miércoles, 28 de abril de 2010

Dos miradas y un adiós

Desde un principio había detalles que hacían presagiar el desenlace...
La misma manta que a ella le hacía tiritar, a mi me hacía sudar.
Ella prefería disfrutar del sol y yo observar la luna.
Luego se fueron sumando diferencias mucho más transcendentales que prefiero no rememorar.

Para convertirnos en compatibles no nos quedo más remedio que hacer enormes esfuerzos. Entre otros, yo dejé de respirar por miedo a que el ruido pudiera molestarle, y ella dejó de parpadear por miedo a que yo desapareciera de su lado.

Pero hay cosas que no se pueden mantener eternamente: Yo empezaba a ahogarme; me era imposible continuar sin respirar. Y sin parpadear, de sus ojos ya sólo salían lágrimas.

Llegamos a un punto sin retorno, en el que yo empecé a respirar jadeando con la intención de enfadarle y ella empezó a parpadear de forma exagerada, procurando perderme de vista el mayor tiempo posible.

Supongo que ella comprendió que esta situación no nos llevaba a ninguna parte, que estábamos sufriendo cada uno a su manera. Lo mejor era separar nuestros caminos y nuestras vidas. Pero yo aún no quería entenderlo... La ruptura fue dolorosa y seguramente yo la hice aún más dura al intentar aferrarme a ella.

El otro día, al reencontrarnos, los ojos de N. me dijeron muchas cosas. Cosas que poco a poco he ido entendiendo…

Sus ojos volvían a irradiar alegría y felicidad, ni rastro de aquel odio con el que se despidieron de mí la última vez. Esto me resultó más reconfortante de lo que esperaba, creo que de algún modo he acarreado con ese odio todo este tiempo, pero por fin se ha esfumado…

Sin duda, mis ojos también desmentirían aquella falsa pose de desprecio con el que decidí que se despidieran de N hace 8 meses, y darían fe de mi felicidad actual junto a Lunar.

De hecho creo que sin nosotros notarlos, mientras charlábamos, nuestros ojos se estaban perdonando por aquella última mirada y, por supuesto, se estaban regalando un nuevo adiós. Un cálido adiós.

Nos hemos amado, fuimos felices, disfrutamos de lo nuestro,… pero se acabó. No merece la pena perder más tiempo recordando, adjudicando, creando o admitiendo culpabilidades. La realidad es que llegó un día en que dejamos de ser felices juntos, y ahora hemos vuelto a encontrar la felicidad así, cada uno por su lado.

Liberado de todo rencor, le deseo lo mejor a N. Y no es que cierre con llave esa puerta imaginaria para siempre, es que esa puerta ya no existe… En su lugar, como conmemoración a lo nuestro, colgaré un cuadro… Un cuadro hermosísimo.

lunes, 26 de abril de 2010

Reencuentro

Este sábado estaba invitado a la inauguración de la nueva tienda de un amigo. Lunar tenía otro compromiso. Así que debía acudir a la fiesta sin pareja.

Sí. Yo lo sabía perfectamente: N. estaría allí. Pero no lo comenté con Lunar.
Aún no sé porqué; no quiero pensarlo.

Llegué de los primeros a la fiesta de inauguración, y teniendo en cuenta mi habitual impuntualidad, no dejaba de ser extraño. Al llegar, no estuve especialmente comunicativo, a penas pronuncié palabra envuelto entre las conversaciones de los amigos que iban llegando. Más de uno me preguntó si me encontraba bien.

Entonces vi llegar a N.
Aún podía recordar perfectamente, detalle a detalle, la última vez que nos vimos hace ya más de 8 meses: Una desesperante expresión de odio cubría sus ojos, yo intentaba transmitir desprecio con los míos (sentimiento falso, por supuesto)… En fin, un recuerdo muy desagradable.

Casi a la vez, nos miramos a lo lejos, y ella empezó a caminar hacia mí. Ignoraba como actuar ante el inminente encuentro:
¿Ignorarla? ¿Saludarla con gesto serio? ¿Cordialmente? ¿Efusivamente? ¿Quizás cariñosamente?

