jueves, 27 de octubre de 2011

Despilfarro

Todos sabemos que un hombre en una tienda de electrónica se convierte en un ser aún más débil e indefenso de lo que por sí ya es…

Juro por dios que yo sólo quería comprarme una funda nueva para mi antiguo móvil. Pero después de casi media hora de charla con la dependienta de turno, he acabado por despilfarrar una escandalosa cantidad de dinero en el flamante y despampanante nuevo Samsung Galaxy SII.

Sí, soy gilipollas. Pero la chica parecía tan segura de lo que yo necesitaba que no me he atrevido a llevarle la contraria. Y lo peor es que, después de tanto rollo, para el teléfono nuevo tampoco me he comprado funda, lo que significa que tendré que volver a la tienda… Miedo me da.

domingo, 23 de octubre de 2011

En el ascensor

Cuando coincides con un vecino en el ascensor la conversación, si la hay, siempre suele ser de lo más absurda. Por ejemplo: hay quienes aprovechando que llevan su correo en la mano se quejan del exceso de publicidad o facturas que reciben, los hay que se sirven de los distintos puntos horarios para informarte de que ya toca comer o cenar o de que madrugar es malísimo, y bueno los más clásicos, ya se sabe, se empeñan en darte nociones básicas de meteorología.

La verdad es que yo siempre he sido muy torpe en este milenario arte de hablar sin decir nada, lo que me lleva a menudo a intentar mantener conversaciones de las reales y, como consecuencia inevitable, me temo que suelo dar una imagen de cotilla-metementodo o cosas peores...

Hace un rato, sin ir más lejos, he coincidido con un vecino que, por lo que parece, me ha debido tomar por un peligroso psicópata falto de amistades. El caso es que, al ver que iba con ropa de deporte y visiblemente sudado y con la elocuencia que me caracteriza, le he preguntado si venía de correr y que cuanto había corrido. También me he interesado por saber que ruta había hecho. Y, sin ninguna intención subyacente, le he dicho que a mí también me gusta salir de tanto en tanto a correr. Ha sido entonces, justo al llegar a su planta y bajándose del ascensor, que me ha dicho de forma tajante y con un tono marcadamente borde que a él le gusta correr solo. Y ni se ha despedido, oye. A cuadros me he quedado…

En fin, que creo que he tenido suerte de que no me haya escupido; aunque no me extrañaría recibir en breve una orden de alejamiento…

miércoles, 19 de octubre de 2011

Afortunado

Esta tarde he ido a recoger a Lunar a su casa. Cuando he llegado en coche a su portal, ella ya estaba abajo esperándome. Sonriente. Con el pelo suelto. Estaba guapísima. Un chico que pasaba por allí la ha mirado con interés, puede que hasta lascivamente, como queriendo un poquito de ella. Y me he sentido bien, un afortunado.

lunes, 17 de octubre de 2011

Obviedades

Este sábado fui a cortarme el pelo y, de nuevo, volví a no entenderme con la peluquera. El caso es que el corte no resultó todo lo bonito que yo esperaba, aunque sí muy práctico. Tanto, que ahora cuando me levanto no me tengo ni que peinar. Pero esto no es lo peor. Lo peor es la gente que, en general, te tratan como si fueras absolutamente imbécil y se empeñan en andar informándote de algo totalmente obvio:
- ¡Oh! Te has cortado el pelo.
- ¡Oh! Eres idiota. (Me entran ganas de responder con otra obviedad…)

viernes, 14 de octubre de 2011

Estoy de vuelta

Después de un tiempo en el que he estado algo perdido, he vuelto a encontrarme conmigo mismo. Vuelvo a ser yo, o al menos eso creo...

Muchas veces me pasa que escucho una canción y me siento totalmente identificado con ella. Le encuentro un paralelismo con mi vida, y no tiene que ser precisamente por la letra o el significado en sí de la canción. A veces me basta con el ritmo o con unas cuantas palabras.

Hace un momento, viniendo hacía el trabajo, me ha pasado con el tema de La Cabra Mecánica 'Felicidad'. Que de hecho es una canción que nunca me ha dicho gran cosa, pero cuando ha sonado en la emisora que iba escuchando me he visto reflejado en ella.



Felicidad. Qué palabra. (Qué bonito nombre tiene…) Qué poco cuesta escribirla y qué poco cuesta perderla. En cierto modo, perder la felicidad es como morir un poco. Es dejar de vivir. Aislarse del mundo. Menos mal que yo creo haberla recuperado. O quizás nunca la haya perdido... Y es que a veces tienes exactamente todo lo que necesitas para ser feliz. Todo. Y se te olvida. O no lo sabes. O simplemente no consigues apreciarlo.

Afortunadamente casi siempre hay alguien capaz de hacerte recordar lo que realmente importa: oler, saborear, reír, compartir, soñar, cantar, besar… Nada y todo. La vida. Tú. Nosotros. Vivir.

Hola a todos, soy Jauroles.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Despierto

Hay muy pocas cosas buenas en esta vida…

Cocinar con la música a todo volumen.
Que te soplen suavemente una pestaña molesta que se te ha metido en el ojo.
Dibujar un corazón en la espalda de tu chica.
Que te lo dibujen.
Compartir un chicle de fresa.
Reírse bajo las sábanas.
Sentir frio en los dedos de los pies, y pensar en cómo estarán los suyos.
Cuando todos los espejos te guiñan un ojo.

