaz de destruir unas estructuras que ella misma se ha autoimpuesto...

Y así resulta que uno deja el trabajo y se va a conocer mundo y a intentar subsistir alejándose del consumismo, sin móvil, sin televisor... Otro lo vende todo y monta un bar en México. Otro se va de voluntario a África. Otros tantos deciden buscar trabajo en Alemania... Y estos son sólo casos que yo conozco, pero habrá tantos y tantos...

En realidad son múltiples las opciones, las alternativas, las posibles elecciones que tenemos para alejarnos de toda esta mierda y tratar de ser más felices en otra parte, de otra manera…

Supongo que sólo hay que saber echarle huevos…

domingo, 18 de noviembre de 2012

Mi padre y yo

Por muy sinceros o extrovertidos que seamos, siempre hay algo que nos cuesta expresar, reconocer, contar e incluso escribir. Sin ir más lejos, la semana pasada escribí aquí en mi blog acerca de mi psicólogo, supongo que no me atreví a añadir un pensamiento que me ronda la cabeza casi desde que le conocí: que sus hijos tienen suerte de tener un padre como él.

En fin, no quiero ser injusto para con mi padre, sé que él siempre ha tratado de ser, tanto para mi hermana como para mí, el mejor padre que ha sabido o podido, pero supongo que siempre se vio condicionado por las circunstancias de su trabajo y de su propia personalidad.

Mi padre lleva unos cuatro años prejubilado por problemas de espalda, pero durante su vida laboral ejerció de camionero. Y no precisamente un camionero de distancias cortas. Viajaba constantemente a Francia, Italia, Alemania, Europa del este, etc. Y no sabría decir la de veces que habrá cruzado el Eurotúnel. El caso es que pasaba largos periodos de tiempo sin pasar por casa, no era nada raro que estuviera de ruta 15 o 20 días seguidos, y cuando pasaba por casa apenas dormía un par de noches seguidas con nosotros antes de partir de nuevo.

Esto, sumado a su carácter, llamémosle frío, hace que siempre haya sentido la figura de mi padre más distante de lo que siempre haya deseado. Y no me refiero a que no le haya sentido involucrado en su labor como padre, todo lo contrario, las mejores lecciones de la vida me las ha dado él, siempre ha estado y está dispuesto a dar un consejo, su opinión, etc,... simplemente me refiero a que nuestra relación estaría más cercana a la de profesor-alumno que a la de dos amigos.

Supongo que siempre he echado en falta sentir una mayor afinidad con él, sentirle más cercano. Digamos que no ha sido el tipo de padre que juega contigo en el parque, ni el que te enseña a ir en bici o a nadar, de esas cosas se encargó siempre mi padrino que por desgracia murió hace ya bastantes años. Mi padre es más el tipo de padre que te exige buenas notas, que te pide un poco más de esfuerzo en tus actividades extraescolares, que te pide una y otra vez que te superes...

Creo que él siempre ha esperado y sigue esperando aún a día de hoy mucho de mí, y en cierto modo supongo que es de agradecer ya que me ha hecho dar siempre lo máximo y conseguir muchas cosas positivas, pero por otro lado creo que esta actitud siempre me ha creado cierta sensación de frustración por sentir que para él nada era ni es suficiente, como si nunca fuera lo suficientemente bueno bajo su criterio.

En fin, no seré yo quien se ponga a dar clases paternofiliales, ni tan siquiera sé si algún día me sentiré preparado o tendré el valor de ser padre. Además supongo que, como en toda relación, el resultado global de ésta no deja de ser cosa de ambos, seguramente yo también haya cometido mis fallos, quizá no haya sabido transmitirle lo que realmente necesitaba, tal vez yo haya construido un muro entre nosotros que nunca le he permitido traspasar, puede que por cabezonería, por rebeldía o por vete a saber qué...

Pero, insisto, no pretendo ser injusto con mi padre, me siento mal sintiendo estas sensaciones hacía él. Me da rabia tener estos pensamientos acerca de una persona que me ha dado tanto. Que ha dado sudor y lágrimas para sacarme adelante desde niño. Alguien que fue, es y será siempre una de las personas más importantes de mi vida. Porque a pesar de todo le quiero con locura y sé que él a mí también (aunque no sepa demostrármelo con actos cariñosos tales como besos, abrazos o palabras bonitas).

Pero el caso es que todo esto está ahí, irremediablemente en mi subconsciente; aunque me cueste horrores reconocerlo. Sé que puede sonar absurdo, pero incluso se me hace difícil escribirlo, casi tanto como se me hizo explicárselo a mi psicólogo, la primera persona a la que le he contado todo esto sin tapujos, sin adornos ni maquillajes que hagan parecer todo esto una simple anécdota a la que no le doy apenas importancia.

Pero se la doy, aunque luche contra ello, se la doy. Y es algo que me hace sentirme mal conmigo mismo.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Mi psicólogo

Hoy pretendía escribir algo relacionado con la huelga general, a la que por cierto yo me adherido; pero es ponerme a pensar en huelga, crisis y demás, y me deprimo. Así que, hablando de depresiones, mejor escribo algo que tenía pendiente desde hace algún tiempo: mi experiencia con el psicólogo.

A día de hoy puedo decir que, después de más de dos meses visitando a mi psicólogo y con unas diez sesiones de terapia, el balance está siendo bastante positivo. Aunque para ser sinceros, he de decir que mi primera impresión fue un tanto decepcionante.

Recuerdo que cuando llegué a la consulta y me encontré a un señor que sobrepasaba de largo los cincuenta, medio calvo y en general con un aspecto que en un principio me recordó bastante a Ferrán Adriá, me sentí un tanto decepcionado. No me veía yo explicándole mis cosas a un tipo que se me antojaba diametralmente opuesto a mí en todos los aspectos. Supuse que jamás podría llegar a entenderme.

La verdad es que, dejando a un lado a mis amigos íntimos, en general siempre me he encontrado más a gusto desahogando mis penas con chicas. No sé, me da la sensación de que una chica siempre está más dispuesta a escuchar, incluso me atrevería a decir que también más predispuesta a ayudar.

La mayoría de chicos me transmiten, y no me preguntéis por qué, sensación de incomodidad cuando les explicas según qué cosas, además un chico casi siempre te suelta la frase ‘si necesitas algo no dudes en pedírmelo’. A mí esta frase siempre me suena a ‘mucha suerte con todo pero a mí déjame tranquilo’… Porque, señores, la ayuda no se pide, se ofrece.

Y es ahí donde radica a mi parecer la gran diferencia, una chica es capaz de dar el paso y proponerse el ayudar a alguien sin que nadie se lo pida. Y eso resulta reconfortante, es como quitarse un peso de encima, pues creo que a todos nos cuesta pedir e incluso a veces admitir que necesitamos ayuda, así que claro, cuando llega alguien y se ofrece, solamente con ese gesto, ya te está ayudando de por sí, dándote su apoyo, haciéndote sentir en cierto modo arropado y comprendido.

En fin, me desvío del tema, el caso es que mi psicólogo, con el tiempo me ha sorprendido gratamente. No sé si será por su personalidad, por vocación o simplemente por interés económico, pero el caso es que noto una implicación total por su parte. Domina perfectamente los tiempos, sabe cuando escuchar, cuando hablar, cuando introducir un ejemplo totalmente aclaratorio, cuando aliviar tensión con una historia divertida, cuando utilizar una fábula con moraleja e incluso sabe cuando necesito que me den caña o bien cuando me viene bien una sesión un tanto relajada.

Lo cierto es que aún a día de hoy me sorprendo. A veces me pregunto si mantendrá con todos sus pacientes el tipo de conversaciones tan cercanas que mantiene conmigo, si con todos alcanzará ese nivel de complicidad, si como conmigo habrá mantenido prácticamente discusiones en plena terapia, o si se habrá reído con otros pacientes a carcajadas casi llegando a llorar de la risa, me pregunto si acaso seré yo un paciente un tanto especial…

En fin supongo que lo lógico sería pensar que no lo soy, que al fin y al cabo es su trabajo, y que este pensamiento no es más que una demostración más de mis tendencias claramente ególatras; pero no puedo evitarlo...

Y ahora sí, después de este momento ‘mirad todos mi ombligo’, me despido por hoy, que aquí el menda lerenda se va a la mani.

martes, 13 de noviembre de 2012

Taras

Conforme vamos creciendo, nuestro cuerpo va desarrollando y adquiriendo taras. Bien por el paso del tiempo o bien por cosa del destino,... a veces incluso por una mezcla de ambas cosas.

El caso es que unos se quedan calvos, otros se vuelven canosos, o canosas, y también están las patas de gallo, la celulitis,... por no hablar de la barriga cervecera o de las tetas caídas... Si hasta hay quien desarrolla una extraña habilidad para realizar certeras previsiones meteorológicas basándose en una estricta observación e interpretación de sus propios dolores óseos y/o musculares.