Cuando llegó el momento todo fluyó por sí sólo: Nos dimos dos besos y empezamos a hablar tímidamente. Mientras comenzábamos a hablar me fijé en sus ojos: El odio que reflejaban en nuestro último encuentro había desaparecido por completo y habían recobrado toda su hermosura.

Al principio la conversación fue algo tensa, aclarando algunas cosas que quedaron en el aire en su día pero sin entrar en detalles, ya no era momento para ello. Decidimos no hablar de algunas cosas y la conversación se volvió cada vez más distendida, incluso llegamos a reírnos en algún momento, sobre todo cuando descubrimos que ambos volvíamos a fumar. Quedamos en no perder el contacto; aunque ambos sabíamos que mentíamos… Entonces cada uno continuó la fiesta por su lado.

Ayer al levantarme sentí como si me hubiera quitado un peso de encima. Creo que necesitaba reemplazar el dramático último recuerdo de mi relación con N. por otro más cordial, más civilizado, más amable. Un final digno, el cual poder recordar sin remordimientos… Al fin y al cabo, vivimos muy buenos momentos juntos. Fueron poco más de 3 años de relación, con más de un año de convivencia incluida. Convivencia que degradó y, finamente, acabó con lo nuestro.

Pero, a parte de esa sensación de liberación, después del reencuentro y durante el día de ayer no pude evitar sentir cierta descolocación, cierta sensación de vulnerabilidad…

Supongo que debería haberle contado a Lunar mi encuentro con N., pero no lo he hecho. Si me preguntarais porqué, no sabría que deciros.

Hoy los consejos se multiplicaban. Se podrían resumir en estos tres:
- ‘No es necesario que se lo cuentes. Es irrelevante, son cosas tuyas.’
- ‘Si no se lo has dicho ya, no se lo digas. Le sonará raro que no se lo dijeras ayer, la confundirías.’
- ‘¡Díselo ya!’

He de decir que la segunda opción es la que he escuchado más veces, pero aún ando tomando mi propia decisión.

domingo, 25 de abril de 2010

Intersección

Poseo ese aspecto de invulnerabilidad que provoca la confianza y la plena satisfacción momentánea de mi vida. Me mofo de todo, pienso que soy capaz de cualquier cosa y siento esa sensación de que nada puede afectarme. Nunca nada ni nadie podrán enturbiar esta perfección, pienso. Pero sé perfectamente que existe esa persona capaz de darle un vuelco drástico a esta situación, sé quién es y sé que hay una puerta entreabierta por la que sólo ella puede colarse para confundirlo todo de nuevo.
Y ocurrió.

jueves, 22 de abril de 2010

Cuando sobran las palabras

Dicen que el roce hace el cariño. Pero sin roce alguno, Compañero A, ha logrado despertar en mí ese cariño.

¿Quién me iba a decir que aquel tipo que me cayó como una patada en el culo en su primer día de trabajo acabaría siendo la combinación perfecta entre compañero y amigo?

Su aliento en los momentos duros, sus sonrisas ante mis insistentes ironías, sus comentarios lapidarios y su peculiar humor -a veces rozando lo indecoroso-, le han catapultado a mi pódium dentro de la oficina.

A parte de ese humor tan peculiar, si hay algún atributo que define a Compañero A es su paciencia. Una paciencia inacabable que no hay que confundir nunca con apatía o con ‘sangre de horchata’. Mientras que la apatía es un defecto, la paciencia es una virtud. ¡Y menuda virtud! Decídmelo a mí, que soy incapaz de esperar, aguantar o mantenerme sereno bajo ciertas circunstancias; y también soy capaz de pasar de cero a cien en cuestión de segundos cuando veo algo que no me cuadra, debiendo pagar caro a menudo las consecuencias de semejante actitud.

La paciencia conlleva por sí misma un alto grado de serenidad, temple, aguante, tolerancia y esperanza. Esperanza de que cese la tormenta, de que lleguen épocas mejores, de que el tiempo ponga las cosas en su sitio o de que simplemente llegue tu momento…

Pero también es muy importante saber cuándo debe acabarse esa paciencia infinita, y Compañero A sin duda lo sabe. Llegado el momento, es capaz de poner a cada cual en su sitio con un par de comentarios tajantes.

