jueves, 27 de enero de 2011

El corazón 'enfermo'

Hoy ha sido el último día de trabajo para uno de mis compañeros de departamento. Mentiría si dijera que me ha entristecido especialmente su marcha, la verdad es que nunca nos hemos llevado nada bien, más bien todo lo contrarío…

Al tiempo de conocerle descubrí que tenía una peculiaridad. Su corazón había nacido 'enfermo': débil, indefenso y solitario. El Tiempo, el mejor médico que existe, hizo lo que pudo, intentó curarlo y finalmente le dieron por sano. Pero le quedaron unas marcas imborrables: La tristeza y la desconfianza.

Su madre lo mimó con amor de madre, inocente y protector, le hizo creer que era lo mejor y lo más bonito del mundo. Y ese corazón creció en la vanidad de creerse especial y único.

Corazón de aspecto duro y egoísta por fuera; triste, solo y desconfiado por dentro.

En un principio no me di cuenta de todas estas señales, y únicamente capté el aspecto superficial y duro de su corazón. Así que decidí ser más duro que él, defenderme, atacar y salir vencedor en cada enfrentamiento.

Pero cuando descubrí su interior y revelé toda esa tristeza, cuando conocí los motivos, todo cambió. Intenté comprenderle, darle mi confianza e intentar llevarnos bien.

Pero no funcionó. Así que me vi obligado a concederle mi total indiferencia, a dejarle a un lado de mi camino e intentar no mirar atrás. Me conozco, y sé que volver la cabeza no me cuesta nada. Pero era necesario no mirar atrás, creo firmemente que fue la solución acertada, ya que, aunque suene duro decirlo, hay personas con las que es imposible mantener una relación mínimamente cordial.

Y hoy me he despedido definitivamente de él, y la verdad es que me he quitado un peso de encima…

Aunque en el fondo, por tonto, por educación, o por creer que todo es de color de rosa, pienso que ese corazón aún se puede pulir, que algún día romperá su duro caparazón y dejará huir a la tristeza y a toda esa desconfianza, dejando hueco para otros sentimientos más positivos… Que quizás el tiempo y la vida, como el poder del agua, erosionarán esa dura roca dándole una forma más agradable.

La verdad es que no deseo ni pretendo verlo, sólo espero que pase.

Suerte corazón 'enfermo'.

lunes, 24 de enero de 2011

¡Marchando otra cuatro estaciones!

Le he prestado mi sonrisa a sus ojos. El problema es que se han taponado sus lagrimales y su cuerpo se está inundando. Así que, para no empapar su corazón, me ha pedido que se lo guarde. Pero yo no quiero acaparar con tanto, así que le he regalado todo el amor del mundo a cambio. Pero en realidad sólo ha sido una escusa, yo ya deseaba entregárselo desde el primer día en que probé sus labios. Dulces, por cierto, aunque en verano resultaron ser algo salados. Como sus manos, que las hemos guardado junto a las mías. Ha sido una decisión conjunta, una medida de emergencia desesperada. Y es que nos estábamos desgastando la piel y derrochábamos a diestro y siniestro caricias. Aunque resulta algo difícil controlarlas, a menudo se nos escapan y les echan el guante a nuestras nalgas.

Todo esto y mucho más, ha ocurrido en segundos, en horas, en días… Y sumando, sumando, hacen el total de un año. Y dicen las malas lenguas que la magia sólo dura en ese primer año, pero es mentira, no me lo creo, yo aún quiero seguir contándole las pestañas.

Esto va por Lunar, por nuestra primera cuatro estaciones a medias, y por las que nos quedan por compartir.

Y permitidme que hoy me despida robando unas palabras de una canción casi insuperable:

Podría permanecer despierto sólo para oírte respirar,
mirar tu sonrisa mientras duermes,
cuando estas lejos, soñando...
Podría pasar mi vida en esta dulce entrega,
podría permanecer perdido en este momento para siempre,
y es que cada momento que paso contigo es un momento que atesoro.

No quiero cerrar los ojos,
no quiero quedarme dormido,
porque te echaría de menos, nena.
Y no quiero perderme nada.
Porque incluso aunque soñara contigo,
ni el sueño más dulce me valdría,
todavía te echaría de menos.
Y no quiero perderme nada.
No quiero perderme una sonrisa,
no quiero perderme un beso,
solo quiero estar contigo.
Aquí contigo, como ahora.
Sólo quiero abrazarte fuerte,
sentir tu corazón cerca del mío,
y simplemente quedarme aquí,
en este momento para siempre, nena.

martes, 18 de enero de 2011

El autoregalo

Sí, vale, de acuerdo,… ya sé que hablar de los Reyes Magos el 18 de enero no tiene mucho sentido. Pero, ¿han quitado ya las luces de Navidad que adornan la ciudad?, ¿se han acabado el turrón y los polvorones en casa de mis padres?, ¿ha dejado de hacer frío?, ¿acaso he cobrado? Pues no. Por lo tanto, sigue siendo Navidad y punto.

Así que hoy os hablo de uno de los regalos que me trajeron los Reyes… Bueno, en realidad, aun siendo para mí, el regalo no iba directamente a satisfacer mis necesidades.

Me explicaré mejor:

Todo empezó aproximadamente a mediados de otoño. Cuando Lunar empezó a quejarse, cada vez con más insistencia, de que pasaba frio cuando dormía en mi casa, en mi cama… ¿Os lo podéis creer? La muy víbora se atrevía a poner en entredicho mi capacidad innata de calentarla bajo el lecho.