En fin, supongo que con nuestra mente pasa algo muy parecido. Fobias, tics, manías, obsesiones, depresiones, insomnio, ansiedad, abatimiento... Taras y más taras que hacen de nosotros alguien muy diferente de aquel que fuimos algún día hace ya demasiado tiempo.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Un día perfecto

Se despertó bien temprano. Se desperezó y se levantó. Se tomó un café corto de leche, se comió un donut y una manzana. Se vistió, se puso su mono de dos piezas, sus zapatillas, sus guantes y su casco. Todo nuevo, como su moto. Se subió a ella, arrancó y salió sin un rumbo del todo fijo.

Era domingo. No hacía un sol radiante, no era verano, ni primavera. Pero la temperatura era ideal. Corría una suave brisa, acrecentada a ratos por la velocidad, y un agradable olor a hierba mojada se le colaba de tanto en tanto por las ventilaciones del casco.

Disfrutó de cada árbol, de cada puente, de cada curva, del asfalto. Se sentía bien avanzando a la velocidad que le pedía el cuerpo, a la que le permitía la carretera. No había ningún problema que le diera dolores de cabeza, no había preocupaciones, ni remordimientos, ni recuerdos, ni obligaciones. Nada. Se sentía libre mientras pilotaba hacía ninguna parte.

Y a la llegada su chica le esperaba para comer fuera y aprovechar la larga tarde que el domingo aún les regalaba antes de llegar al odiado lunes... La vuelta a la realidad. Una realidad que ahora le parecía un poco más amable, menos trágica. Sobrellevable...

Aquel fue un día perfecto.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Hoy no quería dejar de felicitarte

Hoy será un día largo.
Hoy será un día amargo.
Hoy me será complicado conciliar el sueño.
Hoy me será difícil no llorar.

Hoy volveré a visualizarnos jugando de niños en el parque de casa de los abuelos.
Hoy soñaré que tus hijos juegan con los míos mientras tú y yo nos tomamos unas cervezas.
Hoy sentiré otra vez ese vacío que nunca podré llenar.

Hoy recordaré cuando juntábamos nuestra paga para poder comprarnos el Playboy.
Hoy recordaré cuando le pinchaste la rueda de la bici al rubio del quinto mientras yo le daba conversación.
Hoy recordaré las cuarenta mil horas jugando con tu Super Nintendo.
Hoy recordaré lo que llegaste a enfadarte cuando la chica de nuestros sueños me eligió a mí.
Hoy recordaré toda la envidia que me dio cuando tus padres te compraron tu primera moto.

Hoy te recordaré gritando en el Camp Nou.
Hoy te recordaré borracho como una cuba en la boda de la prima de Valencia.
Hoy te recordaré feliz.
Hoy te recordaré triste.
Decepcionado.
Ilusionado.
Cabreado.
Enamorado.

Hoy escucharé nuestro mítico 'Informer'.
Hoy observaré el centro de mesa que nos regalasteis tú y tu chica, a Lunar y a mí, para inaugurar nuestro nuevo hogar.
Hoy me acordaré de tu novia.
Hoy maldeciré de nuevo aquella curva.
Hoy retumbarán en mis oídos todos tus proyectos de futuro.
Tu tienda que ya nunca abrirás.
Tus planes de boda.
Todos tus sueños.

Hoy releeré por enésima vez nuestra última conversación de whatsapp que aún no he tenido fuerzas para borrar.
Hoy lamentaré haber dicho tantas veces aquello de ‘ya lo haremos’.
Hoy echaré en falta no poder llamarte, como cada año, y restregarte que durante más de un mes serás un año más viejo que yo.

Hoy me será imposible no volver a echarte de menos.
Hoy no quería empezar el nuevo día sin felicitarte...

Feliz cumpleaños.

martes, 6 de noviembre de 2012

Perfectos

Qué insensible es la gente perfecta. Tienden a pensar que lo que es fácil para ellos es fácil para todo el mundo...

'No le des vueltas a la cabeza, piensa en positivo, quítale importancia a los detalles, no te preocupes por todo lo que te rodea, tomate la vida con filosofía…'

A ver, señores perfectos, es como si yo pensara que lo que es fácil para mí lo es también para el resto de la humanidad. ¿Acaso sois vosotros capaces de generar ciento cincuenta mil hipótesis a una misma incerteza en cuestión de segundos, acaso podéis sentiros tristes sin un motivo aparente, acaso tenéis una capacidad innata para que se os suba la confusión a la cabeza...?

Pues eso, que bajo mi punto de vista vosotros seríais los raros; pero bueno, creo que no os he hablado de otra extraña habilidad mía, creo que la desconocéis: llamémosla tolerancia, comprensión, o consideración… En definitiva, hablo de ese ser capaz de hacer el esfuerzo de tratar de entender las circunstancias o particularidades de las personas que nos rodean... Simplemente aceptarlas y, claro, respetarlas.

Pero olvidadlo, no perdáis ni un segundo en tratar de comprenderlo, seguiré siendo yo el raro. Hace tiempo que dejó de importarme.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Tarde de cine

Esta tarde ha tocado cine. Vi un tráiler de ‘Lo imposible’, me emocioné, enganché a Lunar del brazo y me la llevé a regañadientes al cine más cercano, mientras ésta me hablaba de unas críticas un tanto desesperanzadoras...

Pero yo quería verla y punto. Lo que nunca llegué a pensar es que tanta desgracia no me dejaría ni bajar las palomitas. Vale, las hay peores, de esas que te dejan el estómago del revés con litros y litros de sangre y violencia gratuita, pero la verdad es que con ‘Lo imposible’ no me lo esperaba. Tanta angustia, tanta intensidad, tanta odisea física y emocional... Vamos, que no recuerdo ahora mismo otra película en la que me duraran tanto las palomitas.

Aún y así, a mi parecer, en general estamos ante una película bastante buena. Un apartado técnico espectacular, unas actuaciones brillantes y en definitiva una puesta en escena impecable… Sé que su manera de retratar una catástrofe de tal magnitud en claves de melodrama puede ser cuando menos cuestionable… Pero creo que para disfrutarla no nos debemos olvidar de que estamos viendo una película y no un documental…

Si alguien quiere saber más, ya sabe: ¡al cine!

He dicho.

martes, 30 de octubre de 2012

Parón

Hoy me apetece recordar... Ni mucho menos con nostalgia, más bien con alegría y orgullo de haber vivido lo que he vivido...

Me he sentido amado y despechado. He amado hasta decir basta. Me he acostado con mujeres que dormían con otros. He hecho el ridículo una vez tras otra. He lidiado con el fracaso. He probado las mieles de la victoria. He sido admirado por hombres que parecían odiarme. He intentado aprender de mis propios errores, para luego volver a cagarla. Me he lamentado una y mil veces. He ayudado hasta donde me han dejado. He hecho muchas cosas malas, pero no me arrepiento de ninguna. He fantaseado ser quien no era y he sido quien nunca había querido ser. Me he levantado tras cada tropiezo, aunque cada vez más maltrecho. Y he creído madurar en cada cumpleaños.

Y ahora me encuentro en un momento de parón. Es otoño, llegan los primero resfriados y mi paisaje está gris y nublado. Aún así, a la gente que quiero la tengo a mi lado, y eso no tiene precio.

Ando en una fase de impasse, de esas de parar e intentar recordar quien era(soy), de tratar de reunir todas las piezas de mi pasado, de recomponerme, de cruzar los dedos y de pedir algo mejor... ¿Pedir a quién? A mi mismo...

Horas bajas; futuros en positivo

domingo, 28 de octubre de 2012

Normal

Cuando alguien te pregunta si alguna vez en tu vida has tenido dudas sobre tu propia sexualidad tienes dos opciones: decirle que siempre has tenido clarísima tu tendencia sexual y que jamás has dudado ni un solo segundo de si te podrías llegar a sentir atraído por una persona de tu mismo sexo, o bien puedes decirle la verdad.

Sé que algunos trataréis de esconderlo, pero estoy seguro de que todos hemos tenido nuestras dudas puntuales (unos en un grado más alto que otros) en algún momento de nuestra vida, sobre todo durante la pubertad. Supongo que cada uno de nosotros despejó sus dudas a su manera. Algunos simplemente dejaron que el tiempo les pusiera las ideas en orden. Pero otros (los más ansiosos) no pudimos contenernos y utilizamos otros métodos para aclararnos. Yo no revelaré aquí el mío, ese no es el tema a tratar.

De lo que quiero hablaros es de cómo algunos no supieron afrontar esas dudas. De cómo cuando las dudas se confirmaron decidieron hacer caso omiso. De cómo el tiempo, como lo hacen siempre las mentiras, no hizo más que crear una enorme bola de nieve. Y de cómo rodando en esa bola y sin querer abrir los ojos es imposible ser feliz.

