lunes, 28 de noviembre de 2011

Asco

A veces me doy asco. Me doy asco cuando no sé ni lo que digo. Me doy asco cuando ni tan siquiera sé como he llegado a ciertas conclusiones. Me doy asco cuando me dejo llevar por la rabia. Cuando confundo mis obcecaciones y mis obsesiones con la realidad. Cuando hablo y hablo y hablo pero no consigo escuchar nada ni a nadie.

Me da asco mi forma de ser. Mi manía de creer que siempre tengo la razón. Siento asco cuando me doy cuenta de que me he vuelto a equivocar. Y que no he sabido darme cuenta antes de meter la pata por completo. Antes de mostrar lo peor de mí. Mi peor cara. Me da asco descubrir que no he sabido confiar. Que no he querido hacerlo. Que he decidido ser un desconfiado. Sospechar. Dudar. Me da asco mirarme al espejo y ver esa cara de imbécil una vez más.

Me dan asco mis ganas de que me perdones de inmediato. De que me comprendas sin condiciones. Me dan asco mis deseos de que me beses cuanto antes, de que me abraces, de que follemos. De que me creas cuando te digo que cambiaré. Que no volveré a comportarme así. Y me da asco no saber si yo mismo me lo creo. Me doy asco cuando escribo, cuando pienso, cuando hablo. Cuando pienso en lo que escribí, en lo que pensé, en lo que dije. En lo que te dije. Pero, sobre todo, me doy todo el asco del mundo cuando te veo llorar y sé que es por mí. Cuando sé que soy yo el culpable.

A veces pienso que debería coserme la boca con alambre; para asegurarme de no poder abrirla cuando me da por pensar cosas raras... Sé que me dolería, pero mucho menos que cuando provoco las lágrimas de los que quiero.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Vida feliz

La vida feliz. La vida lenta. La vida monótona. Sin altibajos. La vida que avanza poco a poco frente a mis ojos y no volverá a repetirse nunca. Nunca.

Recuerdo que me gustaba lo nuevo, probar, innovar. Me gustaban los principios, esa sensación novedosa. Las primera flores de primavera. Los primeros rayos de verano. Los primeros besos. Saltar al vacío…

¿Cuánto hace que no vuelo?

Aunque también sé que no me gustan los finales. La soledad a finales de diciembre. El insomnio a las cuatro de la mañana, solo…

Pero la vida pasa incesante ante mis ojos, como las páginas de un libro leído, disfrutado pero no vivido, y finalmente olvidado. Sensaciones incapaces de incrustarse en mi memoria como lo harían unas vivencias intensas. Y mueren en el olvido. Como lo que son: flores cortadas, los restos destruidos de un campo de batalla, un ligero bostezo antes de un largo letargo…

Mueren...

¿Y si soy yo quién muere?

¿Y si morimos?

martes, 22 de noviembre de 2011

Coartadas

Estos últimos días he pensado mucho en la propuesta que le hice a Lunar de irnos a vivir juntos y en todo el tema de su madre. Más de lo normal. Y es que últimamente me parece ver detalles e, incluso, oír comentarios que no me cuadran. Y digo 'me parece' porque seguramente sean todo películas mías. Historias, imaginaciones, elucubraciones, conjeturas, ¿corazonadas?... Qué se yo... Ideas y pensamientos de los míos: raros.

Los conceptos que me vienen a la cabeza, como decía, son un tanto abstractos, pero siempre se repite el mismo patrón...

Imaginad una caja llena de regalos para alguien muy especial. Uno es el tuyo. El destinatario coge uno al azar, lo abre, da las gracias, lo aparta a un lado y abre el siguiente. Así uno tras otro hasta llegar al tuyo. Entonces, lo abre, te da las gracias, lo aparta a un lado y sigue rebuscando en el montón de regalos. Justo como ha hecho con todos los demás. Pero se trataba del tuyo, no era uno 'cualquiera'. Era el tuyo.

