viernes, 30 de diciembre de 2011

La Nochevieja y sus tradiciones

Otro año más mi grupo de amigos, apoyados por Lunar, me han vuelto a liar. La Nochevieja la celebraremos en mi casa, y ya será la cuarta…

Y no es que mis amigos sean unos aprovechados de los que les das la mano y te cogen el brazo entero, y se quieran escaquear de todos los preparativos y posteriores labores de limpieza que llevan consigo tales eventos. Para nada, de hecho, normalmente mi casa se va invadiendo paulatinamente por todos ellos desde primera hora de la tarde del día 31, cargados de todo tipo de delicatesen navideñas dispuestas a ser cocinadas por uno o por otro.

Y no os voy a engañar, nunca soy yo quien las cocina... Pues aunque viviendo solo me veo obligado a hacer mis pinitos en la cocina, eso no quiere decir que se me dé del todo bien. Oye, todos los genios tenemos nuestras lagunas... Y mira que me he propuesto infinidad de veces aprender a cocinar algo más complejo que mi famoso risotto, pero me temo que va para largo mientras Casa Tarradellas no quiebre…

Además, antes de irnos a continuar la fiesta a otra parte, entre todos solemos adecentar mínimamente mi pisito, incluso aquellos que ya a esas alturas rozan (rozamos) el coma etílico…

Entonces, os preguntareis por qué se empeñan en celebrar la Nochevieja en mi casa un año tras otro. Pues me temo que por el mismo motivo por el que ese día nos comemos las doce uvas y llevamos ropa interior de color rojo: por una incomprensible tradición que nadie sabe muy bien cómo comenzó, pero que todos seguimos cual fiel ovejita a su inseparable pastorcillo...

Aprovecho para desearos feliz salida y mejor entrada de año a todos. O como se suele decir en estos casos... ¡Próspero año nuevo!

lunes, 26 de diciembre de 2011

Otra vez los villancicos...

No sé a vosotros, pero a mí me encanta competir. Así que aunque estemos en días de amor, paz, comprensión y felicidad, abro una competición barriobajera extensible a todos los compañeros blogueros a los que os apetezca entrar al trapo…

¿Cuántas veces os habéis emborrachado ya en lo que llevamos de navidades?

Yo ya llevo tres consecutivas, y con sus correspondientes resacas… Y aún está por llegar el fin de semana de año nuevo, el día de reyes… Vamos, que al final me veo incluyendo ‘apuntarme a alcohólicos anónimos’ a mi lista de buenos propósitos de año nuevo.

Lo sé, no soy más que un mísero borracho, pero la culpa no es sólo mía… Culpad también a los villancicos y a su ruin apología…

viernes, 23 de diciembre de 2011

Villancicos y otras incoherencias

¿Cómo superar las Navidades con sus numerosas comilonas en familia, con sus interminables jornadas consumistas en busca de todo tipo de regalos, con sus centros comerciales sobrecargados de luces y abarrotados de gente y con sus consiguientes derroches monetarios, y no morir en el intento?

Pues con la mejor de las sonrisas y con alguna que otra botella de champán… Y sabiendo que si el ‘yo me remendaba yo me remendé, yo me hice un remiendo yo me lo quité’ no tiene ningún sentido,... ¿por qué lo iba a tener el resto?

Aún y así… ¡Felices fiestas a todos! Que al fin y al cabo es lo que son: fiestas. Así que a disfrutarlas.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Juguetes para niñas

El otro día fui con Lunar a comprar un regalo para la hija de su prima. Así que nos plantamos el tercer sábado de diciembre a eso de las siete de la tarde en pleno Toysrus... Por alguna extraña razón que desconozco, el establecimiento estaba a rebosar de gente. Estaba tan lleno que se antojaba imposible dar un solo paso por sus pasillos. Por suerte, Lunar y yo tenemos recursos para todo y pronto conseguimos desarrollar un táctica para movernos. La estrategia se basaba en dejar que el resto de transeúntes allí presentes dirigiesen a su antojo nuestros pasos al chocar con nosotros...

De este modo llegamos a una sección propiedad, al parecer, de una tal Dora la Exploradora, puesto que todos los objetos y juegos que allí se exponían estaban etiquetados con su nombre: la aspiradora de Dora, la cocina de Dora...

Nueve o diez empujones más tarde, llegamos a otra sección con sello propio: Monster High. Me impactaron sus vistosos embalajes que a primera vista me parecieron bastante novedosos, pero que al examinarlos con más detenimiento advertí que se trataban de ataúdes... Desde el interior de esos ataúdes nos miraban con seguridad infinita la recreación hecha muñecas de un grupo de colegialas paliduchas y estilizadas, pero con unos looks de lo más fashions. Junto a ellas, se podían leer leyendas del tipo ‘Apedazada con mucho estilo’, ‘La clase y el estilo no mueren nunca’.

Por lo visto, aparte de colegialas, debían tratarse de muertos vivientes o cadáveres, no estoy muy seguro… Pero lo que realmente importaba es que esas muñecas jamás defraudarían a nadie en lo que a estilo se refiere. Esto, sumado a las enseñanzas que prometía a nuestras menores la tal Dora la Exploradora no pudo hacer otra cosa que dar un vuelco a mi mundo. Lágrimas de emoción brotaron de mis ojos ante la buena nueva. Nuestros más arraigados valores aún no se habían perdido. Volví a recuperar la fe.

Pero, incomprensiblemente, Lunar se empeñó en comprar para la hija de su prima un estúpido juego educativo aun a riesgo de corromper una mente dulce y angelical ideada para pintar uñas y pelar ajos.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Entrevistas

En una entrevista de trabajo siempre te hacen alguna que otra pregunta absurda. Y a mí las preguntas absurdas siempre me han gustado, puesto que me permiten dar respuestas aún más absurdas y descolocar al personal.

El caso es que yo estaba acostumbrado a responder preguntas absurdas del tipo: ‘Dime una razón por la que no deberíamos contratarte’, ‘¿En qué ocasiones crees que es necesario mentir?’ o ‘¿Qué harías para solucionar un problema entre dos compañeros?'.

Pero esta tarde al que han descolocado por completo ha sido a mí. Y, además, creo que no he sabido sobreponerme durante el resto de la entrevista. Por lo que me temo que, por el momento, seguiré sin poder cambiar de trabajo. Y mira que el puesto pintaba bien...

Pero aún no entiendo adónde pretendía llegar la responsable de RRHH de una importante multinacional formulándome el siguiente enunciado: ‘Te regalo una pecera o un silbato, ¿qué eliges y por qué?’.

Seguro que esta pregunta tenía algún sentido para poder acceder a la vacante del departamento de calidad, aunque a mí se me escape...

martes, 13 de diciembre de 2011

Treinta

Siempre me había parecido que quedaban muy lejos, pero ya están aquí. Sin saber muy bien cómo, me he plantado de lleno en los treinta. Sí, señores y señoras, niños y niñas, hoy he cumplido treinta años.

Treinta ya, me parece mentira, de la noche a la mañana me he convertido en un adorable anciano. De hecho puede que sin el adorable. Tal vez sea uno cascarrabias, que me pega más. O simplemente un viejo verde…

Y sí, ya sé que algunos me diréis que treinta no es nada, que aún soy muy joven, que la mejor etapa de mi vida está aún por llegar, que la edad es la que se siente en el corazón y no la que pone en el DNI… Blablablá, soy un viejo y punto. Pronto empezaré a subirme los pantalones más de la cuenta y a decir estupideces tales como que mi generación es ‘la última generación cuerda’. Si ya casi puedo notar la artritis entorpeciendo mis elegantes andares…

En fin, no me quiero poner melancólico, pero este cumpleaños me ha recordado a otros cuantos cumpleaños de esos que recuerdo como ‘especiales’:

Cuando cumplí catorce, por ejemplo. La EGB quedaba ya muy lejos; aunque apenas llevaba unos meses en el instituto. Sentía que dejaba de ser un niño, o eso creía, y afrontaba la vida con un descaro ahora envidiable.

O cuando cumplí los dieciocho, la mayoría de edad, quién no recuerda ese cumpleaños... Ya me veía como todo un hombre y creía que todo lo que me propusiera sería factible. Parecía imposible equivocarse y, si lo hacía, qué más daba, tenía todo el tiempo del mundo para volver a intentarlo. Tenía una total seguridad en mi mismo y en mis posibilidades. Sin fisuras.

O los veinticinco, la vida al límite, sólo existíamos yo y mis ideas, casi todas descabelladas. El resto del mundo daba igual. Bien podrían quedarme cuatro años de vida que ya serían suficientes, nada parecía ni bueno ni malo, simplemente todo me resbalaba. Nada parecía ser importante, y si lo era, ya me dedicaría a pensarlo mañana. O pasado…

Y ahora los treinta… ¿Qué como recordaré este cumpleaños en el futuro? Pues eso no lo sabré hasta dentro de unos años. Entonces sabré si hoy me equivocaba, si de verdad había logrado madurar aunque sólo fuera un poco, si había aprendido a no tropezar siempre con las mismas piedras.

Porque al fin y al cabo cumplir años se trata precisamente de eso. De darte cuenta de tus errores del pasado y prometerte a ti mismo que no los volverás a cometer. Prometerte que a partir de ese día enderezarás tu vida, te portarás bien, tomarás las decisiones acertadas.

En eso se parece un poco al día de año nuevo. Empiezas el día pensando en todo lo que vas a hacer a partir de entonces y lo acabas no sin cierta dosis de melancolía recordando aquellas cosas que dijiste que harías, pero que siguen ahí cogiendo polvo en el cajón de los propósitos, entre tus aspiraciones y tus sueños, amontonados unos sobre otros como lo harían un ridículo montón de calcetines viejos.

Treinta… Sí, seguramente no sean demasiados; pero a mí, ahora mismo, me parece tarde para casi todo.

(¡Jo! Y yo que empecé esta entrada pretendiendo escribir algo alegre...)

domingo, 11 de diciembre de 2011

Decisiones

Ayer vi una película que me sorprendió gratamente: Las vidas posibles de Mr. Nobody. Supongo que en gran medida debido a que no esperaba gran cosa de ella. Las expectativas y sus inestimables consecuencias… Pero mi entrada de hoy no pretende ahondar en el tema de las expectativas. Otro día tal vez...

‘No podemos volver atrás, por eso cuesta elegir. Hay que tomar la decisión correcta. Mientras no elijas, todo sigue siendo posible.’

Esta sólo es una del cúmulo de frases ingeniosas que escuché en dicha película y que me descolocaron por completo.

Sí, lo reconozco, esta frase en concreto me enamoró en un primer momento. Nunca me había parado a mirar la vida desde este punto de vista. Lo que no quiere decir que desconociera la transcendencia de casi todas nuestras decisiones. Me refiero al hecho de que justo antes de tomar esas inevitables decisiones, todo, absolutamente todo, aún sigue siendo posible.

Me pareció increíblemente atractiva la idea de pararse a observar relajadamente un horizonte colmado de posibilidades. Todas dispuestas a ser elegidas. Pero analizando esta idea con más detenimiento, me he dado cuenta de que esta postura puede llegar a ser un poco peligrosa. Porque, no nos engañemos, las mejores posibilidades suelen ser efímeras y casi siempre debemos cogerlas al vuelo o, de lo contrario, se esfuman ante nuestros ojos como lo hace tarde o temprano el olor del mejor de los perfumes.

No me malinterpretéis, sé que hay decisiones que necesitan ser meditadas, pero a mi parecer resulta mucho más importante cerciorarse de que empleamos el tiempo estrictamente necesario para hacerlo. O de lo contrario, llegará el momento en el que nos lamentaremos recordando aquello de que ‘Es mejor arrepentirse de algo que hemos hecho que arrepentirse de no haber hecho nada’.