Y de cómo con todo esto, se puede dar el caso (como le ha sucedido a un conocido mío) de plantarse casi con 35 años, con novia y con planes de boda, y de repente, por esto o por aquello, porque por mucho que luchemos la verdad siempre acaba saliendo a la luz y porque los sentimientos no se pueden esconder eternamente, resulta que por fin consigues reunir el valor suficiente para romper con todo y empezar a querer ver lo que todos vieron desde hace muchísimo tiempo menos tú. Menos tú y tu chica, claro, que este es otro tema… Supongo que el amor es capaz de volvernos a todos ciegos…

Al chico en cuestión podríamos llamarle reprimido, cobarde, incluso cruel por haber ‘engañado’ a alguien que estaba loca por él. Yo creo que simplemente se trata de miedo. Miedo a sentirse 'diferente'. Miedo a una sociedad en la que, aunque parezca mentira a estas alturas, muchos temen sentirse rechazados por no entrar en los cánones de los que algunos anormales consideran 'normal'.

Normal… Sinceramente, ahora mismo no se me ocurre una palabra más estúpida…

lunes, 22 de octubre de 2012

Te escribo esto para no olvidarme

Te escribo esto desde tu pasado. Te escribo esto desde tu antiguo sofá, tecleando en tu antiguo portátil, en tu viejo piso de alquiler donde quizá ya no vivas. Te escribo esto desde el año 2012, un año que empezó arrojándome a cambios a una velocidad endiablada, tanto, que acabé por estrellarme. ¿Te acuerdas?

Te escribo todo esto entre mis propias cenizas para animarme(nos) a luchar para resurgir de ellas cual ave fénix. Sé que no te puedo hacer responsable de las palabras que otro escribió por ti, aunque seas tú mismo (tu yo del pasado); pero espero que lo hayas conseguido. O al menos que no hayas dejado de intentarlo.

Per aspera ad astra, ¿no me digas que lo habías olvidado?

domingo, 21 de octubre de 2012

De padres y niñas

Mi amigo Sensato y yo tenemos muchas cosas en común. Los dos tenemos 30 años, los dos fuimos al mismo colegio, a la misma universidad y nos estrenamos a los 18; ambos tenemos pareja, vivimos con ella y además lo hacemos en la misma ciudad; y los dos tenemos un buen trabajo y encima podemos presumir de cobrar algo más que los denominados 'mileuristas' (lo cual, en los tiempos que corren, es mucho decir). Pero Sensato lleva casado más de un año, en un par de meses será padre de una niña y yo no.

Dicho esto, resulta que este viernes por la tarde fui con él al Media Markt y durante el trayecto tuvimos una curiosa conversación. A mí me dio por preguntarle si se sentía preparado para ser padre y él, sin dudarlo, me dijo que sí. Lo más desconcertante fue cuando añadió que sentía como si hubiera estado toda la vida preparándose para ello...

Detalles que fue aprendiendo con sus padres, comentarios de gente de su alrededor, vivencias, anécdotas, cosas que vio en televisión, que leyó, que intuyó… De repente, dice, es como si durante toda su vida, sin tan siquiera ser consciente, hubiera estado asentando ideas, asimilando conceptos y creando las bases para estar preparado para cuando llegara el momento de ser padre. El colmo vino cuando me dijo que Activa (su mujer) siente lo mismo...

Vale, Sensato siempre ha sido muy reflexivo y juicioso para todo, una cavilación como esta no me sorprende lo más mínimo viniendo de él… ¡Pero Activa! Tan voluble, tan impetuosa como es ella, a ratos hasta un tanto alocada... No sé, me impacta que alguien como ella haya llegado también a esa conclusión. Aunque también cabe la posibilidad de que le haya seguido la corriente a Sensato para no entrar en un debate sin salida de esos en los que te mete Sensato cuando le llevas la contraría... No sería la primera vez…

Pero en fin, esto me ha hecho pensar si no estaré yo 'formándome' sin notarlo para la tarea de ser padre, si estaré siendo un buen alumno, o si me estaré saltando todas las clases sin saberlo… Ya que, al menos a día de hoy, no creo sentirme ni medianamente preparado para ser padre, y mira que siempre he sido del pensamiento de que algún día me gustaría tener hijos, pero lo sigo viendo como algo lejano, como algo que aún no me ocupa.

Pero, claro, ahora resulta que debería estar atento a las 'lecciones paternales' que me está dando sutilmente la vida... Y aquí estoy yo, rozando el analfabetismo en cuanto a la materia se refiere... ¡Si ni tan siquiera me vi preparado para tener un perro cuando Lunar me lo propuso!

Además, por si fuera poco, la propia Lunar se ha encargado de añadirle más confusión al asunto. Cuando comenté el tema con ella, me soltó: 'Y tú pensando en comprarte una moto, ¿desde cuándo va un padre de familia en moto?'

Porque sí, por mucho que le pese a Lunar (y a mi madre), he decidido comprarme una moto (mi afición frustrada). Así que aquí os presento a la que será en breve mi única 'niña', al menos por el momento…

BMW R1200R

Lo sé, mi vida es un sinsentido.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Don Alguien

Hay pensamientos que uno decide no expresar para que nadie le tome por loco. A veces, incluso hay ideas que uno se niega hasta a razonar consigo mismo para no sentirse un bicho raro. Y así, sin más, sin ser plenamente consciente, uno decide reprimir algo que le ronda en el subconsciente.

Una de las muchas cosas buenas que estoy aprendiendo en mis visitas al psicólogo es a sacar todo eso afuera... Suponiendo que esto sea algo positivo, claro...

No me preguntéis por qué, pero siempre he creído que llegaría a ser alguien importante. Ni tan siquiera sabría explicaros importante en qué, ni para quién, pero no sé, nunca me vi llevando una vida como la de otro cualquiera. Porque yo soy especial, y porque las personas especiales no podemos tener una vida corriente, porque alguien como yo no puede pasar por la vida de forma inadvertida y todo eso…

Pero ya veis, me acerco a mi 31 cumpleaños y todavía no he cambiado el mundo. Y no os engañaré, aún no he logrado aceptarlo. Y por si fuera poco, lo disimulo con la misma habilidad del que dice saber nadar pero se está ahogando. ¿Os imagináis algo más estúpido? Pues ese soy yo. ¿Quién necesita enemigos cuando te tienes a ti mismo?

En fin, es posible que jamás pueda entender la vida ni aceptar el papel que me ha tocado vivir en ella. Pero al menos puedo decir que estoy luchando por la heroicidad de intentar poner los pies en el suelo. Y si bien es verdad que jamás podré cambiar el mundo, al menos procuraré hacer del mío y el de los míos uno maravilloso...

¿Veis? El fracaso bien adornado también puede parecer un triunfo... Al fin y al cabo con algo tendré que hacer ver que me conformo...

En fin, para terminar pretendía añadir unas palabras para tratar de justificar todo este sinsentido que acabo de soltar, más que nada para que a partir de hoy no penséis que estoy completamente loco,… pero ya no me acuerdo de cómo empezaba lo que quería escribir.

Aunque supongo que, como todo lo demás, tampoco tiene demasiada importancia.

viernes, 12 de octubre de 2012

Segundas impresiones

Mañana hará siete meses desde que cambié de trabajo. Sin duda, más de medio año es tiempo suficiente para hacerme una idea clara acerca de las personas que me rodean día tras día en mi puesto de trabajo, es decir, mis compañeros.

A veces es fácil dejarse llevar por las primeras impresiones y pensar que en pocos días o semanas ya conoces a alguien lo suficiente. Muchas veces aciertas; otras, en cambio, te llevas grandes sorpresas y decepciones...

Como algunos ya sabéis, con La Compi sentí una afinidad especial casi desde el principio y pronto creé unos fuertes lazos de amistad con ella, mucho más allá de la típica amistad entre compañeros de trabajo. Algunos quisieron ver en todo aquello algo más que una simple amistad. E incluso ella decidió dejarse llevar por habladurías y malinterpretar palabras y gestos de mi parte. Tal vez su desconfianza fue lo que más me dolió...

Tras aclarar todo el asunto, nuestra relación, que hasta entonces se había basado en la confianza mutua, hasta el punto de contarnos pensamientos y sentimientos de los más íntimos, de pronto se volvió áspera y muy tensa. Yo no supe perdonarle que no dudara en sumar una preocupación más a la dura etapa personal y de salud que ella sabía de primera mano que yo estaba atravesando.

La sentí tan y tan lejos como amiga que decidí alejarme para tratar de estar más cerca. Y la cosa parece que funcionó. Poco a poco hemos conseguido volver a tener una relación bastante amistosa; aunque supongo que ya nada volverá a ser como antes.

