viernes, 30 de julio de 2010

Y llegó el día

Era consciente que este día se acercaba,... era inevitable. El día de la despedida. Esta mañana, al vestirme, he preferido esquivar el color negro. Por lo que, mi camiseta verde loro ha sido una buena compañía ante semejante trance.

Llegado el momento, entre apretones de manos y besos pesarosos, me despedía del resto de compañeros con motivo del inicio de las vacaciones. Lo que nos llevará, entre otras cosas, a bastantes días sin vernos.

Una vez despedidos, hemos guardado un o ningún minuto de silencio, no estoy seguro… Mientras tanto, yo intentaba recordar los maravillosos momentos vividos durante el año. Pero, supongo que debido al impacto de tan amargo adiós, mi mente no ha sido capaz más que de pensar en mi cama, en este despertador y en el paradero de una tal Eva María.

Así que, con lágrimas en los ojos que me empañan la visión del teclado, y más si cabe de la pantalla, admito mi actual tristeza y estado total de decaimiento…

¡¡Vacaciones!! Vaya putada…

(Aunque por el momento me quedo en casita, esperando a que Lunar coja vacaciones... ¡Menuda aguafiestas!)

martes, 27 de julio de 2010

Despertando mi vena fratricida

Yo, por teléfono: ¿Me has llamado?
Hermana: Sí, ¡hace casi 12 horas!
Yo: He visto tu llamada a las 12 del mediodía. Me ha extrañado que me hubieras llamado a las 9 de la mañana,… pero como no me habías vuelto a llamar, he pensado que te habrías equivocado…
Hermana: Anda que te preocupas, ¡como para una urgencia!
Yo: Bueno, ya te digo, como no me habías vuelto a llamar y como encima estaba liadísimo de trabajo pues no te he devuelto la llamada, pero ahora me he acordado…
Hermana: ¿Ahora? Pues ya podía estar yo agonizando con fuerzas para una única llamada, y tú ahí… ‘liadísimo’ y llamando medio día más tarde.
Yo: ¿Qué quieres que te diga…? Te he llamado, ¿no? ¿Qué querías?
Hermana: Vaya, ¿ahora te preocupa o qué?
Yo: Joder, dime ya. ¿Era una urgencia acaso?
Hermana: Bueno, es que iba por la calle, y con el sol no veía muy bien… Vamos, que quería llamar a una amiga,… y me he equivocado y te he llamado a ti.
Yo:
Hermana: Pero bueno, que una cosa no quita la otra.

domingo, 25 de julio de 2010

La cabra tira al monte

Vale, os he de confesar que tenía escritas unas nueve líneas de lo que iba a ser mi entrada de hoy. En ellas empezaba a resumir lo que había dado de sí este fin de semana. Mi fin de semana, claro está. Porque, como ya sabréis los que pasáis por aquí de vez en cuando, mis entradas son siempre ego-entradas, del tipo 'mira mi ombligo y mira como me lo hurgo'.

Bueno, total, que en un momento dado mi subconsciente me ha dado una colleja, haciéndome ver que este tipo de entradas-resumen de fin de semana empiezan a oler a pescado podrido, y que, para más inri, últimamente mis entradas son cada vez menos indicadas para diabéticos, y que estarán empezando a resultar odiosas para el personal. Que sólo me falta poner la fuente de color rosa para que todos creáis que quien realmente escribe este blog es un oso amoroso con sería adicción a los algodones de azúcar.

Ha sido entonces que me he propuesto escribir algo serio, algo interesante, profundo, que diera para reflexionar y debatir largo y tendido, haciendo que esta entrada acumulara 107 comentarios,… pero como veis no lo he conseguido. Pero no me culpéis a mí, ha sido cosa de la inspiración, que se ha marchado sin avisar, dejándome huérfano de ideas y habiéndose comido el último gofre.

Así que, en mi línea, os diré que este fin de semana ha sido una auténtica gozada y que, con las vacaciones esperándome al final de la calle, es difícil dejar de ver el mundo del color de rosa.

Sin más, me despido, con esa cara de satisfacción que pondría James Bond justo antes de resolverlo todo y beneficiarse a la rubia de turno.

miércoles, 21 de julio de 2010

Lunar

Está loca, dice ser negra,... aunque aclara que únicamente durante los meses de verano…

Junto a ella,
el amor y el deseo se juntan para inventar juegos llenos de erotismo,
las duchas y la pasión se arremolinan como las burbujas de un buen cava,
sus ocurrencias y mi ironía se mezclan en una explosión de carcajadas,
a los desayunos de mediodía se le suman gestos de complicidad,
los besos restan horas de resaca,
los sueños se solapan con proyectos reales,
los sms sorpresa de ‘te quiero’ se combinan con las llamadas a cualquier hora,
la comida china a domicilio compite con los ‘hoy cocino yo’,
una nota en la nevera se convierte en un espléndido ‘buenos días’,
y se acumulan en el cajón de mi subconsciente poemas de amor que no sé escribir.

Ella me ha recordado la importancia de disfrutar de esos momentos definidos por la retratada como ‘hago lo que quiero porque quiero’.
Esto incluye:
Salir hasta las tantas,
regalarme una copa a la que ha sido invitada por un camarero un tanto salido,
aprovechar la arena de la playa para hacer la croqueta humana,
olvidar que somos adultos y divertirse haciéndonos fotos para la portada de Vogue,
vestir de punta en blanco para salir a la calle,
y dejar los mejores harapos para estar conmigo en casa (agujeros incluidos)

Con ella he descubierto que el amor a veces no se encuentra de un día para otro, o en el primer beso de tornillo… Y que puede ser mucho más placentero descubrirlo poco a poco, irte dando cuenta que empiezas a amar, que algo crece en ti hasta el punto de desbordarse, que eres capaz de querer sin pedir nada a cambio, sin segundas intenciones, sin rendir cuentas a nadie. Y descubrir que, aunque estabas cansado de querer, si encuentras a la persona indicada, si lo tuyo es querer… pues acabas queriendo, y olvidas esa autoimpuesta idea de estar un tiempo solo.

Porque si ella está triste, yo procuro hacerla reír.
Porque ella me arranca una sonrisa casi sin quererlo.
Porque cuando estamos enfadados, me muero por besarla.
Porque si ella llora, yo me aguanto la lagrimilla y la abrazo con entereza.
Porque sólo a ella le interesa lo que sueño.
Porque su aroma y su silencio me regalan, sin saberlo, un bello amanecer.
Porque juntos es fácil tener escalofríos a más de 30 grados.
Porque si yo me pongo cabezón, ella me imita.
Porque si ella se ríe, yo me acabo partiendo la caja.
Porque cuando yo meto la pata ella se ríe conmigo y de mí.
Porque 'los lunares de su cuerpo me los voy a comer'.
Porque la frase ‘Nene, me quedo a dormir’ empieza a ser una norma y me encanta.
Porque una hora de acicalamiento en el baño cunde una noche entera.
Porque salir por la noche es mejor cuando se desayuna acompañado antes de irse a la cama.
Porque si comemos ensalada, necesitamos de una dosis de chocolate para compensar.
Porque apenas he visto dos capítulos de ‘Sexo en Nueva York’ pero oigo hablar de esta serie constantemente.
Porque por su culpa muchos de mis amigos me llaman Nene, pero lejos de molestarme me hace muchísima gracia.
Porque no vivimos juntos pero ya tiene su espacio en mis cajones, en mi armario, en mi lavabo, en mi cama y en mi...

¿Sabéis?, hacerle un hueco en mi corazón fue fácil, entregárselo entero… está resultando increíble.

domingo, 18 de julio de 2010

Anecdotario

Noche de viernes: partida de trivial.
Mientras jugábamos una partida chicas contra chicos, Lunar acusó al bando masculino de no saber hablar más que de fútbol y de La Roja. Nosotros no entramos al trapo sabiendo que era un vil intento de desestabilizarnos.
También cabe destacar la llamada de Festivo: ‘¿Jugando al trivial? ¡Pero que es viernes coño, que parecéis una panda de casados!’ Tengo mis sospechas de que utilizó el término ‘casados’ a modo de insulto, pero no estoy seguro…

Mañana de sábado: aritmética aplicada.
Lunar y yo decidimos ir a la playa con la lección bien aprendida…
Lunar (ejemplo de multiplicación): Si me echo 4 veces mi crema factor 4 de zanahoria, es como si me echara un factor 16.
Yo (ejemplo de suma): Si a mi crema factor 12 le sumo la tuya del 4, ya llevo una protección del 16.
Resultado empírico: Espaldas quemadas y fin de existencias de aftersun. Eso sí, Lunar se empeñó en vestir el resto del fin de semana de blanco, según decía, para que se le notara que le había dado el sol…

Tarde de sábado: estilistas al poder.
Activa necesitaba urgentemente unos pantalones claros, vete tú a saber porqué… Así que Lunar y otras dos amigas ejercieron de estilistas. Pero el resultado no fue el esperado, y Activa acabó comprándose un vestido azul y generoso en escote, para irritación de mi amigo Sensato. Fue Lunar, que se apunta a un bombardeo, la que acabó comprando el pantalón claro... ¿Lo adivináis? Blanco.
Las otras dos amigas no compraron nada, ya que habían ido de tiendas el viernes y se habían comprado sendos pantalones de pitillo, sandalias nuevas y habían criticado a todas las dependientas 'pelo-plancha' de Barcelona centro.