Y es que la vida nunca tiene la necesidad de esperarnos. Y nunca lo hace.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Finales

Todas las historias tienen su final. De esto estoy cada vez más convencido sin saber muy bien el porqué. Simplemente es lo que pienso. Y no es algo que yo haya decidido creer, si es que es posible decidir este tipo de cosas, simplemente lo siento así. Es mi opinión. No sé… El tiempo. El desgaste. La propia vida... Me es difícil concebir algo eterno.

Pero a ti nunca te lo he dicho. Nunca te he contado que, a veces, cuando te miro, me pregunto hasta donde llegaremos, cuando será nuestro final. Quizás si te lo dijera me entenderías, pero no lo creo. En este aspecto también somos muy distintos. Seguramente te lo tomarías como inseguridad por mí parte, como dudas totalmente irrazonables. Pero, a mí parecer, este es un pensamiento de lo más lógico. Sin ir más lejos, también he pensado mil veces en mi propio final, en mi muerte, en cuando será. Para mí resulta natural pensar en cuando se sucederán los finales. Cualquier final. Otro ejemplo sería este blog. ¿Cuándo dejaré de escribir en él? Porque es seguro que tarde o temprano dejaré de hacerlo. Pero, ¿cuándo? Eso no lo sé.

Aunque en realidad lo realmente importante de los finales, más que los cuándos, creo que lo son los cómos. Cómo será. Cómo dolerá. Cómo afectará. Cómo nos retratará en el futuro. Y si hay algo que me da miedo es que entonces, que cuando llegue nuestro final, creas que cada día al levantarme no he pensado en ti. Que no he sentido cada beso, cada caricia, cada instante. Que no he grabado con fuego en mi corazón cada te quiero. Cada momento. Cada noche. Cada sonrisa. Que no he llorado contigo cada lágrima. Porque me importas y porque te quiero. Mucho. Y porque probablemente nunca dejaré de hacerlo de un modo u otro aunque algún día ya no estemos juntos, sea cual sea el motivo...

Y ahora dime, ¿vienes conmigo al fin del mundo?

lunes, 5 de diciembre de 2011

Regalos sorpresa...

Ayer por la tarde, a eso de las cinco, sonó mi teléfono móvil. Era mi hermana…

(Ring, ring, ring…)

Ella: Oye, ¿qué quieres que te regale para tu cumple?
Yo: Luego te llamo, que ahora estoy liado…
Ella: Había pensado en comprarte algo de ropa… ¿Una chaqueta? Que la que tienes es horrible.
Yo: Pero qué dices, me encanta y además si es casi nueva.
Ella: Pues no sé que comprarte, eh. Pensaba comprarte unas zapatillas, pero me ha dicho Lunar que te las va a regalar ella.
Yo: A ver rubiaca, se supone que los regalos deberían sorprenderme, ¿sabes? Oye, que en un rato te llamo y hablamos, que ahora no puedo…
Ella: No le digas que te lo he dicho, ¿vale?
Yo: Que te dejo, que tengo priiiisa…
Ella: ¿Dónde estás?
Yo: En casa, cambiándome, que he quedado a y media.
Ella: ¿Dónde vas?
Yo: Con Lunar.
Ella: Ya, pero ¿dónde?
Yo: ¿Estás aburrida o me lo parece?
Ella: Estoy esperando que me pasen a buscar, pero llegan tarde.
Yo: Pues el que va a llegar tarde, por tu culpa, voy a ser yo.
Ella: ¿Y si te compro un reloj?
Yo: Nunca llevo.
Ella: Por eso.
Yo: Tengo, pero no me lo pongo.
Ella: Porque no te gustará.
Yo: La verdad es que no tengo ni idea ni de donde lo tengo.
Ella: Pues vaya, si te voy a comprar un reloj para que luego lo pierdas…
Yo: Oye, que te cuelgo.
Ella: Que borde, si no sé ni para qué me lo pienso tanto. Te tendría que comprar una colonia o unos calcetines o algo así…
Yo: Pues de colonia ando escaso.
Ella: No te pienso regalar colonia, es una cutrada... Oye, ¿no oyes un ruido?
Yo: No.
Ella: Un pitido.
Yo: Te estará entrando otra llamada…
Ella: ¡Uy!, me estarán haciendo la perdida para que baje. Te dejo, chao.

(Pi, pi, pi, pi…)

Yo: Chao…

viernes, 2 de diciembre de 2011

Bipolar

Últimamente me estoy volviendo un tipo de lo más extraño. Sólo me muevo en términos absolutos. Lo mismo me ofusco por cualquier tontería, como tan pronto lo veo todo del color de rosa. Unos días estoy convencido de mi propia genialidad y otros, en cambio, pienso que soy la persona más inútil del mundo. De pronto me siento alguien importante o bien tan insignificante como un granito de arena en un inmenso desierto. O soñador o desilusionado. Optimista o agorero… No hay manera de que encuentre el término medio.

Y con el sueño me pasa lo mismo. Hay noches que me cuesta horrores dormirme y, cuando lo consigo, sueño mil estupideces que no me dejan descansar. Pero otras noches, sin saber por qué, caigo rendido nada más meterme en la cama y duermo profundamente, sin soñar, o al menos sin recordar haberlo hecho. Entonces aprovecho y, por fin, descanso.

Esta noche ha sido de las de dormir a pierna suelta. Gracias a ello, esta mañana me he levantado como nuevo, renovado, en paz conmigo mismo. Y hacía tiempo que no me sentía así. Es como si llevara una sonrisa pegada en el alma y contagiase a cada palabra, a cada movimiento, a cada rincón por el que paso, a cada nube gris que se propone nublar mi mañana.

Y la verdad es que es un poco desconcertante, porque si me preguntarais, no sabría deciros si me sientan del todo mal estas subidas y bajadas. Porque caer en picado aterra, pero puede que sea la única forma de aprender a saborear plenamente cuando por fin conseguimos tocar el cielo, aunque tan sólo sea por un segundo.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Asco

A veces me doy asco. Me doy asco cuando no sé ni lo que digo. Me doy asco cuando ni tan siquiera sé como he llegado a ciertas conclusiones. Me doy asco cuando me dejo llevar por la rabia. Cuando confundo mis obcecaciones y mis obsesiones con la realidad. Cuando hablo y hablo y hablo pero no consigo escuchar nada ni a nadie.

Me da asco mi forma de ser. Mi manía de creer que siempre tengo la razón. Siento asco cuando me doy cuenta de que me he vuelto a equivocar. Y que no he sabido darme cuenta antes de meter la pata por completo. Antes de mostrar lo peor de mí. Mi peor cara. Me da asco descubrir que no he sabido confiar. Que no he querido hacerlo. Que he decidido ser un desconfiado. Sospechar. Dudar. Me da asco mirarme al espejo y ver esa cara de imbécil una vez más.

Me dan asco mis ganas de que me perdones de inmediato. De que me comprendas sin condiciones. Me dan asco mis deseos de que me beses cuanto antes, de que me abraces, de que follemos. De que me creas cuando te digo que cambiaré. Que no volveré a comportarme así. Y me da asco no saber si yo mismo me lo creo. Me doy asco cuando escribo, cuando pienso, cuando hablo. Cuando pienso en lo que escribí, en lo que pensé, en lo que dije. En lo que te dije. Pero, sobre todo, me doy todo el asco del mundo cuando te veo llorar y sé que es por mí. Cuando sé que soy yo el culpable.

A veces pienso que debería coserme la boca con alambre; para asegurarme de no poder abrirla cuando me da por pensar cosas raras... Sé que me dolería, pero mucho menos que cuando provoco las lágrimas de los que quiero.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Vida feliz

La vida feliz. La vida lenta. La vida monótona. Sin altibajos. La vida que avanza poco a poco frente a mis ojos y no volverá a repetirse nunca. Nunca.

Recuerdo que me gustaba lo nuevo, probar, innovar. Me gustaban los principios, esa sensación novedosa. Las primera flores de primavera. Los primeros rayos de verano. Los primeros besos. Saltar al vacío…

¿Cuánto hace que no vuelo?

Aunque también sé que no me gustan los finales. La soledad a finales de diciembre. El insomnio a las cuatro de la mañana, solo…

Pero la vida pasa incesante ante mis ojos, como las páginas de un libro leído, disfrutado pero no vivido, y finalmente olvidado. Sensaciones incapaces de incrustarse en mi memoria como lo harían unas vivencias intensas. Y mueren en el olvido. Como lo que son: flores cortadas, los restos destruidos de un campo de batalla, un ligero bostezo antes de un largo letargo…

Mueren...

¿Y si soy yo quién muere?

¿Y si morimos?

martes, 22 de noviembre de 2011

Coartadas

Estos últimos días he pensado mucho en la propuesta que le hice a Lunar de irnos a vivir juntos y en todo el tema de su madre. Más de lo normal. Y es que últimamente me parece ver detalles e, incluso, oír comentarios que no me cuadran. Y digo 'me parece' porque seguramente sean todo películas mías. Historias, imaginaciones, elucubraciones, conjeturas, ¿corazonadas?... Qué se yo... Ideas y pensamientos de los míos: raros.

Los conceptos que me vienen a la cabeza, como decía, son un tanto abstractos, pero siempre se repite el mismo patrón...

Imaginad una caja llena de regalos para alguien muy especial. Uno es el tuyo. El destinatario coge uno al azar, lo abre, da las gracias, lo aparta a un lado y abre el siguiente. Así uno tras otro hasta llegar al tuyo. Entonces, lo abre, te da las gracias, lo aparta a un lado y sigue rebuscando en el montón de regalos. Justo como ha hecho con todos los demás. Pero se trataba del tuyo, no era uno 'cualquiera'. Era el tuyo.

Y es ahí que te sientes extraño. La palabra no es rechazo, ni desplante, ni menosprecio, ni ninguneo; pero el sentimiento tiene pinceladas de todo esto. En cierto modo, es como si dejaras de sentirte 'especial'.

Casi preferirías que hubiese exclamado: '¡¿Pero qué mierda de regalo es este?!' Para al menos así saber a qué atenerte. Para que ese 'gracias' no pueda servirle de coartada. Porque tú odias las coartadas. Porque se parecen mucho a las excusas. Y porque las excusas casi siempre son mentiras…

Aunque por suerte no siempre es exactamente así. A veces las coartadas son totalmente verídicas, contrastables. Y puede que este sea uno de estos casos. O no. Quién sabe…

Sí, quién sabe…

Lo único que sé, ahora, es que ha vuelto el insomnio. Y esta vez con más fuerza.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Ya no tendría sentido

Porque ya no tendría sentido decirte que siento todo el daño que te hice en su momento. Y que sé que tú también lo sientes. Ni confesarte que aún pienso en nosotros cada 2 de julio. Que ya sólo me acuerdo de lo bueno. Que en alguna ocasión he tenido la extraña sensación de que todo este tiempo no está siendo más que un sueño, que en cualquier momento me despertaré y volveremos a estar donde estuvimos. O contarte que a veces, sólo a veces, me gustaría poder explicarte muchas cosas…

Y es que ambos hemos seguido hacía adelante y ya nada de esto tendría sentido. No después de tantas cosas, después de tanto tiempo. No, porque ya pasó nuestro momento. No, porque ni tú eres ya aquella que se estremecía con cada una de mis caricias ni yo quiero ser ya el único que te muerda la boca. No, porque no tendría sentido arriesgarnos a despertar una historia con tantísimos errores. Errores que, como ya he dicho, ni recuerdo ni quiero volver a recordar. No, porque si hay algo que nunca supimos hacer fue ser precisamente eso: amigos. Y no, sobre todo, porque ahora hay alguien mucho más importante.