Virus fue otra de las personas que me cautivó en mi primer mes de trabajo. Un tipo tímido, aparentemente amable y con un humor inteligente y mordaz. Con él, al menos, no me equivoqué a la hora de buscarle nombre para el blog. Virus le viene que ni pintado, pues he descubierto que es capaz de infectar todo aquello que le rodea.

Poco a poco fui viendo en él a ese tipo de persona reprimida que no es capaz de decir las cosas a la cara y va soltando dardos por la espalda, y si acaso alguna vez se atreve a decirte directamente lo que piensa lo hace camuflado tras una absurda broma.

Dicen que 'entre broma y broma la verdad asoma', pues él es un claro ejemplo de este dicho. Y a mí, particularmente, es una actitud que me pone enfermo, pues si quieres rebatir o pedir explicaciones siempre se escudan en que 'era una simple broma' dejándote a ti, encima, en mal lugar por 'tomártelo todo tan a pecho'.

Él fue uno de los que ayudó a provocar mi distanciamiento con La Compi. Seguramente nunca se lo perdone, pero no nos engañemos, ella fue la gran culpable. No se puede ser tan fácilmente manipulable; aunque bueno, que se puede esperar de alguien que resultó tener tan poca personalidad…

domingo, 7 de octubre de 2012

Frases lapidarias, ligues de una noche y nombres para toda una vida

Mi amigo Festivo posee una capacidad innata para proporcionarme conversaciones telefónicas imposibles de olvidar. Esos diálogos inverosímiles resueltos con frases creativas de una manera casual, por sorpresa…

La última ha sido esta misma tarde cuando me ha llamado para contarme con todo lujo de detalles su juerga de sábado noche con final en casa de una desconocida. ¿Quién no ha tenido alguna vez una de estas míticas charlas con un amigo o amiga?

Y con esta inesperada sentencia acabó Festivo nuestra conversación telefónica: '¡Si tengo que acabar con una mujer con hijos, al menos que tengan nombres normales!' 

Pero empecemos por el principio… Eran aproximadamente las cinco de la tarde y yo me había quedado dormido en el sofá viendo en la televisión una aburrida película de Ewan McGregor, cuando sonó mi móvil. Como ya sabéis, era Festivo.

Por cierto, es increíble lo que ha modificado mis hábitos de sueño una simple pastillita. He pasado en pocas semanas de no poder dormir más de 4 o 5 horas diarias, a ser capaz de levantarme a las 12 del mediodía y luego echar la siesta, como por ejemplo hoy... Pero en fin, que me desvío del tema de la llamada…

- Dime.
- ¿Estabas durmiendo?
- Eeehhh,... no, no... Estaba aquí,… viendo la tele…
- Ayer me follé a una de 50.
- ¿Kilos?
- Años.
- Ah…
- La conocí en la discoteca y acabé yéndome a su casa. Tío, unas curvas,... unos labios,… unas tetas operadas… Yo no le echaba más de 42.
- ¿Y qué tal?
- Increíble. Una diablesa. La mejor mamada de mi vida. Primero empezó despacito, lamiendo desde abajo hasta la punta, dándose ligeros golpes con ella en los pezones. Me chupó los huevos casi 10 minutos, como nunca me lo habían hecho antes. Y luego se dejó de delicadezas y se puso a chupármela metiéndosela hasta la campanilla. Y después follando… pufff… aún la tengo roja…
- Vale, vale, me hago una idea… ¿Y el resto qué tal?
- Encima es simpática. Está medio loca, es muy divertida.
- ¿Entonces volveréis a quedar?
- No lo sé. No hemos quedado en nada. Ella es divorciada, tiene 2 hijas y bueno... me saca veinte años. No sé... Tengo su teléfono, pero la verdad es que a ella tampoco la he visto muy por la labor de que nos volvamos a ver… Además, ¿sabes lo peor? Sus hijas se llaman Isolda y Muriel
- ¿Y qué?
- ¡¿Como que y qué?! ¡Pero por favor, ¿qué clase de nombres son esos?! ¡Si tengo que acabar con una mujer con hijos, al menos que tengan nombres normales!

domingo, 30 de septiembre de 2012

Siento todo esto

Perdona. Soy gilipollas. Siento haberme convertido en esto. Siento haber perturbado tu llanura emocional. Siento haber interrumpido tu respiración acompasada. Siento haberte despertado complicaciones innecesarias. Lo siento porque tú no tienes la culpa. Disculpa por arrastrarte al caos, al desorden emocional. Disculpa por hacer tuyos todos mis problemas.

Perdóname, no era mi intención hacerte sentir de esta manera.

Y lo siento. Sí, lo siento porque no puedo decirte ni cuando ni cómo acaba.

No lo sé.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Ganar y perder

Resulta que son demasiadas las expectativas por cumplir: las mías y las de los demás. Y no hay manera de cumplir con todas. No hay ni fuerzas, ni capacidad, ni tiempo. Y mucho más si tenemos en cuenta que algunas de ellas no son más que sueños. Sueños inalcanzables.

Supongo que en alguno de esos sueños debí de perderme…

Tengo hambre de éxito y no sé muy bien cómo saciarme. Delirios de grandeza que no me caben en la cabeza. Y ansias de alcanzar la felicidad absoluta, aunque no tenga muy claro lo que esto último significa. 

Me obsesionan los pequeños detalles. Tengo poca paciencia. Analizo cada conversación. Quisiera recordar cada anécdota. Me gustaría saber lo qué piensas. Quiero vestir bien. Hacerme notar. Pienso en el futuro todos los días. Recuerdo el pasado con excesiva frecuencia. Soy nostálgico, bipolar, extremista y poseo otras muchas habilidades.

Ambición, aspiraciones, perfección, competitividad, metas, exigencia, expectativas... Son términos que siempre he considerado positivos, sobre ellos he construido gran parte de mi vida. Pero ahora resulta que son un problema. Un defecto. Uno más que sumar a mi lista de múltiples defectos.

Resulta que a veces es necesario no esperar más cartas de agradecimiento, dar todas las medallas por recibidas y creer que como héroe ya has derrotado a tu archienemigo. Relajarte y no esperar nada más de la vida.

Saber ganar.

Incluso a veces, sólo a veces, parece que merece la pena sentir esa extraña sensación de satisfacción y tranquilidad del que sabe que todo está perdido, que ya no hay nada más que hacer, del que sabe que ya perdió la batalla.

Aceptar la derrota.

martes, 25 de septiembre de 2012

Ayuda profesional

A veces nos encontramos en nuestra vida con problemas que nos superan. Con situaciones que no podemos manejar. Con conflictos internos que no sabemos muy bien ni cómo ni por qué empezaron. A veces ni el apoyo de tu pareja, ni el de tus familiares, ni el de tus amigos es suficiente. Y además el paso del tiempo no hace más que empeorar las cosas. A veces nos sentimos inmersos en un pozo del que nos parece imposible salir. A veces sentimos un extraño vacio que creemos que nunca podremos llenar...

Entonces, no hay duda, necesitamos la ayuda de un profesional.

¡Ups! Me ha salido algo parecido a un anuncio. Si hay por aquí algún psicólogo interesado, se lo vendo, a ver si así recupero parte de mi inversión en el gremio... ;P

Y para acabar, una canción que ya es todo un clásico.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Aires renovados


Hoy me gustaría dar una inyección de aire fresco y renovado al blog. La fotografía escogida para el post pretende plasmar esa extraña sensación que se da cuando se entremezclan la belleza y el malestar. Un atardecer que amenaza tormenta, algo tan hermoso pero que pocas veces sabemos disfrutar…

Pensadlo con calma, casi todos le daríamos la espalda a esta imagen corriendo a ponernos a cubierto para no ser sorprendidos ante el más que probable chaparrón. Pocos permaneceríamos inmóviles, disfrutando de algo tan bello, sin que nos importara la alta posibilidad de empaparnos.

Las subidas y bajadas de esa montaña rusa que es nuestra vida, el estrés, los problemas... -como lo hacen los nubarrones con el atardecer- a menudo no nos dejan disfrutar de algo tan bonito como lo es el simple hecho de estar vivo. Por eso, desde este rinconcito, quisiera romper una lanza a favor de una visión optimista de la vida.

Porque hoy me siento positivo, brillante y con ganas de disfrutar hasta de las cosas más pequeñas y porque he entendido que, aunque ahora haya llegado una de esas bajadas de mi montaña rusa particular, no hay escusa para estar negativo, porque en mis manos está el hacer que esa bajada no sea nada más que para coger impulso y volver a subir aún con más fuerza.

Dicho esto y después de este 'momento paz' un poco 'flower-power' patrocinado por Orfidal, doy por reabierto el blog, no sin antes brindar con todos vosotros por esa montaña rusa, por las subidas, las bajadas, por una vida entera aceptada como tal, con cielos despejados y con la peor de las borrascas.

