lunes, 29 de agosto de 2011

De lo extraño

Huelo a despedida. Hoy me despido de mis vacaciones de verano. Y no puedo evitar sentir una extraña sensación…

La despedida del verano de 2009 vino acompañada por otras tantas despedidas. Despedidas personales y emocionales. Despedidas que vinieron acompañadas por la pérdida total de todas las seguridades que sustentaban mi vida por aquel entonces. En definitiva, el final de mi larga relación con N... Aún recuerdo aquellas lágrimas derramadas, que aunque me cueste admitirlo, aún me duelen en el corazón.

La despedida del verano de 2010 también fue dolorosa, pero por un motivo totalmente diferente. Despedirse de un verano magnífico, inolvidable, inigualable… no fue fácil. Las vacaciones en Cerdeña junto a Lunar fueron y serán simplemente únicas.

Este verano, en cambio, la sensación es completamente extraña. No hay dolor. Ni del bueno ni del malo. Es como si no hubiera de que despedirse. Como si no hubiera pasado nada importante, nada relevante... Y es que la semana en Almería con Lunar y su madre ha sido también así: extraña.

He pasado los días en Almería como si estuviera expectante, como si estuviera impaciente por algo, como si estuviera haciendo tiempo antes de un importante evento. Pero, claro, lo único que estaba por llegar era la vuelta a casa y, por ende, la vuelta al trabajo. Y, creedme, no tengo ni pizca de ganas de volver a trabajar, pero tampoco las tenía de alargar mi semana en Almería.

Todo, repito, ha sido extraño. Incoherente. Un total sinsentido. Es absurdo intentar explicarlo.

El caso es que hace unas siete horas que he vuelto por fin a casa tras un largo viaje en coche desde Almería. Ya he dejado a Lunar y a su madre en casa. Y por primera vez en más de siete días estoy solo sin ellas. Solo en mi casa. A oscuras. Escribiendo. Consciente que lo mejor que podría hacer ahora sería apagar el ordenador e irme a la cama, ya que en menos de siete horas deberé levantarme y afrontar la vuelta al trabajo.

Pero no quiero. Por fin, después de muchos días y aunque sea una idea totalmente extraña, se lo que quiero en este instante...

Quisiera detener el tiempo. Quedarme durante una pequeña eternidad en esta solitaria noche. Caminar entre mis pensamientos, esquivando los restos de una agosto moribundo, mientras los minutos juegan ociosos huyendo de las crueles horas. Unas horas ansiosas por sujetarlos y aniquilarlos de sesenta en sesenta respaldadas por el Sol. El Sol, ese déspota dispuesto a desafiar a la Luna tan pronto se acerque el alba…

sábado, 20 de agosto de 2011

Ya no importa

Dedicar la única semana en la que coincides de vacaciones con tu chica en iros a un pueblecito de Almería junto a su madre, seguramente no sea el mejor plan. Vamos, está claro que no lo es...

La razón: la abuela de Lunar vive allí, está enferma y los médicos no le auguran un largo futuro. Además, Lunar hace varios años que no va a visitarla.

Lo peor: que Lunar ha estado alargando deliberadamente la elección de nuestras vacaciones, haciéndome creer que estábamos de acuerdo en la idea de buscar a última hora un destino exótico a buen precio.

Pero la verdad era otra…

Empecemos por el principio. Hace ya varios meses, Lunar y yo tuvimos una agria discusión por este tema. Yo no quería ir al pueblo de su abuela de vacaciones. Ella me acusó de egoísmo… En fin, no entraré en detalles, pero mi postura era la auto-convicción de lo innecesario, y hasta contraproducente, de tener que ir con su madre a visitar a su abuela enferma que ni tan si quiera me conoce.

Podría extenderme y defender mi postura, pero no lo haré. Ya no importa. Esta ya no es la cuestión...

La cuestión ahora es que, en su día, llegamos a un acuerdo, o eso creía yo: ella iría en septiembre a Almería con su madre y nosotros dos disfrutaríamos de nuestra semana de vacaciones juntos, en solitario y en algún bello paraje.

Pero hace apenas dos días Lunar se destapó. Pero esto ya tampoco importa...

Con varias discusiones y chantajes emocionales a mis espaldas, he decidido guardar silencio. La decisión ya está tomada, mañana nos vamos a Almería con su madre. No se me ha tenido en cuenta en la decisión, pero ya no importa. La vida no se acaba este verano, seguramente tampoco el siguiente. Las posibilidades futuras son infinitas. No sabéis cuanto...