Así que no. Ya no tendría sentido... Por eso, he elegido el no.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Solicitud de amistad

Llevo tres días con tu solicitud de amistad pendiente. ¿Qué quieres? Sé que prometimos no perder el contacto, pero yo estaba convencido de que se trataba de una mera formalidad. Y durante más de año y medio ninguna señal por tu parte me había hecho sospechar lo contrario.

Pero así, de una forma tan absurda como lo es una solicitud de amistad en facebook, llega esa señal. Y me confunde.

Hoy he estado pensando y recordando... Fuiste tú quien me eliminaste, y yo hasta lo entendí. ¿Qué sentido tenía seguir recibiendo noticias tuyas? Seguir sabiendo de ti. De tu vida. Tus fotos. Tus vacaciones. Saber qué te gusta. Qué estás pensando. Seguir conociendo tus estados de ánimo reflejados en un estúpido muro virtual sin poder comentar nada por miedo a que pensarás, que pensarán...

Pero vas tú y me invitas de nuevo a formar parte de tus amigos de facebook. ¿Qué quieres? ¿Realmente quieres que seamos amigos? ¿Saber de mí? ¿O únicamente quieres dejar claro que me has olvidado del todo? Dejártelo claro a ti misma. A mí. A todos. Aclarar que ya no te crea confusión ni un atisbo de dolor pensar en lo que fuimos y en lo que pudo haber sido. O, al fin y al cabo, puede que simplemente quieras mostrarme, una vez más, que las rencillas del pasado han quedado olvidadas. Intentar demostrar que de hecho sí podemos ser amigos. ¿Me estás invitando a intentarlo?

Realmente no sé qué pensar exactamente... Me has descolocado. Y la verdad es que no sé si a estas alturas, sea cual sea el motivo, tendría sentido o si sería adecuado aceptar tu solicitud de amistad. Si simplemente sería algo normal e, incluso, una tontería sin la más mínima importancia. Si, de hecho, vuelvo a ser yo el que se pierde buscándole cinco, seis y hasta puede que siete pies al gato. No sé. Y, sobretodo, no sé qué diría ella. Cómo se lo tomaría. Si le parecería lógico, natural, intrascendente...

Y hay algo más... Algo que me cuesta un mundo reconocer. Algo que incluso me cuesta horrores dejar por escrito. ¿Estoy preparado para saber de ti?

viernes, 11 de noviembre de 2011

Odio

Ódiame. Hazme comprender con tus gestos que me detestas. Esquívame. Háblame con desprecio. Gírame la cara con desdén. Mírame por encima del hombro. Arrincóname. Concédeme tu total indiferencia. Hazme el vacío. Déjame de lado. Guárdame rencor. Ódiame todo lo que puedas. Búrlate a mis espaldas. Menosprecia mis comentarios. Subestima mis ideas. Desecha todas y cada una de mis propuestas. Conviérteme en el protagonista de tus desaires. Ódiame como a un gusano asqueroso. Piérdeme el respeto. Procura ofenderme. Trata de sacarme de quicio. Grita. Intenta traspasarme toda tu amargura. Desahoga conmigo toda tu ira. Muéstrame tu sangre fría. Tu resentimiento. Arde en cólera. Cúbrete de rabia. Irrítate hasta que te salgan sarpullidos. Expulsa toda tu bilis. Ódiame hasta que te salga espuma por la boca.

Tú ganas.

Pero fíjate un segundo en mi cara. ¿Lo ves…? Mi sonrisa sigue siendo preciosa.

martes, 8 de noviembre de 2011

Martes

Hay quienes odian los lunes muy por encima del resto de los días de la semana. Probablemente la gran mayoría de personas. Yo, en cambio, odio los martes... El último fin de semana no es más que un vago recuerdo y el siguiente un sueño inalcanzable.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Sin pelos en la lengua... ni más abajo...

Esta tarde-noche me he rasurado los bajos. Y no me refiero al típico recorte con maquinilla. Me he afeitado con cuchilla. Vamos, que parezco un bebé. Y, antes de que se desaten las lenguas viperinas y me acusen de poseer un micropene, aclararé que lo digo por la falta de pelo y no por el tamaño. Pero, bueno, tampoco es que me vaya a poner a presumir mintiendo y diciendo que tengo un enorme megapollón. Aunque hay que reconocer que, al eliminar el pelo de la zona, el miembro parece haber crecido unos centímetros por arte de magia. Y qué decir de la estética: no hay color. Mira que me es difícil encontrarle ni un ápice de hermosura a las zonas colgantes masculinas, pero hay que reconocer que libre de pelo la cosa gana enteros. Entran ganas de admirarla. De tocarla. Mucho. Casi desearías deshacerte de algunas de tus costillas, ya me entendéis…

En mitad de tal despliegue narcisista, hedonista y hasta casi onanista, sonó mi móvil. Era Festivo. Me preguntó que qué hacía. Le dije que estaba pensando en chuparme la polla. Empezó a reírse y me dijo que no lo lograría. Le pregunté que como lo sabía, que si lo había intentado alguna vez. Se rió y me contestó que todos los hombres lo habíamos probado en un momento u otro de nuestras vidas. Mientras respondía, pensé que si ese comportamiento, o bien pensamiento, no escondería algún atisbo de homosexualidad y se lo pregunté a Festivo. Siguió riéndose sin prestar la menor atención a la tragedia que se cernía sobre mi cabeza: cabía la posibilidad de que llevara casi 30 años escondido en un armario, y yo sin saberlo. Me preguntó si me apetecía chupar una polla que no fuera la mía propia, como por ejemplo la suya. Le respondí si se me estaba insinuando y los dos estallamos en carcajadas. Me dijo que le encantan estas conversaciones absurdas que a veces mantenemos, que sólo las podía tener conmigo. Le pedí que me aclarara si seguía insinuándose. Reímos de nuevo. Yo le dije que si fuéramos homosexuales posiblemente seríamos la pareja perfecta, o que al menos seguro que hubiéramos follado alguna vez. Sugirió que siempre podríamos hacer un trío con una chica, que así la utilizaríamos a ella como coartada, y que por qué no con Lunar, por ejemplo. Le obligué a borrar la imagen de mi novia de esa fantasía y le aclaré que, puestos a hacer un trío con Lunar, preferiría hacerlo con otra chica. Me pidió que me aclarara, que si ya no pensaba en pollas y de nuevo reímos. Caí en la cuenta de que a esas alturas de llamada aún no sabía para qué me había llamado. Se lo pregunté y me dijo que para quedar para mañana. Le dije que a las siete. Me explicó que antes de llamarme pensaba ducharse antes de prepararse la cena, y que ya se le estaba haciendo muy tarde, que hasta le estaba entrando sueño. Me despedí antes de que a mí me sucediese lo mismo.

martes, 1 de noviembre de 2011

De vacaciones con nosotros mismos

Hay veces que nuestras vidas, los días, las fiestas, las lluvias, los soles... encajan como las piezas de un sencillo puzle. Y consigues tomarte unas mini vacaciones casi perfectas. Unas vacaciones de todo, del trabajo, de tus cuatro paredes, de tu día a día... Eso sí, en buena compañía.

Lunar y yo hemos pasado este puente de todos los santos (Halloween para los más modernos) en nuestro pueblecito fetiche, allá donde pasamos nuestras primeras vacaciones juntos la semana santa de 2010. El caso era desconectar y reencontrarnos con nosotros mismos. El resultado no ha podido ser mejor, y creo que hasta estos días no hemos sido conscientes de lo que nos estábamos echando de menos.

Se echaban de menos sus sueños. Mis risas. Sus inquietudes. Mis confesiones. Sus confidencias. Mis consejos. Saber de sus miedos. Mostrarle mis debilidades. Su tiempo. El mío. Hacerlo nuestro…

Lo primero que hemos hecho al volver de estas vacaciones ha sido convencernos para intentar ser siempre fieles a nosotros mismos, cueste lo que cueste.

Yo me he propuesto cambiar de una vez por todas de trabajo, buscar a conciencia, para intentar volver a sentirme realizado en mi profesión, cosa que ya se antoja imposible en mi actual empleo. Además también me he propuesto volver a hacer deporte, volver a correr. Siempre me ha encantado hacerlo, siento que me libera de tensiones, pero últimamente la apatía que ha invadido mi vida hace que cuando salgo del trabajo únicamente tenga ganas de volver a casa y encerrarme. Encerrarme en mí mismo.

Deporte y trabajo nuevo, esas son la directrices para intentar volver a ser yo mismo y no ese tipo malhumorado y melancólico que parece haberse colado últimamente en mis zapatos.

Lunar, por su parte, se ha propuesto intentar aceptar en breve una propuesta que le lancé yo hace ya unos cuantos meses: irnos a vivir juntos. Propuesta que Lunar rechazó, o debería decir pospuso, debido a su madre. Y no me refiero a que ella se lo prohibiera…

Creo que viene a cuento aclarar que desde el divorcio de sus padres, Lunar vive sola con su madre. En cierto modo se siente atada. No se siente preparada o con agallas (la verdad es que me cuesta explicarlo) de dejar a su madre viviendo sola…

En fin, que se ha propuesto encarar la idea de hacerlo, afrontarlo, meditarlo. La fecha para irnos a vivir juntos está en sus manos, yo he decidido no forzarla…

Si os digo la verdad, en su día ya cometí el error de presionarla demasiado con este tema y el resultado fue que nuestra relación se vio afectada por unos meses (allá por agosto y septiembre). De hecho creo que nuestra relación aún arrastra en cierto modo todo esto, ya que yo creo que hace tiempo que ha llegado el momento de dar el paso y vivir juntos de una vez por todas. Lo quiero. Es más, lo queremos… Pues, según sus propias palabras, ella también lo está deseando, pero está el tema de su madre por medio, que le reprime para poder ser fiel a sus sentimientos. Fiel a sí misma.

jueves, 27 de octubre de 2011

Despilfarro

Todos sabemos que un hombre en una tienda de electrónica se convierte en un ser aún más débil e indefenso de lo que por sí ya es…

Juro por dios que yo sólo quería comprarme una funda nueva para mi antiguo móvil. Pero después de casi media hora de charla con la dependienta de turno, he acabado por despilfarrar una escandalosa cantidad de dinero en el flamante y despampanante nuevo Samsung Galaxy SII.

Sí, soy gilipollas. Pero la chica parecía tan segura de lo que yo necesitaba que no me he atrevido a llevarle la contraria. Y lo peor es que, después de tanto rollo, para el teléfono nuevo tampoco me he comprado funda, lo que significa que tendré que volver a la tienda… Miedo me da.

domingo, 23 de octubre de 2011

En el ascensor

Cuando coincides con un vecino en el ascensor la conversación, si la hay, siempre suele ser de lo más absurda. Por ejemplo: hay quienes aprovechando que llevan su correo en la mano se quejan del exceso de publicidad o facturas que reciben, los hay que se sirven de los distintos puntos horarios para informarte de que ya toca comer o cenar o de que madrugar es malísimo, y bueno los más clásicos, ya se sabe, se empeñan en darte nociones básicas de meteorología.

La verdad es que yo siempre he sido muy torpe en este milenario arte de hablar sin decir nada, lo que me lleva a menudo a intentar mantener conversaciones de las reales y, como consecuencia inevitable, me temo que suelo dar una imagen de cotilla-metementodo o cosas peores...