Brindemos, aunque por el momento, permitidme que lo haga con agua.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Vuelvo enseguida

Podría contaros mi visita de la semana pasada al médico de cabecera. O rajaros de la incompetencia de una seguridad social en la que la expresión ‘cita urgente’ se traduce en 'hora con el psicólogo para dentro de dos meses'. O explicaros cómo me he dejado aconsejar por tantas y tantas personas que me animaban a visitarme en un psicólogo privado. O deciros, por ejemplo, que tengo cita con él para este miércoles... Y, en definitiva, confirmaros que estoy oficialmente loco y en un futuro no muy lejano supongo que además también estaré arruinado.

Pero la verdad es que no me apetece extenderme demasiado. No quiero seguir escribiendo sobre este tema. No tengo ganas de seguir explicando todo lo que me está pasando. Lo pienso y me da rabia que en los últimos meses este blog se haya convertido en un ir y venir de negatividad y pesimismo. Supongo que el diagnóstico es que mi blog está
'enfermo', como yo.

Me gustaría tener ideas y pensamientos algo más positivos qué poder publicar. Ojalá las pastillas y el psicólogo me ayuden y pronto empiece a ver el mundo de otro color, pero por el momento no lo consigo. Y he pensado que tal vez esto sea más factible, quizás, si dejo de darle más vueltas de las necesarias a todo lo que me está cayendo encima.

Y ya que últimamente lo único que hago en el blog es eso: darle vueltas a lo mismo, revolcarme una vez tras otra sobre mi propio charco de mierda… He decidido que lo mejor será dejar de actualizar el blog durante una temporada y también apartarme en general del mundo de la blogsfera.

En definitiva, quiero dedicar las pocas energías que me quedan para lo más importante ahora mismo: mi salud. Al menos hasta que me encuentre un poco mejor. A ver si en un tiempo consigo reunir fuerzas y ánimos para poder contar algo bonito, para volver a tener ganas de interactuar con todos vosotros, para poder asomarme aquí de nuevo con una sonrisa...

Y quiero aprovechar para daros las gracias a todos los que me habéis mostrado vuestro apoyo y ofrecido vuestros consejos durante estos últimos meses para mí tan complicados.

Cuidaros. Vuelvo enseguida.

viernes, 31 de agosto de 2012

Miedo

Nunca había sentido miedo del verdadero, así que no sabía que era ni que se sentía. Lo cierto es que antes había tenido miedo muchas otras veces, muchísimas, pero nunca del verdadero. Supongo que estos miedos no hacían honor a su nombre.

Ahora ya sé lo que es. El miedo verdadero es cuando no sabes muy bien a qué le temes. El miedo verdadero es eterno mientras lo sientes. Nunca termina. Se te acelera el corazón. Sientes sus latidos en cada músculo de tu cuerpo, en cada articulación. Se te sale por la boca. Y tiemblas. Sudas. Lloras. No gritas, porque no puedes. Y respiras tan fuerte y tan desacompasado que no aciertas a coger aire. Te ahogas. Miras pero no ves. Oyes pero no escuchas. Da igual donde estés, te falta espacio. Las paredes te aprisionan. El techo está a punto de caerse. La vida se vuelve angustiosa.

Esto es miedo del verdadero. Ojalá no lo hubiera conocido nunca, pero lo he hecho. Hay quien lo llama crisis de ansiedad. Pero yo odio esta expresión. Me parece una forma elegante que tiene la gente de decir que ha sentido un miedo tan fuerte y tan intenso que le ha vencido. Un miedo del de verdad. Miedo a nada. A todo. ¿No es acaso lo mismo?

jueves, 23 de agosto de 2012

Sorpresa

Lunar volvió ayer tarde de sus vacaciones. Cuando llegué del trabajo me la encontré en casa. Fue una sorpresa, puesto que se suponía que volvía este sábado. ¡Y qué sorpresa!

Primero casi me da algo porque pensaba que alguien se me había colado en casa. Luego, al ver que era ella, joder, que alegría. Tan así por sorpresa. Tan guapa como siempre. Tan morena. Tan hiperactiva. Tan expresiva con las manos. Tan sonriente. Tan contenta. Tan besucona. Tan ella.

Me encanta cuando la veo en pleno esplendor. Me encanta oír su típica carcajada mientras me explica casi a gritos la anécdota número mil. Me encanta que se desnude mientras me escucha. Me encanta verla recolocar las cosas a su manera casi sin darse cuenta: esa figurita un centímetro más a la derecha, aquella silla un poquito más pegada a la pared… Y me encanta que vuelva a estar conmigo en casa.

La verdad es que se le nota que las vacaciones le han sentado bien, se le ve en la cara y en los ojos. Aunque dice que se ha engordado estos días, pero parece que no le disgusta del todo la idea, ya que cree que le han crecido las tetas. Yo, a decir verdad, la veo más o menos como cuando se fue; pero, vamos, en cualquier caso está genial.

Y ahora me sabe un poco mal que haya vuelto antes de tiempo de sus vacaciones, porque sé que en gran medida lo ha hecho para que yo no estuviera más tiempo solo. Y sé que manda huevos que venga ahora con este cuento, con lo pesado que me he puesto con el tema de que ella se fuera sin mí de vacaciones. Pero que le voy a hacer, yo soy así, y a veces ni yo mismo me entiendo. Así que qué puedo pedirles al resto… Pues supongo que nada...

Lo único que se me ha ocurrido para intentar compensar sus días perdidos de vacaciones es intentar cambiar ciertos detalles. Sé que la tengo un poco preocupada, más que de costumbre. Le he prometido que voy a cuidarme y a dejar que me cuiden (como dice ella), de hecho ya he empezado por tratar de ponerle remedio a mi insomnio. Algo es algo.

A ver si así consigo encontrarme, en general, un poco mejor y dejo de encerrarme tanto en mí mismo y en mis neuras y logro volver a pensar también en el resto, empezando por ella. Siento que últimamente no he estado lo suficiente por ella, menos de lo que debiera y de lo que en realidad quiero.

Lunar merece mucho más. Mucho más de lo que yo le estoy dando.

domingo, 19 de agosto de 2012

Mi domingo

Hoy me he despertado pasadas las 10 de la mañana. No sabría decir exactamente a qué hora me dormí ayer noche, sólo recuerdo que sobre las 2:45 miré la hora en mi móvil por última vez... He de decir que llevo dos noches tomando Dormidina, y la verdad es que parece que algo lo estoy notando. En fin, que puede que haya conseguido dormir cerca de siete horas, todo un récord. Además, el sueño ha sido profundo y reparador. No recuerdo haber soñado y eso me gusta.

Después de despertarme me he quedado un buen rato en la cama. Estaba relajado y no me apetecía levantarme, cosa rara en mí, puesto que normalmente no estoy nada cómodo dando vueltas en la cama. He estado escuchando Nacho Vegas en el móvil. La verdad es que no se me ocurre una música más depresiva que la suya, pero el caso es que la melodía lenta y su voz entrecortada a mí me relajan. Me ha hecho gracia recordar que Lunar le llama 'el de las canciones cortavenas'.

Ya eran
casi las 12 cuando me he levantado de la cama, y sin desayunar ni nada me he puesto a limpiar y ordenar un poco el piso, con la esperanza de que esto me ayudara a poner también en orden mis pensamientos. Pero lo único que he conseguido es plantarme a las 13:30 en ayunas, muerto de hambre y sin ganas de cocinar. Así que he llamado a mi madre y me he autoinvitado a comer en casa de mis padres.

Y
antes de las 14:30 ya estaba allí. Puede parecer absurdo, pero hoy he llegado a la conclusión de que casa de mis padres es uno de los lugares más seguros del mundo. Todo está siempre igual, nada cambia, nada parece afectarle. Creo que tiene tanto amor dentro, que se debe haber vuelto indestructible. Fuera puede haber terremotos, huracanes o la peor de las crisis; pero allí dentro huele a gazpacho en verano y a sopa recién hecha en invierno, suena fútbol los domingos por la tarde y noticias a las 15 y a las 21 en punto, y a veces, justo cuando más lo necesitas, te regalan los mejores consejos y los más exquisitos flanes de chocolate. Siempre caseros, por supuesto. Es mi escondite, mi refugio, ese lugar que sabes que siempre estará ahí esperándote pase lo que pase.

Pero si algo tienen los escondites es que no te puedes quedar allí para siempre. La vida es mucho más complicada que eso. Por lo que
pasadas las 19 he vuelto a casa. Tenía que poner una lavadora, prepararme la cena y el
tupper para mañana. Pero antes me he puesto a escribir algo en un diario que me regaló Lunar el día que se fue de vacaciones.