Al poco de conocerme me dijo: ‘Aprenderías antes chino que a tener paciencia’. Yo me reí por fuera y por dentro pensé: ‘Vaya, que pronto me ha calado.’

Aunque a veces nos respondamos con sarcasmo, insolencia, arrogancia e incluso con grandes desplantes por culpa del estrés del trabajo. Ambos sabemos que nuestras conversaciones absurdas llenas de humor ácido, los comentarios a través de facebook en fotos y estados de ambos, y nuestros bombardeos de cadenas de emails graciosos o curiosos; no son más que para no expresar en voz alta y con palabras todo ese afecto mutuo.

lunes, 19 de abril de 2010

Mi asesor de imagen

A última hora del viernes pasado, mi jefe se tomó la libertad de convertirse en mi asesor de imagen:
- La reunión del lunes es muy importante, a ver si vienes arregladito, y no tan desaliñado y poco corporativo como siempre.
Yo, sin éxito alguno, intenté explicarle a grandes rasgos la irrupción de la moda casual en el mundo de la oficina. Él concluyó la conversación con la siguiente frase:
- Y ponte corbata.

Acto seguido me desahogué a grito pelado (vía sms) con Lunar:
‘¡Primero educación y después respeto!’ – sentencié en la frase final de mi sms.
‘¿Desaliñado? Pero que se cree ese tío.’ – replicó Lunar (vía sms).
Más tarde, ya en persona, Lunar y yo despotricamos largo y tendido sobre mi jefe.

Total, que hoy lunes me he presentado en el trabajo bien afeitado, peinado, con zapatos, traje y corbata…
Y, por dios, que manía tienen mis compañer@s cada vez que me visto de semejante guisa en decirme:
- ¡Que guapo estás con traje!

Es entonces cuando surgen mis dudas:
¿Sólo estoy guapo con traje?
¿Es que cuando voy sin afeitar, en tejanos y con mis munich voy feo?
¿Será que en el trabajo están acostumbrados a mi ‘cara de pan’ matutina y a mi barba descuidada, y cuando me ven afeitado y engominado el contraste es tal que confunde a sus mentes haciéndome parecer hasta atractivo…?
¿Mienten como bellacos?

Los comentarios de esta mañana han sido, por este orden:
- Que guapo estás con traje.
- Que arreglado que vienes.
- Vienes más arreglado que tu jefe.
- Tu jefe no lleva corbata, ¿porqué tu sí?

Tras comprobar la veracidad del último comentario, llego a la siguiente conclusión:
Mi jefe ardía en deseos de verme arregladito, con traje, zapatos y por supuesto… corbata. ¡Lo de la reunión era una mera escusa!
¿Qué le empuja a tener semejante deseo? Prefiero no saberlo…

Me despido, sin traje, o sea… feo.

sábado, 17 de abril de 2010

Lo sé, soy débil. No me deis mucha caña...

Ya no tiene sentido negarlo.

Tras un año y casi cuatro meses sin humos, he de confesar que vuelvo a ser fumador.

Poco a poco ha ido volviendo a mi vida el olor a humo, la tos matutina, la búsqueda incesante de bares, estancos y dinero suelto para comprar tabaco, y el odio a la ley antitabaco.

Ahora ya no hay marcha atrás. Al menos no fácilmente.

Supongo que tendré que devolver todos los elogios y premios obtenidos durante mi época de ex fumador como por ejemplo:
El ‘Muy bien hecho’ otorgado por una madre orgullosa, ‘Lo conseguiste enhorabuena’ otorgado por un largo número de amigos que jamás confiaron que pudiera dejarlo o ‘Que gran fuerza de voluntad’ otorgado por algún que otro compañero de trabajo fumador empedernido.

Este era uno de los pocos detalles que aún me ligaba a N.

Recuerdo perfectamente aquella resaca de año nuevo en la que, tal y como habíamos pactado unas semanas antes, nos desprendíamos de nuestros últimos restos de tabaco, de una docena de mecheros y empezábamos a intentar dejar de fumar.

La idea era dejarlo a la vez para así apoyarnos y motivarnos mutuamente, para que el otro no se rindiera. De este modo, el fumar no implicaría fallarse únicamente a uno mismo, sino también al otro, y la concienciación sería mayor.

Los inicios fueron difíciles, ella siempre decía que yo lo llevaba mucho mejor, yo incluso la vi derramar lágrimas por tan nocivo hábito. Finalmente ambos lo conseguimos.

Últimamente yo me he ido desmarcando de ese pacto, no sé si debería comunicárselo a N., supongo que ya no vendría a cuento,… pero me gustaría que supiera que el pacto está roto, que ya puede fumar sin remordimientos,… que yo he perdido.

jueves, 15 de abril de 2010

Contradicciones

No se me ocurre nadie peor que…

Un auténtico irresponsable reclamando un poco de sensatez.
Un irónico intentando afrontar la vida con seriedad.
Un contrastado consejero que no sabe aplicarse sus consejos a sí mismo.
Un impaciente aparentando tranquilidad.
Un caviloso ambicionando ser despreocupado e incluso pasota.
Un cotilla pidiendo discreción.
Un charlatán viviendo solo.
Un temerario haciendo juicios de valor a imprudentes.
Un incauto debiendo tomar decisiones.
Un desordenado queriendo organizarlo todo.
Un despistado con mil responsabilidades.
Un soñador con insomnio.
Un hiperactivo exhausto.
Un nostálgico que siempre quiere sonreír.
Un sentimental perdido que nunca rompe a llorar.
Un optimista siendo agorero.
Un inestable buscando el equilibrio sin cesar.
Un romántico alérgico a la primavera.
Un quejica sin remedio que se ha auto-prohibido quejarse en exceso.
Un caprichoso procurando ahorrar un poco.
Un escritor frustrado pelándose con unas hojas de Excel llenas de numeritos.
Un ex fumador diciendo ‘no fumo’ con un cigarro en la mano.
Un chalado pretendiendo escribir líneas con sentido.

Sí, hay algo peor: Todos ellos reunidos en una misma persona.

martes, 13 de abril de 2010

La Princesa

Hay historias que es mejor contarlas como si se trataran de un cuento para que, de este modo, parezcan menos trascendentales y melancólicas…

"Erase una vez una hermosa Princesa que conoció a un apuesto Príncipe Azul, que al besarlo se convirtió en rana y, después de casarse, mostró su verdadero aspecto de Ogro.

Tras unos años intentando convertir a ese Ogro en algo parecido a Sherk, hasta el punto de convertirse en una triste Cenicienta con madrastra y todo; finalmente decidió dejar la fregona, ponerse ella misma sus zapatitos de cristal y abandonar al maldito Ogro, para volver al palacio de sus padres y volver a ser Princesa.

La Princesa pasó una época muy dura en la que se comportó cual Bella Durmiente, pero finalmente logró despertar sin la ayuda del beso de ningún estúpido príncipe. Y es que, tras la experiencia, la Princesa no quería saber nada de príncipes y mucho menos si estos eran azules.

Últimamente, la Princesa parece estar conociendo a un divertido Pirata y el hermano desterrado de esta sólo espera que este Pirata no sea en realidad un Lobo Feroz, que haya confundido a tan hermosa princesa con una pobre Caperucita Roja, porque si es así anda listo…"

Y es que sí, señoras y señores, esta Princesa de la que les hablo es mi hermana y me preocupa muchísimo que vuelvan a romperle el corazón… Es que me unen a ella demasiados lazos sentimentales, tanto relevantes como banales:

Una infancia llena de conversaciones nocturnas en una habitación compartida.
Una adolescencia plagada de confesiones en habitaciones separadas.
Recuerdos llenos de juegos, coartadas, secretos, peleas y discusiones que no necesitan reconciliación, risas, lloros, consejos, sueños, proyectos, cigarros clandestinos y un largo etcétera.
Haber escuchado, quizás demasiadas veces, la mentira ‘me sentó mal la consumición’ y terminar la frase del otro con un ‘es que en ese garito ponen garrafón’, tranquilizando a una madre preocupada.
No olvidar que, aunque tenemos una imagen y una dignidad, ella forró su carpeta con fotos de Michael J. Fox y yo lucí una camiseta de Son Goku, que más tarde sería relegada a pijama.
Llamarnos por apodos ininteligibles si no llevas años de conocimiento de causa.
Llamarnos lerda y largirucho y que suene tan dulce.
Intentar quedar para comer juntos y acabar comiendo separados pero hablando por teléfono.
Criticar de forma exagerada nuestros looks.
Repasar una y otra vez nuestro pasado y reírnos siempre de los mismos detalles.
Compartir las vivencias más íntimas del último mes en menos de 5 minutos.
Hablar con los gatos.
Utilizarme como taxi.
Utilizarla como decoradora.
Recordarnos que quererse a uno mismo no es ser egoísta, si no cuidarse a uno mismo.
Ver anuncios de muñecas y acordarme de ella.
Decirnos ‘sé que no debería hacerlo’ y saber que el silencio del otro es su permiso para equivocarse.
Y acabar cagándola y encontrar el hombro del otro para llorar.
Porque ella, a parte de Princesa, es mi musa.
Porque si fuera mujer hubiera querido ser como ella.
Porque no tendría una novia como ella ni loco, pero sabe que la quiero.

domingo, 11 de abril de 2010

Consumismo compulsivo

No alcanzaba a recordar la última vez que me compré ropa. Este hecho llevó a Lunar a la siguiente conclusión:
- Nene, tu armario parece el de Brandon Walsh... Hay que ponerle remedio, ¡pero ya!

Por lo que este sábado decidí meter los dedos en el enchufe del consumismo, y después de que se me pusieran los pelos a lo Daniel Diges, he redecorado mi armario, mis pies y hasta mis ánimos. Así que bien acompañado, aconsejado y sobrevalorado por Lunar, me fui de compras. Mejor dicho, nos fuimos. Porque era evidente que yo necesitaba ropa nueva, pero lo de Lunar,… lo de Lunar fue pura envidia.

En principio, el objetivo era que yo me comprara ropa, pero sin duda Lunar ganó la batalla. Sí, he dicho bien: Batalla. Y es que si algo he descubierto este fin de semana es que Lunar es capaz de ir de compras como quien va a la guerra, literalmente. ¿Habéis visto alguna vez a dos locas corriendo a por la última talla S de una camiseta? Pues yo sí, y una de ellas era Lunar.

Pero la cosa no acaba ahí. Porque si por la mañana fuimos a comprar ropa, por la tarde fuimos a Ikea para comprar una cajonera nueva para mi habitación y, como es habitual, compré de todo menos la cajonera.

Todo esto no sería preocupante si no llevara gastado la mitad de mi sueldo en un día.

Después de habernos probado cientos de prendas, vestido y desvestido decenas de veces en probadores de un metro cuadrado, de habernos besado y sobado dentro de estos diminutos probadores, de haber recibido miradas de odio de dependientes por haber desdoblado todo el género de su tienda para luego no comprar nada, de haber sido acusados de exhibicionismo, de haber caminado unos 35 kilómetros, después de acudir en repetidas ocasiones al mostrador de atención al cliente de Ikea, mirar cientos de muebles y cuartos de baño sin sentido alguno, de habernos insultado por lo cutre que nos parecen a cada uno los gustos de interiorismo del otro y después de la consiguiente resaca de gastos; aún nos quedaron fuerzas para quedar con unos amigos para cenar, ver el clásico e ir después a tomar unas copas. Lo que conllevó más derroche y una nueva resaca, pero esta vez no únicamente de gastos.

En fin, me despido. Si alguien pregunta por mí, estaré revisando mi extracto bancario…

jueves, 8 de abril de 2010

Va por ella

A ella que ha callado demasiado; espero que haya entendido que al hablarlo no es que se convierta en más real, sino en más llevadero.

A ella que aguantó en exceso, hasta decir basta, sin que él lo mereciera.

A ella que ha llorado más de lo que cree que sabemos; si supiera como brillan sus ojos cuando lo hace, no dudaría en llorar ante el mundo entero.

A ella que sonríe menos de lo que nos tenía acostumbrados; cuando descubra que su sonrisa puede convertir una tormenta en melodía no dejará de hacerlo.

