jueves, 28 de abril de 2011

El chaleco

Si de algo sirvió la quedada en grupo de ayer para ver el clásico más de moda fue para que mi vestuario fuese expuesto a referéndum… En concreto hablo de mi chaleco nuevo.

Pues bien, tras una larga y meticulosa encuesta, el resultado sobre el chaleco fue el siguiente:
Personas con criterio que dijeron ‘Sí al chaleco’: 1
Personas sin criterio que dijeron ‘Sí al chaleco’: 1
Personas con criterio que dijeron ‘No al chaleco’: el resto.

Así que, después de unas cuantas frases desafortunadas del tipo: 'Pareces una marica loca,… y tú no querrás parecer una loca, ¿verdad?’

Y después del anuncio de mixta que ha dado para tanto y tanto cachondeo para con mi persona…



El chaleco queda erradicado de mi vestuario, al menos por el momento, que nunca se sabe… Oye, que el chaleco también tuvo su tirón…

Me quedo con dos frases:
‘Te da morbo.’ (patrocinada por mi amiga Activa)
‘Fóllame en chaleco, sólo con chaleco.’ (patrocinada por Lunar)

Me despido, teniendo la certeza de que acabo de escribir la entrada más tonta de la blogósfera. Y, por cierto, cabe aclarar que no… ¡No soy chalecoslovaco!

martes, 26 de abril de 2011

Nuevos aires

Después de unos días de vacaciones uno espera que a su regreso le hayan ordenado su mesa, vaciado la pila de trabajo acumulado y cambiado su incómoda silla de oficina por una reclinable y de color rojo. O, al menos, que algún que otro compañero haya decidido no volver para dedicarse por completo a crear una nueva cofradía. O, por qué no, que a su jefe le haya arrollado una procesión…

Pero no.

Aunque bueno, tras unas formidables mini vacaciones, uno ve las cosas un tanto diferentes, puede que con la mente más limpia. Y cuando, intercambiando anécdotas vacacionales con unos cuantos compañeros, nota que se ríe con ganas y además se siente correspondido, comprende que no todo está perdido, que no es todo tan aterrador…

Que hay miles de detalles que pueden ser malinterpretados.
Que existe una gran cantidad de prismas por los que mirar las cosas.
Que quizás no merezca la pena observarlo todo con lupa.
Que puede que no sea el camino el que está repleto de obstáculos, sino yo el que se empeña en buscarlos.
Que es muy fácil perderse, pero también lo es encontrarse.
Que casi siempre merece la pena hacer borrón y cuenta nueva.
Que guardar las distancias, con respeto, no es incompatible con una cordial sonrisa.
Que hoy puede ser como el primer día: sin condiciones, sin requisitos, sin clausulas, sin limitaciones, sin restricciones, sin obstáculos, sin juicios y sin prejuicios.
Que todo, absolutamente todo, depende de nosotros, está en nuestras manos, a nuestro alcance…
Y que, al fin y al cabo, la rutina también puede resultar extrañamente acogedora.

No sé, me siento con aires renovados, a ver cuánto me dura…

(Ya es primavera, ¿verdad? Lo sé, llego tarde, pero ya tengo mi flor en la oreja.)

miércoles, 20 de abril de 2011

Somos rutina

Qué triste me resulta todo si me paro a pensarlo...

Levántate. Hoy sí, puede que sea hoy el día. Es fácil. Observa a los demás. Imítalos. Síguelos, no te desvíes. No andes encorvado. Da un paso, otro. Con firmeza. No dudes. No grites. Sonríe, pero tampoco demasiado. Copia los gestos que hacen cuando hablan. Pensar es opcional. Sigue a aquellos que corren, si tienen prisa será por algo. Algo bueno, sin duda. Como poco puede que gratis... No te rindas nunca. Tú también lo lograrás, como ellos. Disfruta de tu salud, tú que puedes. Aunque no puedas dedicarla a lo que quieres. A dormir, por ejemplo, que sé yo. Pero disfrútala con mesura, o el pecho te podría reventar de felicidad...

Se me ocurre, de pronto, que los mejores años de mi vida se me van a escapar en todo este paripé. En esto o encerrado en un lavabo metiéndome coca, claro, pero en este momento ambas opciones me parecen igual de absurdas. Pero no importa, al fin y al cabo la vida es así: absurda. Una mentira que alguien se inventó y que todos seguimos.

domingo, 17 de abril de 2011

De profesión: cartero

Hoy vuelvo a estar nostálgico.