Ella, aunque desconoce la existencia de mi blog, sabe que me gusta escribir. Antes le escribía muy a menudo, y no sólo en cumpleaños o fechas así. Me gustaba dedicarle cosas de tanto en tanto y a ella le encantaba que lo hiciera. Hace tiempo que no lo hago y no es por nada en particular, simplemente no me sale. Al regalarme el diario me dijo que había pensado que me vendría bien escribir lo que me pasaba por la cabeza, que me ayudaría a exteriorizarlo. Tenía razón; aunque supongo que si supiera que escribo un blog se habría ahorrado el regalo.

Aunque, aún y teniendo aquí en mi blog un espacio donde escribir y desahogarme, la verdad es que le estoy dando un enorme uso al diario, más de lo que esperaba. He escrito en él decenas de fragmentos inconexos que conforman un fiel reflejo de la irrealidad en la que me muevo últimamente. Y es curioso, porque a diferencia de lo que hago aquí en el blog, no me ha dado por escribir sobre mis pensamientos o sobre mí. He escrito unos cuantos relatos, cuentos cortos, pequeñas fábulas, frases sueltas... Recuerdo que hace años escribía cosas de este tipo, pero había perdido el hábito y la verdad es que me está gustando volver a hacerlo.

Y bueno,
ya son casi las 21:30, este domingo tiene ya las horas contadas, se que estaréis pensando que se le puede sacar mucho más partido al hecho de
'estar de Rodríguez'. Qué sé yo...: fiestazo con amigos, juergas, borrachera… En fin, que casi todos mis amigos estén de vacaciones y por ahí desperdigados en diferentes destinos vacacionales tampoco ayuda… Pero vamos, que tampoco es lo que me apetece ahora mismo...

Y aunque pueda no parecerlo, os lo aseguro, para mí hoy ha sido un muy buen domingo... Y ahora un ratito de fútbol, ¿qué mejor forma de acabar un domingo? ;)

jueves, 16 de agosto de 2012

Lobotomía

Esta noche no he dormido nada, o eso creo...

Una de las cosas que tiene el insomnio es que a veces, cuando llevas varias horas dando vueltas en la cama, ya no sabes si estás dormido o despierto. Llega un punto en el que confundes los pensamientos con los sueños. Supongo que a ratos duermes, pero no del todo. Y creo que lo mismo sucede durante el día: que a ratos no estás del todo despierto.

Cómo ahora…

La cabeza me va a estallar. Me pesan los ojos. No pienso con claridad. Las palabras se me amontonan. Se me mezclan las ideas. Estoy irascible, sensible, ausente, hipnotizado. Y no me apetece hablar ni relacionarme con los pocos compañeros que, como yo, también trabajan en agosto. Me apetece estar sólo. Estoy en el trabajo, tengo mil cosas por hacer y no quiero hacer nada. Absolutamente nada. Sólo dormir. Ni tan siquiera soñar.

Quisiera cerrar los ojos y no ver nada. No escuchar nada ni a nadie. Ni a mi propio pensamiento. Oscuridad. Silencio. Shhhhhh… Una bendita lobotomía.

lunes, 13 de agosto de 2012

Distancia

Llamadas vacías. Mensajes insípidos. Me escuece el alma. Me pica. Me molesta. Y por qué no decirlo, me pesa mi conciencia y me duele mi orgullo. Demasiada tozudez. Me sobran obsesiones. Todas. Me pasa siempre que me siento frustrado. Me pregunto si debería sentirme así. Me pregunto si va a pasárseme.

Y tengo la sensación de que hay días que no volverán a repetirse nunca. Que ya pasaron. Y aunque seguramente esté dramatizando, esta noche, como en la película 'El diario de Noa', me imagino contándote nuestra propia historia de amor, pero tú ni tan siquiera me reconoces. Y todo esto porque me ha entrado un miedo intenso a que me sientas lejos (y no me refiero precisamente a la distancia en kilómetros que estos días nos separa).

Pero hoy por hoy siento que no puedo hacer nada. Cualquier movimiento por mi parte se me antoja contraproducente. Mal interpretable. Cosas de la distancia (esta vez sí la de los kilómetros). Creo que no puedo hacer otra cosa que esperar. Esperar a que vuelvas. De momento no me queda más remedio que cerrar los ojos de par en par y pasar una noche más en vela. A oscuras. Escuchando una vez tras otra la misma estúpida canción, mientras cada acorde enreda poco a poco un enorme y doloroso nudo en mi garganta. Y tú… tan lejos.

viernes, 10 de agosto de 2012

Frases de amor baratas

Lunar hace casi dos horas que se ha ido a la cama. Yo, por mi parte, estoy en estado casi catatónico. Eso sí, sin poder dormir. Me he pasado casi una hora en la terraza, pensando, mirando el cielo. Un cielo que está casi tan negro como mi interior.

Además, sé que
Lunar también está despierta, y sé que lo está pasando mal. Sé que le he hecho sentir como una egoísta, tal y como ella hizo conmigo. La verdad es que tengo que esforzarme para no correr y entrar en la habitación a hablar con ella. Si no fuera porque sé que acabaríamos discutiendo de nuevo os juro que lo haría.

Cuando era un niño creía que cuando conociera al amor de mi vida, de pronto, como por arte de magia, sería feliz por siempre jamás. Con los años he descubierto que esto no es del todo así. El amor a veces duele. Y duele mucho más que el odio. Es terriblemente contradictorio, pero es así.

Y sé que mañana haremos casi como si no hubiera pasado nada. Poco a poco nos hemos vuelto expertos en no hablar de lo que no hablamos. Y ella se irá el sábado de vacaciones a Almería con su madre. Y yo me quedaré aquí, escuchando el eco de los gritos que aún retumban entre estas cuatro paredes. Y el eco poco a poco se perderá y ya sólo quedará el silencio. Un silencio que acabará por comerme.

Porque ya sé que irse de vacaciones resulta mucho mejor plan que quedarse aquí conmigo, pero yo sólo quería que ella entendiera que tal vez yo la necesito a mi lado. Que no estoy del todo bien. Únicamente eso. Ya sólo me quedaría tirar de ‘las horas se hacen eternas sin ti’, ‘ojalá me dieras un pequeño lugar en tu mundo’ y otras frases de amor baratas. Pero no, eso sería chantaje emocional...

Y YO no haría eso.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Trabajar en agosto

Puede que posiblemente, quizás en ciertos detalles, igual a según qué horas, en raros instantes tal vez, se podría llegar a decir que trabajar en agosto no es del todo malo. De hecho podría ser que tuviera sus ventajas. Si me lo parara a pensar con detenimiento seguramente descubriría alguna. Es más, una vez ya así pensándolo creo que podría ser capaz de encontrarle varios aspectos positivos. Pero el caso es que ahora mismo no caigo. Bueno, en realidad he de reconocer que creo que no se los encontraré nunca. Vamos que para ser sinceros tengo que decir que trabajar en agosto me parece una completa basura. O sea que nada, olvidadlo. No he dicho nada.

lunes, 6 de agosto de 2012

Agua

Me estoy ahogando. Estoy atado de pies y manos, me he caído al agua e irremediablemente me estoy sumergiendo. No puedo mantenerme a flote. No sé cómo escapar. He intentado a conciencia romper las cuerdas que me sujetan, pero parecen apretarse aún con más fuerza. Me estoy quedando sin aire. Debo de estar a punto de perder el conocimiento. He probado a gritar, a patalear y hasta a llorar; pero el agua ahoga mis palabras y esconde mis lágrimas. Mi última medida de supervivencia ha sido cerrar los ojos con todas mis fuerzas para tratar de teletransportarme. Pero no ha funcionado y para colmo se me están acabando las ideas. Ya sólo me queda ponerme a tragar agua para acelerar lo inevitable.

Lo sé, lo sé… Sólo es un vaso de agua… Ya sé que me estoy ahogando en un vaso de agua; pero sería un detalle que me ayudarais a salir del agua en lugar de no parar de reprochármelo.

viernes, 3 de agosto de 2012

Carta de ajuste

Soy una carta de ajuste. Mi carácter actual se divide en franjas verticales multicolor. Gris, verde, negro, blanco… Cada color, un estado de ánimo. Y los experimento todos a la vez. Cansancio, ilusión, decepción, esperanza, rabia, indiferencia… No doy a basto.

Son tantas las sensaciones y tan diferentes, que no me aclaro. Es como cuando escuchas hablar en la radio a un grupo de instruidos tertulianos, donde todos defienden su punto de vista y lo argumentan de forma tan hábil, que parecen tener todos y cada uno de ellos la razón.

Y es por eso que mi mundo se ha vuelto raro. Me pitan los oídos. Ha vuelto el insomnio. Y pienso mucho. Demasiado. Eso sí, sin claridad. Llego a conclusiones distintas a cada momento. Algunas un tanto descabelladas.

Hace un rato se me ha ocurrido pensar, por ejemplo, que tal vez esté utilizando el insomnio para suicidarme lentamente. Y lo estoy haciendo de una forma tan sutil, que ni siquiera yo me estoy dando cuenta.