Noche de sábado: por todo lo alto.
Porque íbamos de cumpleaños. Y con lo alto que es el cumpleañero, había que estar a la altura…
Estuvo bien, según parece… Yo por mi parte recuerdo muy poco, ya que Festivo se sentó a mi lado en la cena y se dedicó a no permitir que mi copa estuviera vacía en ningún momento. El calor y la sed hicieron el resto.

El domingo: prácticamente no ha existido.
Porque si yo fui vilmente emborrachado por Festivo. Lunar, por su parte, le siguió el ritmo a Activa, otra degenerada... Así que Lunar y yo hemos amanecido, no se sabe cómo, en mi cama a eso de las 2 del mediodía. Resacosos. Mucho.
Y la tarde del domingo la hemos sobrevivido gracias a Shutter Island y a la metadona (o nocilla en su defecto).

En fin, y mañana lunes…

miércoles, 14 de julio de 2010

Descuidos imperdonables

Nunca habíamos estado tanto tiempo sin vernos; nunca había echado tanto de menos a un amigo…
¡Maldita sea! Si nos queremos tanto, ¿por qué nos vemos tan poco últimamente?

Supongo que es lo que tiene el amor, que nos pierde: El amor a otras amistades, el amor por la familia, un extraño amor-odio al trabajo y, sobretodo, el amor a la pareja…
El amor es capaz de mermar una amistad hasta convertirla en incompatible.
Pero si esto nos ha ocurrido no es más que por inconsciencia, dejadez y exceso de tiempo invertido en cosas menos importantes pero más rutinarias.
No dejemos que esto siga así. Quizás sea el momento de retomar costumbres, re-visitar viejos lugares e intentar no perdernos entre nosotros.

Hoy hemos empezado a poner remedio a todo esto.
Al reencontrarnos tú me has mirado, yo he sonreído y, entonces, nos hemos regalado un cálido abrazo.
Notar que nada había cambiado me ha tranquilizado, y hemos comenzado a charlar como si retomáramos una conversación que habíamos dejado a medias ayer mismo.

Los años nos han convertido a ti en un descarado crítico y a mí en un ácido por sistema; pero cuando te miro, continúo viendo al niño inocente que conocí en el colegio, y espero que tú reconozcas al mocoso junto al que no parabas de meterte en líos.

Tenemos un pacto.
¿No habrás olvidado que en el geriátrico haremos carreras con el andador, verdad?

lunes, 12 de julio de 2010

Para el recuerdo

Nadie dijo que ver un partido de fútbol en grupo sea lo ideal. Por supuesto que es mucho más divertido y emotivo que verlo solo, pero en lo que al propio partido se refiere no es lo idóneo. De hecho, desde que crecí un poco y empecé a ver los partidos importantes con los amigos, no recuerdo claramente ningún Barça-Madrid, no recuerdo cual de los equipos los dominó, ni quién fue el mejor jugador en ellos, y creo que más de la mitad de los goles los he visto gracias a las repeticiones.

Pero, ¿cómo ver un partido tan importante como la final del mundial solo? La final de nuestro mundial. ¿Qué más da haberse perdido, probablemente, miles de detalles del partido? Seguramente, de todas formas, dentro de 20 o 30 años no recordaría cómo transcurrió exactamente el partido, ni las mil patadas que nos dieron, ni cuantas ocasiones tuvimos, ni cuantas tuvieron los holandeses, ni tampoco cómo se llamaba el pulpo, ni mucho menos a quién besó Iker Casillas en directo. Pero estoy seguro de que recordaré a quien besé yo, recordaré a cada una de las personas con las que compartí esa noche, no olvidaré el abrazo y los saltos con mis amigos gritando el gol, incluso recordaré que me empaparon la camiseta de la Roja con cerveza mientras lo celebraba, no olvidaré quienes me regalaron esa camiseta, y tampoco olvidaré la llamada de mi padre emocionado nada más acabar el partido.

Sé que a mucho os podrá parecer absurdo, pero para mí son y serán momentos inolvidables.

¿El partido? El partido no fue precisamente un espectáculo. Había un equipo que quería jugar y otro dispuesto a evitarlo a toda costa. Pero llegó el minuto 116 y el balón le llegó a don Andrés Iniesta,… pero bueno, esta historia ya la conocéis.

viernes, 9 de julio de 2010

La masa de aire africano y otros métodos de cocción

¡Qué se aproxima una masa de aire africano!, anunciaban los telediarios alarmados. Esperábamos el atronador estruendo de miles de vuvuzelas, pero resulta que hablaban de las temperaturas…

¡Y qué temperaturas! ¡Menuda calor que hace! Un calor que no a todos nos afecta del mismo modo…

Hay a quien el calor le afecta físicamente, como a mi padre. Su piel se vuelve húmeda y reluciente, haciéndola parecer de plástico. Cuidado, si una tarde calurosa de verano se os acurre acercaros a darle un abrazo, aseguraros de que las ventanas están cerradas, ya qué se os puede resbalar de entre los brazos y salir disparado por cualquiera de ellas.

Hay a quien el calor le afecta psicológicamente, como a mi hermana-princesa. Ella ya es irascible por naturaleza y este verano ha declarado que el calor le pone de mala hostia. Quienes la conocemos sabemos que cuando ella reconoce algo, todos lo sabíamos hace años… pero vaya, que lo ha admitido.

Hay a quien el calor le deja sin fuerzas, como a mi madre. Así que decide poner el aire acondicionado, tumbarse en la cama y retarse en un cara a cara con el gato para ver quién es capaz de alargar más la hora de la siesta.

Hay a quien el calor le afecta directamente en el habla, como a Compañero A. Que aún habiendo nacido en la periferia de Barcelona, le ha dado por hablar andaluz: ‘Ofú, que caló que hace, chiquillo’, ha exclamado hoy en repetidas ocasiones.

Hay a quien el calor le afecta en su estado de salud, o eso creen…, como a Compañera B. ‘Estaba fumándome un cigarro en la calle, y me he mareado y todo de el calor que hace’, farfullaba esta mañana. A lo que alguien le preguntaba que si había desayunado algo. ‘Un café y dos cigarros’, respondía ella con total naturalidad…

Hay a quien el calor le afecta en el estado de ánimo, como a Festivo. Que ni le apetece hacer deporte, ni le apetece charlar, ni le apetece moverse de su casa. Eso sí, cae la noche y renace cual vampiro dispuesto a aterrorizar a toda fémina viviente, pretendiendo que los demás le sigamos…

Hay a quien el calor sencillamente no le afecta, como a Lunar. Así que coge tranquilamente su coche sin aire acondicionado a las tres de la tarde y se planta en la playa. Llevándose un chaleco por si, según sus propias palabras, ‘más tarde refresca un poquitín’

Hay a quienes no se sabe cómo les afecta el calor, como a Activa y a Sensato. Que como están en Turquía no he podido observarles... La única declaración que han hecho es: ‘Te hemos comprado la camiseta de La Roja’. Así que como se están portando bien no me meteré con ellos.

Y hay a quien el calor le provoca insomnio. Y se dedica a escribir a altas horas de la madrugada. Pero debido al achicharramiento de neuronas, sólo escribe tonterías.

lunes, 5 de julio de 2010

Redes antisociales

Un día llamas a un amigo al que hace semanas que no ves y, de repente, te suelta la siguiente frase:
¿Cómo que no sabes nada de mí? Pero si estamos constantemente en contacto por el facebook…

Y te detienes unos segundos a pensar:
Vale, sé de ti a través del facebook. Cada día nos comentamos el estado, nos dejamos algún que otro comentario en la foto de turno, nos cruzamos un ‘me gusta’ en algún absurdo grupo al que nos hemos unido, nos enviamos un abrazo o una cerveza virtual, y hasta nos escribimos algunas frases a través del chat.

Y concluyes:
¿Pero desde cuando el facebook es nuestra única herramienta de comunicación?
Yo que soy un amante de los cafés a media tarde, las cervezas a cualquier hora, las terracitas al atardecer y los paseos bajo la luna. A mí que me encanta hablar mirando a los ojos, escuchar gesticulando, cambiar totalmente el sentido de mis palabras con su tono o con una mueca, comunicarme tan solo con miradas y disfrutar de un silencio compartido.

Y acabamos diciéndonos:
De esta semana no pasa, ¡tenemos que vernos ya!
Te mando un mail cuando tenga un hueco…

viernes, 2 de julio de 2010

2 de Julio

Me dijeron que cambiaste de trabajo, que el cambio ha sido para mejor, que estás muy contenta…

¿Qué más ha cambiado en tu vida?
¿Aún escribes notas en el calendario?
¿Todavía lloras cada vez que escuchas 'Historia de un sueño'?
¿Por fin visitaste Roma?
¿Conservas ese brillo en tus ojos? Esos ojos que iluminaron mis sueños.
¿Sigues siendo capaz de adornar la vida con sonrisas?
¿La colonia dulce aún acompaña al olor de tu piel?
¿El incienso y las velas aromáticas siguen relajándote?

¿Recuerdas aquel millón de besos?
¿El roce de mi cuerpo?
¿El tacto de mis dedos?
¿La forma en que me mirabas?
¿Recuerdas aquel verano en Lisboa?
¿Las noches en la playa?
¿Aquella lágrima?
¿Esa sonrisa?
¿Nuestra lista de posibles nombres para ellos? ¿Sigues pensando que lo ideal serían dos?

¿Has olvidado el 2 de julio? Sería el cuarto...

¿Alguna vez piensas en mí?

Yo ya casi nunca lo hago.