Y es ahí que te sientes extraño. La palabra no es rechazo, ni desplante, ni menosprecio, ni ninguneo; pero el sentimiento tiene pinceladas de todo esto. En cierto modo, es como si dejaras de sentirte 'especial'.

Casi preferirías que hubiese exclamado: '¡¿Pero qué mierda de regalo es este?!' Para al menos así saber a qué atenerte. Para que ese 'gracias' no pueda servirle de coartada. Porque tú odias las coartadas. Porque se parecen mucho a las excusas. Y porque las excusas casi siempre son mentiras…

Aunque por suerte no siempre es exactamente así. A veces las coartadas son totalmente verídicas, contrastables. Y puede que este sea uno de estos casos. O no. Quién sabe…

Sí, quién sabe…

Lo único que sé, ahora, es que ha vuelto el insomnio. Y esta vez con más fuerza.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Ya no tendría sentido

Porque ya no tendría sentido decirte que siento todo el daño que te hice en su momento. Y que sé que tú también lo sientes. Ni confesarte que aún pienso en nosotros cada 2 de julio. Que ya sólo me acuerdo de lo bueno. Que en alguna ocasión he tenido la extraña sensación de que todo este tiempo no está siendo más que un sueño, que en cualquier momento me despertaré y volveremos a estar donde estuvimos. O contarte que a veces, sólo a veces, me gustaría poder explicarte muchas cosas…

Y es que ambos hemos seguido hacía adelante y ya nada de esto tendría sentido. No después de tantas cosas, después de tanto tiempo. No, porque ya pasó nuestro momento. No, porque ni tú eres ya aquella que se estremecía con cada una de mis caricias ni yo quiero ser ya el único que te muerda la boca. No, porque no tendría sentido arriesgarnos a despertar una historia con tantísimos errores. Errores que, como ya he dicho, ni recuerdo ni quiero volver a recordar. No, porque si hay algo que nunca supimos hacer fue ser precisamente eso: amigos. Y no, sobre todo, porque ahora hay alguien mucho más importante.

Así que no. Ya no tendría sentido... Por eso, he elegido el no.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Solicitud de amistad

Llevo tres días con tu solicitud de amistad pendiente. ¿Qué quieres? Sé que prometimos no perder el contacto, pero yo estaba convencido de que se trataba de una mera formalidad. Y durante más de año y medio ninguna señal por tu parte me había hecho sospechar lo contrario.

Pero así, de una forma tan absurda como lo es una solicitud de amistad en facebook, llega esa señal. Y me confunde.

Hoy he estado pensando y recordando... Fuiste tú quien me eliminaste, y yo hasta lo entendí. ¿Qué sentido tenía seguir recibiendo noticias tuyas? Seguir sabiendo de ti. De tu vida. Tus fotos. Tus vacaciones. Saber qué te gusta. Qué estás pensando. Seguir conociendo tus estados de ánimo reflejados en un estúpido muro virtual sin poder comentar nada por miedo a que pensarás, que pensarán...

Pero vas tú y me invitas de nuevo a formar parte de tus amigos de facebook. ¿Qué quieres? ¿Realmente quieres que seamos amigos? ¿Saber de mí? ¿O únicamente quieres dejar claro que me has olvidado del todo? Dejártelo claro a ti misma. A mí. A todos. Aclarar que ya no te crea confusión ni un atisbo de dolor pensar en lo que fuimos y en lo que pudo haber sido. O, al fin y al cabo, puede que simplemente quieras mostrarme, una vez más, que las rencillas del pasado han quedado olvidadas. Intentar demostrar que de hecho sí podemos ser amigos. ¿Me estás invitando a intentarlo?

Realmente no sé qué pensar exactamente... Me has descolocado. Y la verdad es que no sé si a estas alturas, sea cual sea el motivo, tendría sentido o si sería adecuado aceptar tu solicitud de amistad. Si simplemente sería algo normal e, incluso, una tontería sin la más mínima importancia. Si, de hecho, vuelvo a ser yo el que se pierde buscándole cinco, seis y hasta puede que siete pies al gato. No sé. Y, sobretodo, no sé qué diría ella. Cómo se lo tomaría. Si le parecería lógico, natural, intrascendente...