Y también recuerdo aquella anécdota de cuando un vecino me preguntó que quería ser de mayor…

Bueno, realmente este recuerdo forma parte de esos recuerdos que se han creado en mi memoria a partir de las continuas rememoraciones de un tercero, en este caso mi madre. Lo que hace que ahora mismo sea incapaz de diferenciar si se trata de un recuerdo propio o no…

Pero, en fin, y que quieres ser tú de mayor, me preguntaron. Cartero, respondí yo de inmediato. Y fue la explicación posterior lo que dejó supuestamente boquiabiertos a los allí presentes (mis padres y unos vecinos). Así la gente sólo recibirá buenas noticias, proseguí, porque yo me encargaré de entregar el correo que contenga buenas noticias y de destruir el que traiga malas noticias.

Y es que, por aquel entonces, yo pensaba que la vida era otra cosa... La vida real, los problemas, las preocupaciones, quedaban aún muy lejos.

miércoles, 13 de abril de 2011

Del orgullo a no rendirse

Ser fuerte. Aguantar. Sobreponerse. Superar las cosas. La vida es una competición de largo recorrido... Lo sé, hay que saber apretar los dientes y no mirar hacia atrás. Saber sufrir. Tarde o temprano la tortilla dará la vuelta. Siempre funciona. Pero esta vez parece que no. Esta vez no puedo con esto. No sé cómo solucionarlo. Es como una herida que está ahí, latente. No se cierra, no cura. La indeterminación es total, siento que voy a ninguna parte.

Ahora sólo queda hacer como que no me afecta. Disimular. Engañarme. Y continuar la lucha…

Ser fuerte. Aguantar. Sobreponerse. Superar las cosas. La vida es una competición de largo recorrido… Pero, ¿cómo saber cuándo rendirse? ¿Cuándo lo has intentado lo suficiente? ¿Cómo saber que ha llegado la hora de la derrota y rendirse?

Rendirse...

No, nunca se me dio nada bien rendirme. Ser un fanático orgulloso se me da mucho mejor. Un obcecado espartano que nunca da su brazo a torcer.

Sí, siempre presente mi orgullo. Soy un orgulloso… Simplemente es lo que me ensañaron… O lo que yo quise aprender. No lo sé.

domingo, 10 de abril de 2011

La cárcel

Ir al trabajo se convierte cada vez más en una losa. Me asfixia la imposibilidad de crear un ambiente en el que sentirme cómodo. Ha dejado de ser un empleo en el que me sentía realizado para transformarse poco a poco en un ejercicio de supervivencia. Una cárcel en un inmenso desierto. Una jaula de horas, minutos y segundos. Unos barrotes que son la mayoría de mis compañeros. Unas cadenas que son mis tareas y unas esposas personificadas perfectamente por mi jefe.

Y resulta extraño sentir que eres tú el que no encaja, el principal problema.

Pero veré la luz asomar por algún resquicio. No habrá abandono sino lucha. Mis rodillas no probaran el duro asfalto y mi frente sufrirá quemaduras erguida ante un sol de justicia. La cárcel se tornará un acogedor palacete.

Sé que existe el modo, pero aún no lo conozco.

Vamos… Aparta de mí esos barrotes.

domingo, 3 de abril de 2011

El escritor sin cuaderno

Últimamente siento que estoy poco creativo. Como si a mi cuaderno le quedasen apenas dos o tres hojas y no supiera si merece la pena reemplazarlo. Soy un pobre escritor que pronto no tendrá dónde escribir por miedo a que el nuevo cuaderno no esté a la altura. Quizás la solución simplemente pase por comprar el más caro…

O puede que sea mi vida la que ya no esté a la altura. Bien sabido es que la monotonía a dejado seca la pluma de cientos y miles de escritores. Maldita sea, si al menos pudiera acabar con esa maldita manía de escribir sobre mí mismo. Qué se yo, podría innovar y escribir sobre la vida de otro. Pero la verdad es que no quisiera decepcionar a los que me tienen por un egocéntrico perdido…

Pero bah… ¿tanto escribir y escribir para qué? ¿Cómo saber si has escrito bastante? ¿Cómo plantarte antes de llegar a escribir demasiado?

Luego, con el tiempo, algunos dirían…

'De Jauroles sabemos pocas cosas. Todas fascinantes. Fue un fugaz pero prolífico escritor. Era un tío que escribía raro y pensaba de forma aún más rara, pero sin duda resultaba un tipo atrayente y simpático.'

O bien esto otro…

'Jauroles murió como lo que era: un escritor empedernido y constante. Sus últimos años, puede que lustros, los pasó relatando centenares de anécdotas aburridas, aunque él se empeñaba en otorgarles el grado de hazañas y nadie, nunca, fue capaz de sacarle de su error.'

En fin, os seguiré informando... Mientras tanto os dejo con esto: