martes, 29 de marzo de 2011

De paseo por mi antiguo barrio

Ayer, después de hacer una visita a mis padres, deambulé un rato por las calles de mi antiguo barrio, sin rumbo, dejándome guiar por el olor intenso de unos muros, farolas y parques para mí tan familiares.

Poco a poco mi paseo fue tomando la épica de un viaje en el tiempo. Desde las paredes, o quizás desde algún árbol, notaba como los recuerdos me llamaban, me silbaban e incluso me guiñaban atrevidamente un ojo. Me dejé seducir por varios…

De las tardes de invierno recordé, por ejemplo, los partidos de fútbol multitudinarios con bancos como improvisadas porterías. También aquel primer beso, en uno de aquellos bancos, con una vecina de cabellera rubia a la que todos los niños otorgaron el grado de tía buena.

De las tardes de verano recordé los centenares de juegos inventados. Tan pronto se ponían de moda las canicas como las peonzas, o las salidas en bici. Jugábamos al escondite, al pilla-pilla y hasta éramos capaces de diseñar un circuito en la arena del parque para echar unas carreras con nuestros coches de juguete.

De las noches de verano rememoré ese sentimiento de libertad que se respiraba en el ambiente. Podías bajar a la calle después de cenar, juntarte con vecinos y amigos de todas las edades. Me acordé de mi asombro ante algunas anécdotas contadas por niños algo más mayores. Y recordé la cordial bienvenida de los festejos. La ilusión ante la llegada de la noche de San Juan, los preparativos durante semanas de la hoguera. Y las fiestas del barrio, la feria, toda una aventura durante mis años de infancia.

Era entonces, el barrio, un cúmulo de emociones. Es el barrio, ahora, una suma de recuerdos.

jueves, 24 de marzo de 2011

Ya puestos, me pido una tumba con vistas...

Mis compañeros dicen que he cavado mi propia tumba. Pero yo, podéis creerme, no estoy muerto, como mucho puedo acabar en el paro. Aunque es verdad que en los tiempos que corren, muerte y paro bien podrían significar lo mismo…

Pero bien, ya está hecho. Sé que discutir con tu jefe, y en público, no es lo que se dice una buena idea. Pero peor idea me resulta la posición de los que callaron para más tarde darme la razón, eso sí, en voz baja y en privado. Hipócritas.

Esto último es lo que más me molesta. Siempre soy yo el que ladra, el que gruñe, el que sale mal parado, el malo de la película. Pero no me voy a quejar demasiado, esta actitud de dar la cara me ha dado muchas cosas positivas, empezando por lo a gusto que me quedo y, porque no decirlo, me ha servido para salirme muchas veces con la mía: la gente se deja influenciar con facilidad y en seguida piensan que eres un líder…

Pero no creáis, esta actitud también me ha traído más de un quebradero de cabeza. Cuando me equivoco, por ejemplo. No sabéis lo que cuesta pedir perdón y aún más el convencerles de que no estás fingiendo. Aunque cómo saber si ellos fingen cuando te perdonan…

Y bueno, volviendo al tema de la discusión con mi jefe, añadir que a estas horas ya bien poco me importa, bastantes cosas tengo en las que pensar como para que venga un desgraciado a darme el coñazo también en pensamientos.

Además, la admiración a menudo nace tras confrontaciones, que me dijo hace tiempo un admirador. Un admirador que dejó de serlo tras varias confrontaciones y pasó a formar parte de mi pequeño museo de los horrores. Museo de los horrores en el que conservo a mis enemigos derrotados en botes de formol.

Vale, esto último no ha sido un buen ejemplo.

En fin, disculpad esta entrada-desahogo, hoy ha sido un mal día... Sospecho que tras esta entrada me costará una barbaridad convenceros de que soy una persona encantadora, pero ya no hay marcha atrás, publicado queda.

Me voy a la cama, que mañana aún trabajo…

lunes, 21 de marzo de 2011

Amanece un nuevo día, una nueva semana.

Inevitablemente, ha vuelto a amanecer. Ha salido el sol, privándome de nuevo de ver las estrellas. Un sol adormecido pero cruel que se ha colado vilmente por mi ventana para recordarme que vuelve a ser lunes.

Sí, es lunes y vuelven las prisas, así que salgo corriendo de casa. ¿El domingo? Se ha debido quedar durmiendo en mi cama…

Sin desearlo, me veo rodeado de calles que me miran con mirada perversa. El viento, otro enemigo, despeina mi pelo mientras un pájaro vespertino me recuerda el vals de Amelie.


En un alarde de rebeldía, me detengo a desayunar. Una nube llora lágrimas de café recién hecho al son de toda mi pereza, difícil de abarcar... Intento saciar mi hambre con un cruasán pero me quedo hambriento de besos, en esta cafetería no sirven de eso. Indignado, salgo corriendo huyendo de periódicos y relojes.

Ahora la muchedumbre baila, o tal vez camina, al ritmo de un absurdo blues interpretado por coches y cláxones acompasados por un guardia urbano al que nadie comprende.

Unas risas me invitan a saborear el colorido de un edificio que bien podría estar en llamas. Pero el sonido de un teléfono móvil puja a la alza y decido cruzar en rojo aún a riesgo de atropellar a un autobús.

