viernes, 31 de diciembre de 2010

De celebraciones y presentaciones (2)...

Si la Nochebuena la pasamos entre el ajetreo y el alboroto típico de las celebraciones de mi familia, en cambio, el día de la Navidad lo pasamos en casa de Lunar, en un ambiente mucho más íntimo y sosegado; aunque no por ello más aburrido.

Lunar parecía preocupada por este último punto, previamente insistió varias veces en avisarme de que las reuniones navideñas de su familia habían perdido sustancialmente desde el divorcio de sus padres y el fallecimiento de sus abuelos.

Pero la verdad es que a mí me resultó una comida de Navidad de lo más entretenida y entrañable.

La lista de comensales constaba de la madre de Lunar, sus tíos, Lunar y yo. ¿Qué decir de la madre de Lunar? Pues que me pareció una mujer muy cercana, afable y hasta chisposa. Y en cuanto a los tíos de Lunar, resultaron ser una pareja cuando menos un tanto pintoresca, polos opuestos, día y noche, cara y cruz: callado y tremendamente habladora, campechano y refinada, gordete y estilizada, etc. La verdad es que bien merecerían un post aparte…

En cuanto a la celebración en sí, acompañados de excelentes bebidas y buen yantar, departimos de sustanciosa charla, intercambiamos decenas de anécdotas curiosas y casi arreglamos la crisis y el paro de una sola tacada. Todo ello, con empacho y medio resaca de la cena y posterior salida de marcha del día anterior, oseasé de Nochebuena... Pero esto ya es tema aparte.

Y como colofón final, ya en la sobremesa, la madre de Lunar me deleitó, a pesar de la férrea oposición de Lunar, con unos antiguos álbumes de fotos. Y, por mucho que algunas de estas fotos avergonzaran a Lunar, y aún a riesgo de pecar de pederasta, os diré que, ya de niña, ¡Lunar estaba para comérsela!

¡Feliz entrada de año a todos!

jueves, 30 de diciembre de 2010

De celebraciones y presentaciones...

Lunar y yo hemos aprovechado estos días de amor y felicidad para presentarnos a nuestras respectivas familias. ¿Se os ocurre mejor manera de poner en riesgo toda esta armonía?

La noche del 24 decidimos pasarla en casa de mis padres. Y, aunque Lunar simulara estar de lo más a gusto, estoy seguro de que vivió una de las Nochebuenas más desconcertantes de su vida. Aunque, teniendo en cuenta que mi hermana también eligió la Nochebuena para presentar a su novio el Pirata en sociedad, supongo que a Lunar le resultaría menos duro el trance de conocer a una familia tan peculiar como la mía, ya que la novedad, los cuestionarios y, en definitiva, todo el foco de atención se vio dividido por dos.

Resultaría muy largo explicar la velada al detalle, con todas las preguntas incómodas de mi madre, las salidas de tono de mi hermana, la medio borrachera que agarraron mi padre y mi tío, los cotilleos de mi tía, las mil y una anécdotas inverosímiles de mi primo junto a su novia ‘la chola’ y, todo esto, mientras el gato cuidaba de nuestras distracciones alcohólicas para zamparse algo de los oasis de nuestro suelo.

A destacar el menú de siempre de mi madre (receta original de mi abuela, que cocinaba ella cuando éramos 15 y que repartimos, la misma cantidad, ahora entre 10), pasando por el cántico de villancicos con pandereta incluida, terminando con la batalla barriobajera por el turrón y los polvorones, y sin olvidarnos del intercambio de regalos del amigo invisible que hemos instaurado este año en mi casa para acabar de una tacada tanto con la crisis como con ese señor gordo vestido de rojo que vuela en trineo con la nariz y lo mofletes rojos (o sea, fumado y borracho).

Horas más tardes Lunar afirmó que mi familia era encantadora y divertida, que mi hermana cada vez le caía mejor, que mi madre era muy atenta, mi padre muy gracioso, mis tíos muy buena gente, mi primo todo un crack y su novia a parte de un poco ‘chola’ también era muy simpática… ¿Pero cómo se puede llegar a ser tan pelota? Como se nota que los acaba de conocer…

Y el día de Navidad la pasamos en casa de Lunar, pero esto ya os lo cuento otro día...

martes, 28 de diciembre de 2010

La Navidad y demás drogas blandas

Todo surgió el pasado domingo 19 de diciembre, cuando después de comer en casa de Activa y Sensato estábamos ya sentados en el sofá, tomando café y poniendo a cada uno en su sitio mientras luchábamos por la mantita cual Teresinas. Fue entonces cuando se me recordó que mi casa no tenía ningún adorno navideño, cuando descubrí que Lunar es una peligrosa adicta a la Navidad y cuando confirmé que Activa es la mejor metiendo cizaña y Sensato el peor contando chistes aunque estos sean buenos:

Lunar: ¿De verdad no piensas poner ni un triste arbolito de navidad?
Yo: Que más dará…
Activa: Ufff, el año pasado no puso nada de nada… Es un autentico ogro de la navidad.
Lunar: Pues vaya, con lo que me gustan a mí los adornos, montar el árbol, el belén, los villancicos, los regalos, todo, la navidad…
Sensato: Jeje, nene
(refiriéndose a mí con cierto grado de recochineo…), te veo acabando como la olla del chiste…
Yo: ¿Ein?
Sensato: El chiste de la olla,… ¿no os lo sabéis?
Activa: A ver, cuéntalo.
Sensato: Había una olla que no quería ser olla. Las demás ollas le animaban a serlo: que sí, que sí, que es lo mejor, le decían. Y finalmente se convirtió en una olla a presión.

Pero bueno, yo no soy una estúpida olla, y además soy muy difícil de convencer… Si a día de hoy hay en mi casa un sobrecargado árbol de navidad, un pequeño pesebre, un enorme calcetín rojo y blanco, una extraña planta roja que por lo visto es tope de navideña y un balcón con lucecitas de colores a modo de fachada de puticlub, es simplemente porque yo quiero…

domingo, 26 de diciembre de 2010

El gorrón de Navidad

¿A qué es maravillosa la Navidad? Comer hasta reventar con la familia, berrear villancicos con tropezones de polvorón en la boca, gastarse el sueldo en regalos y aguantar a tus padres borrachos diciendo aquello de una vez al año no hace daño…

Pero lo mejor está por venir: ¿quién no desea salir de fiesta a lugares abarrotados de gente sudorosa, con la única distracción de arrimar la cebolleta a la maciza de turno fingiendo que no tienes suficiente espacio para pasar? Sí, soy un depravado, pero ¡la Navidad me pone!

Y es que, aunque mi espíritu navideño se haya desmoronado con el paso de los años, la verdad es que quien no se consuela es porque no quiere. A parte del vil arrime de cebolleta, la Navidad también tiene otras cosas buenas. Por ejemplo: gracias a la Navidad llevo unos días ahorrándome de cocinar, de fregar platos, sartenes, vasos y demás utensilios de cocina. Y lo que es aún mejor son todos los tuppers que me he llevado de casa de mis padres llenos de exquisitos manjares con la escusa de que no hay que tirar comida. A día de hoy ya he arramblado unos canelones y unos dos litros de caldo.

Y esto no ha hecho nada más que comenzar…

viernes, 24 de diciembre de 2010

Esta noche es...

Mañana no hay previsión de nieve.
Dudo que mi familia y yo acabemos invitando a cenar con nosotros a un bondadoso y desdichado sintecho que nos brinde grandes lecciones de humildad.
No espero la visita de ningún espíritu del pasado, del presente, ni del futuro.
Ningún ángel se ganará sus alas.
Y, además, en mi casa no hay chimenea...

Aún así, esta noche será Nochebuena y mañana Navidad.

¡Feliz Navidad a todos!

domingo, 19 de diciembre de 2010

La cena de empresa

El pasado viernes tocaba cena de empresa, y la verdad es que no ocurrió nada digno de destacar... Así que, mientras cenaba y tomaba una copita con los compañeros de trabajo, se me ocurrió la siguiente historia:

Un policía da el alto a un vehículo:
- Buenas noches. Documentación…
- Lo siento agente, pero no poseo documentación alguna.
- ¿Ni dni, ni carnet de conducir, ni papeles del vehículo, ni nada?
- Nada.
- A ver, acaso no sabe usted que no debe salir de casa sin documentación… ¿Su nombre?
- Soy la Alegría.
- ¿Alegría? Ok. ¿Y apellidos?
- No tengo apellidos. De hecho tampoco tengo nombre,… más bien tengo adjetivo.
-¿Y esos ropajes? Con esas pintas y sin documentación alguna comprenderá que parece usted una persona cuando menos sospechosa. ¿Por qué viste usted ese extraño traje y ese ridículo sombrero? Parece usted un bufón de vete a saber que rey medieval.
- No sé. Me han imaginado así…
- Pues tenemos un problema. No puedo permitirle continuar si no se identifica usted de alguna manera.
- Mire, me están esperando. Debo llegar a una fiesta o, de lo contrario, todo el festejo será un auténtico muermazo.
- Lo siento, pero por el momento está usted bajo retención.


Y algo así debió ocurrir... Porque el festejo, la cena de empresa, fue un autentico muermazo.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Yo no soy Fernando Alonso

Compañero A. llevaba unos días muy ilusionado. Yo no paraba de preguntarme el porqué…
Quién iba a imaginar que la causa de su felicidad tuviera que ver con un desgraciado hecho que me contaba apenas hace unas semanas:
- Me voy a tener que cambiar el coche. Ya no va muy fino y, además, últimamente me hace unos ruidos rarísimos…
- ¿Lo has llevado al mecánico? Igual es cualquier tontería.
- No, no… la cosa pinta fea. Está ya muy viejo, ¿sabes? Me va a tocar renovarlo…
- Vaya putada, es un gran gasto.
- Sí, eso sí…


Cuando el pasado martes, nada más llegar al trabajo, gritó a unos 50 centímetros de mi cara que ya le habían dado su coche nuevo, empecé a sospechar que ya se le había pasado por completo el disgusto de tener que cambiarse el coche. Y, lo más sorprendente, es como ese sentimiento dramático se había transformado en la más inmensa ilusión que yo había visto en mi vida hacía un objeto metálico desde 'El Señor de los Anillos'.

¿Y toda esta ilusión por qué? Pues creo que por el placer de poder enseñármelo…
- Luego te lo enseño, ya verás… - me dijo.
Parecía una amenaza, y lo peor es que lo era...

A la salida del trabajo le acompañé a su coche y, tras verlo por fuera y decirle que era muy chulo, me dispuse a despedirme e ir a coger mi coche. Pero la cosa no fue tan fácil...
- Ven, ven, que te lo enseño por dentro – dijo insistente.

Aparentemente muy ilusionado, abrío su coche y me enseñó el salpicadero, y yo sin saber que decir, emití un sonido como de aprobación (Ajá) y asentí con la cabeza. Acto seguido, me enseñó la parte trasera, y luego el maletero, muy amplio por cierto, así que emití un sonido como de aprobación y asentí nuevamente con la cabeza. E, inevitablemente, llegó el momento que jamás he entendido y jamás entenderé cuando te enseñan un coche nuevo: Abrió el capó y me mostró la parte del motor con todos sus tubitos y demás historias incomprensibles para mí… ¿Qué esperaba que dijera? ¿Bonita batería? ¿Fantástica junta de culata? Yo, claro, sin saber que decir, me limité a emitir de nuevo el mismo sonido de aprobación y a asentir con la cabeza... Pero esto no pareció ser suficiente esta vez para el anfitrión, que formuló una frase inquietante…:
- Mira, ¿eh?
Yo, perplejo, respondí titubeante:
- Ya ves...
Y, entonces, él pareció quedar satisfecho y decidió, por fin, finalizar la exhibición automovilística.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Sábado noche: Celebración de cumpleaños, el mío...

Hubo grandes amigos, mejores regalos y varios sms sorpresa. Todos a la altura.
Hubo frases, frasecillas y todo tipo de declaraciones. Todas subidas de tono.
Hubo momentos, momentitos y momentazos. Ninguno decepcionante.

A destacar:
Lo sedientos que estaban unos, frente lo hambrientos que estaban otros.
Lo contentilla que se mostraba Lunar, junto a lo alterado que se mostraba Festivo.
Lo desconectado que parecía Sensato, sobre cuya agenda planeaba de nuevo el fantasma de un enésimo viaje a Madrid.
Y el resto, al grano: hablar, reír, gritar, rajar, y todo ello, claro está, con magistrales dosis de sarcasmo.