Hace un rato, sin ir más lejos, he coincidido con un vecino que, por lo que parece, me ha debido tomar por un peligroso psicópata falto de amistades. El caso es que, al ver que iba con ropa de deporte y visiblemente sudado y con la elocuencia que me caracteriza, le he preguntado si venía de correr y que cuanto había corrido. También me he interesado por saber que ruta había hecho. Y, sin ninguna intención subyacente, le he dicho que a mí también me gusta salir de tanto en tanto a correr. Ha sido entonces, justo al llegar a su planta y bajándose del ascensor, que me ha dicho de forma tajante y con un tono marcadamente borde que a él le gusta correr solo. Y ni se ha despedido, oye. A cuadros me he quedado…

En fin, que creo que he tenido suerte de que no me haya escupido; aunque no me extrañaría recibir en breve una orden de alejamiento…

miércoles, 19 de octubre de 2011

Afortunado

Esta tarde he ido a recoger a Lunar a su casa. Cuando he llegado en coche a su portal, ella ya estaba abajo esperándome. Sonriente. Con el pelo suelto. Estaba guapísima. Un chico que pasaba por allí la ha mirado con interés, puede que hasta lascivamente, como queriendo un poquito de ella. Y me he sentido bien, un afortunado.

lunes, 17 de octubre de 2011

Obviedades

Este sábado fui a cortarme el pelo y, de nuevo, volví a no entenderme con la peluquera. El caso es que el corte no resultó todo lo bonito que yo esperaba, aunque sí muy práctico. Tanto, que ahora cuando me levanto no me tengo ni que peinar. Pero esto no es lo peor. Lo peor es la gente que, en general, te tratan como si fueras absolutamente imbécil y se empeñan en andar informándote de algo totalmente obvio:
- ¡Oh! Te has cortado el pelo.
- ¡Oh! Eres idiota. (Me entran ganas de responder con otra obviedad…)

viernes, 14 de octubre de 2011

Estoy de vuelta

Después de un tiempo en el que he estado algo perdido, he vuelto a encontrarme conmigo mismo. Vuelvo a ser yo, o al menos eso creo...

Muchas veces me pasa que escucho una canción y me siento totalmente identificado con ella. Le encuentro un paralelismo con mi vida, y no tiene que ser precisamente por la letra o el significado en sí de la canción. A veces me basta con el ritmo o con unas cuantas palabras.

Hace un momento, viniendo hacía el trabajo, me ha pasado con el tema de La Cabra Mecánica 'Felicidad'. Que de hecho es una canción que nunca me ha dicho gran cosa, pero cuando ha sonado en la emisora que iba escuchando me he visto reflejado en ella.



Felicidad. Qué palabra. (Qué bonito nombre tiene…) Qué poco cuesta escribirla y qué poco cuesta perderla. En cierto modo, perder la felicidad es como morir un poco. Es dejar de vivir. Aislarse del mundo. Menos mal que yo creo haberla recuperado. O quizás nunca la haya perdido... Y es que a veces tienes exactamente todo lo que necesitas para ser feliz. Todo. Y se te olvida. O no lo sabes. O simplemente no consigues apreciarlo.

Afortunadamente casi siempre hay alguien capaz de hacerte recordar lo que realmente importa: oler, saborear, reír, compartir, soñar, cantar, besar… Nada y todo. La vida. Tú. Nosotros. Vivir.

Hola a todos, soy Jauroles.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Despierto

Hay muy pocas cosas buenas en esta vida…

Cocinar con la música a todo volumen.
Que te soplen suavemente una pestaña molesta que se te ha metido en el ojo.
Dibujar un corazón en la espalda de tu chica.
Que te lo dibujen.
Compartir un chicle de fresa.
Reírse bajo las sábanas.
Sentir frio en los dedos de los pies, y pensar en cómo estarán los suyos.
Cuando todos los espejos te guiñan un ojo.

Por eso hay que estar muy atento, porque hay muy pocas cosas buenas. Y si encima te las pierdes porque estás encerrado en ti mismo o adormecido en tu propia vida. Entonces, te estarás perdiendo todo lo importante. La parte positiva de la vida. Lo que la hace feliz. Interesante. Lo que le da sentido a todo lo demás. Lo que hará que de tanto en tanto merezca la pena echar la vista atrás y recordar. Recordar que mereció la pena. Que la sigue mereciendo…

Puede que a veces sea necesario bucear en tus propios recuerdos para desear volver a vivirlos. Para querer volver a estar despierto. Atento. Para, así, procurar no perderte nada.

lunes, 10 de octubre de 2011

Ni Romeo ni Julieta

Hoy he mantenido una larga e intensa conversación con Lunar. De las profundas... Hacía tiempo, seguramente demasiado, que no hablábamos del modo en que lo hemos hecho hoy.

Si en algo nos parecemos Lunar y yo es en que a veces necesitamos escondernos en nuestra cueva, procurando alejarnos de todo y de todos. Allí nos sentimos seguros para intentar ordenar nuestras ideas. A veces compartimos esa cueva, otras en cambio, nos aislamos por separado.

Y, ¿por qué por separado? Pues me temo que para no discutir. Lunar y yo discutimos mucho, demasiado, eso está claro. Y de aquí a un tiempo habíamos aprendido a huir de estas discusiones, amparándonos en la idea de que en la pareja a menudo hay que dar tu brazo a torcer. Entonar un ‘nene, tienes razón’ o un ‘lo que tu digas, cariño’. Bailar el agua. Seguir la corriente. Callar y esconderte en tu cueva.

Pero no. Esta postura dejó de tener sentido casi desde el principio y era necesario erradicarla. ¿Discutir? ¿Pues por qué no? Aunque la teoría ideal sería saber llegar al entendimiento de que no somos cien por cien compatibles. De que en numerosos aspectos hablamos idiomas totalmente diferentes. De que hay temas en los que simplemente no nos entendemos. Y aceptarlo. Respetarlo. Ser conscientes que la relación perfecta, idílica, no existe, que queda reservada para los cuentos. Que no somos ni Romeo ni Julieta.

Hoy creo que, sin proponérnoslo, hemos terminado con una fase de nuestra relación, una en la que estábamos estancados quizá hacía demasiado tiempo. Una fase que hemos alargado tal vez sin sentido alguno, por miedo a renunciar al paraíso. Y lejos de renunciar o de destruir nada, creo que hemos dado un gran paso hacia adelante, hacía una nueva etapa en nuestra relación, una etapa que debería haberse sucedido seguramente de una forma más natural. Una etapa mucho más realista y no por eso menos bonita.

El caso es que hoy me (nos) siento mucho mejor.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Dioses

Dicen que si deseas algo con todas tus fuerzas, si de verdad lo deseas, acabará sucediendo.

Creo que con nuestros malos pensamientos, con nuestros miedos, sucede exactamente lo mismo. Si nos empeñamos en sentirlos, en notar cómo se mueven, cómo pican, cómo duelen, cómo nos pesan… Si nos obcecamos en creer que están ahí, latentes, expectantes… Inevitablemente acabaran por aparecer ante nuestros ojos, sin ni tan siquiera sospechar que habremos sido nosotros mismos quienes los hemos creado a nuestra propia imagen y semejanza. Tan feos como los habíamos imaginado, tan dolorosos como creíamos, tal cual los temíamos.

Y es que en nuestra vida nosotros somos nuestros propios dioses. Nos premiamos, nos castigamos. Nosotros mismos... Tan crueles y despiadados como cualquier otro dios.

lunes, 3 de octubre de 2011

Y ahora: sonrían...

Hoy quería escribir una entrada que pretendía ser algo graciosa. Explicaros una anécdota un tanto divertida que me ha sucedido este fin de semana, exprimirla, satirizarla. En definitiva intentar haceros reír. Pero me ha sido imposible. Y es que cuando escribo no puedo evitar que mis letras se vean contagiadas por mi estado anímico, y últimamente llevo un tiempo un poco de bajón.

Así que he releído mis últimas entradas y me he dado cuenta que hace tiempo que no publico nada divertido, nada que pueda hacer reír a nadie. Recuerdo que me gustaba escribir este tipo de entradas. Y creo, aún a riesgo de equivocarme, que alguna que otra vez logré escribir cosas ocurrentes, chistosas, reírme de mi propia vida y puede que alguno de vosotros se riera conmigo al leerme. Conmigo o de mí, qué más dará…

¿Alguien recuerda haberse reído alguna vez con alguna de mis entradas? ¿Alguien me recuerda alguna entrada graciosa?

Bueno, es igual, no me hagáis caso, sólo hacedme un favor: dedicadme una sonrisa, aunque sea de las falsas… Tranquilos, últimamente estoy acostumbrado.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Perdido en la noche

Esta noche me siento solo, perdido, como un niño al que sus padres han dejado olvidado en casa. Pero ni yo soy un niño ni nadie me ha abandonado…

Y es que a veces nada parece lo que en realidad es. Como este otoño disfrazado de verano. O como mis sueños camuflados de nostalgia. Lo único cierto es que últimamente mi vida ha sido invadida por la tristeza. Y la verdad es que no sé distinguir muy bien el porqué.

Quizás los mismos motivos que un día me hicieron ser feliz hacen que hoy me sienta triste. Como un apetitoso manjar indigesto que se niega a ser vomitado. Por mil cosas. O por ninguna. Puede que no haya una sola razón y que todo sea el resultado de mil circunstancias. Por todo y por nada. Por tanto o por tan poco. Tan incomprensible y caótico como el desconocido devenir del universo.

Porque, al fin y al cabo, vivir cada día es totalmente impredecible. Es exponerse a perder cosas que creías imprescindibles. Arriesgarse a experimentar cambios que el día anterior se te antojaban inconcebibles. Decidir que partes de ti estás dispuesto a perder.

Aunque también es verdad que al día siguiente bien podrías querer volver al mismo punto en el que te encontrabas hace dos días. Podrías darte cuenta que has tomado decisiones precipitadas, que no merecían la pena. Y tal vez por eso decides esperar para ver si se te pasa, si sólo ha sido un mal día. Y te das otra oportunidad. Y otra. Y otra más.

En cualquier caso, llega un día en el que te das cuenta que estas viviendo dejando pasar demasiadas cosas, haciendo la vista gorda demasiado a menudo. Y ya no sabes cómo parar. Ni si deberías hacerlo. O si resulta que la vida se trata de esto, de amoldarse. De aprender a hacerlo.

Y yo, lo único que sé de verdad, es que estoy deseando aprender, un día de estos, a vivir.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Fuera de sitio

Hay mañanas que me levanto tan cansado que soy incapaz de recordar donde dejé mis cosas la noche anterior. No encuentro las zapatillas. Ni mi taza preferida para el café. Ni las llaves del coche. Ni mis ganas de enfrentarme a la vida. Todo está perdido, extraviado, fuera de sitio…

domingo, 25 de septiembre de 2011

No tirar

Cuando era pequeño y mi madre se enfadaba conmigo, me castigaba a ordenar mi cuarto. Entonces, yo hacía lo siguiente. Lo sacaba todo de su sitio, de los armarios, de los cajones… y hacía dos pilas: una con lo útil y otra con lo inservible. Para luego ordenar a mi manera la pila de lo útil y meter en una bolsa de basura todo lo inservible. Y entonces ella se enfadaba aún más conmigo, porque cuando revisaba la bolsa de basura, encontraba decenas de cosas que bajo su criterio no eran para tirar.

Con el tiempo depuré mi técnica y metía en la bolsa de basura cosas que sabía que mi madre detectaría como cosas para 'no tirar': una camiseta que no me gustaba, un libro de historia, una calculadora científica en perfecto estado, algún horrible regalo de mi tía… Se convirtió en una curiosa forma de rebeldía, de retarle, de irritarle, de demostrarle que yo era más listo que ella, que no aceptaba su castigo…

Ahora hago algo parecido. Cuando me enfado conmigo mismo, necesito coger una bolsa de basura y meter cosas que me irritan, recuerdos que no me gustan, pero que de un modo u otro sé que necesito, que no debería tirar, que me arrepentiría si lo hiciera. Pero ahora no es mi madre quien revisa más tarde esa bolsa y recupera la mayoría de las cosas. Soy yo, cuando me tranquilizo un poco, quien lo hace.

Supongo que a día de hoy a quien reto es a mí mismo. Así que, como retado, ya sé lo que debía pensar mi madre por aquel entonces, lo que pienso yo ahora mismo: 'Este niño nunca cambiará'.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Impasse

Estoy pasando por una de esas épocas en las que te quedas paralizado ante el teclado. Una de esas épocas en las que coges un libro y no puedes concentrarte y leer. Una de esas en las que empiezas a ver una película y no consigues engancharte al argumento. De esas en las que no aciertas a acabar nada de lo que empiezas.

Todo lo dejas a medias. Y lejos de preocuparte o de quitarte el sueño, pasas las horas muertas adormecido. Ni dormido ni despierto. Perdiendo el tiempo. Derrochando las horas muertas. Casi sin hacer nada, sin ni tan siquiera pensar. En un curioso estado vegetativo en el que casi todo te resbala. Indiferente. Desganado. Sin ganas de implicarte. De avanzar. De construir. Sientes miedo de dar un paso y que se te caiga todo encima, todo lo construido con anterioridad, antes de este inquietante momento de parón.

Y miras a tú alrededor y las paredes que te rodean, de pronto, te parecen demasiado altas. Asfixiantes pero frágiles. Casi a punto de desplomarse. Y, aunque te aprisionan, sabes que si caen agonizaras de dolor. No sabes si valdría la pena. Y sientes miedo a dar un solo paso, a avanzar. A moverte.

A veces dan miedo cosas que no logras identificar. Son miedos casi transparentes. Pero están ahí. Los sientes. Inmóvil. Paralizado. Agarrotado.

Y es que a veces dan miedo muchas cosas. Como, por ejemplo, intentar seguir tus propios consejos.

martes, 20 de septiembre de 2011

Las riendas

Hoy reirás o llorarás. Serás feliz o infeliz. Gritarás o cantarás. Quién sabe. Todo está en el aire. Pero tú, no lo dudes, eres el factor determinante. Casi todo depende de ti. Está en tus manos. Toma las riendas. No permitas que se te acumulen los deseos en el cajón de las intenciones postergadas. No deambules por la vida como un sonámbulo. No dejes que tus sueños se conviertan en utopías, quimeras o en meras fantasías. Abre los ojos. Actúa. O, de lo contrario, puede que hasta estas letras que ahora lees, no sean más que una alucinación más dentro de ese coma narcótico en el que has ido transformando poco a poco tu vida.

¿Estás dormido?

Despierta.

lunes, 12 de septiembre de 2011

La joven promesa

De repente han pasado ya cuatro años. Parece que fue ayer aquella mañana de lunes en pleno septiembre... Tenía 25 años, hacía un día soleado y estaba dispuesto a comerme el mundo. Era mi primer día de trabajo en mi empresa actual. Entonces no me imaginaba que cuatro años después continuaría en el mismo empleo. Con las mismas tareas. Con las mismas promesas. Prácticamente con el mismo sueldo. Pero, como decía, aquella mañana yo aún no sospechaba nada de esto. En el horizonte imaginario de mi futuro asomaban cientos de posibilidades que en realidad nunca han existido. Por eso, aquel día, me presenté en la oficina ilusionado y sonriente. A lo mejor por eso tengo tan fresca en mi memoria aquella mañana soleada de aquel septiembre, porque sería de las pocas en las que sonreiría camino del trabajo.

En fin, así de nostálgica es la vida de un ex joven prometedor que iba a triunfar en el mundo laboral gracias a su talento.

viernes, 9 de septiembre de 2011

De quinteto a cuarteto

Se podría decir que hemos crecido juntos. No alcanzo a recordar mi vida antes de conocerle. Festivo, yo y él nos conocemos desde la más tierna infancia. Compartimos juegos y descubrimos poco a poco un mundo que nos regalaba día a día cientos de sorpresas.

Más tarde, ya en el instituto, se nos unieron Sensato y Reservado. El quinteto inseparable. Los cinco juntos sobrevivimos a la adolescencia y nos adentramos en esa época tan convulsa que abarca hasta bien entrada la veintena. Los primeros ligues, las primeras fiestas, las primeras vacaciones sin familia... En nuestra andadura nos acompañaron diferentes amistades, unas fugaces, otras más duraderas, chicas, rollos, novias, parejas estables... Pero la esencia del grupo seguíamos siendo nosotros cinco, él incluido.

Pero la vida quiso que él se tuviera que marchar a más de 600 kilómetros de distancia. La despedida fue sonada, sentida. Lágrimas, brindis… promesas de amistad. Los primeros meses el contacto fue total. Pero, puede que inevitablemente, poco a poco el contacto fue cada vez menor. Nuestra relación se fue enfriando, para más tarde tomar una nueva dimensión gracias al boom de las redes sociales.

Y llegó un día en el que volvió. Casi cinco años después desapareció la distancia que nos separaba. Pero algo había cambiado: él ya no parecía ser el mismo... O puede que fuéramos el resto los que habíamos cambiado sin contar con él. Sin esperarle.

Todos intentamos hacer resurgir aquella amistad que tanto nos había dado. Aquel quinteto quería renacer. Pero llegó un punto en el que todo parecía demasiado forzado. No parecía congeniar con nosotros como antaño y no sabría explicar el porqué. Los lazos entre el resto de los amigos y él se fueron resquebrajando y rompiendo.

Yo intenté aferrarme al que consideraba unos de mis mejores amigos, pero cuando una amistad con una persona que vive en tu misma ciudad se basa en las redes sociales: mala señal...

Y te engañas, quedas de higos a brevas con él y crees reavivar aquella llama. Pasas un rato rememorando anécdotas pasadas, pero llega un día en el que comprendes que casi nada del presente os une. Se os hace difícil hablar de algo que no sea vuestro pasado. Le miras a los ojos y no encuentras en ellos a aquel niño, a aquel joven con el que lo compartiste casi todo. No reconoces a tu amigo. No sabes cómo, pero se ha transformado en un extraño...

Bueno, puede que no exactamente en un extraño, pero sin duda ha pasado a ser un amigo más entre todas esas caras del facebook, esos que hacen aparición en las celebraciones de cumpleaños, con los que compartes una cerveza tras un encuentro casual al salir del gimnasio. Sólo eso... Aunque puede que también sea mucho, pues en la vida tenemos muchas clases de amigos. Bien es sabido que existen múltiples grados de amistad. Pero lo que está claro es que ya no forma parte del quinteto, de los incondicionales, de los que sientes casi como familia.

Ahora, aunque a veces duela, somos un cuarteto.

domingo, 4 de septiembre de 2011

En mi cumbre borrascosa

Últimamente estoy algo decaído, triste, apagado… Puede que hasta un poco melancólico. Y eso que mi vida es más que notable en casi todos sus matices. Matices que de hecho no sé muy bien cuáles son. Mi salud, que supongo sería uno de ellos, es excelente. La relación con mi chica, notable alto. La familia, bien, gracias. Y del trabajo, hoy por hoy ya no me quejo, al menos no demasiado, sobre todo teniendo en cuenta lo mal que estaba hace unos meses.

Todo parece casi perfecto. Pero aquí, en la cima del mundo, también aparecen los problemas. Que si estoy muy solo aquí arriba. Que si me falta el oxígeno. Que si ya he llegado a la cumbre y ahora qué… Porque, claro, estando en todo lo alto, la única opción que te queda es descender. Caer. Despeñarte. Para volver a subir. Y precipitarse de nuevo al vacío…

¿Y para qué? ¿Todo esto para qué?

Pues esta vez me niego a bajar. Yo ya estoy cansado de este juego. Clavo mi bandera en este pico y me quedo aquí arriba… Por lo menos hasta que llegue el abominable hombre de las nieves y me espante con sus aullidos.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Héroes de segunda mano

Nuestro protagonista está ahora mismo sentado en la cama, tecleando en su portátil, ignorante de su heroico destino... Su libre albedrío es tan sólo aparente, puesto que su fin en la vida no es otro que el de encontrar la felicidad entre increíbles hazañas, procurando momentos inolvidables e increíbles a sus allegados. Eso está claro...

Puede que el carácter claramente egocéntrico del protagonista influya en el transcurso de esta narración, ya que el narrador es el propio protagonista, o sea yo mismo. Así que tenemos narrador y protagonista todo en uno. He aquí el primer acto heroico...

El reloj de la mesilla marca la una y cuarto de la madrugada, nuestro héroe bosteza, parece visiblemente cansado. En breve publicará esta entrada, apagará el portátil, lo cerrará y lo dejará en el suelo, junto a la cama. Después apagará la luz, se acomodará heroicamente en la cama y no tardará en quedarse dormido, dejando sobre su almohada un épico hilillo de babilla...

lunes, 29 de agosto de 2011

De lo extraño

Huelo a despedida. Hoy me despido de mis vacaciones de verano. Y no puedo evitar sentir una extraña sensación…

La despedida del verano de 2009 vino acompañada por otras tantas despedidas. Despedidas personales y emocionales. Despedidas que vinieron acompañadas por la pérdida total de todas las seguridades que sustentaban mi vida por aquel entonces. En definitiva, el final de mi larga relación con N... Aún recuerdo aquellas lágrimas derramadas, que aunque me cueste admitirlo, aún me duelen en el corazón.

La despedida del verano de 2010 también fue dolorosa, pero por un motivo totalmente diferente. Despedirse de un verano magnífico, inolvidable, inigualable… no fue fácil. Las vacaciones en Cerdeña junto a Lunar fueron y serán simplemente únicas.

Este verano, en cambio, la sensación es completamente extraña. No hay dolor. Ni del bueno ni del malo. Es como si no hubiera de que despedirse. Como si no hubiera pasado nada importante, nada relevante... Y es que la semana en Almería con Lunar y su madre ha sido también así: extraña.

He pasado los días en Almería como si estuviera expectante, como si estuviera impaciente por algo, como si estuviera haciendo tiempo antes de un importante evento. Pero, claro, lo único que estaba por llegar era la vuelta a casa y, por ende, la vuelta al trabajo. Y, creedme, no tengo ni pizca de ganas de volver a trabajar, pero tampoco las tenía de alargar mi semana en Almería.

Todo, repito, ha sido extraño. Incoherente. Un total sinsentido. Es absurdo intentar explicarlo.

El caso es que hace unas siete horas que he vuelto por fin a casa tras un largo viaje en coche desde Almería. Ya he dejado a Lunar y a su madre en casa. Y por primera vez en más de siete días estoy solo sin ellas. Solo en mi casa. A oscuras. Escribiendo. Consciente que lo mejor que podría hacer ahora sería apagar el ordenador e irme a la cama, ya que en menos de siete horas deberé levantarme y afrontar la vuelta al trabajo.

Pero no quiero. Por fin, después de muchos días y aunque sea una idea totalmente extraña, se lo que quiero en este instante...

Quisiera detener el tiempo. Quedarme durante una pequeña eternidad en esta solitaria noche. Caminar entre mis pensamientos, esquivando los restos de una agosto moribundo, mientras los minutos juegan ociosos huyendo de las crueles horas. Unas horas ansiosas por sujetarlos y aniquilarlos de sesenta en sesenta respaldadas por el Sol. El Sol, ese déspota dispuesto a desafiar a la Luna tan pronto se acerque el alba…

sábado, 20 de agosto de 2011

Ya no importa

Dedicar la única semana en la que coincides de vacaciones con tu chica en iros a un pueblecito de Almería junto a su madre, seguramente no sea el mejor plan. Vamos, está claro que no lo es...

La razón: la abuela de Lunar vive allí, está enferma y los médicos no le auguran un largo futuro. Además, Lunar hace varios años que no va a visitarla.

Lo peor: que Lunar ha estado alargando deliberadamente la elección de nuestras vacaciones, haciéndome creer que estábamos de acuerdo en la idea de buscar a última hora un destino exótico a buen precio.

Pero la verdad era otra…

Empecemos por el principio. Hace ya varios meses, Lunar y yo tuvimos una agria discusión por este tema. Yo no quería ir al pueblo de su abuela de vacaciones. Ella me acusó de egoísmo… En fin, no entraré en detalles, pero mi postura era la auto-convicción de lo innecesario, y hasta contraproducente, de tener que ir con su madre a visitar a su abuela enferma que ni tan si quiera me conoce.

Podría extenderme y defender mi postura, pero no lo haré. Ya no importa. Esta ya no es la cuestión...

La cuestión ahora es que, en su día, llegamos a un acuerdo, o eso creía yo: ella iría en septiembre a Almería con su madre y nosotros dos disfrutaríamos de nuestra semana de vacaciones juntos, en solitario y en algún bello paraje.

Pero hace apenas dos días Lunar se destapó. Pero esto ya tampoco importa...

Con varias discusiones y chantajes emocionales a mis espaldas, he decidido guardar silencio. La decisión ya está tomada, mañana nos vamos a Almería con su madre. No se me ha tenido en cuenta en la decisión, pero ya no importa. La vida no se acaba este verano, seguramente tampoco el siguiente. Las posibilidades futuras son infinitas. No sabéis cuanto...

La conclusión final es que este verano me voy de vacaciones con el sabor agrio del engaño, el engaño de Lunar. Y mucho peor, con un sentimiento desilusionante en cuanto a mis vacaciones y en cuanto a todo.

Pero, insisto, ya no importa.

Hasta la vuelta.

martes, 16 de agosto de 2011

Azúcar y limón

Admiro la manera tan dulce que tienes de mimar a los que te queremos. (Esto lo estoy aprendiendo poco a poco gracias a ti).

Admiro tu capacidad de relajar las cosas más malas con un comentario ácido y divertido. (Aunque tú digas que esto lo has aprendido de mí).

Y la ginebra ya la pongo yo…

Porque tú y yo sabemos que todas estas habilidades se aprenden mejor con la inestimable ayuda de nuestro amigo Tom Collins.

jueves, 11 de agosto de 2011

Stand by

Este es el sistema de actualización automática de ‘El Pianista en el Tiroteo’.

Esta actualización forzada y forzosa se debe a:

El autor solicitó explícitamente comentarios y opiniones a sus lectores en el anterior post, obteniendo como resultado una ridícula y sonrojante cantidad de 6 respuestas. Por lo que este sistema automático ha creído oportuno acabar cuanto antes con semejante bochorno.

El autor necesitaba urgentemente que su última entrada quedase en un segundo plano, harto de tener arcadas cada vez que leía el título de ésta, que incluía una palabra totalmente inventada y fuera de todo reconocimiento de la RAE: ‘rajing’, (El pobre es fino y pijo).

El autor está nervioso y ocupado en cosas realmente ocupantes.

Así que, a la espera de futuras actualizaciones: se impone el modo ‘stand by’.

Ahora, fieles seguidores de ‘El Pianista en el Tiroteo’, podéis respirar y continuar con vuestras vidas.

lunes, 8 de agosto de 2011

De la evidencia a la técnica del rajing

Hay quienes hablan poquito, pero cuando abren la boca, consiguen dejarte en evidencia.

En cambio, los hay que hablan demasiado, gritan demasiado y son incapaces de morderse la lengua o de reflexionar antes de soltarlo todo de corazón… y se dejan en evidencia.

Y también hay quienes hablan lo justo y necesario, la cantidad de palabras exactas, unas veces más, otras menos, según la ocasión lo requiera… y tienden a remarcar la evidencia.

Esta tercera forma de hablar surge gracias a una singular combinación entre una acidez innata no aprendida y un exquisito sentido del sarcasmo ávido de conocimiento. Todo esto condimentado con enormes dosis de ironía.

Un variante de este último estilo, es lo que se conoce como ‘rajar’, o ‘técnica del rajing’, y es algo que mi Hermana lleva de serie en su personalidad, Activa y Festivo dominan a la perfección, Lunar utiliza a menudo con una pericia sorprendente, y Sensato y Reservado no suelen emplear porque son de corazón noble; aunque, como todo se pega menos la hermosura, de tanto en tanto también sueltan algún dardo.

Y, ¿yo? ¿Suelo utilizarlo? ¿Me gusta rajar? ¿Se me da bien?

Pues es evidente, ¿no…? Que digo yo que, a estas alturas, los que me leéis asiduamente algo me deberíais conocer…. Así que se aceptan opiniones.

Adelante, rajen ustedes.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Casi

Necesito que lleguen. Mañana quedará un día menos. Este viernes a las 15 horas me sentiré liberado de la carga que me supone mi trabajo hasta el próximo 29 de agosto. Ya está, ya casi están aquí. Sólo 16 horas más de ajetreo entre tareas y ocupaciones varias y se acabó.

Vacaciones. Ya puedo casi tocarlas. Ahora toca desconectar y dedicarme más tiempo a mí mismo y a los que me rodean. Descansar. Disfrutar. Más horas para los amigos. Más terracitas, más cervecitas. Más playa, más noche. Más tiempo que dedicarle a Lunar (aunque ella no coja vacaciones hasta el día 22).

Y también habrá tiempo para estrujarme el cerebro, hacer presupuestos y sondear posibles destinos vacacionales. Pues Lunar y yo hemos decidido no planificar nuestras vacaciones hasta última hora. Así somos nosotros: espontáneos, maestros de la improvisación y unos auténticos desastres en organización.

Y si todo sale del revés, siempre nos podremos echar la culpa el uno al otro. Como siempre.

domingo, 31 de julio de 2011

Las parejitas

Lunar afirmaba subiendo las escaleras que nos llevaban al piso de Activa y Sensato que la dependienta de los pollos a l'ast me había puesto ojitos. Yo reía. Y, mientras tanto, Sensato nos abría aceleradamente la puerta de su casa con ansias de volver a una tarea tan elevada como ver la Fórmula 1.

Después de comer y de ver hacer podio a Alonso, decidimos que por la tarde tocaba cine. Pero, antes de nada, despertamos a Festivo de su siesta para ver si se apuntaba y para descubrir que estaba con una copiosa resaca; aunque esto último ya lo sospechábamos...

Luego llamamos a Reservado, que se encontraba en plena cita con un ligue de internet. Le animamos a que se apuntaran a la sesión de cine pero la idea no cuajó, desilusionándonos así a todos, ansiosos por conocer al susodicho ligue.

También contactamos vía whatsapp con otros tantos amigos y amigas buscando, o más bien mendigando, algo de compañía. Pero las invitaciones fueron nuevamente desestimadas. Por lo que se ve este era el domingo oficial de las resacas, maldita pandilla de degenerados…

En fin, aún quedaba negociar que película ver… Aunque bueno, Sensato ya había decidido por los cuatro. La película elegida: 'Amigos', una comedia carente de gracia... Y es que Sensato habla poco, pero cuando lo hace, nos acaba liando.

Y estas son sólo unas de las 1000 anécdotas que podemos llegar a generar ‘las parejitas’ (como se nos hace llamar últimamente en nuestro grupo de amigos a Activa, Sensato, Lunar y a mí) en menos de 9 horas juntos.

(‘Las parejitas’, ‘El Nene’,… suenan despectivos, ¿verdad? No si al final me voy a tener que mosquear…)

miércoles, 27 de julio de 2011

Lo que le pasa a Festivo

Conversación de marujas en una terraza del centro. Las marujas, oseasé, Sensato (de vuelta tras su luna de miel) y yo, reunidos en torno a una mesa metálica, sentados cómodamente bajo un cielo parcialmente nublado, con cervecita de rigor en la mano, unas bravas y hablando de Festivo, que llega tarde…

Yo: Tío, ¿qué le pasa a Festivo? Tanto tiempo solo empieza a oler a chamusquina…
Sensato: Lo que le pasa a Festivo es que es volátil, no se deja pillar fácilmente.
Yo: ¿Qué no es fácil? Pero si normalmente no para de picotear con una y con otra.
Sensato: Me refiero a eso: que no se ata a ninguna, él prefiere picotear…
Yo: Pero eso no ha sido siempre así, quién le ha visto y quién le ve… ¿Te acuerdas? Él fue el primero en tener una pareja estable.
Sensato: Pero de eso hace ya muchos años. Ya hace tiempo que se aficionó a ir de flor en flor.
Yo: Sí, pero últimamente ya ni eso. Piensa: ¿cuánto tiempo hace que no tontea con ninguna?
Sensato: Ya. Dice que no puede, que ahora mismo no tiene tiempo.
Yo: Eso dice, pero no es que no pueda,… ¡es que no quiere!
Sensato: Es que está dejando el café y, claro, la hiperactividad baja…
Yo: Pero si siempre encuentra un hueco para acabar saliendo a tomarse unos cubatas y a apurar unos cigarrillos.
Sensato: Mierda, a ver si llega ya Festivo, ¡que quiero fumar!
Yo: A ver si dejas ya de fumar, ¡coño! Además, si llega no podremos cuchichear de él.
Sensato: Tú calla, que ya mismo volverás a ser fumador, te conoceré yo...
Yo: Pero bueno, a ver,… ¿de quién estamos hablando? A mi Festivo me preocupa… Yo creo que le pasa algo y no lo saca. Creo que tendríamos que preguntarle a Reservado, que este siempre lo sabe todo… Por cierto, ¿no viene Reservado?
Sensato: Esta tarde le tocaba meditar…
Yo: Pues ya podría haber venido con nosotros un ratito y luego irse a sus ocupaciones, que últimamente está de un rancio…
Sensato: Calla un poco y bébete ese culo de cerveza ya, que quiero pedirme otra…
Yo: Mira, alcohólico,… lo que creo que le pasa a Festivo es que ha salido tan escaldado de sus últimas relaciones que no le apetece hacerse daño de nuevo.
Sensato: Lo que le pasa es que se implica en sus rollitos al igual que con las parejas… Y se equivoca.
Yo: No es que se implique, es que a él le gusta disfrutar de sus relaciones al máximo, sean cortas o largas, las exprime sacándoles todo su jugo.
Sensato: Sí, es verdad. Él es así para todo, muy visceral.
Yo: Sí, pero normalmente se olvida rápidamente de la última mariposa, tras cagarse en ella, y busca otra… Pero ahora es que lleva mucho tiempo sin buscar otra… No sé, me preocupa. Y además, ¿sabes qué…? El otro día le volví a pillar escuchando tangos…
Sensato: ¿Y?
Yo: A ver, so rubia… A Festivo los tangos siempre le han recordado a su abuelo, que era argentino y le encantaban, y siempre que escucha esta música es porque está triste…
Sensato: Sí, triste o resacoso…
Yo: Esa es otra, que últimamente tiene unos días para salir de fiesta. Ayer me dijo que fue a trabajar con resaca… ¿Quién se emborracha un lunes noche?
Sensato: Pues tú mismo lo has hecho mil veces…
Yo: Ya, pero eran otros tiempos…

En ese preciso instante, llega Festivo

Festivo: ¿Qué? ¿De qué habláis?
Sensato: De nada y de todo…
Festivo: ¿Estabais hablando de mí?
Yo: ¡Pues sí! Suelta por esa boquita ahora mismo.
Festivo: ¿El qué?
Yo: Todo. A ver, ¿por qué llegas tan tarde?
Festivo: Se me ha ido el santo al cielo limpiando en casa y escuchando música.
Yo: ¡¿Tangos otra vez?!

domingo, 24 de julio de 2011

Mi Padrino

De tanto decir y escribir en estas últimas fechas la palabra padrino, inevitablemente me he acordado de mi Padrino: uno de mis tíos, el más especial y una de las personas que más influyó en mi crecimiento, al que lamentablemente hace ya mucho tiempo que se lo llevó por delante un cáncer de pulmón.