Y finalmente, resignado, me alejo entre el bullicio, que me regala un último tropiezo. Doblo la esquina y subo a mi coche, rumbo al trabajo…

Buenos días, buen inicio de semana a todos.

viernes, 18 de marzo de 2011

Uno rapidito...

Últimamente me estoy aficionando a los post cortos. Supongo que la razón principal, a parte de la falta de tiempo, es que ya hace más de una año desde que abrí este blog y, como en cualquier aspecto de la vida, creo que la rutina nos está consumiendo…

La ilusión inicial de las primeras entradas, de los primeros comentarios, de mis primeros seguidores, pues ya inevitablemente no es la misma. No me malinterpretéis, me fascinan vuestros comentarios, me agrada ver que el número de seguidores de tanto en tanto aumenta y, por supuesto, me encanta escribir. En definitiva, adoro mi blog y a todos los que os asomáis a él.

Pero a estas alturas, al menos hoy por hoy, parece que ya no encuentro tiempo para recrearme con elaboradas entradas llenas de detalles y adornos, con graciosas hipérboles o con ingeniosas metáforas. Ya no hay tiempo para florituras, así que de ahí los post escuetos, rapiditos

Creo que podría encontrar fácilmente algún símil,... pero ahora mismo no caigo…

martes, 15 de marzo de 2011

Los que se pelean...

Discusiones nocturnas.
Roces varios.
Riñas llenas de reproches y acidez.
¿Para qué, querida…?
Para acabar diciéndonos siempre lo mismo:
‘¡A Dios pongo por testigo que jamás volveré a discutir contigo!’

El reto ahora es que este juramento, que de momento sólo es de película, seamos capaces de aplicárnoslo a conciencia.

Pero lo veo difícil; si es que en el fondo nos va la marcha… y las reconciliaciones.

domingo, 13 de marzo de 2011

Soy una montaña

Dicen que la fe mueve montañas. Y también dicen que si tú no vas a ella, la montaña acaba viniendo a ti.

Pero lo que nadie dice es que hay montañas que son concienzudamente ateas. Y tampoco dicen que existen montañas tremendamente cansadas de arrastrarse por el valle en busca de alguien que no parece querer ponerle las cosas fáciles a la montaña, por alta y agradecida que esta sea…

Aunque bueno, también hay quien acostumbra a hacer una montaña de un grano de arena.

viernes, 11 de marzo de 2011

Tiempo muerto

Navego por internet. Escucho música mientras navego por internet. Me fumo un cigarro y escucho música mientras navego por internet. Todo esto no tiene nada de relevante ni de significativo para ninguna anécdota digna de destacar. Simplemente es lo que hago en este momento.

A veces la vida es así: simple y rutinaria. Puede que hasta aburrida...

Es tarde y empiezo a tener sueño. Se me ocurre, de pronto, que mañana bien podría ser testigo de una inverosímil historieta, o que bien podría ser yo el protagonista. Que quizá mañana sea el principio de una nueva y emocionante aventura. Quién sabe…

Y es en pensar tonterías como estas en las que mato a veces el tiempo.

lunes, 7 de marzo de 2011

Mis lunes al sol

Me encantan los lunes soleados.
Me encantan los lunes que no tengo que trabajar.
Me encantan los lunes después de un fin de semana con sabor a besos, palomitas de mantequilla y licor de melocotón.
Me encantan los lunes después de ver con mis amigos un buen partido; aunque sea del Madrid.
Me encantan los lunes de chaquetas en oferta, guantes descatalogados e inviernos moribundos.
Me encantan los lunes en los que puedes tumbarte a media tarde, acomodarte junto a tu chica y recuperar el sueño atrasado.
Me encantan los lunes con atardeceres rojizos.
Me encantan los lunes que me encantan.
Sólo esos.

jueves, 3 de marzo de 2011

En buena compañía...

Llevo una mañana horrorosa, murmuraba una compañera mientras desayunábamos juntos. Yo leía en el periódico la noticia de un nuevo bombardeo en el este de Libia. Disfruta de tu café, le dije mientras pasaba a la sección de deportes y empezaba a observar los gráficos explicativos de por qué un gol había sido erróneamente anulado por un inexistente fuera de juego.

Entonces mi compañera alzó un poquitín el tono de su voz, y me acusó de haberle atrasado en una tarea por mi tardanza en la entrega de unos documentos. O algo así, pues me costaba entenderla mientras leía.

Yo le di un sorbo a mi café y le dije que no se estresase de buena mañana, que era muy temprano y que ya se encargaría el natural discurrir del día de estresarnos de verdad. Ella hizo como que no me había escuchado y siguió quejándose.

Suspiré y volví a mi lectura. Por lo visto el entrenador del Manchester podría ser sancionado por quejarse de los árbitros. Me pareció, y me parece, correcto.

A ver si me puedes pasar eso esta tarde, exigió de pronto mi compañera. Dejé el periódico sobre la mesa y la miré en silencio. Había acabado mi lectura y aún me quedaba medio café. Un café que ya no me apetecía seguir tomando. En ese momento recordé que esa tarde había quedado con un par de amigos y en las ganas que tenía de conversar con ellos.