Llegados a este punto, algunos estaréis pensando que me he vuelto loco, y la verdad es que no puedo negar que yo también lo crea. Supongo que la falta de sueño me está desestructurando…

Pero a veces, paradójicamente, para intentar mantenernos cuerdos, hay que asumir que estamos completamente locos.

martes, 31 de julio de 2012

Nosotros

Mis ideas. Mis proyectos. Mis sueños. Mis problemas. Mis neuras. Mis miedos. Mis subidas y bajadas. Mis equivocaciones. Mi inconsciencia. Mi egoísmo. Mi mundo.

Yo, siempre yo. Y nunca tú.

Tu paciencia. Tu aguante. Tu tolerancia. Tu comprensión. Tu confianza. Tus consejos. Tu apoyo. Tu aliento. Tu bondad. Tu ternura. Tu amor.

Y yo a lo mío. Y tú, a la espera. Esperando por mí.

Háblame. Cuéntame. Dime cualquier cosa. Explícame lo que quieras. Susúrrame al oído. Grita. Hablemos de todo, menos de mí.

Prometo callarme. Escucharte. Además quiero hacerlo. Quiero aprender de ti. Aprender que no somos tú y yo, sino nosotros.

Lo siento. Mea culpa.

miércoles, 25 de julio de 2012

La belleza

Me preocupan un poco esos días en los que sólo le veo la parte negativa a las cosas. Son días grises, tristes, largos, cansinos, torpes. Días con un asqueroso sabor amargo.

No parece muy difícil comprender y asumir, por ejemplo, que no tendrás vacaciones en agosto si el motivo es que por esas fechas no llevarás ni seis meses en tu nuevo trabajo. Además sería de lógica estar contento si el hecho de trabajar en agosto implica que te renovarán el contrato otros seis meses más.

Pero, en esos días, por mucho que te repitas a ti mismo que la parte positiva está ahí y que indiscutiblemente debería eclipsar a todo lo malo, resulta que te sientes frustrado. Tu yo interno se resiste a conformarse. Unos dirán que es una actitud infantil, de niño malcriado. Otros que se trata de un inconformismo desmedido. Pesimismo. Victimismo. Yo prefiero no ir por la vida de Sigmund Freud y dejar a un lado el psicoanálisis…

En cualquier caso llega un día que por
'a' o por 'b' deja de ser uno de esos días grises y tristes. Amanece un día de los normales, en los que no hay destructivos pesimismos ni tampoco desmedidas euforias. Un día neutro. De esos en los que realmente piensas con claridad. Incluso en los que aciertas a escuchar a quien debes con la merecida atención...

Escuchar por ejemplo a tu padre. Que te dice que trates de mirar por un instante tu vida desde fuera, como si fuera la de cualquier desconocido. Sin condicionantes. Sin obcecaciones. De forma totalmente ecuánime e imparcial.

Y lo haces. Y entonces por fin logras apreciar el lado bueno. De repente la parte negativa te parece insignificante. Y te das cuenta de que le estabas buscando defectos a una modelo. Era de lógica que la hermosura debía ser lo que abundara. Y es que a veces la búsqueda de la belleza absoluta puede resultar insana. Y con la vida perfecta pasa lo mismo. A veces olvidamos que la vida es bella por sí misma.

Y una vez planteada la similitud de la vida con la belleza, he decidido que yo no quiero ser el hombre más guapo del mundo. Primero, porque cuando crees que estás a punto de lograrlo, va y te sale un grano en la frente.Y vaya faena, con el trabajo que cuesta no fijarse en estas cosas cuando te miras en el espejo...

De repente sólo ves ese grano. Exactamente igual que nos pasa a veces con esas imperfecciones de nuestra vida.

domingo, 22 de julio de 2012

Pasiones

Cuando hago deporte mi cabeza funciona más despacio. Me lo tomo tan en serio y tiendo a poner mi cuerpo tan al límite que supongo que a mi cabeza le cuesta asimilar cualquier otro pensamiento que no esté relacionado con el esfuerzo físico en cuestión.

Dicen mis padres que cuando era un niño el pediatra les aconsejó que me apuntaran a alguna disciplina deportiva, que me ayudaría a canalizar mi ligero problema de hiperactividad. Jugué a futbol, a tenis, un año de baloncesto, hice natación, mis pinitos con el waterpolo, practiqué algún tiempo karate hasta cinturón amarillo-naranja y recuerdo que un verano me dio por apuntarme a boxeo.

Muchos deportes, pero el que practiqué más regularmente fue el fútbol. Incluso me eligieron para hacer una prueba para el Barça cuando era cadete, pero luego en las pruebas no conseguí impresionar a nadie. Jugué en diversos equipos de mi ciudad casi hasta los 19, hasta que comprendí que ya nunca llegaría a ganarme la vida de esta manera. A día de hoy aún organizamos de tanto en tanto alguna pachanguita de fútbol sala entre amigos, pero los deportes que practico en la actualidad con más frecuencia son el fitness y el running, lo que en cristiano sería ir al gimnasio y salir a correr…

En definitiva, se podría decir que me apasiona el deporte en general. Y este fin de semana ha sido un placer compartir esta pasión con
Lunar. Hoy por fin hemos estrenado nuestras nuevas bicis. Hemos hecho una pequeña ruta de buena mañana y luego nos hemos metido una buena comilona de carne a la brasa para recuperarnos del esfuerzo...

La verdad es que a Lunar le falta coger algo de fondo (he tenido que ir esperándola de tanto en tanto);pero bueno, ya iremos rodando poco a poco. En general el resultado de la experiencia ha sido genial. Es increíble lo que he llegado a desconectar y a relajar mi mente. Y además, como decía, me ha encantado poder compartir algo tan mío con ella, en este caso el deporte.

Necesitaba poder hacer algo así junto a ella. Nada de cenas, ni copas, ni compras, ni tele, ni el ocio típico de casi siempre. Creo que hemos dado en el clavo.

viernes, 20 de julio de 2012

No pasa nada

Hace días que la cabeza me funciona muy deprisa. Tengo tantos impulsos en el cerebro que a mi cuerpo no le da tiempo ni de asimilar qué sensación debe sentir. He estado abatido, triste, enfadado, receloso, frágil, satisfecho y a ratos hasta extrañamente sonriente.

Muchas sensaciones. Poca coherencia. Demasiados pensamientos. Algunas anécdotas. Y varios acontecimientos. Lo más importante, tal vez, es que he dejado de esconder emociones que no me atrevía a expresar con palabras. He sido capaz de compartir con los míos miedos que hasta ahora pretendía que adivinaran a través de gestos o miradas. He abandonado la absurda idea de intentar maquillar para la galería aquellas cosas que me angustian

Porque me he dado cuenta que la vida no es eso. La vida es caer y levantarse. Y volverse a caer y volverse a levantar. Y así una y otra vez. Y si resulta que llega un momento en el que eres incapaz de levantarte por ti mismo, pues pides ayuda y punto. Y no pasa nada. Porque la vida es abrazar y que te abracen, ofrecer tu hombro y pedirlos prestados. Alegrarte y joderte. Reír y llorar. Sin contenerse. Porque no pasa nada.

miércoles, 18 de julio de 2012

Felicidad

Cualquier día de estos encontraré de nuevo la felicidad. Sólo la he extraviado. Quizá la encuentre en el cajón de los calcetines mientras rebusco en el fondo, quizá me tope con ella buscando sobras en la nevera o quizá aparezca cualquier mañana bajo mi almohada.

O quién sabe, tal vez ya no la recuperaré nunca, tal vez perdí mi oportunidad. Quizá la tiré sin darme cuenta a la basura o me la robaron mientras estaba tranquilamente en la ducha. Puede que mañana los telediarios anuncien: ‘Le felicidad de Jauroles se extinguió definitivamente ayer a las tres y cincuenta y siete de la madrugada’.

O quizá no. Quizá la felicidad nunca se fue y ha seguido estando siempre ahí, ante mis ojos, junto al mando del tdt; pero de repente, por esto, o por aquello, he dejado de reconocerla o de saber apreciarla.

Un día somos capaces de ser inmensamente felices con un bombón. Luego queremos la caja entera de bombones. Supongo que yo no me conformo con eso y lo que quiero es la fábrica de chocolate.

domingo, 15 de julio de 2012

Ininteligible

A veces me pregunto si realmente habrá alguien que me entienda. Se me antoja imposible (por mucho que algunos lo afirmen) puesto que últimamente ni yo mismo me entiendo. Supongo que debe ser cosa de mi subconsciente. Mi maldito subconsciente. Que en algún momento debió enredarse, enredándome por consiguiente a mí mismo, claro. Y he acabado por confundirme. De repente hay pensamientos que se suceden de forma absurda e inconexa. Conversaciones que se desarrollan en un idioma que no conozco. Y recuerdos que parecen pesar de pronto toneladas. Y sé que así no llegaré muy lejos. No puedo huir de tantas cosas a la vez.

jueves, 12 de julio de 2012

Salir corriendo

El martes salí tarde del trabajo, cerca de las ocho. Fue una jornada más larga de lo esperado. Cuando llegué a casa, Lunar no estaba. Entonces recordé que había quedado con su madre para ir a descambiar unos pantalones que se había comprado el sábado, lo cual quería decir que me tocaba cocinar.