Y hay algo más... Algo que me cuesta un mundo reconocer. Algo que incluso me cuesta horrores dejar por escrito. ¿Estoy preparado para saber de ti?

viernes, 11 de noviembre de 2011

Odio

Ódiame. Hazme comprender con tus gestos que me detestas. Esquívame. Háblame con desprecio. Gírame la cara con desdén. Mírame por encima del hombro. Arrincóname. Concédeme tu total indiferencia. Hazme el vacío. Déjame de lado. Guárdame rencor. Ódiame todo lo que puedas. Búrlate a mis espaldas. Menosprecia mis comentarios. Subestima mis ideas. Desecha todas y cada una de mis propuestas. Conviérteme en el protagonista de tus desaires. Ódiame como a un gusano asqueroso. Piérdeme el respeto. Procura ofenderme. Trata de sacarme de quicio. Grita. Intenta traspasarme toda tu amargura. Desahoga conmigo toda tu ira. Muéstrame tu sangre fría. Tu resentimiento. Arde en cólera. Cúbrete de rabia. Irrítate hasta que te salgan sarpullidos. Expulsa toda tu bilis. Ódiame hasta que te salga espuma por la boca.

Tú ganas.

Pero fíjate un segundo en mi cara. ¿Lo ves…? Mi sonrisa sigue siendo preciosa.

martes, 8 de noviembre de 2011

Martes

Hay quienes odian los lunes muy por encima del resto de los días de la semana. Probablemente la gran mayoría de personas. Yo, en cambio, odio los martes... El último fin de semana no es más que un vago recuerdo y el siguiente un sueño inalcanzable.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Sin pelos en la lengua... ni más abajo...

Esta tarde-noche me he rasurado los bajos. Y no me refiero al típico recorte con maquinilla. Me he afeitado con cuchilla. Vamos, que parezco un bebé. Y, antes de que se desaten las lenguas viperinas y me acusen de poseer un micropene, aclararé que lo digo por la falta de pelo y no por el tamaño. Pero, bueno, tampoco es que me vaya a poner a presumir mintiendo y diciendo que tengo un enorme megapollón. Aunque hay que reconocer que, al eliminar el pelo de la zona, el miembro parece haber crecido unos centímetros por arte de magia. Y qué decir de la estética: no hay color. Mira que me es difícil encontrarle ni un ápice de hermosura a las zonas colgantes masculinas, pero hay que reconocer que libre de pelo la cosa gana enteros. Entran ganas de admirarla. De tocarla. Mucho. Casi desearías deshacerte de algunas de tus costillas, ya me entendéis…

En mitad de tal despliegue narcisista, hedonista y hasta casi onanista, sonó mi móvil. Era Festivo. Me preguntó que qué hacía. Le dije que estaba pensando en chuparme la polla. Empezó a reírse y me dijo que no lo lograría. Le pregunté que como lo sabía, que si lo había intentado alguna vez. Se rió y me contestó que todos los hombres lo habíamos probado en un momento u otro de nuestras vidas. Mientras respondía, pensé que si ese comportamiento, o bien pensamiento, no escondería algún atisbo de homosexualidad y se lo pregunté a Festivo. Siguió riéndose sin prestar la menor atención a la tragedia que se cernía sobre mi cabeza: cabía la posibilidad de que llevara casi 30 años escondido en un armario, y yo sin saberlo. Me preguntó si me apetecía chupar una polla que no fuera la mía propia, como por ejemplo la suya. Le respondí si se me estaba insinuando y los dos estallamos en carcajadas. Me dijo que le encantan estas conversaciones absurdas que a veces mantenemos, que sólo las podía tener conmigo. Le pedí que me aclarara si seguía insinuándose. Reímos de nuevo. Yo le dije que si fuéramos homosexuales posiblemente seríamos la pareja perfecta, o que al menos seguro que hubiéramos follado alguna vez. Sugirió que siempre podríamos hacer un trío con una chica, que así la utilizaríamos a ella como coartada, y que por qué no con Lunar, por ejemplo. Le obligué a borrar la imagen de mi novia de esa fantasía y le aclaré que, puestos a hacer un trío con Lunar, preferiría hacerlo con otra chica. Me pidió que me aclarara, que si ya no pensaba en pollas y de nuevo reímos. Caí en la cuenta de que a esas alturas de llamada aún no sabía para qué me había llamado. Se lo pregunté y me dijo que para quedar para mañana. Le dije que a las siete. Me explicó que antes de llamarme pensaba ducharse antes de prepararse la cena, y que ya se le estaba haciendo muy tarde, que hasta le estaba entrando sueño. Me despedí antes de que a mí me sucediese lo mismo.