Tubo dos hijas, mis primas, pero cuentan las malas lenguas que siempre deseó tener un hijo varón y que se quitaba la espinita conmigo, con su ahijado.

Recuerdo que siempre iba junto a mi padre (e incluso cuando mi padre no podía) a animarme cada vez que jugaba al fútbol cuando era un niño, e incluso cuando ya no lo era tanto.

Nunca olvidaré cuando se me acercaba a escondidas y me decía: ‘Toma, esto para que te compres unas chuches’. O cuando ya estaba más crecidito: ‘Toma, para que te tomes algo con los amigos’. Y años después: ‘Toma, para que invites a tu novieta’. ‘Para algo soy tu Padrino’, añadía en todas las ocasiones dándome algo de dinero.

Y hace ya casi doce años que se fue... Joder, como pasa el tiempo.

Sus últimos meses me pillaron en una mala época. Apenas tenía yo 17 años y tenía muchos pájaros en la cabeza. Siento enormemente no haber ido tanto como debería al hospital a verle. No estoy nada orgulloso de todo aquello. Más bien lo contrario, es una deuda que siempre tendré conmigo mismo... Siempre algo me parecía más importante: una fiesta, una chica,... qué más daba, era un puto descerebrado. ¿Y sabéis lo peor? Que aún lo sigo siendo, no tanto, pero aún me queda mucho por aprender.

Sabía que le quedaba poco tiempo, pero era incapaz de asumir toda la transcendencia que este hecho traía consigo. En el fondo pensaba que ya habría tiempo de recuperar el tiempo perdido para estar con él. Aún no me había topado nunca antes con la muerte...

Recuerdo cuando iba a verle. Nunca parecía estar luchando con la muerte. Bromeaba, reía, me vacilaba... Ahora sé que se esforzaba enormemente en dar esa imagen.

Llegado el momento de su muerte, no supe llorar. Ni en el hospital ni en el velatorio ni en el entierro. Fue noches más tarde cuando me desperté con una crisis de ansiedad, con problemas para respirar y llorando desconsoladamente que por fin saqué todo ese bloqueo que llevaba dentro.

Nunca le olvidaré. Fue alguien muy importante en la formación de mi personalidad, en cierto modo fue y es mi espejo. El tenía un don que admiro. Era capaz de transformar lo cotidiano en extraordinario. Junto a él un partido de fútbol podía ser una batalla épica, un álbum de fotos un emocionante viaje a través del tiempo, una anciana senil una inquietante bruja, un paseo por el campo una peligrosa expedición o una tarde de tormenta una oportunidad para limpiar tu alma y empezar desde cero.

Y mi padre dice que soy como él… Pero ya me gustaría, yo sólo soy una vulgar imitación.

Estas letras se las dedico a él, a mi tío, a mi Padrino. Una persona singular a la que la muerte no se lo puso nada fácil, aún así, decidió morir tal y como había vivido: sonriendo.

martes, 19 de julio de 2011

Sorprendente e inesperado

Después de detalles como el de la corbata. Tras varios episodios un tanto tensos entre yo y mi Jefe. Y teniendo en cuenta la confrontación que tuvimos hace unos meses. Me resulta aún más chocante e insólita la escena que he vivido esta mañana en el trabajo…

A eso de las 9 y media de la mañana, con el consecuente sueño que aún arrastra uno a esas horas y con el estómago reclamando a gritos (o más bien retortijones) el desayuno y cafelito de rigor, se me ha acercado mi jefe.

El motivo: para exigirme (de forma maleducada y en voz alta, como siempre) que finalizara lo antes posible una tarea de la que ya me estaba ocupando…

Mi respuesta: 'Mira, yo si quieres te pinto un Van Gogh, pero no me presiones, las cosas requieren su tiempo, dame 2 días'.

Y ha sido entonces cuando ha sucedido lo inaudito: he visto desfigurarse ante mí todo el rostro serio y tosco de mi jefe, su mandíbula se ha deformado extrañamente y la proporción usual de sus ojos se ha visto disminuida y distorsionada…

No lo podía creer, lo que estaban descifrando mis ojos no podía ser otra cosa que una sonrisa. Una sonrisa de mi jefe.

Y para más asombro, me ha dicho: 'Te doy hasta el viernes, eso ya son casi 4 días, así que no te quejes'.

Y, aún sonriente, se ha girado y se ha alejado andando hacía su despacho. Lo mejor es que, mientras se iba, balbuceaba: ‘Te pinto un Van Gogh y acompañaba la frase con una ligera pero sonora risa.

Si no me falla la memoria, diría que es la primera vez que he detectado una risa sincera y real en mi jefe.

Muerto me he quedao, oye.

domingo, 17 de julio de 2011

Festivo

Tranquilos, los tiempos de los anuncios de Mimosin, Zack Morris y el Duque ya pasaron a la historia. La metrosexualidad duró tan poco como los pantalones de campana. Y la expresión ‘Que pasa nen’, se esfumó tan rápido como el olor a Nenuco. Pero de la esencia de todo esto, se ha ido alimentando una especie de especie de ser. El individuo en cuestión es mi amigo Festivo, así que cansado un poquito de posts nupciales, he decidido dedicarle una entrada.

Lo sé, la originalidad me invadió al elegir su nombre para este blog, pero él es así: sencillo, divertido, risueño y festivo. Y es que, aunque él se dedica al diseño gráfico, a lo que le gustaría realmente dedicarse es a dormir, comer y jugar como cuando era un niño.

Dicho esto, os presento a mi enésima víctima pública por demasiadas razones:

Porque nos conocemos desde que no levantábamos ni un palmo del suelo.
Porque conoce cada uno de los apodos de mi infancia.
Porque con él puedo desahogar mis más profundas preocupaciones y recordar el saludo playmobil en una misma conversación.
Porque siempre será mi constante.
Porque yo quejándome y él haciendo el ridículo podemos llegar a niveles insospechados.
Porque enseña a los incultos nuevos términos como ‘bocachocho’, y grandes expresiones como ‘Esto vendría siendo lo que… bueno, ya sabes’.
Porque se le da como a nadie el volver a hábitos y vicios perdidos para luego entonar el mea culpa. (Y en esa actitud me veo perfectamente reflejado).
Porque se ríe por cualquier cosa y gime cuando tiene hambre.
Porque disfruta reservando mesa en un restaurante con un nombre inventado.
Porque me debe desde hace muchos años una clase para aprender a conquistar a tres mujeres en una sola noche. (Aunque es verdad que últimamente está de capa caída en cuanto a ligues).
Porque él nunca la lía, somos el resto los que le llevamos por el mal camino,... pero todos sabemos que en realidad es un poco mezcla de ambas cosas.
Porque le he robado una de sus mejores frases: ‘Soy un espectáculo’ y ya forma parte de mi vocabulario diario.
Porque pocos han vomitado en un portal, sin darse cuenta que era el suyo propio.
Porque nunca dejará de sorprenderme bien con una llamada surrealista, una teoría descabellada o con un pantalón naranja.
Porque si se abriera un blog, las risas se oirían desde la china.
Porque ir a la playa sin él y sus gafas de sol puestas aunque esté nublado no sería lo mismo.
Porque ir a la playa sin pasar vergüenza por su transistor (o móvil) a todo volumen, tampoco.
Porque nadie como él sabe lo importante que es reírse absolutamente de todo y de todos, no sin antes hacer tu propia caricatura
Porque junto a él soy el niño que nunca dejaré de ser.
Porque cuando seamos unos abueletes, continuaremos comportándonos como dos niños: aunque llevemos andador y el pelo lleno de canas.
Porque mi vida sin él, sería mucho más aburrida.
Y porque siempre estaré ansioso por compartir con él una nueva locura.
O, simplemente, una nueva sonrisa.

Pero con una condición, la de siempre: 'como me falles ya no te ajunto'.

miércoles, 13 de julio de 2011

El Padrino de boda III

Anteriormente…
Comida, bebida, cánticos, los brindis… En fin, un convite de boda en toda regla, pero aún queda lo mejor…


Como dicta la tradición, llega el turno de que los novios abran el baile. Para la ocasión, suena ‘More than words’, pero varios de los allí presentes sabemos que la novia hubiera preferido otra canción. Canción que a última hora fue vetada por el novio, me refiero a ‘La bella y la bestia’.

Porque, señores, la novia es como la Campanilla de Peter Pan, rodeada de un mundo donde nadie quiere crecer, pequeñita, dulce,… pero con un carácter de marras. Y sí, señoras, el novio es un cortarrollos empedernido, vergonzoso hasta más no poder, que se negó a abrir el baile con la banda sonora de una película de Disney cantada por 'triunfitos' alegando que el título, tanto de la canción como de la película, no le dejaba en muy buen lugar.

Una vez abierto el baile por parte de los novios, todo parece valer. Coreografías de todo tipo, casi todas vergonzosas. Vamos, de las que a mí me encantan... Corbatas en la cabeza, congas, camisas desabrochadas, personas incomprensiblemente bailando arrodilladas, en fin, todo de lo más normal… Todo esto, claro está, no lo aguantaríamos sin la sobredosis de alegría que nos invade por la ilusión del enlace; aunque también ayuda la sobre-hidratación que nos proporciona la barra libre…

Poco a poco el número de invitados se va reduciendo, unos se despiden, otros simplemente desaparecen... Y a última hora ya sólo quedamos los buenos, los de casi siempre. Pero, inevitablemente, hartos y extenuados por tal salvaje noche, he de decir que ya tenemos una edad, nos acabamos retirando a dormir, no sin antes desayunar con los novios para asegurarnos de joderles definitivamente la noche de bodas.

Y serán felices y se empacharán de perdices (o, al menos, eso les desea el Padrino).
¡Fin!

martes, 12 de julio de 2011

El padrino de boda II

Anteriormente...
El padrino, o sea yo, no se conforma con ejerce de chófer para sus señores los excelentísimos novios, sino que además asiste de forma desinteresada a su reportaje nupcial aún a sabiendas que, esta vez, los flashes no son para él. Poniendo así en entredicho a los que le tachan de egocéntrico...

Tras el largo reportaje fotográfico de los novios, finalmente llegamos al convite. Mientras que los novios son recibidos con vítores, el padrino es ignorado y posteriormente hasta collejeado. El pica-pica ha sido arrasado, aunque amablemente han dejado reservas para los novios y alguna que otra sobra para el padrino. Lunar me ofrece una croqueta mordida y me pellizca fuertemente el trasero, señal inequívoca de que ya va borracha,… de lo contrario no me hubiera guardado croqueta alguna.

Por fin llega la hora de cenar, tengo tanta hambre que se me ocurre fantasear con lo que pediría si pudiera escoger pero, claro, el menú ha sido previamente elegido por los novios, así es la democracia… Entre plato y plato, o más bien entre copa y copa, se suceden cánticos barriobajeros arrastrando al libertinaje a los novios, a los padres de los novios y a toda pareja allí presente sin olvidarse de Lunar y del padrino, claro está. Incluso llegan a exigirse muestras de afecto entre dos de los camareros.