Por eso hay que estar muy atento, porque hay muy pocas cosas buenas. Y si encima te las pierdes porque estás encerrado en ti mismo o adormecido en tu propia vida. Entonces, te estarás perdiendo todo lo importante. La parte positiva de la vida. Lo que la hace feliz. Interesante. Lo que le da sentido a todo lo demás. Lo que hará que de tanto en tanto merezca la pena echar la vista atrás y recordar. Recordar que mereció la pena. Que la sigue mereciendo…

Puede que a veces sea necesario bucear en tus propios recuerdos para desear volver a vivirlos. Para querer volver a estar despierto. Atento. Para, así, procurar no perderte nada.

lunes, 10 de octubre de 2011

Ni Romeo ni Julieta

Hoy he mantenido una larga e intensa conversación con Lunar. De las profundas... Hacía tiempo, seguramente demasiado, que no hablábamos del modo en que lo hemos hecho hoy.

Si en algo nos parecemos Lunar y yo es en que a veces necesitamos escondernos en nuestra cueva, procurando alejarnos de todo y de todos. Allí nos sentimos seguros para intentar ordenar nuestras ideas. A veces compartimos esa cueva, otras en cambio, nos aislamos por separado.

Y, ¿por qué por separado? Pues me temo que para no discutir. Lunar y yo discutimos mucho, demasiado, eso está claro. Y de aquí a un tiempo habíamos aprendido a huir de estas discusiones, amparándonos en la idea de que en la pareja a menudo hay que dar tu brazo a torcer. Entonar un ‘nene, tienes razón’ o un ‘lo que tu digas, cariño’. Bailar el agua. Seguir la corriente. Callar y esconderte en tu cueva.

Pero no. Esta postura dejó de tener sentido casi desde el principio y era necesario erradicarla. ¿Discutir? ¿Pues por qué no? Aunque la teoría ideal sería saber llegar al entendimiento de que no somos cien por cien compatibles. De que en numerosos aspectos hablamos idiomas totalmente diferentes. De que hay temas en los que simplemente no nos entendemos. Y aceptarlo. Respetarlo. Ser conscientes que la relación perfecta, idílica, no existe, que queda reservada para los cuentos. Que no somos ni Romeo ni Julieta.

Hoy creo que, sin proponérnoslo, hemos terminado con una fase de nuestra relación, una en la que estábamos estancados quizá hacía demasiado tiempo. Una fase que hemos alargado tal vez sin sentido alguno, por miedo a renunciar al paraíso. Y lejos de renunciar o de destruir nada, creo que hemos dado un gran paso hacia adelante, hacía una nueva etapa en nuestra relación, una etapa que debería haberse sucedido seguramente de una forma más natural. Una etapa mucho más realista y no por eso menos bonita.

El caso es que hoy me (nos) siento mucho mejor.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Dioses

Dicen que si deseas algo con todas tus fuerzas, si de verdad lo deseas, acabará sucediendo.

Creo que con nuestros malos pensamientos, con nuestros miedos, sucede exactamente lo mismo. Si nos empeñamos en sentirlos, en notar cómo se mueven, cómo pican, cómo duelen, cómo nos pesan… Si nos obcecamos en creer que están ahí, latentes, expectantes… Inevitablemente acabaran por aparecer ante nuestros ojos, sin ni tan siquiera sospechar que habremos sido nosotros mismos quienes los hemos creado a nuestra propia imagen y semejanza. Tan feos como los habíamos imaginado, tan dolorosos como creíamos, tal cual los temíamos.

Y es que en nuestra vida nosotros somos nuestros propios dioses. Nos premiamos, nos castigamos. Nosotros mismos... Tan crueles y despiadados como cualquier otro dios.

lunes, 3 de octubre de 2011

Y ahora: sonrían...

Hoy quería escribir una entrada que pretendía ser algo graciosa. Explicaros una anécdota un tanto divertida que me ha sucedido este fin de semana, exprimirla, satirizarla. En definitiva intentar haceros reír. Pero me ha sido imposible. Y es que cuando escribo no puedo evitar que mis letras se vean contagiadas por mi estado anímico, y últimamente llevo un tiempo un poco de bajón.

Así que he releído mis últimas entradas y me he dado cuenta que hace tiempo que no publico nada divertido, nada que pueda hacer reír a nadie. Recuerdo que me gustaba escribir este tipo de entradas. Y creo, aún a riesgo de equivocarme, que alguna que otra vez logré escribir cosas ocurrentes, chistosas, reírme de mi propia vida y puede que alguno de vosotros se riera conmigo al leerme. Conmigo o de mí, qué más dará…

¿Alguien recuerda haberse reído alguna vez con alguna de mis entradas? ¿Alguien me recuerda alguna entrada graciosa?

Bueno, es igual, no me hagáis caso, sólo hacedme un favor: dedicadme una sonrisa, aunque sea de las falsas… Tranquilos, últimamente estoy acostumbrado.