A ella que empieza a ver la luz al final del túnel; si pudiera auparla a hombros y llevarla en volandas hacía esa luz no dudéis que lo haría, ojalá fuera tan fácil…

A mi hermana.

martes, 6 de abril de 2010

Receta de vacaciones

A pesar de que en mi última entrada amenazara, o ilusionara, con no volver de mis vacaciones de semana santa, la verdad es que tenía que volver para cumplir con mis obligaciones: Trabajar, pagar el alquiler y apagar el horno, entre otras.

Pero realmente no me puedo quejar y no lo voy a hacer, pues he pasado unos días maravillosos junto a una persona majísima en todos los aspectos, que aparte de mostrarme día a día lo especial que es, también parece estar muy a gusto conmigo. Y viendo mis pocas virtudes y mis muchos defectos, es mucho decir... En realidad no sé si esto dice mucho a favor suyo,… pero lo que está claro es que no dice nada a favor mío. Mierda, necesito urgentemente una abuela…

Volviendo al tema, durante estos días he vivido junto a Lunar un cúmulo innumerable de vivencias, pero yo me he empecinado en ponerles número. Ahí voy:

4 días de desconexión
2 urbanitas confesos
3 horas de ida
y 5 de operación retorno
1 pueblo casi fantasma
1 casita un tanto kitsch
2 cucharadas de humor ácido
500 gramos de sonrisas
15 abrazos
800 besos
1 cena elaborada
y 2 improvisadas
1 botella de chardonnay
y 1 tinto joven, vamos barato
2 cajas de placer
2 litros de amor
3 kilos de pasión
1 número par de ‘buenos días’
1 poco de chocolate
1 montón de carcajadas
4 libros aconsejados
2 ideas para un cuadro
5 ciudades que visitar
3 maneras de mandar a la mierda a tu jefe de una manera elegante
2 metros y medio de felicidad
1 largo paseo por la naturaleza
y 2 más cortitos
1 película en blanco y negro
1 lámpara mágica
1 mascota inventada
1 pequeña discusión
y 3 reconciliaciones
1 paquete de kleenex
1 poquito más de amor, si cabe
1 cámara de fotos
1 álbum de recuerdos
0 ganas de volver
2 ibuprofenos
1 beso tierno de despedida
y 1 ‘mañana hablamos’

Y tras estas mágicas mini-vacaciones…
2 tazas de cruda realidad
6 puñados de rutina

jueves, 1 de abril de 2010

Cerrado por vacaciones

Lunar y yo hemos decidido aprovechar estas pequeñas vacaciones de semana santa para pasarlos en una casa rural, situada en mitad de la nada, en plan relax. El caso es olvidarnos de que tenemos un trabajo, obligaciones y responsabilidades, que preparar la comida de mañana, poner lavadoras, intentar llegar a fin de mes y derecho de voto.

Así que, sin pensarlo demasiado, nos disponemos a poner a prueba ‘lo nuestro’ con una muy pequeña dosis de -la siempre tan temida- convivencia.

Estos últimos días hemos hablado del tema:

- Pues no sé si es muy buena idea, mira que yo dejo la tapa del váter siempre subida, incluso me esfuerzo en ello; si entro al baño y me la encuentro bajada, procuro subirla…

- Bueno, eso no es nada, mira que yo duermo con la cara embadurnada con crema y con dos rodajas de pepino en los ojos. Y, por la mañana, lo primero que hago al despertarme es comerme las rodajitas de pepino…

- Ningún problema, eso sí, hazte a la idea que el sábado no podremos hacer nada en toda la tarde-noche, porque a las 6 de la tarde empiezan a echar fútbol en la tele y el último partido acaba a las 12 de la noche, y bueno el domingo más de lo mismo…

- Ok, pues no te lo había dicho hasta ahora, pero tengo dos hijos de 6 y 8 años a los que también les encanta el fútbol, ¿me los traigo para que nos hagan compañía?

Espero que ella sí bromeara…

En fin, me despido por unos días; aunque quien sabe, si todo va bien, igual decidimos abandonarlo todo, comprarnos una granjita y dedicar el resto de nuestras vidas a procrear y a fabricar queso.