Momento pastel y los brindis. A destacar el del padre de Activa, claramente ebrio y ovacionado por ello por el público presente. Yo (el padrino, chófer y además ahora repelente), leo una versión reducida y un tanto retocada de la dedicatoria a los novios que hace más de una año publiqué en este blog. Sensato se emociona visiblemente, Activa llora, Lunar llora, varias ancianas me aplauden y soy acusado por gran parte del público masculino de sensiblero y hasta de plagio. El cariño rebosa hacía mi persona…

Continuará...

lunes, 11 de julio de 2011

El Padrino de boda

Aún puedo recordar perfectamente el día en que Activa y Sensato me pidieron que fuera el padrino de su boda. Yo no soy un hombre que se emocione fácilmente y, además, cuando lo hago, lo sé disimular perfectamente… Lo que ocurre es que en este caso en particular no me lo propuse demasiado bien… Y, puede, tal vez, que derramara alguna lágrima…

En fin, el caso es que en su momento ni siquiera lo sospeché pero, a día de hoy, creo que en realidad, más que nombrarme padrino de boda, me estaban nombrando su chófer particular...

He aquí la boda de mis amigos Sensato y Activa vista a través de mis ojos. Los ojos del Padrino (a mí no me hicieron falta algodones), o lo que es lo mismo, el chófer.

Lo primero de todo era ir a buscar el coche nupcial: un 'BMW Serie Nosecuantos' cortesía del primo del novio. Un par de amenazas disfrazadas de consejos de cómo pilotar su preciado coche sin que sufriera daño alguno y listo para empezar la labor de padrino-chofer de boda…

Para empezar, ir a recoger a la novia y al padre de esta. De allí a la iglesia. Ceremonia de rigor. Cuando el cura se dirige a Activa, recuerdo una frase que ella le dijo a Sensato tan sólo unos días antes: ‘Cari, cuando nos hable el cura no me mires a los ojos que me da la risa’. Se miran, sonríen, puede que ellos hayan recordado lo mismo que yo. Luego salida nupcial de la iglesia con batalla de arroz incluida. Al coche de nuevo. Esta vez cambiamos al padre de la novia por el novio, el ya oficialmente marido, y nos dirigimos al convite. Pero de camino hacemos una paradita en un hermoso paraje para que los novios sean fotografiados por un paparazzi. Un imbécil que no cree oportuno que el padrino sea inmortalizado en ninguna de las fotos.

Continuará...

viernes, 8 de julio de 2011

Un momento en mi balcón

Estoy sentado en mi balcón. Es como estar en una nube con vistas a la vida, pienso. Allí abajo una chica pasea a un alborotado perro. A lo lejos, en un banco, una pareja se regala besos y arrumacos. De un coche negro baja un hombre. Viste camiseta verde y piratas blancos. No soy yo, pero se me parece. Bueno, no demasiado, pues yo soy más alto y más guapo. Estoy junto a todos ellos, por encima, y ninguno lo sabe. Para ellos soy un ser omnipresente, sólo que no lo sospechan. Imagino una vida para cada unos de ellos, vidas ficticias a medida. A mi antojo. Juego a ser un dios en el que no creo...

Ahora miro al cielo. Hay una pequeña luz en la oscuridad que destaca por encima de las escasas estrellas. Podría ser la esperanza, o el futuro, o bien el pasado, que siempre vuelve como un sueño recurrente. Cierro los ojos para olvidar mi vida y me digo alguna tontería más que ni yo mismo escucho. No importa, me digo, en realidad me paso la vida pensando tonterías. Me río y me cuento una historia más. En definitiva, me trato de loco...

Pero qué más dará si no estoy cuerdo, si la vida bien podría durar lo que dura este momento en mi balcón. Este momento que ya ha terminado.

domingo, 3 de julio de 2011

Despedidas

Puede que algunos recordéis (ya que me he puesto algo pesadito con el tema) que ayer sábado se celebraba la despedida de soltero de mi amigo Sensato.

¿Sí? Pues eso... Qué ayer estuve de despedida, con toda la resaca posterior que ello conlleva...

Una buena despedida de soltero siempre deja tras de sí varios hechos inconfesables. Y, creedme, esta fue de las buenas… Así que, shhhhhhhh, no os contaré demasiado; aunque también es verdad que puede que no me tenga que esforzar demasiado en esconder estos secretos, pues ya se encargaran de ello mis lagunas alcohólicas…

Una despedida de soltero es eso. Una despedida. Por lo que pasas prácticamente toda la celebración rememorando viejos tiempos entre muestras desmedidas de afecto. Desmedidas en gran parte a causa del alcohol y otras substancias…

Es por eso que las sensaciones que tuve ayer durante la despedida de soltero de mi amigo Sensato fueron muy parecidas a las que tuve en su día en algunas otras despedidas en general. Como por ejemplo: alguna cena de fin de curso, de final de carrera, cuando algún amigo se fue de Erasmus o cuando uno de mis mejores amigos se mudó a vivir a más de 600 kilómetros de distancia.

Todas aquellas fueron despedidas de fin de ciclo y de comienzo de cambios. En cambio, lo de ayer, esta despedida de soltero, fue una despedida sólo en cuanto a nombre y, cómo bien he dicho, en cuanto a sensaciones. Pues Sensato y Activa llevan años juntos y viviendo bajo el mismo techo. La boda, y por ende sus sendas despedidas, no son más que un mero trámite. Una vez casados, y tras la correspondiente luna de miel, todo volverá a ser exactamente como antes. Todo se resume en un simple cambio de estado civil.

Pero, bueno, de tanto en tanto están bien estas celebraciones, estas muestras de afecto entre amigos. Estuvo bien salir todos juntos como antaño. Todos desmadrados y sin pareja. Fue como un retroceso al pasado, como revivir una noche que bien podríamos haber perpetrado en un sábado cualquiera de finales de los noventa o principios del dos mil.

Y en todas esas noches casi nunca faltaba esta canción…

viernes, 1 de julio de 2011

Fechas

Este sábado se celebra la despedida de soltero de Sensato. Esta vez, de las tradicionales divididas por sexo. Y, claro, casi toda la responsabilidad de la organización del evento recae sobre los hombros del padrino, en este caso yo.

Veamos…
Restaurante: ok.
Juerga posterior: con la ayuda de Festivo, ok.
Primeros imprevistos: resueltos.
El presupuesto: sin la coordinación de Reservado, imposible.

- Pues todo parece ir sobre ruedas…
- Pero, ¿entonces por qué no podemos dormir?
- ¿Y porqué utilizas el plural si estás pensando solo en la cama?
- ¿Y ahora porqué pienso en segunda persona? -me pregunto a mí mismo.
- El insomnio me acabará volviendo loco. -me respondo.
- Si no es por el tema de la despedida, puede que sea por el trabajo… Pero las cosas marchan como siempre. Mal, pero como siempre. Uno se acaba acostumbrando a lo malo y, claro, cuando algo acaba convirtiéndose en costumbre resulta complicado que te siga robando el sueño... -divago.
- Entonces, ¿por qué es…?
- Estaría bien decir que me angustia el hambre en el mundo o las altas tasas de paro, pero estaría feo mentirme a mí mismo.
- No sé, a ver,… ¿la despedida cuando es? -me interrogo.
- Pues el sábado. -me digo.
- ¿Y…?
- ¿Qué?
- Venga, va,... di su nombre. -me increpo.
- ¿Pero qué dices?
- No te hagas el tonto…
- Vale, sí,… la despedida es el 2 de julio.
- ¡Ajá, la fecha!
- Es que es imposible que esta fecha me sea indiferente…
- Qué me vas a contar a mí…
- Pero eso no significa nada, no es nada malo, a veces está bien recordar el pasado.
- Eso creo.
- ¡Joder! Por qué no podremos ser como la mayoría de hombres y olvidarnos de todas la fechas importantes…
- ¡Oye! No hables por mí, por favor...

jueves, 30 de junio de 2011

Despedida conjunta 4: La noche de ellos

Anteriormente...
Trás la noche de San Juan y trás la jornada de vía ferrata, tocaba lo más importante: la fiesta para los futuros recién casados...

Bien, toda celebración que se precie debe comenzar con un suculento menú, y este estuvo exquisito… ¿Y de qué constó? Pues ya que el apartamento tenía una preciosa barbacoa, pues de costillitas, butifarras, cordero,… y todo esto acompañado de un consistente alioli. Vamos, una barbacoa en toda regla… Vale, en lo que se refiere al menú, la originalidad brilló por su ausencia, ya que era la segunda barbacoa en lo que iba de fin de semana si contamos la de la verbena de San Juan,... pero es que en mi grupo de amigos somos muy de ideas fijas.

Eso sí, en el postre no fallamos. La ocasión merecía de algo especial. Un pastel especial. Un pastel erótico con un diseño impactante y hasta atrayente: Formas de chocolate simulando enormes atributos masculinos y femeninos, dos grandes guindas a modo de pezones, y un toque de nata imitando lo que podría ser una enorme corrid… En fin, todo delicioso.

¿Y bebida? Pues toda, para qué escatimar...

Y, después, el plato fuerte: la hora de los juegos. Bueno, básicamente uno. Un juego ideado días antes entre todos, excepto los novios, claro. Un juego muy sencillo, pero que dio para mucho, para más de lo que yo particularmente esperaba…

¿Las reglas? Tres montoncitos de tarjetas: Preguntas o pruebas, recompensas y penalizaciones. Los novios elegirán, boca abajo y de mutuo acuerdo, una de las tarjetas del primer grupo y la leerán en voz alta. Si se trata de una pregunta, responderán por separado cada uno en un papelito, si coinciden sus respuestas tendrán derecho a una tarjeta de recompensa, si no coinciden deberán coger una tarjeta de penalización y, claro, acatarla. En el caso de que la tarjeta elegida del primer grupo sea una prueba, pues lo mismo, si la superan pues recompensa y si no una penalización… Y así hasta que se acaben las tarjetas.

Algunas preguntas destacadas fueron: '¿Cuánto tiempo duró vuestro primer polvo?', '¿Cuántas veces lo habéis hecho durante el último mes?', '¿Quién de los dos disfruta más a menudo de una sesión de sexo oral pasivo por parte del otro?'. Destacadas, sobretodo, porque sus respuestas no coincidieron…

Las pruebas que dieron más juego: 'Él debe reconocer un sujetador de su chica mezclado entre varios', 'Reventad un condón en un minuto sólo con la ayuda de vuestros pulmones', 'Ella debe reconocer entre varias fotos el culo desnudo de su chico'... Sí, hubo fotos de nuestros culos.

Algunas penalizaciones, a parte de las típicas de 'os bebéis un chupito', tuvieron su jugo: 'El resto del juego lo hacéis sin pantalones', 'Debéis besar los dos y en la boca a un tercero o tercera a vuestra elección', 'Intercambiaros una prenda de ropa entre vosotros durante el resto del juego', 'Llamad a vuestros respectivos suegros y le explicáis lo bien que lo estáis pasando y lo borrachos qué vais', y lo mismo con las suegras, etc.

Y recompensas varias, tales como: 'Podéis eliminar una de las tarjetas del primer grupo', 'El resto de invitados se bebe un chupito', 'El resto de invitados sigue el juego sin pantalones', 'Podéis hacer que se besen en la boca dos personas a vuestra elección', 'Elegid dos personas que os sustituyan en la siguiente prueba o pregunta'

La verdad es que todo fue muy divertido. Nos sentimos de nuevo como si fuéramos unos niños o, como mucho, adolescentes… Y, sí, todos acabamos el juego sin pantalones y besándonos los unos a los otros,... la orgía que todos deseábamos, para qué engañarnos,... si es que somos unos depravados.

Todo genial, inolvidable, como el resto del fin de semana… ¡y espero y deseo que para los novios también lo fuera!

Fin.