Me sentía cansado, agotado, sin hambre y sin ningunas ganas de meterme en la cocina. Por lo que decidí meterme primero en la ducha a ver si me espabilaba. Mientras tanto dejé mi móvil cargando en la habitación. Cuando salí de la ducha tenía 26 whatsapps de 11 contactos diferentes y dos llamadas perdidas. Las llamadas eran de Lunar y uno de los whatsapps también era de ella. 'Estoy llegando, compro pan?', decía. No le respondí. Y el resto de whatsapps ni los leí.

Me agobié. Y no fue por tener que cocinar, ni por las llamadas, ni por los mensajes. No sé, era como si de repente el piso se me hubiese quedado pequeño y me estuviese ahogando, incluso me puse medio taquicárdico, nervioso, y aún no me explico muy bien el porqué. Aún y habiéndome acabado de duchar, me puse ropa de deporte y me fui a correr sin pararme a avisar a Lunar. Necesitaba salir de casa y no me apetecía dar explicaciones.

Estuve corriendo casi hora y media. Y al llegar a casa, cerca de las once, acabé discutiendo con Lunar. Decía que se había asustado al ver que no estaba en casa. Decía que está preocupada. Decía que me he vuelto inestable. Decía que últimamente estoy irritable. Decía que necesito dormir más horas. Decía que debería ir al médico. Decía y decía...

Decía demasiadas cosas. Y yo no tenía ganas de escuchar a nadie. E igual sigo.

lunes, 9 de julio de 2012

Celosos y sumisas

Casi desde el principio, mi relación con La Compi ha sido más cercana a la amistad que a la relación típica entre dos compañeros de trabajo. Se ha convertido para mí en algo así como una confesora, en un gran apoyo. Ha llegado un punto que le cuento cosas que no le cuento a casi nadie.

La verdad es que resulta gratificante poder contar con una persona con la que explayarte sin tapujos, una persona de confianza pero que en realidad se encuentra fuera de tu círculo íntimo de amistades y familiares, con toda la libertad y desinhibición que ello otorga. Supongo que debe ser una sensación similar a hablar con un psicólogo o, por ejemplo, escribir en un blog que sólo visitan desconocidos, sabes que nada de lo que digas llegará a oídos de tu entorno más cercano, que nada de lo que digas tendrá, digamos, efectos secundarios...

Sé que todo esto puede sonar un poco raro, pero últimamente me encuentro en un momento de mi vida y con un estado anímico en el que esta vía de escape me sienta fenomenal. Ella me está ayudando enormemente con mis neuras mentales y cada vez me da mejores consejos. Además ella dice lo mismo de mí. Y ya no sólo hablamos en la oficina, hace un tiempo que también estamos en contacto en nuestros momentos de ocio vía whatsapp.

Y aquí es donde quería llegar, este sábado le escribí como de costumbre, nada especial, una chorrada. La sorpresa fue cuando ella me respondió que ya hablaríamos el lunes, que había tenido movida con su novio, que le había dicho que no le gustaba que hablara conmigo.

Yo, por mis conversaciones con La Compi, ya sabía que su novio era bastante celoso, pero me parece un poco fuerte que llegue a prohibirle hablar con alguien. No sé si es algo que se supone que debe hacer todo hombre que se precie, intentar apartar a su fémina de otros machos. La verdad es que estoy sopesando la idea de obligar a Lunar a dar de baja su tarifa de datos para que no pueda tener la tentación de comunicarse con otros especímenes con pene…

Y, por qué no decirlo, no me esperaba que La Compi fuera tan fácilmente manipulable hasta el punto de dejar de hablar con alguien porque se lo ordenen. Sinceramente, no la tenía por una mujer sumisa.

miércoles, 4 de julio de 2012

Cosas que hago cuando debería estar durmiendo

Leer a Carlos Ruiz Zafón.
Ver capítulos de Dexter.
Escuchar una vez tras otra 'Boig per tú'.
Tararear a Sabina.
Elegir un título para el libro que nunca me atreveré a escribir.
Masturbarme. (Gracias Celia... ;P)
Comer pipas tijuana.
Devorar sobras de pizza.
Cortarme la uñas de los pies.
Comprar calzoncillos en ebay.
Descargarme aplicaciones chorras en mi smartphone.
Hablar vía whatsapp con mi amigo Festivo, otro noctámbulo.
Contar uno a uno los coches que pasan abajo, en la calle.
Perseguir a mis fantasmas.
Recordar lo que fue, lo que no fue, lo que se fue y a quien se fue.
Imaginar lo que pudo haber sido y lo que ya jamás será.
Pensar en cosas que no pueden ser, que no deberían ser y en otras que irremediablemente serán.
Discutir con mi yo del pasado.
Corromper a mi yo futuro.
Cansarme de mí mismo.
Observar la luna llena, transformarme en hombre-mono y actualizar mi blog con cualquier estúpida entrada.

lunes, 2 de julio de 2012

No me acuerdo

Recuerdo nuestro primer 2 de julio, hacía pocos días que la Selección Española había vuelto a ser eliminada en una fase final, esta vez del Mundial de Alemania. Muchas cosas han cambiado desde entonces, tal vez demasiadas. Iker Casillas tiene agujetas de levantar copas, y tú y yo nos hemos convertido en unos completos extraños.

Y recuerdo todos y cada uno de los siguientes 2 de julio que pasamos juntos. De hecho es una fecha que aún no he podido borrar de mi lista de días señalados, mi memoria no acierta a olvidarla.

Recuerdo un polvo, uno salvaje. Recuerdo un beso, uno dulce. Recuerdo el vestido de rayas azules y blancas. Recuerdo varios sms. Recuerdo una discusión, la definitiva. Y recuerdo una promesa, una muy especial. Pero del resto,… de todo lo demás,… ya no me acuerdo...


¿Te lo crees?

lunes, 25 de junio de 2012

Demasiado

Siento como si todo el mundo esperara demasiado de mí. Ideas, organización, energía, chispa. Todo. Y me agota, ha llegado un punto en el que me agota.

Este
San Juan ha dejado mucho que desear. Según dicen, en gran parte por culpa de mi desgana...

Habiendo acabado ya el partido de cuartos de España ni siquiera habíamos decidido aún a qué playa ir a celebrar la verbena. Y una vez en la playa, no hubo hoguera, ni petardos, ni demasiada bebida, ni la suficiente comida, ni la diversión y las ganas de otros años. Así que poco antes de las 4 de la mañana ya desfilábamos todos para nuestras respectivas casas.

Una pena, pues es una fiesta que me enamora; pero no puedo sostenerla yo sólo sobre mis hombros. Ya no puedo. Al menos este año no.

Y así sucede con todo. Y siempre. En celebraciones, en reuniones, y en cualquier faceta de mi día a día. Con mis amigos, con mi familia, con mi chica, incluso conmigo mismo. Todos esperamos demasiado de mí.

Al fin y al cabo la culpa seguramente sea mía, habré dejado el listón demasiado alto. Tanto, que ya no alcanzo ni a bajarlo.

viernes, 22 de junio de 2012

Insomnio

Cada día me cuesta más dormir. Ha llegado un punto en el que le temo al momento de meterme en la cama. Supongo que es lo que tiene el enfrentarse y perder tantas veces contra el insomnio, que acabas por cogerle miedo. Y por cansarte.

Te cansas de escuchar siempre el mismo silencio. De observar el mismo techo. De tener los mismos pensamientos. Las mismas conversaciones con uno mismo. Las mismas ganas de dejar la mente en blanco. Los mismos métodos para tratar de conciliar el sueño. El mismo cuidado para no despertar a tu compañera de sábanas. La misma absurda pregunta de si mirar el reloj justo a las 2:34 tendrá algún significado. O si lo tendrá el hacerlo a las 3:45. Y así cada noche.

Y lo peor es que acabas acostumbrándote a ello. Aprendes a vivir con un media de cuatro o cinco horas diarias de sueño y encima no dormidas precisamente del tirón. Te familiarizas con las ojeras, con el cansancio y con el agotamiento. Incluso te habitúas a ese pánico a meterse en la cama, al temido momento de irse a dormir.

Dicen que darse de morros una vez tras otra contra el mismo muro primero duele, pero más tarde acaba simplemente por molestar. Es cierto. Al fin y al cabo uno acaba por acostumbrarse a casi todo.

(Buenas noches y felices desvelos.)