Yo, de inmediato, me propuse poner remedio a esta dañina afirmación. Así que empecé a ejercitar diariamente mis abdominales para, de este modo, fortalecer mi torso volviéndolo irresistiblemente libidinoso, haciendo que Lunar estuviera cachonda, y por lo tanto caliente, en todo momento... Pero cuando mi remedio estaba a punto de dar sus frutos, Lunar decidió ser más pragmática e incluyó un autoregalo en mis regalos de Reyes.

Para el que no entienda el término autoregalo, os explicaré que este tipo de regalo se caracteriza por ser un regalo que le haces a alguien, con el cual, el mayor beneficiado serás tú mismo… Como cuando le ofreces sutilmente un caramelo a un amigo con halitosis…

Pues bien, Lunar se autoregaló un nórdico para mi cama. Y para los más mal pensados, aclararé que no se trataba de un maromo de metro noventa, pálido de piel, con ojos claros y pelo oxigenado. No. Era algo mucho más banal: un edredón nórdico.

Desde entonces, Lunar dejó de pasar frio, pero yo empecé a pasar calor… Primero probé a dormir sin mi habitual pijama, oseasé sin calzoncillos… Pero como no había mucho que quitar, pues no sirvió de gran ayuda.

Llegados a este punto, necesitábamos urgentemente de decisiones drásticas, así que comprendí que la única solución posible sería dormir en contacto con el objeto más frío del planeta Tierra: los pies de Lunar… Así que cuando mi cuerpo alcanza temperaturas elevadas preocupantes, lo que hago es entrar en contacto con ese par de cubitos de hielo, ya sea con mis propios pies, con mis piernas o bien, en situaciones más críticas, con cualquiera de mis zonas erógenas.

Para terminar, a modo de confesión, os diré que poco a poco le he ido cogiendo el gustillo al nórdico, y lo uso incluso cuando ella no duerme en casa. Sin ir más lejos, una vez haya acabado de escribir estas líneas, me desnudaré, me envolveré en ese maravilloso edredón y me tocaré.

Sí, habéis leído bien: me tocaré, ¿qué pasa?

martes, 11 de enero de 2011

Trenes en marcha contra frutas maduras

Antes actuabas sin más, te subías a cualquier tren en marcha, apenas dudabas y jamás mirabas atrás…

Quizás crecer sea eso: empezar a mirar atrás, mirar también a los lados, a todo tu alrededor, preguntarte a donde te llevará ese tren, fijarte bien donde pisas. Ya te perdiste demasiadas veces, tropezaste, te caíste. Ahora prefieres avanzar con cautela, con cierto grado de garantía.

Sí, puede que crecer sea eso, pero tampoco estoy seguro, aún estoy madurando la idea.

jueves, 6 de enero de 2011

Mi continuación

Una vez, no recuerdo donde, leí o, tal vez, escuché que escribir era una excelente vía de escape y desahogo, así que inicio mi andadura en este blog con ese único propósito.

Mañana hará un año desde que escribiera esta estúpida y a la vez sincera afirmación en la que sería la primera entrada de mi blog. Y casi un año después, aún sigo escribiendo por aquí... Quién me iba a decir a mí que, además de desahogarme, este blog me serviría para entretenerme tanto y para conocer, aunque sólo sea virtualmente, a tantas personas con un enorme fondo.

Se siguen juntando demasiadas cosas en mi cabeza, aunque a día de hoy me siento infinitamente mucho más capaz y libre para expresarlas, y no sólo a través de este blog. Y ese pianista que sentía estar en medio de un tiroteo, más pendiente de esquivar las balas que de tocar sus notas, sigue estando en ese incesante tiroteo, pero a día de hoy disfruta tocando hermosas melodías en su piano sin que el ruido y el vaivén de las balas parezca inmutarle.

En mis primeras entradas expresaba sentirme cansado y estancado, recuerdo esa sensación de tristeza que me invadía. Esperaba y deseaba que mi vida tomara un nuevo rumbo. La apatía, la calma y el sentimiento de nostalgía que invadían mi vida me desesperaban, e incluso reclamaba verme inmerso en una enorme tormenta, mojarme… Yo aún no lo sabía pero pronto mi vida daría ese vuelco. Y me mojé, vaya si me mojé… Aún a día de hoy sigo empapado y eso que miro al sol cara a cara, ese sol que adorna mi cielo cual lunar en una hermosa mejilla…

En cuanto a mi decisión de mantenerme en el anonimato, sigue siendo así. Nadie de mi entorno conoce este blog, ni siquiera ella. Y mira que me lo he planteado veces, pero prefiero que siga siendo así, al menos por el momento, no me gustaría estropear esta vía de escape en la que me expreso con toda sinceridad, sin ataduras que me hagan cuidar lo que escribo. Aunque ahora ya escribo con rostro (un rostro peludo) y con nombre (Jauroles).

Tal vez en un futuro sea distinto, pero de momento… esta es mi continuación.

domingo, 2 de enero de 2011

La caja

Una canción.
Un billete de ida.
Otro de vuelta.
Un beso tierno, muchos.
Mi hombro.
Una noche sin freno.
Una lámpara mágica.
Una flor.
Sábanas de seda.
Amor sincero.
Un crucero en un barco pirata.
Felicidad, toda.
Otra primera vez.
Tabletas de chocolate.
Paciencia infinita.
Todo el tiempo del mundo.
Una casa en un árbol.
Un nuevo amanecer.
El perdón.
Seguridad en tu espejo.


Todos vuestros deseos para el 2011, si pudiera, os los regalaría en esta caja.
Feliz 2011 a todos.