Pasadas las doce, pese a que nuestra mesa aún desbordaba ganas, o debería decir vodka, ginebra y whisky, nuestro querido camarero cuidó nuestra distracción horaria para invitarnos a continuar la celebración fuera de su restaurante…
Pero antes de marcharnos: los regalos. Como ya he dicho, todos ellos a la altura y también muy bonitos y útiles, incluido el tanga del barça…

Acto seguido nos dispusimos a irnos de fiestuki, pero ¿qué pasó? Que algunos cayeron por el camino y sólo los buenos, los ocho degenerados de casi siempre, llegamos a la fiesta final en Razzmatazz (local para visitar de vez en cuando, con la misma asiduidad que cumplimos años, es decir, como mucho una vez al año…)

La fiesta final no podría relatárosla con todo lujo de detalles, pero recuerdo lo más importante o bien impactante, según se mire… Es decir, algún que otro bochornoso baile y a mi grupo de amigos solteros, liderados por Festivo, tirando la caña con sutiles artimañas… Vale, de todo menos sutiles.

Y como colofón a toda buena celebración: Hoy, domingo de resaca.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

La tercera edad

Tras unos días de desconexión, después de un puente en la nieve, con portátil nuevo y con poco más de 500 euros menos: Por fin estoy conectado y de vuelta por estos lares…

¿Y qué podría contaros? ¿Qué le ronda por la cabeza aquí al menda lerenda? Pues así, a bote pronto, se me ocurre contaros, no sin cierto grado de desasosiego, que me aproximo preocupantemente a la tercera edad. Con toda la degeneración psíquica, y lo que es peor, física que ello conlleva…

Y es que señoras y señores, niños y niñas, que nadie se asuste: el próximo lunes cumplo 29 años. ¿No os parece alarmante? Y con la veintena casi sobrepasada, me ha dado por pensar en cosméticos antiarrugas, Just for men e incluso en la fugacidad del tiempo.

Es curioso cómo vuela el tiempo, ¿no creéis? Un día te levantas y ya se ha acabado el verano, otro día te levantas y ya es navidad, otro día te levantas y ya llevas tres años en el mismo trabajo, y otro día te levantarás y ya tendrás los 30, y luego los 40, y los 50…

En fin, prefiero no seguir contando ya que no quisiera acabar llorando frente a mi portátil nuevo, principalmente por qué aún no le tengo demasiada confianza y por qué, encima, desconozco si mis lágrimas son compatibles con Windows 7.

Por otro lado, cual jubilado, hecho la vista atrás y me vienen a la memoria miles de recuerdos de mi infancia que mi progresivo e inevitable proceso senil aún no ha logrado borrar:

De cuando mi edad no tenía más que un dígito.
De cuando el verano duraba tres meses y las navidades casi tres semanas.
De aquellos años en que mi madre me ejercía de asesora de imagen.
De cuando con cinco duros para chucherías era el niño más feliz del mundo.
De aquella época en la que soñaba con ser Marty McFly y tener un DeLorean.
De cuando con un seis y un cuatro hacía tu retrato.

Y para qué seguir recordando, si otros ya me han hecho el trabajo….

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Desconectado

Hace no demasiado tiempo encendía mi ordenador, miraba el Hotmail, charlaba un ratito por el Messenger y tira que te vas… Pero me lié y me lié,…. y, sin saber cómo, me encuentro intentando abarcar con:

El Hotmail.
El Gmail.
El Messenger, aunque ya casi no lo utilizo.
El correo del trabajo, que hay quien me escribe como si se tratase de un Messenger
El facebook, el cual incluye otro Messenger…
También me hice un Tuenti al que nunca entro, de hecho he olvidado la contraseña.
El Spotify
Mi blog.
Los vuestros
Una página web que tengo prácticamente abandonada
Creo que tenía una cuenta en yahoo…
Y encima, hace poco pensé en abrirme un Twitter, pero aún no lo he hecho…

Por suerte o por desgracia, mi portátil ha dicho hasta aquí hemos llegado y tardaré unos días en repararlo o bien reemplazarlo…

Por suerte o por desgracia, hace tiempo que di de baja la tarifa de datos para mi móvil porque apenas la utilizaba...

Por lo que, por suerte o por desgracia, no me puedo conectar a internet desde casa. No puedo revisar correos, contestarlos, actualizar el facebook, mi blog, leer los vuestros, etc.

Y aquí estoy ahora, actualizando mi blog desde el trabajo y pensando que cuando salga de la oficina volveré a estar totalmente desconectado. Y, si os soy sincero, no puedo evitar sentir una extraña sensación de liberación…

Pero tranquilos, que no cunda el pánico... Vuelvo enseguida.