La conclusión final es que este verano me voy de vacaciones con el sabor agrio del engaño, el engaño de Lunar. Y mucho peor, con un sentimiento desilusionante en cuanto a mis vacaciones y en cuanto a todo.

Pero, insisto, ya no importa.

Hasta la vuelta.

martes, 16 de agosto de 2011

Azúcar y limón

Admiro la manera tan dulce que tienes de mimar a los que te queremos. (Esto lo estoy aprendiendo poco a poco gracias a ti).

Admiro tu capacidad de relajar las cosas más malas con un comentario ácido y divertido. (Aunque tú digas que esto lo has aprendido de mí).

Y la ginebra ya la pongo yo…

Porque tú y yo sabemos que todas estas habilidades se aprenden mejor con la inestimable ayuda de nuestro amigo Tom Collins.

jueves, 11 de agosto de 2011

Stand by

Este es el sistema de actualización automática de ‘El Pianista en el Tiroteo’.

Esta actualización forzada y forzosa se debe a:

El autor solicitó explícitamente comentarios y opiniones a sus lectores en el anterior post, obteniendo como resultado una ridícula y sonrojante cantidad de 6 respuestas. Por lo que este sistema automático ha creído oportuno acabar cuanto antes con semejante bochorno.

El autor necesitaba urgentemente que su última entrada quedase en un segundo plano, harto de tener arcadas cada vez que leía el título de ésta, que incluía una palabra totalmente inventada y fuera de todo reconocimiento de la RAE: ‘rajing’, (El pobre es fino y pijo).

El autor está nervioso y ocupado en cosas realmente ocupantes.

Así que, a la espera de futuras actualizaciones: se impone el modo ‘stand by’.

Ahora, fieles seguidores de ‘El Pianista en el Tiroteo’, podéis respirar y continuar con vuestras vidas.

lunes, 8 de agosto de 2011

De la evidencia a la técnica del rajing

Hay quienes hablan poquito, pero cuando abren la boca, consiguen dejarte en evidencia.

En cambio, los hay que hablan demasiado, gritan demasiado y son incapaces de morderse la lengua o de reflexionar antes de soltarlo todo de corazón… y se dejan en evidencia.

Y también hay quienes hablan lo justo y necesario, la cantidad de palabras exactas, unas veces más, otras menos, según la ocasión lo requiera… y tienden a remarcar la evidencia.

Esta tercera forma de hablar surge gracias a una singular combinación entre una acidez innata no aprendida y un exquisito sentido del sarcasmo ávido de conocimiento. Todo esto condimentado con enormes dosis de ironía.

Un variante de este último estilo, es lo que se conoce como ‘rajar’, o ‘técnica del rajing’, y es algo que mi Hermana lleva de serie en su personalidad, Activa y Festivo dominan a la perfección, Lunar utiliza a menudo con una pericia sorprendente, y Sensato y Reservado no suelen emplear porque son de corazón noble; aunque, como todo se pega menos la hermosura, de tanto en tanto también sueltan algún dardo.

Y, ¿yo? ¿Suelo utilizarlo? ¿Me gusta rajar? ¿Se me da bien?

Pues es evidente, ¿no…? Que digo yo que, a estas alturas, los que me leéis asiduamente algo me deberíais conocer…. Así que se aceptan opiniones.

Adelante, rajen ustedes.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Casi

Necesito que lleguen. Mañana quedará un día menos. Este viernes a las 15 horas me sentiré liberado de la carga que me supone mi trabajo hasta el próximo 29 de agosto. Ya está, ya casi están aquí. Sólo 16 horas más de ajetreo entre tareas y ocupaciones varias y se acabó.

Vacaciones. Ya puedo casi tocarlas. Ahora toca desconectar y dedicarme más tiempo a mí mismo y a los que me rodean. Descansar. Disfrutar. Más horas para los amigos. Más terracitas, más cervecitas. Más playa, más noche. Más tiempo que dedicarle a Lunar (aunque ella no coja vacaciones hasta el día 22).

Y también habrá tiempo para estrujarme el cerebro, hacer presupuestos y sondear posibles destinos vacacionales. Pues Lunar y yo hemos decidido no planificar nuestras vacaciones hasta última hora. Así somos nosotros: espontáneos, maestros de la improvisación y unos auténticos desastres en organización.

Y si todo sale del revés, siempre nos podremos echar la culpa el uno al otro. Como siempre.