martes, 1 de noviembre de 2011

De vacaciones con nosotros mismos

Hay veces que nuestras vidas, los días, las fiestas, las lluvias, los soles... encajan como las piezas de un sencillo puzle. Y consigues tomarte unas mini vacaciones casi perfectas. Unas vacaciones de todo, del trabajo, de tus cuatro paredes, de tu día a día... Eso sí, en buena compañía.

Lunar y yo hemos pasado este puente de todos los santos (Halloween para los más modernos) en nuestro pueblecito fetiche, allá donde pasamos nuestras primeras vacaciones juntos la semana santa de 2010. El caso era desconectar y reencontrarnos con nosotros mismos. El resultado no ha podido ser mejor, y creo que hasta estos días no hemos sido conscientes de lo que nos estábamos echando de menos.

Se echaban de menos sus sueños. Mis risas. Sus inquietudes. Mis confesiones. Sus confidencias. Mis consejos. Saber de sus miedos. Mostrarle mis debilidades. Su tiempo. El mío. Hacerlo nuestro…

Lo primero que hemos hecho al volver de estas vacaciones ha sido convencernos para intentar ser siempre fieles a nosotros mismos, cueste lo que cueste.

Yo me he propuesto cambiar de una vez por todas de trabajo, buscar a conciencia, para intentar volver a sentirme realizado en mi profesión, cosa que ya se antoja imposible en mi actual empleo. Además también me he propuesto volver a hacer deporte, volver a correr. Siempre me ha encantado hacerlo, siento que me libera de tensiones, pero últimamente la apatía que ha invadido mi vida hace que cuando salgo del trabajo únicamente tenga ganas de volver a casa y encerrarme. Encerrarme en mí mismo.

Deporte y trabajo nuevo, esas son la directrices para intentar volver a ser yo mismo y no ese tipo malhumorado y melancólico que parece haberse colado últimamente en mis zapatos.

Lunar, por su parte, se ha propuesto intentar aceptar en breve una propuesta que le lancé yo hace ya unos cuantos meses: irnos a vivir juntos. Propuesta que Lunar rechazó, o debería decir pospuso, debido a su madre. Y no me refiero a que ella se lo prohibiera…

Creo que viene a cuento aclarar que desde el divorcio de sus padres, Lunar vive sola con su madre. En cierto modo se siente atada. No se siente preparada o con agallas (la verdad es que me cuesta explicarlo) de dejar a su madre viviendo sola…

En fin, que se ha propuesto encarar la idea de hacerlo, afrontarlo, meditarlo. La fecha para irnos a vivir juntos está en sus manos, yo he decidido no forzarla…

Si os digo la verdad, en su día ya cometí el error de presionarla demasiado con este tema y el resultado fue que nuestra relación se vio afectada por unos meses (allá por agosto y septiembre). De hecho creo que nuestra relación aún arrastra en cierto modo todo esto, ya que yo creo que hace tiempo que ha llegado el momento de dar el paso y vivir juntos de una vez por todas. Lo quiero. Es más, lo queremos… Pues, según sus propias palabras, ella también lo está deseando, pero está el tema de su madre por medio, que le reprime para poder ser fiel a sus sentimientos. Fiel a sí misma.